Memes de la Literatura Española (I): Los memes literarios

 

 

“Un nuevo tipo de replicador ha surgido recientemente en este mismo planeta. (…) Necesitamos un nombre para el nuevo replicador, un sustantivo que  conlleve la idea de una unidad de transmisión cultural, o una unidad de imitación. “Mimeme” se deriva de una apropiada raíz griega, pero deseo un monosílabo que suene algo parecido a “gen”. Espero que mis amigos clasicistas me perdonen si abrevio mimeme y lo dejo en meme. (…) Ejemplos de memes son: tonadas o sones, ideas, consignas, modas en cuanto a vestimenta, formas de fabricar vasijas o de construir arcos.

Al igual que los genes se propagan en un acervo génico al saltar de un cuerpo a otro mediante los espermatozoides o los óvulos, así los memes se propagan en el acervo de memes mediante un proceso, que, considerado en su sentido más amplio, puede llamarse de imitación. Si un científico escucha o lee una buena idea,  la transmite a sus colegas y estudiantes. La menciona en sus artículos y ponencias. Si la idea se hace popular, puede decirse que se ha propagado, esparciéndose de cerebro en cerebro. (…) Se debe considerar a los memes como estructuras vivientes, no metafórica sino técnicamente. Cuando plantas un meme fértil en mi mente, literalmente parasitas mi cerebro, convirtiéndolo en un vehículo de propagación del meme, de la misma forma en que un virus puede parasitar el mecanismo genético de una idea anfitriona. ”

Richard Dawkins, El gen egoísta.

Salvat, Barcelona 1993

 

 

 

 

Todos los que hayan viajado a Oxford y se hayan comprado allí una sudadera de recuerdo saben, o deberían saber, que el lema de la Universidad Oxoniense es “Dominus illuminatio mea”, o sea, “El Señor es mi luz” tal como figura al principio del Salmo 27. El zoólogo y etólogo Richard Dawkins, profesor de dicha universidad, diseñó su ex libris con el lema “Darwinius illuminatio mea”, lo que revela capacidad de crítica, imaginación e ironía. Y, francamente, no pocas ganas de epatar.

Cuando Dawkins publicó en 1976 su primera edición de El gen egoísta consiguió lo que buena parte de los científicos y académicos persiguen durante años sin éxito: Se hizo un nombre. Uno de esos nombres imprescindibles de recordar para los catedráticos del mundillo, para los estudiantes del ramo, para los periodistas de la sección científica, para los culturetas de tertulia y para los gafapastas de cafetería. Y todo por una idea desconcertante, que su propio autor califica como más extraña que la ficción antes de descerrajarla en el primer párrafo de la primera página del libro: Somos máquinas de supervivencia, vehículos autómatas programados a ciegas con el fin de perpetuar la existencia de las egoístas moléculas conocidas como genes que albergamos en nuestras células. 

En el último capítulo de la primera edición, Dawkins extiende su teoría darwinista desde lo biológico hacia lo cultural, considerando que todos los comportamientos aprendidos y creaciones humanas siguen patrones de autorreplicación similares a los de los genes. Surge así el concepto de meme, que puede definirse como todo comportamiento o mensaje transmitido a lo largo del tiempo por vías no biológicas. El meme es toda unidad de información susceptible de reproducirse y difundirse por cualquier medio cultural o de comunicación.

Un estilo de peinado, un nuevo baile, una receta de cocina o un eslogan publicitario son memes. Sí, también se llaman memes todos los vídeos de gatitos y las fotos chistosas que solemos reenviar a través de las redes sociales y teléfonos móviles. E incluso todas las obras literarias, desde la Odisea al último premio Planeta, están formadas por secuencias de memes estructuradas en una forma compleja, de modo análogo al que las células componen organismos pluricelulares.

 

 

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El concepto de meme ha dado lugar a la protociencia llamada memética, a la que se plantean diversas críticas, siendo una de las más notorias que el modelo de Dawkins es darwinista, mientras que los procesos culturales parecen regirse más bien por leyes propias del lamarckismo. ¿Puede la memética ofrecer alguna ayuda en el estudio de las ciencias sociales?

El propósito de este artículo es apuntar una aproximación al estudio de la Literatura española como una comunicación de memes a lo largo del tiempo. No incidiremos en los valores puramente literarios, sino en algunos aspectos de la transmisión de las obras literarias y en su éxito o fracaso como memes. Al mismo tiempo iremos reconociendo las propiedades más relevantes de los memes literarios, y señalaremos algunos de los memes literarios más replicados de nuestra Literatura.

Habrá quien vea en este planteamiento un auténtico despropósito, un reduccionismo a lo jíbaro de las obras literarias y una trivialización de la Literatura como fenómeno artístico y cultural, al despojarla de todos sus valores estéticos y humanísticos.

