Washington: White house, mon amour

Yo estaba al tanto del salón de baile que Trump está haciendo construir en un ala derribada de la Casa Blanca, tan enorme que podría caber en él todo el edificio, y en el que todos los grifos serán de oro macizo, pero no de su ocurrencia más reciente, todo un arco de triunfo, copiado del de Napoleón en París, pero a mayor escala, y más rico en protuberancias escultóricas, con un aspecto general de merengue muy elaborado. Los monumentos de los déspotas buscan abrumar con el tamaño y el hermetismo del poder. El de Trump será tan transparente como un anuncio, como el reclamo de un casino en Las Vegas. Le preguntaron en público a quién estará dedicado, y él respondió sin dudar: “A mí, por supuesto”.

Antonio Muñoz MolinaArquitecturas pavorosas. El País, 15 noviembre 2025.

Ya antes de esa conclusión, Muñoz Molina nos había regalado con la afirmación de que “Un rasgo que todos los déspotas tienen en común es una temible predilección por la arquitectura”, como si la arquitectura –por sí, o a través de ella misma– tuviera vínculos con la formación del carácter de los déspotas. Vínculos que detecta, además, en la relación de los déspotas con los arquitectos sirvientes. “Aparte de la crueldad y la indiferencia hacia el sufrimiento de otros, quizás el rasgo más peligroso de los déspotas o aspirantes a tales sea el amor por la arquitectura, que con cierta frecuencia se corresponde con el amor de ciertos arquitectos de mucho mérito por los déspotas”. Amor por la arquitectura como causa del mal o como causa de todos los males, en los que AMM hace desfilar a Hitler, Franco, Stalin, Mao Tse Tung, Castro, Donald Trump o el príncipe –de las Mil y una  noches–  Mohamed Bin Salman, responsable de Neom o The Line, una ciudad lineal del tamaño de Bélgica entera que se levantará en mitad del desierto. Junto  a la galería de déspotas ilustrados y amantes de la piedra memoriosa, comparecen los ilustrados sirvientes: desde Boris Iofan a Albert Speer, desde Pedro Muguruza y Diego Méndez –activados ahora con el concurso resuelto de resignificación del Valle de Cuelgamuros–, y desde Klaus Kleinfeld en Neom a cualquier visión de Foster and Partners en cualquier emirato árabe, con ganas de desfilar en el imaginario de la arquitectura del siglo XXI. Con un olvido reseñable y llamativo, en el texto de AMM, en lo referente a los sucesos italianos del Fascismo de Mussolini y su gran arquitectura de los años 20 y 30. 

La megalomanía estilística, llena de trampantojos y de falsos históricos, de Donald Trump, queda recogida, por demás, en la pieza de Santiago de Molina[1], por lo que sobran preámbulos sobre sus recientes intenciones. Los anunciados 8.400 metros construidos y 200 millones de dólares –procedentes de donaciones particulares desinteresadas, según nos informan– en el Salón Presidencial de Baile –SPB–  que quiere promover el Presidente Trump, de la mano del arquitecto James McCrery, conocido por su trabajo clasicista y tradicional –si es que pueden aplicarse tales adjetivos estilísticos en 2025–, refleja las precisas coordenadas del poder actual en los Estados Unidos y de cierta Batalla Cultural por la arquitectura y sus significados varios. Bien diversas las pretensiones de McCrery de las desplegadas por Pigafetta y Abbondandolo[2], donde el recorrido de los italianos puede comenzar, en ese recuento de la arquitectura Antimoderna, con  Edwin Lutyens y concluir con Michel Roux-Spitz. Un recorrido que lo emparenta con el verificado, en parte, por Franco Borsi en su trabajo El orden monumental en Europa 1929-1939 (1986). Un orden monumental –en paralelo al Rappel a l`ordre, de Cocteau en 1926– que Borsi denomina como “la década del diablo”. La que da comienzo con la crisis de Wall Street, en 1929, y termina con la invasión de Polonia, en 1939, y con el comienzo con ello, de la 2GM. Veremos, por ello, de qué década podemos hablar ahora entre Ucrania y Gaza. Por ello  algunos medios hablan ya de “la huella que D.T. quiere dejar en su legado y paso presidencial”, con década angelical o con década del diablo. Un legado político, comercial y cultural, como las monarquías viejas del Antiguo Régimen, llenas de Luises y de Carlos numerados por un ordinal, y atravesadas por guerras, pactos, tratados y conflictos. Todo por un Salón Presidencial de Baile. Obviamente, y es que: “El nuevo salón de baile mantendrá la herencia arquitectónica de la mansión ejecutiva neoclásica, según la Casa Blanca, y tendrá capacidad para 650 personas sentadas, más de tres veces el espacio del Salón Este, actualmente el mayor espacio para eventos en la Casa Blanca. Se ubicará en el espacio que actualmente ocupa el ala este de la mansión ejecutiva, tradicional sede de las oficinas de la primera dama. Las imágenes del proyecto muestran un amplio salón con candelabros de oro y cristal, columnas corintias doradas, un techo con incrustaciones de oro, lámparas de pie doradas y un piso de mármol ajedrezado. Tres paredes de ventanas arqueadas dan vista al jardín sur de la Casa Blanca, incluyendo una enorme nueva asta de bandera, otro de los agregados de Trump al histórico complejo”.

