Si alguna vez encuentras una luciérnaga

Si alguna vez encuentras una luciérnaga, síguela. Vuela tras ella y cuando llegues, que lo harás, a la línea de la costa, lánzate al mar. Atraviesa corrientes, cruza decidida riscos abisales, las umbrías profundidades, pero no la pierdas, síguela.  

Cruzareis juntas al otro lado, a uno de tantos “más allás”. El lugar donde la tierra decidió vestir el verde, abrazar la lluvia, querer al mar. Patria de castillos, de piedras grises, de torreones levantados al azar. Salpicar de lanas gruesas, de merinas, de caras negras. Aguas de marismas, salitre perenne, matas bajas, niebla siempre. Rocas de acantilado, vertiginosas, que aguantan, estoicas, un milenio más, los embates de vientos nórdicos, de oleaje vikingo, de guerra ártica. Tierra de rostros lánguidos, tejados oscuros y fachadas claras. Tierra de luciérnagas.  

¿Os he contado alguna vez que allí, Paula, vio trols? Enamorada de senderos imposibles, de caminos verticales, un día se lanzó al mar. A las tierras verdes, al más allá. Promesas de cantos de sirena, de hadas de los lagos, de náyades, de ninfas, de druidas y meigas. Aquelarres de luna llena, pócimas secretas, baños de estrellas. Guías en las runas, oráculos de piedra. Quiso encontrar a las luciérnagas.  

Los isleños le contaron que viven en los bosques: arce blanco, fresno viejo. Que por las noches las han visto salir, volar lejos. Que son criaturas nómadas, pero siempre regresan. Ella esperó paciente, días sin sol, de niebla densa. Corrió por campos de hierba, les preguntó a las ovejas ¿alguien ha visto a las luciérnagas?  

Una noche, dormida entre lanas espesas, en el claro del bosque, vislumbró a lo lejos figuras inmensas, cabezas gigantescas, caminares torpes. Emergían de los bosques criaturas de fábulas, de cuento, de mundos que no son nuestros. Arrastraban, traqueteando, carretas repletas. Botes brillantes, de mieles espesas, reflejos de soles. Su luz iluminó los rostros, caras de troles. Treparon sin prisa a piedras verticales, menhires ancestrales de tierras sin nombre y en lo más alto de sus tronos de roca abrieron los botes.  

Paula encontró luciérnagas y con sus luces, sonrisas de troles.   

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