Mis muertos

"la isla de los muertos"Arnold Böcklin, 1880-1886

De pequeña los muertos me parecían antiguos. 

Almas errantes atrapadas en ropa vieja, en modas extrañas. Caras en fotografías color sepia, desconchadas, señaladas una y otra vez, por el dedo artrósico de mi bisabuela. 

Rostros que ocupaban, para mi desconcierto y malestar, estampitas de cementerio, colgantes grabados. Rostros ajenos. De niños angelicales, de jóvenes despreocupadas con pendientes grandes, de ancianos con gafas muy anchas, de culo de vaso. No te quedes tan embobada mirándolos, no es de buena educaciónPues que no les pongan caras en las tumbas yaya. 

Los muertos de los demás eran una carga rara. Un hatillo que la gente se empeñaba en acarrear para siempre. Una caja de recuerdos que a mí no me interesaba y que los mayores querían abrir, anclar a sus días. 

A mí los muertos me dan un poco igual. Hija, eso no puedes decirlo. 

Yo jamás creí que iban a acompañarme mis propios muertos. 

Y ahora, pienso mucho en ellos. En mis muertos y en que pronto van a empezar a envejecer. A ser recuerdos extraños. Fuera del tiempo. 

En que el presente ya no va a ser nunca suyo. En que, llegado el momento, ni siquiera va a pertenecerles el pasado. 

Pensarlo me remueve de una forma nueva. La del pánico en las entrañas. 

Creo, de una forma tenue, pequeñita y caliente, que quienes nos acompañan no son nuestros muertos. Quienes vienen con nosotros, en colgantes y estampitas, son todas las versiones de nosotros mismos que perdimos cuando ellos se fueron. 

Etiquetado en
Para seguir disfrutando de Elia Perelada Alonso
Es como si quisiera solo escribir en lugares bonitos
Es como si una quisiera solo escribir en lugares bonitos. Cuando el...
Leer más
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.