Sé verlas al revés; ¿sabes, Sebas?

Es más fácil decir Yo hago yoga hoy que ponerse a ejecutar las sanas asanas. De todas las posturas de yogui me quedo con la de cabeza abajo o sea, sirsasana. Cuando uno está todo del revés y sigue permaneciendo igual, inasequible a la entropía, ya no duda si se es o no sees; definitivamente, se es. 

Quizá por ahí resopla la magia de los palíndromos, ese concepto ideado por los griegos que viene a significar “camino de vuelta”.  Se atribuye su invención al ateo poeta Sótades de Maronea, un bujarrón irreverente que ejerció en la Grecia del siglo III a.e.c. Sótades y sus alegres amigos los Kinaidoi (mejor no pregunten lo que significa) improvisaban versos satíricos que podían leerse igual del derecho que del revés, para regocijo de aquellos invertidos. 

Sótades firmó su palíndromo de mayor éxito dedicándolo al faraón Ptolomeo II y sus incestuosas costumbres. Una traducción aproximada sería algo así como “Anos reputan a tu persona.*” El despiporre fue de tal calibre que el faraón recompensó al primer palindromista con un crucero por el Mediterráneo en un cajón de plomo. Posiblemente sus últimas palabras fueron: “¡Al ahogo, hala!*”

Hay algo de divino en los palíndromos. Llegar al final de algo y comprobar que hay lo mismo que al principio; verificar que se puede recorrer todo el discurso a la inversa sin que pierda un ápice de su sentido; ratificar que la  coherencia de su contenido reside precisamente en su simetría. Todo esto es conculcar las severas leyes de la vida y aun de la termodinámica, algo solo al alcance de una divinidad. 

De haber existido el dios de la biblia (un sieso del seis), no debería haber elegido el hebreo para manifestarse, sino el castellano, pues solo en nuestra lengua se cumple que sea un ente alfa y omega, a y zeta, principio y fin. Cuando Abraham quiere conocer su identidad, Dios le contesta: Yo soy.¿Pero quién eres?” insiste el desconcertado Abraham. Soi Dios, es la respuesta. Desde luego, resulta mucho más aplastante que decir “Ya ves, soy Yahvéh, aunque si lo lees al revés es Jehová, ja, ja.”. Incluso para los creyentes islámicos, en nuestra lengua Aláes simetría pura y Mahomaes apropiadamente su profeta palindrómico, aunque solo por sílabas, tampoco hay que desafiar a dios. 

Desafiar la entropía de la lengua, la sintaxis, la dislexia y hasta la ataraxia es lo que ha hecho José Pablo García con su volumen Palindrotiras, un precioso artefacto que recopila una variada colección de viñetas y tebeos escritas con textos palindrómicos. No encontrarán aquí a Lenin en el Atlas, ni a Anás en el coche de Susana; tampoco a Sara Baras, ni siquiera a Anita Ekberg en su tina romana, qué va. Todos los textos son originales y se deben al talento del citado autor y sus colaboradores Raúl Ortiz Fernández y Roberto Sanchez “Peramento”. Hay mucha vida simétrica después del abad y la zorra. 

En cambio, el avispado y recurrente lector encontrará aquí palíndromos protagonizados por John Lennon y Yoko Ono, Al Pacino, Robert de Niro, Camilo José Cela, Rafa Nadal, Gasol, Bob Marley, Jordi Évole, Miguel Gila y hasta el gran Chiquito de la Calzada. Tampoco se libran de ser convenientemente palindromizados todos nuestros presidentes de gobierno desde Franco a hoy, así como los reyes Felipe y Letizia y el Borbón emérito.  

En cuanto al aspecto gráfico, es todo un acierto la diversidad de estilos de dibujo en las planchas de cómic. A modo de un recorrido por la historia de la historieta, empezamos por las vasijas griegas y las estampas medievales para seguir por los grabados de las publicaciones decimonónicas y novecentistas, hasta llegar a las viñetas contemporáneas. 

José Pablo García es un fenomenal dibujante como ha acreditado en su reciente adaptación a la novela gráfica de la biografía de Franco escrita por Paul Preston y editada por Debate. Además ha sabido homenajear en Palindrotiras los estilos de humoristas españoles inolvidables: los que publicaban en el TBO, La Codorniz, la editorial Bruguera, el Hermano Lobo… Un aliciente adicional es intentar recordar los nombres de los dibujantes imitados, algunos muy evidentes (Chumy Chúmez, Forges, Summers, El Roto, Mauro Entrialgo), otros no tanto. ¿Muntañola? ¿Nené Estivill? ¿Kiraz?

Palindrotiras es una auténtica delicia para los amantes del cómic y de los arabescos verbales, para leer y paladear del derecho y del revés, llegar al final del libro y repasar las páginas hacia atrás y vuelta a empezar. Dice la tradición de la tribu de los yubabuy que cuando las almas llegan a la ultratumba, allí les entregan una larga cinta que contiene todos los momentos de su vida para que la recorran marcha atrás cual personajes de Jardiel Poncela. Cuando llegan al inicio de sus días, pueden decidir si tirar otra vez hacia delante, del azar a la raza, de Adán a la nada. Qué disfrute. 


*Estos palíndromos están tomados de Palindrotiras. 

Palindrotiras. José Pablo García

80 págs. 17,8 x 25,6 cm. Tapa dura con lomo entelado.  

Autsaider cómics. 17,50 euros. 

Para seguir disfrutando de Jaime González Galilea
Memes de la Literatura Española (IV): El ingenioso meme don Quijote de la Mancha
No hay en toda la Literatura de lengua hispana — y acaso...
Leer más
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.