Tiempos supermodernos: de la posmodernidad a la humanotecnia

Somos más veloces, informados y comunicados, pero también somos más individualistas, ególatras y narcisistas. Reclamamos más nuestros derechos y libertades individuales, pero vivimos rodeados de normas, restricciones y coerciones democráticas. Vivimos “cien años”, pero estamos fatal de salud; somos más saludables pero estamos hipocondríacos con los chequeos y campañas preventivas. Tenemos vacunas contra muchas enfermedades, pero sucumbimos al cáncer, las coronarias y los nuevos virus. Somos más hedonistas y humorísticos, pero también más estresados, angustiados, deprimidos, insatisfechos y enganchados a las nuevas adicciones. Tenemos más libertades y opciones, pero ¿realmente somos más libres?

 

La posmodernidad ha muerto

El 24 de septiembre de 2011, según opinan sociólogos, filósofos y periodistas, acabó la era posmoderna, coincidiendo con la apertura en Londres de la primera exposición retrospectiva sobre ella. Así pues, de haber existido, la posmodernidad ha sido la era más corta de la humanidad. Antes duraban siglos, ahora décadas. Cambiamos de era como de coche. De hecho, cuando usted lea esto, según los sabios del ramo, como Gilles Lipovetsky, ya estaremos en la hipermodernidad. Según otros, como José A. Marina, podría ser la ultramodernidad.

Sea como fuere, los expertos aseguran que la era en la que hemos vivido el último medio siglo – más o menos- sería la “posmodernidad”, la que va después de la modernidad. También dicen que el estilo de vida posmoderno ha sido complejo, voluble, artificioso, narcisista, lúdico, comprometido… “contradictorio”. Algo así como una visión de la vida en blanco y negro mutada en colorines disonantes.

 Pero, en general, cunde el pesimismo cuando los expertos hablan y escriben sobre ella. De hecho hay quien dice que uno de sus rasgos esenciales es el aumento de los sufrimientos mentales, que han dado lugar al abuso en el consumo de terapias mentales, o de cualquier tipo de sucedáneo “psico…”, para lograr un estado de humorismo existencial generalizado, substrato de una felicidad más aparente que real.

 Mas no es fácil entender por qué en estos tiempos tan “pos-hiper-ultra-modernos”, en los que tenemos tanto, sabemos tanto y compartimos tanto, vivimos tan “mala-mente”. Algunos lo achacan a una especie de desmesura global, que empezó en la miseria posbélica y ha acabado convirtiéndolo todo en “hiper”: hiper-capitalismo, hiper-potencia, hiper-mercado, hiper-velocidad, hiper-comunicación, pero también hiper-crisis.

Otros lo atribuyen a que somos víctimas de una pantallofrenia infosaturante, cautivos de la hipercomunicación, infodevoradores infosaturados, orondos de ofertas, opciones, anuncios y seducciones mediáticas y mediatizadas.

 También hay quien asegura que somos hipernarcisistas egocéntricos, que abusamos de la miríada de espejos que nos rodean y nos reflejan inevitablemente. En ellos nos contemplamos y nos comparamos, y casi siempre salimos perdiendo. De hecho no sólo nos miramos en los espejos de siempre, sino en las fotografías, pantallas, escaparates, revistas… Somos mártires del hiperespejo global, víctimas del fotoshop que nos miente y engaña.

 Todo lo anterior afecta, inevitablemente, a nuestra mente, y, sobre todo, a la de nuestros hijos, los menores y adolescentes que son extremadamente vulnerables a esas trampas. Están tan seducidos por las pantallas que no logran prestarle atención a la vida real (¿O quizá la vida real es la de las pantallas?). Quizá por eso los padecimientos infantiles más preocupantes sean los trastornos de la atención. Pero, ¿de verdad padecemos tanto?, ¿sufrimos tanto?, ¿necesitamos tanto? ¿Acaso estamos atrapados en una especie de malvivir generalizado?

 Hay muchos que dicen que estos sufrimientos no son realmente enfermedades, sino simples incomodidades de la pos-humanidad blandengue y rosicler. Otros aducen que nuestra capacidad de tolerancia y acomodo es mínima; que caemos en la angustia, la depresión o las drogas a nada que las cosas se pongan cuesta arriba. Personalmente, opino que sólo cuando en un ser humano, en un tiempo determinado, en una situación concreta, se concitan y superponen sufrimientos, limitaciones y necesidades, debemos prestarles atención psico-socio-sanitaria.

