Marcos Ordoñez y los jardines finales

“Comienzas a tener ‘una cierta edad’ cuando caes en la cuenta de que un día más es, irrevocablemente, un día menos”. Marcos Ordoñez. 

Josep María Cortes escribe, a propósito de Marcos Ordoñez (1957-2016) en Letra Global, sus inicios periodísticos barceloneses: “En los ochenta recaló en el desaparecido El Correo Catalán, cuando dos de sus mejores coetáneos, Sergio Vilasanjuan, entonces seductor shakesperiano y Llatzer Moix, joven editor silente de la sección de cultura, compartían desventuras con el senyor Roma, encargado del cierre, la última verdad de los días aciagos”. Mas tarde, prosigue el relato de redacciones y abandonos: “Cuando estos dos periodistas ahondaron su carrera en La Vanguardia, Marcos Ordóñez aparecía por Pelayo, la antigua sede, y le daba unas vueltas a la dramaturgia, mientras su maestro, Joan de Sagarra, el crítico teatral de El País participaba en los cimientos del Teatre Lliure o la constitución del primer Festival Grec”. Para Cortés, Ordoñez representa “uno de los nombres más reconocibles de la crítica teatral española de las últimas décadas”; en donde no está de más citar a José Monleón, a Eduardo Haro Tecglen y al citado maestro ordoñeciano Joan de Segarra. Pero no solo practicó la crítica teatral, sino que abundó en otras escrituras diversas y expansivas. Como cuenta en sus piezas de ficción más o menos alterada, como fueron   Una vuelta por el Rialto (1994), Rancho aparte (1997), Puerto Ángel (1999), Tarzán en Acapulco (2001), Comedia con fantasmas (2002), Detrás del hielo (2006), Turismo interior (2010) o Un jardín abandonado por los pájaros (2013). Sin olvidar su dietario de 2019 –por cierto, con ilustración melancólica de Pierre Le-Tan, el llamado por Ordoñez, como alma gemela de Modiano y responsable de las portadas de los libros del francés en la colección Folio–. Y esa proximidad explica –como los bucles que se cierran entre ellos– que el mismo Modiano prologara la pieza de Pierre Le-Tan El Paris de mi juventud.

Mi conocimiento de Ordoñez lo realicé a través de El País, donde no solo ensayaba la crítica teatral, sino que se aplicaba a otros tanteos de crítica cultural diversa y muy literaria. Particularmente, la sección El hombre que fue jueves –con homenaje chestertoniano incluido–, donde conservo el recorte embalsamado –por alguna razón tan lejana como perdida en mi memoria actual– denominado Los fantasma de Modiano del 5 de julio de 2018. Donde, obviamente, desfilan hermanados Modiano y Le -Tan, unidos por la sabiduría de Ordoñez. 

Pieza esta de los fantasmas de Modiano, donde Ordoñez da cuenta de los fallidos intentos de Patrick Modiano por acceder al teatro –un esfuerzo el del empeño teatral y su fracaso consiguiente, que le emparenta con nuestro Juan Benet, igual de teatralmente fracasado– y del sonado fracaso de su obra La polka de 1974, estrenada en el Teatro del Gymnase. Donde llega a anotar, que el escritor francés tardó 10 años en superar el ruido del hundimiento teatral con Poupée blonde. Del abandono de El País, en 2021, por motivos de salud, de los cual ya me quejé en 2022, al anotar: “desaparecido recientemente sin una explicación cabal de las páginas teatrales del semanario Babelia y autor de un obra tan singular como Un paseo por el Rialto (1994) que son unas Memorias literarias”. Y ahora conocemos las razones del abandono de esa escritura, que ni siquiera fueron comentadas por los responsables de Babelia.  Solo ha quedado constancia, en la casa de Miguel Yuste, del adiós sentido y formulado por Jacinto Antón , tan elegante como siempre, en su obituario del pasado 22 de septiembre.

Marcos Ordóñez junto a Eduardo Mendoza, en la presentación de su libro ‘Telón de fondo’

He revisado las notas que flotan en las páginas de cortesía del otro testamento literario y memorialístico de la Barcelona de los años 60, como es Un jardín abandonado por los pájaros (2013). Donde la curiosidad que anotaba al leer es de carácter tan circunstancial como resulta la proximidad del pintor de Ciudad Real, Carlos Vázquez, a la familia Ordoñez. Incluso da cuentas de todas las andanzas de esos días aciagos y convulsos, conocidos por sus abuelos y padres. Que yo aproveché para escribir la pieza de Carlos Vázquez y la guerra en el digital Miciudadreal del 29 de mayo de 2013. Que cuenta con una reescritura posterior –con algunos añadidos y retoques– del 20 de junio de 2022. Todo ello, la peripecia muy teatral de los Vázquez, viajando a la Costa Azul, luego a la Sevilla de Queipo, y el extraño encargo de 1939 de la Diputación de Ciudad Real de un retrato de Franco, tan extraño como irrelevante. Todo lo supe merced a la generosa exposición de Marcos Ordoñez. Incluso la rara coincidencia de los títulos de escrituras diversas. El de Ordoñez, Un jardín abandonado por los pájaros y la pieza mía El jardín abandonado de 2003, diez años antes.

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