Propuesta de Arco de Triumph

Todo ello, se ubica claramente en los mandatos virtuosos y virtuales del MAGA arquitectónico que despliega D.T. desde su segundo mandato en la Casa Blanca, con  la pretensión de imponer el estilo/orden Neoclásico y Tradicional como un paradigma ejemplar en todas las construcciones federales, que representa a la perfección el referido James McCrery. Como ocurre, además, con la propuesta del Arco del Triunfo de Trump, no en clave Neoclásica francesa, sino en el más tópico estilo Victoriano y debido al diseño de Nicolas Leo Charbonneau. Dando paso, con ello a la proscripción y declive de la Arquitectura Moderna –como ya postulara en su día, Tom Wolfe en su trabajo Quien teme al Bauhaus feroz– y del muy odiado Estilo Internacional y del decaído Brutalismo. Que no solo afea nuestras ciudades, sino también nuestras vidas mismas. Por ello el  resurgir del Making Federal Building Beautiful Again. Movimiento tópico y típico que se inscribe en la estética que ya usara D.T. en sus apartamentos fastuosos: neutros por fuera y tópicos y ramplones por dentro. Tópicos de dorados, trampantojos, molduras, pasamanería, arrequives y requilorios formales: entre el Rey Sol y la Galería versallesca de los espejos que nos miran sin vernos. Y que ahora corroboran las imágenes vrtuales presentadas del nuevo Salón de Baile Presidencial –SBP, Siempre Buen Presidente o, si se quiere, Siempre Buen Precio, podríamos decir nosotros–. Por más que la actuación perseguida, violente estructuras patrimoniales del Washington histórico de Jefferson, L’ Enfant, Adolf Cluss, Burnham y Olmsted. Daniel Burnham y Frederick Law Olmsted Jr., habían participado de hecho, y no es casual, en la Exposición Mundial de Columbia de 1893, que fue ampliamente popular y ayudó a difundir el interés por el movimiento City Beautiful. Un regreso al pasado engañoso e imposible, un pasado de trampantojo ideado por Trump, James McCrery y Nicolas Leo Charbonneau. Pero, pese a las nuevas figuraciones presidenciales trumpistas, me quedo con ese City Beautiful antes que con Making Federal Building Beautiful Again

La recepción de tales modelos formales de D.T. ha merecido entre nosotros alguna viñetas de El Roto y de Riki Blanco, en El País, tan profundas como penetrantes, en las que se indaga entre la relación invisible de cuerpo y forma construida. A la manera del despliegue realizado por Richard Sennet, en su fastuoso trabajo Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental (1994, traducción española 1997). Donde, obviamente, Sennet no llega a vislumbrar esos derroteros del Flesh and Stone, en el entorno de la Casa Blanca. Al tiempo que, esas viñetas citadas antes de El Roto y de Riki Blanco, desvelan la afasia disciplinar y el silencio crítico. El silencio del pianista en la Sala de baile. ¿No tiene la crítica arquitectónica nada que decir a los desvelos trumpistas? La pieza de El Roto realiza una síntesis formal de elementos de la WH ampliada, para configurar la perspectiva caballera de una pistola. Donde solo falta el silenciador y la duda de saber si el  SBP es el cañón o la culata. Por su parte, Riki Blanco opta por una visión de dominio presidencial, al señalar sobre el Ala Este de WH, el  peso testicular del presidente: pura carne corporeizada, carnaza del espectáculo.