 Mientras tanto, convengamos que los grandes avances de la ciencia, la técnica y la información no han conseguido cumplir las profecías de salud y bienestar para todos en los años dos mil que la OMS proclamó como uno de los emblemas de la posmodernidad sanitaria.

Teorías aparte…

 Teorías aparte, lo cierto es que vivimos tiempos veloces e inestables, informativos e informatizados, lúdicos y humorísticos, cambiantes y efímeros. Estamos sometidos a la égida de la publicidad, el imperio de la moda, la tiranía del placer y la agonía del deber. La belleza se antepone a la salud y el dinero a la ostentación, la sexualidad es preferible al amor y la relación virtual a la amistad confidente. La mercadotecnia genera deseos y necesidades irreales que llevan a un consumismo desaforado que sólo nos satisface fugazmente, para generar nuevas ansias insatisfechas. El ocio, el placer, el individualismo y los compromisos éticos dominan sobre el esfuerzo, el deber y las imposiciones morales. Los neo-fanatismos sustituyen a las religiones, las supersticiones a las creencias. Las grandes verdades han sucumbido, las ideologías y liderazgos absolutos se han relativizado, vivimos sumergidos en disonancias y contradicciones. Hemos dejado atrás el rigor revolucionario para caer en el posmoralismo consumista, basado en la ética light, el culto narcisista a la personalidad y el goce ilimitado del hedonismo. Pero cada vez estamos más desarmados ante la vieja angustia original, somos más vulnerables, necesitamos más ayudas sociales o químicas. Y según declaman los más alarmistas, los viejos apoyos humanos, los marcos de referencia y aseguramiento: la familia, la tribu, el grupo, la ciudad, la nación, la religión, el partido, la ideología… están en crisis, unos a punto de extinguirse, otros definitivamente arruinados. Esperábamos que la ciencia, la técnica y el estado social, nos facilitaran los medios, recursos y cuidados suficientes para dotarnos, sanarnos y satisfacernos a todos, pero por desgracia la vida real sigue siendo cruda y angustiosa, como siempre. Durante el siglo XX cometimos las mayores atrocidades de la historia, tan desmesuradas que nos aterrorizaron a los propios seres humanos y aturdieron a los dioses. Pero también alcanzamos los mayores avances científicos y sociales: el darwinismo se hizo ciencia, el psicoanálisis inundó las relaciones humanas y el arte, la teoría de la relatividad dio claridad al Universo, la energía atómica nos deslumbró pero nos sigue iluminando, y los medios de comunicación nos han unido en una asamblea mundial de similitudes y discrepancias.

Lo malo de lo bueno, y viceversa

Pese a las innegables ventajas de los avances posmodernos en muchas áreas de la ciencia y la técnica –no así en el arte-, lo cierto es que ellos mismos también han supuesto graves amenazas para las seguridades esenciales de los seres humanos. Así, caminamos deslumbrados por los neones y cegatos en un mundo ensombrecido por la oscuridad pos-atómica, la guerra global y el cambio climático. Tenemos más libertades y opciones, pero ¿realmente somos más libres? Tenemos muchas tarjetas de crédito, pero ¿somos más ricos? Parecemos más guapos, pero ¿también más bellos? Habitamos una sociedad lúdica, pero ¿realmente nos divertimos?

 Somos más veloces, informados y comunicados, pero también somos más individualistas, ególatras y narcisistas. Reclamamos más nuestros derechos y libertades individuales, pero vivimos rodeados de normas, restricciones y coerciones democráticas. Vivimos “cien años”, pero estamos fatal de salud; somos más saludables pero estamos hipocondríacos con los chequeos y campañas preventivas. Tenemos vacunas contra muchas enfermedades, pero sucumbimos al cáncer, las coronarias y los nuevos virus. Somos más hedonistas y humorísticos, pero también más estresados, angustiados, deprimidos, insatisfechos y enganchados a las nuevas adicciones.

 Por eso triunfan todas las medicinas, las científicas y las alternativas. Los programas de salud en radio y televisión lideran el share; las revistas y suplementos de salud disparan las cifras de lectores; los balnearios, el relax y las terapias orientalistas arrasan. Necesitamos de todo eso para buscar alivios, liberaciones y satisfacciones, contra nuestros sufrimientos, limitaciones y necesidades. Tan saciados de satisfacciones, como anhelosos de deseos.

