Paco de Lucía, entre dos aguas

En aquellos tiempos siempre había alguien al que le gustaba tocar la guitarra. En general, era gente que había aprendido por su cuenta, de unos y de otros, las canciones que les iban gustando. Eso los hacía especiales, el centro de atención de muchas reuniones en las que siempre se terminaba cantando a Serrat o a Silvio o a los Beatles o a Vinicio, fuera en las tardes lánguidas de los veranos o en las noches prometedoras de los inviernos. A veces, aparecía alguien que sabía tocar de verdad, que había aprendido en el conservatorio o al que su pasión autodidacta lo había llevado muy lejos. Entonces siempre le pedíamos que tocará algo de Paco de Lucía. Y de pronto el aire se llenaba de energía, de algo muy vivo que se metía en el cuerpo y lo enervaba, que apetecía seguir escuchando todo el rato y que casaba muy bien con otros ritmos que no eran el flamenco como el jazz o el rock o incluso la música brasileña. De pronto empezó a ser muy conocido, a tocar en todo el mundo con los mejores guitarristas como Santana, Al Di Meola o John McLaughlin. Todo parecía hacerlo con mucha naturalidad, siempre muy silencioso, como ocultando un mundo secreto lleno de una fuerza muy profunda y muy antigua de la que sólo hablaba con su guitarra. Aunque fue el guitarrista de Camarón parecía alejado de ese mundo trágico y atormentado que parece perseguir siempre al flamenco. Podía actuar con comodidad en muchos sitios muy distintos, tocar en muchos estilos, siendo auténtico en todos, contemplándolos como un poco de lejos, con una distancia que aumentaba paradójicamente la intensidad de su música. Paco de Lucía, un maestro que ha muerto hoy y al que escucharemos siempre…

 

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3 Comentarios

  • Tuve la suerte de ver uno de los conciertos de esa gira, Vitoria, la última grande de Paco: 2010, setenta y dos conciertos, desde Jerez a Estambul… Pude observar como los jasistas más cabales seguian su compas con respeto y le miraban tocar con devoción. Luego él dejaba que la música fuese… suritmo solo, solo punteando… acaso un leve fallo para el que la adrenalina del directo siempre encuentra solución. Y el alma de la música fundida con los aplausos.
    Uno de los momentos más emocionantes en la vida de un escuchador de flamenco.

  • El de artículo de Arcadi es bueno, documentado, ilustrativo para interesados… Pero el de Montaño es grande, emocionante, iluminador para el común de los mortales.

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