Todas esas razones de sexo y armas, de arquitecturas y testículos, de representación y poder que despliegan las arquitecturas llamadas del poder, ya fueron indagadas el libro de Sennet, con particular interés en los episodios de la Francia revolucionaria a lo largo del siglo XVIII, con un relevante papel otorgado al París de Boullé y sus arquitecturas dibujadas de la mano de la Ilustración. Que comportaban un cambio radical de modelo formal: del Antiguo régimen monárquico al furor revolucionario de guillotinas y Marianne; del Rococó reblandecido y amanerado a la firmeza de la piedra severa e lustrada. Transformación de la que llega a fijar Sennet. “El poder explica tanto como el idealismo, los volúmenes de libertad, pues eran espacios que permitían la máxima vigilancia policial sobre la multitud. Sin embargo, la visión revolucionaria, tal  y como la describe François Furet, también perseguía esa disonancia, la disonancia de articular un nuevo orden humano en el vacío”. De aquí, el poder, la libertad, el idealismo, los espacios y el vacío del Tiempo Nuevo. Y como prolongación de todo ello, el debate de los cuerpos y los poderes, que darán pie a las propuestas  de Étienne-Louis Boullé, de Claude Nicolas Ledoux y de Jean-Jacques Lequeu.   

Claude Nicolas Ledoux, destacado arquitecto y urbanista francés del siglo XVIII, fue conocido por sus proyectos poco convencionales y enigmáticos. Entre ellos se encuentran sus propuestas para una Casa de Placer en París y en la ciudad ideal de Chaux-les-fonds, ambas reconocidas por sus inconfundibles configuraciones fálicas y priápicas –el cuerpo como argumento funcional y estructura formal–. El plano fálico de la Oïkema de Ledoux ofrece una valiosa pieza de información para descifrar la ciudad ideal de Chaux-les-fonds como un fragmento de la anatomía humana, como revelación de la ‘carne y la piedra’ y como relato del Nuevo Orden social. Sin embargo, y a diferencia de la analogía antropomórfica clásica, Ledoux la desmembró y la reemplazó con un plano híbrido diseñado para reaccionar a las exigencias de la revolución, como había hecho Boullé, “cuyos escritos relacionaban el cuerpo con el diseño del espacio de una manera tan explícita como lo había hecho Vitrubio”.

Claude Nicolas Ledou. Oikema House Pleasure Ideal City Floor Plan

En 1769, unos años antes de la Revolución Francesa, Nicolas Edme Restif de la Bretonne publicó su ensayo epistolar  Le Pornographe. Su título, traducido al español era: Ideas de un caballero sobre un proyecto de regulación para las prostitutas, adecuado para prevenir las desgracias que provoca la circulación pública de las mujeres. Pieza que ha dado lugar al desarrollo de Paul B. Preciado, en su texto El burdel de Estado de Restif de la Bretonne. Esperma, soberanía y deuda en la construcción utópica de Europa en el siglo XVIII, en la revista Fractal número 92 (septiembre-diciembre 2020), dedicado a El cuerpo frente al vacío del espacio. Un vacío espacial como el ya señalado por Sennet y Furet. Restif de la Bretonne abogó en  Le Pornographe  por el aislamiento y la regulación de las ‘mujeres de la calle’ de París en una red de burdeles administrados por el Estado, desarrollando así la primera propuesta arquitectónica pública para reformar las prácticas de prostitución en las ciudades europeas Este breve, y hoy extravagante, ensayo tuvo una inmensa influencia en Francia, durante el siglo XVIII. 

Pocos años después de Restif, el relevante arquitecto de la Ilustración gala, el ya citado Ledoux, desarrolló dos proyectos para la construcción de ‘Museos del vicio’ e ‘Instituciones del amor público’. En el primer volumen de su tratado L’Architecture considérée sous le rapport de l’art, des mœurs et de la legislation –La arquitectura considerada con el arte, las costumbres y la legislación–, Ledoux presentaba, en ‘Fragmentos de un monumento griego’, el proyecto de Oïkema en las Salinas de Chaux-les-Fonds. De manera similar, en 1803, fue el Marqués de Sade, quien elaboró ​​respuestas paródicas, críticas e hiperbólicas a las administraciones utópicas de Restif, desarrollando su propuesta para un Plan Urbanístico de Burdeles –PUB, que lamentablemente se ha perdido–, y que suponía la regulación urbana de las casas de placer –maison du plaisir–. Del PUB al SPB hay solo un salto paródico.

