Búsqueda

Siento un frío húmedo. Un viento gélido, seco que me atormenta el alma. El rugido incesante de la gran ciudad lo colapsa todo y quisiera gritar, pero me falla la voz. 

Corro para escapar, dejarlo atrás. 

Busco la belleza acelerada del amor inocente. La electricidad de los besos robados. Los corazones que laten detrás de roces enmascarados, de pieles furtivas. 

Busco el anhelo, la pasión contenida de quien desembarca en otra vida. Del que se enzarza en la maleza y abre paso; del que deja atrás las últimas motas de polvo suspendidas en un haz de luz y se sumerge en una oscuridad densa.

Intento capturar los instantes que dejan sin aliento. Coleccionar electrochoques para el alma. Atardeceres salvajes que perecen bajo nubes que son de lluvia. 

Trato de regresar, por todos los medios, a la indulgente burbuja que fue la infancia. Al tiempo antes del tiempo. Al regazo de mi abuela, a caminar siempre descalza. 

Mecerme, porque es lo único que tiene sentido, lo único que quiero, en brazos de la melancolía, de la añoranza de los días de vivir sin más. El bálsamo de los veranos eternos, los juegos de muñecas, las mesas llenas. Helado de corte, de tres colores y reírme hasta llorar. Gritar hasta vaciarme y correr a todas partes. 

Quedarnos sin aliento. Dormir con los brazos extendidos, de placer y de vida. 

Busco el amor. En las cosas pequeñas, en los días normales. En esta jungla de asfalto que agrede y vacía. 

Busco el amor en las personas que pasan, en quienes tienen ahora sus días, en quienes surcan, a vela o a nado, conmigo estos mares. 

Lucho incansable, bajo el ensordecedor zumbido del enjambre. 

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