Trilogía planetaria



I

La paciencia de los planetas

Marte y Venus han sostenido

la ingravidez de su espera

girando

durante el tiempo necesario

-para que el tiempo mismo tuviera nombre-

persiguiendo estelas de nubes

dejando resbalar capas de hielo

sobre el borde que separa sus caras

luminosa y oscura

No deja de ser misteriosa la paciencia de los planetas

que, con lentitud, soportan

perturbación y cambio en la atmósfera que los viste,

encuentro de crepúsculos

en franjas deslavazadas, deshechas.

Aún hay cosas que

como hombres

no podemos siquiera nombrar.

II

El vacío a un paso

Un hombre se lanza desde la estratosfera

mientras mi corazón se pierde

en la búsqueda

de las lunas de Júpiter y los diamantes

que cercan con violenta transparencia campos

minados.  Soy un animal peligroso

imprevisible como el salto del astronauta

hacia la oscuridad nocturna

Siempre vence el magnetismo del instante

Nunca la señal de la duda

el pensamiento que, sin pensárselo

desaparece en este vacío o en un paso

a treinta mil kilómetros de la Tierra.

III

La Luna es un punto

La Luna es un punto

como todas las cosas originarias

-lo que empieza-

encierra en sí la brújula

el círculo de direcciones

la posibilidad infinita que gira

sin una orientación

clara

blanca

La vida es una línea

dirigida hacia, que

busca y encuentra

No se detiene, sino que atraviesa

el círculo

porque teme enroscarse y dar vueltas

para siempre.

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