 Pero, ¿a dónde vamos con todo esto? ¿Podemos confiar en el futuro o hemos de ser pesimistas? ¿Qué podemos hacer para cambiar lo malo y aprovechar lo bueno de la posmodernidad?


IV. Hacia un nuevo ser humanotécnico.

 Los humanos son los únicos animales que han llegado a desarrollar un cerebro tan inteligente que es capaz de modelarse a sí mismo. Además disponemos de un gran cerebro social que genera una ingente inteligencia compartida, pero, ¿sabemos usarlos? ¿Lograremos que el cerebro colectivo sirva para beneficio de nuestro cerebro natural?, ¿mejorará así nuestro bienestar y salud o caeremos definitivamente en sus trampas?

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 La mayoría de los pensadores de la posmodernidad son pesimistas, o al menos ese es el tinte predominante en sus escritos. Pero el autor opina que conviene ser optimistas, y que es posible serlo. Aunque sólo sea porque el optimismo social es solidario y creativo, y el pesimismo es insolidario y estéril.

 La propuesta que algunos hemos planteado, desde ópticas y con lenguajes diferentes, se basa en la posibilidad fáctica de generar una nueva era “superadora” de lo anterior, centrada en una nueva psico-cultura humanotécnica (HT), que nos permita manejarnos con soltura en el hipermundo virtual que nos rodea, y en el que algunos ya nos movemos con paso inestable.

 Conste que no se trata de una ficción descabellada de este autor, sino que se apoya en los pilares de la psico-socio-biología actual. Eso sí, para lograrlo se tendrían que dar ciertas condiciones básicas, que trataré de sintetizar en cuatro párrafos.

 En primer lugar, el “Nuevo Ser HT” debería crear y disponer de una super-estructura de soporte social asequible y suficiente, que le garantizase su protección vital y psicológica. De lo contrario, regresar a la antigüedad premoderna es un riesgo no desdeñable. De hecho medio mundo oscila entre las ostentaciones tecno-lúdicas hipermodernas, y las indignas miserias medievales.

 En segundo lugar, el ser HT debería aprender a manejarse con agilidad en el mundo de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación), incorporándolas como prótesis expansivas de la conciencia, hasta que resultasen ser tan ágiles y eficientes que las ventajas superasen ampliamente a los riesgos, pudiendo promover una nueva inteligencia operativa y adaptativa. La agilidad sería algo así como una brújula para no perderse en el denso bosque de la información y quedarse paradójicamente aislado. La eficiencia haría que la vida resultase cómoda, amable, provechosa y feliz.

 Y, en tercer lugar, el ser HT debería contar con una red de relaciones humanas suficientemente tupida, que le proveyera de nutrientes emocionales, apoyos subjetivos y referencias reafirmantes, que fuesen no solo el soporte de una mayor resistencia al estrés, sino el fundamento del bienestar y la felicidad.

¿Podremos lograrlo?

Pero, ¿todo eso es posible? La mayoría piensa que todo este galimatías HT no es más que “humo humano”, pero hay quien piensa que sí, que es posible promover un nuevo humanismo hiper-tecnificado pero homo-eficiente. De hecho ese es, en cierto modo, el substrato de la corriente filosófico-científica denominada “Transhumanismo”. Se basa en la idea de la potenciación radical (radical enhancement), es decir de la expansión de las capacidades humanas hasta el máximo posible, gracias a la GNR (genética, nanotecnología y robótica), y también a la neuropsicofarmacología. La potenciación radical de las capacidades y habilidades humanas, físicas y psíquicas, hasta lograr ser seres verdaderamente HT, ya es posible en muchos aspectos, como en el terreno de la biotecnología, y no tardaremos mucho en verlo en el terreno psicológico y social, gracias a la combinación de informaciones y emociones, facilitada por la eficiencia técnica.

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 Quizá también la nueva ingeniería fármacogenética permita desarrollar medicamentos inteligentes, sumamente eficientes tanto terapéutica como preventivamente, así como ciertas nuevas pócimas facilitadoras de felicidades artificiales, que nos permitan alcanzar esa especie de ataraxia psíquica que todo el mundo desea conseguir, aunque no sepan describirla.