Plan McMillan 1901

En  Le Pornographe , y a lo largo de cuarenta y cinco artículos, Restif de la Bretonne desarrolla, consecuente, una ‘pornognomonie’ –conocimiento o teoría de la pornografía–, ‘une Règle des Lieux de Débauche’  y ‘una regla para los espacios del vicio’ : una serie de normas para un burdel dirigido por el Estado y dedicado a la lujuria y la virtud, a lo que llamó Parthénia –en referencia al antiguo monte Partenón de Grecia , o “Monte de la Virgen–.

Jean-Jacques Lequeu es el otro actor en curso de representación y conflicto en estos años de vértigo revolucionario. Lequeu fue un arquitecto de la Revolución Francesa, pero a diferencia de Ledoux y Boullée, no logró construir nunca nada, ni recibir consideración alguna en vida. Murió pobre, aunque no estuvo constreñido por las reglas académicas, ya que trabajó modestamente, como cartógrafo y, otras veces, como dibujante. Sus proyectos dibujados parecen –y lo son a veces– irónicos, cínicos tal vez y equívocos casi siempre. Juegan con la confusión entre lo mineral y lo orgánico, así como jugaba, en sus dibujos pornográficos, con la confusión entre lo animado y lo inanimado, lo natural y lo cultural, lo yerto y lo vivo. Sus retratos, tomados del natural, parecen a veces, dibujos de estatuas, donde  lo vital y lo mecánico se superponen, y los géneros se complican, como demuestra su autorretrató travestido. Sus dibujos de vaginas abiertas dejan en pañales El origen del mundo de Courbet, mucho más conocido que el universo lequeuniano. A Lequeu tampoco le interesó llevar a cabo proyectos realizables. Su mundo, al menos su mundo gráfico, es un mundo de ensoñación rara, que se recrea en figuras imposibles, o en detalles, anatómicamente perfectos, pero irreales en su obsesiva precisión[3].

Jean Jacques Lequeu 1798-1799

En su plan utópico de 1804 para la ciudad obrera de Chaux-les-fonds, Ledoux esbozó la versión fantástica de la administración institucional de la sexualidad masculina. Al declarar: “Lo que un gobierno no se atreve a hacer, la arquitectura lo enfrenta”, plasmó gráficamente las reflexiones del medio siglo anterior sobre la degeneración, el deseo masculino y el poder de las instituciones revolucionarias. Y su representación edilicia consecuente. El burdel ideal o Oïkema, administrado públicamente que se planteaba en el proyecto, “impondría la heterosexualidad, fomentaría el deseo y desarrollaría las capacidades de la población”. Incluso, mientras buscaba reorientar el cuerpo masculino amenazadoramente potente hacia la productividad sexual. Visto desde la ciudad que limpiaba y abastecía, el edificio del burdel aparecería modestamente protegido por una misteriosa y sugerente arboleda. Sin embargo, una vista aérea revelaría el Oïkema como un gigantesco conjunto de genitales masculinos –de aproximadamente 49 por 67 metros–, exuberantemente representados con rigor geométrico neoclásico e inscritos dentro de un recinto rectangular de mármol. La apoteosis de Ledoux con el sexo masculino, encerrado pero erguido con disciplina, era un resumen sinceramente absurdo de las aspiraciones de la Ilustración para los poderes regenerativos de la institución.

En definitiva, la utopía de Ledoux es, en cualquier caso, social más que arquitectónica. Al igual que Rousseau, sueña con una sociedad ideal donde las relaciones serían pacíficas y en armonía con la naturaleza. Pero las veladas alrededor del fuego, en las salas comunes de reunión, eran ciertamente menos agradables para los trabajadores de las salinas de lo que Ledoux había creído… Su gran proyecto de “lograr la felicidad de la mayoría”[4] (Vidler Anthony, 1987) empleando la arquitectura sigue siendo artísticamente un mundo ideal. Entre la ciudad y el cuerpo estaba la arquitectura, que servía de sistema mediador y regulador.[5]  Casi como ahora mismo en Washington mon amour.


[1] https://l.facebook.com/l.php?u=http%3A%2F%2Fwww.santiagodemolina.com

[2]  Pigafetta G. y Abbandandolo I. La Arquitectura Tradicionalista.  2000, traducción española 2002.

[3] Tocho T8. Jean-Jacques Lequeu (1757-1826): El constructor de fantasmas.  22 diciembre 2018.

[4] Vidler A. Claude-Nicolas Ledoux. Architecture and Utopia in the Era of the French Revolution. 1987.

[5] Preciado P.B. El burdel de Estado de Restif de la Bretonne. Esperma, soberanía y deuda en la construcción utópica de Europa en el siglo XVIII. Fractal, 2020.

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