 Obviamente, el que suscribe se percata de la gran ingenuidad que estas propuestas encierra, pero es que las otras opciones, las de la negrura posatómica o la desertización posclimática que pregonan los profetas posmoralistas, son mucho peores y no más ciertas.

 Qué duda cabe que tender hacia una “supermodernidad humanotécnica” es utópico, pero es lo que necesitamos. No una pos (después), ni ultra (más allá) de la modernidad, si no un nuevo modelo de vida superior al que ya tenemos, que apoyándose en una mejor comprensión de la naturaleza humana, facilite el desarrollo de una inteligencia social más justa y creativa, en la cual se den las condiciones para una mejor vida, para más personas.

 ¿Es ésta una ficción imposible? ¿Es una premonición plausible? Aun no lo sabemos, pero lo que es evidente es que si queremos lograrlo, no conviene olvidar que las utopías de hoy germinaron en las sabias mentes de algunos humanos “modernos”, que alimentaron nuestros corazones y nuestras inteligencias. Como el iluminado Jules G. Verne, que llenó nuestra adulta mente infantil de fantasías que hoy son realidades. O el valeroso Aldoux Huxley, cuyo famoso libro no se tituló en origen “Un mundo feliz” sino un “Brave New World”. Y también la gallardía aventurera de Arthur C. Clarke, que escribió: “La única posibilidad de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de ellos, hacia lo imposible.”

Para más información: http://www.psiquiatria.com/libro.ats?13310

 

 

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21 Comentarios

  • y acabaremos integrados en ellas y ellas en nosotros, lo cual ¿será bueno?, ¿será malo?, Será ni fu ni fa?… pero nos cambiará, y hemos de saber adaptarnos a sucumbirémos

    • …no exactamente, no deberíamos tratar de competir con los dioses, es simplemente un afan necesario en el contexto de la neo-evolución adaptativa… hemos sido capaces de crear un neo-mundo que nos obliga a adaptarnos de una forma mucho más rápida, pero nuestros bio-cuerpos no son capaces de hacerlo tan rápido, por eso necesitaremos un NSHT

  • Oh, Dios mío. Qué lectura tan interesante.

    Hace algún tiempo había llegado a una conclusión similar. En un entorno social en el que palabras como “artificial” empiezan a suscitar connotaciones negativas, resulta aliviador escuchar una voz que habla de evolución en armonía con las nuevas tecnologías.

    Hay tantas posibilidades de crecimiento, tantos conceptos e ideas por descubrir, tantas sensaciones que experimentar…

    Definitivamente, soy muy optimista al respecto. Si las ambiciones de los más poderosos o las catástrofes naturales no nos ganan la partida, creo que el mundo se transformará en algo que hoy ni siquiera podemos imaginar. Aún no se han inventado palabras para describir ese futuro, estoy convencido.

    Gracias, Jesús, por este artículo. Me quedo con la palabra “humanotecnia”.

  • Me ha gustado mucho el artículo, pero me han saltado algunas frases, por ejemplo ésta: “avances posmodernos en muchas áreas de la ciencia y la técnica –no así en el arte”. No veo por qué no en el arte, y lo pregunto porque tus propuesta son muy interesantes y me gustaría que pudieras explicar más este punto del que discrepo del todo.

    Hay que recordar también que los abismos del optimismo son igual de traicioneros que los del pesimismo. No es lo mismo esperar un resultado favorable de un juicio equilibrado de la realidad (cualquiera que sea), que juzgar esa realidad con las mejores intenciones, convirtiendo en panacea las condiciones favorables que pueda tener.

    Muchos de los pensamientos más sólidos y constructivos nacieron no de un espíritu optimista, sino de un espíritu que, de la misma forma que tenían el valor para reconocer los horrores que el humano puede llegar a cometer, así también fueron capaces de proponer a través del análisis.

    Me han gustado mucho tus ideas, pero me niego a creer que son valiosas por optimistas.

    • Realmente no he abordado el tema del arte y posmodernidad porque es un tema demasiado complejo para un artículo, requeriría mas espacio-tiempo.

      En cuanto al optimismo, obviamente no me refiero al subtipo rosiclrer de la psicología de autoayuda, que realmente pertenece más a una corriente moderna que posmoderna, como tampco al pesimismo interesado de los agoreros y profetas psicoplastas que tanto abundan. El análisis de la realidad siempre es complejo, mezcla de diferentes puntos de vista y mil matices, pero si te relees te darás que cuenta que ni siquiera tú eres capaz de utilizar la palabra pesimismo en tu propuesta de análisis crítico.

      Y, por supuesto, las ideas no son válidas por ser optimistas, son válidas en la medida que aportan alguna luz al análisis complejo de la realidad.

  • Resulta amargamente cierto comprobar
    que la vida real siga siendo cruda y,
    en ocasiones, angustiosa; que vivamos
    rodeados de coerciones democráticas -mal
    menor,en cualquier caso-,y que la <> continúe atenazando según
    que colectivos. La salida trascendente que
    proporcione la credulidad,el avance
    tecnológico (el manifiesto de Haraway dice
    <>)o el arte
    mismo,será insuficiente sin la afirmación
    y el fortalecimiento que proporciona la
    acción social conjunta: más inmanencia,en
    última estancia, que trascendencia.

  • Resulta amargamente cierto comprobar
    que la vida real siga siendo cruda y,
    en ocasiones, angustiosa; que vivamos
    rodeados de coerciones democráticas -mal
    menor,en cualquier caso-,y que la <> continúe atenazando según
    que colectivos. La salida trascendente que
    proporcione la credulidad,el avance
    tecnológico (el manifiesto de Haraway dice
    <>)o el arte
    mismo,será insuficiente sin la afirmación
    y e l fortalecimiento que proporciona la
    acción social conjunta: más inmanencia,en
    última estancia, que trascendencia.

  • No sé qué suerte de magia negra impide la edición de los entrecomillados de mi intervención.Son estas:
    <>,para el primero, <>,para el segundo.
    Confío en que el html pueda subsanar el duplicado de las intervenciones.Graci

  • Gracias por el comentario. parece que hubieras leíodo el “Tratado de Ateología” de Onfray. Realmente el poder de la solidaridad social positiva, comprometida y superadora de religaciones (teismos) y tenazas (laicismos vagos), ambos llenos de trascendencia sin inmanencia.
    saludos solidarios

    • Es la instrumentalizacón de ambas pasiones, trascendencia e inmanencia , la que ha hecho historia del género humano y posibilitado su desarrollo actual. El tañer de sus tambores, como en el futbol actual, gana batallas: algo que ya no tiene remedio.
      No puedo dar razón del libro de Onfray aludido y su contenido ( Trascendencia e inmanencia de las ideas es el título de la conferencia a la que tuve que hacer frente para validar mi acceso Preuniversitario, a finales de los años sesenta), pero sí algo de G. Bataille aludiendo a la ateología, para contradecir su pensamiento (esta vez entre comillas inglesas) “…el sacrificio humano es una forma de introducir el desequilibrio en una sociedad dominada por valores de cambio utilitarios” (John Letche, 50 Pensadores Contemporáneos Esenciales; p.470).

  • Articulo muy largo. Dificil de enteder.
    Frases como :
    [Vivimos “cien años”, pero estamos fatal de salud; somos más saludables pero estamos hipocondríacos con los chequeos y campañas preventivas.] como se entiende; más saludables o menos saludables ?
    [Parecemos más guapos, pero ¿también más bellos? ] Somos más lindos o más feos.
    Y hay muchos trabalenguas más.
    [HT] que es. Seria aprender a usar las tecnologias existentes ??

    • Ese es el meollo de la cuestión. La mayor peculiaridad de la posmodernidad es la paradoja, la alternancia, la coexistencia de los contrarios. Quizá el “trabalenguas” sea una buena definición de la época que nos ha tocado vivir. Gracias.

  • excelente articulo, muy bien retratadas la ambivalencia y contradicciones en las que deambulamos por este valle de lágrimas ciberneticas ( jaja)
    La propuesta del Ser HT me parece muy interesante y realista, solo espero que pueda plasmarse lo bueno que propone y no termine convertida en otro objeto de consumo.

  • Gracias por este artículo Jesús. Quisiera preguntarte por el libro y el autor del libro del enlace, que ya no aparecen. ¿recordaras el titulo del libro para buscarlo? Gracias de antemano.

    • Lo siento, no había consultado este post hace tiempo.
      e todo ello hablo en mi próximo libro que aun esta en la editorial
      Se titula “Cibernícolas”
      Lo comunicaré cuanto que esté disponible

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