No se encocoren todavía los críticos. Consideren que, a fin de cuentas, en el instituto de secundaria la Literatura se enseña a menudo en forma de memes, controlando que los estudiantes repitan nombres de autores que desconocen asociándolos con títulos de obras que no han leído, cuyo argumento se resume en menos que ocupa una solapa de libro.

La llegada de la LOMCE no va a mejorar la sensibilidad literaria del estudiantado, pues esta ley relega a un segundo plano las Humanidades, mientras que pretende estimular la innovación, la creatividad y el espíritu emprendedor, como se ocupó de recordar Felipe de Borbón en su discurso de la nochebuena de 2016. Traducido de la neolengua neoliberal, esto viene a significar “aguzar el ingenio para inventar fórmulas que permitan hacer negocio aprovechando — sin remuneración económica — las ideas que otro ha tenido.”

Así pues, es previsible que en los próximos años, las clases de Literatura se conviertan en un workshop de creación de merchandising tales como sudaderas, tazas y moleskines ilustrados con memes procedentes de los genios literarios cuya obra se halle en situación de dominio público. Los ingleses ya venden mugs con citas de Shakespeare    en Stratford-upon-Avon, mientras que por estos lares todavía no se aprovechan las frases cuquis de Cervantes para hacerle la competencia a las de Mr. Wonderful.

 

 

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Adaptándome a los nuevos tiempos y en cumplimiento de las directrices de la LOMCE, he comenzado a plantearme la docencia de la Literatura Española con sus memes como vía didáctica. Y si ello no fuera suficiente justificación, conviene recordar que en materia de crítica literaria todo puede defenderse alegando este magnífico meme acuñado por Ramón de Campoamor (1817-1901), adelantándose en siglo y medio al concepto de la posverdad:

 

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Características básicas de los memes

 

Según Dawkins, los memes tienen éxito gracias a tres características idénticas a las de los genes: Longevidad (capacidad de permanencia a lo largo del tiempo hasta la siguiente generación), Fecundidad (capacidad de replicarse tan abundantemente como sea posible) y Fidelidad (capacidad de las copias de permanecer lo más similares que sea posible al original).

Cuando estudiamos la historia de la Literatura española, no estudiamos todas las obras que la componen, sino una selección de las mismas. Y buena parte de esta selección ha ocurrido por medios naturales, es decir, aleatorios. La inmensa mayoría de la Literatura de transmisión oral — cuyo volumen, aunque cueste creerlo, ocuparía decenas de millares de libros — ha desaparecido en el olvido. Igualmente se han desvanecido de nuestro acervo una cantidad inmensa de obras manuscritas carcomidas por la humedad y los hongos, carbonizadas en incendios u hogueras, extraviadas bajo montones de legajos en algún recóndito archivo o simplemente escritas con una letra endiabladamente difícil de descifrar. Todas estas obras, todos estos memes, vivieron su momento, pero no han gozado de Longevidad suficiente para llegar al día de hoy.

La imprenta, como veremos más adelante, ha sido un medio fundamental para salvar la criba de la Longevidad y también el de la Fidelidad. Del enorme lote de obras literarias que todavía nos quedan disponibles elegimos para su estudio aquellas que poseen y conservan una buena Fecundidad. Aquellas que han ejercido o ejercen todavía una capacidad de sugerir e influir en los lectores y en los escritores. Aquellas que todavía pueden seducir a nuestras mentes sedientas de nuevas lecturas. Aquellas que, en definitiva, nos enseñan, descubren o aportan algo de conocimiento o solaz.

Mientras escribo estos apuntes, consulto en el temario de mi oposición profesoral una larga lista de títulos de obras de los siglos XII al XV que creo que jamás me tomaré la molestia de leer. Prefiero otros libros que pueden fecundar mejor mi mente. Muy distinto sería si estando encerrado en una celda, el único libro a mi alcance fuese, por ejemplo, el Vencimiento del mundo de Alonso Núñez de Toledo (siglo XV). Lo leería con auténtica delectación. Pero en una situación de libre competencia con todos los libros que tengo a mi alcance, el Vencimiento del mundo no tiene ninguna oportunidad de captar mi interés.

Visto con una óptica darwinista, el Vencimiento del mundo ha sido desbancado por sus competidores en la oportunidad de transmitir sus memes a la siguiente generación de lectores, y por lo tanto pasa a engrosar la lista de seres extinguidos, junto al orgulloso tiranosaurio y el estrafalario dodo.

Tal vez debamos decir, para ser más exactos, que mientras exista una copia legible de Vencimiento del mundo y sobrevivan mentes capaces de leer el castellano, sus memes permanecen agazapados como esporas en una cueva, a la espera de que algún incauto desate la fecundación al abrir las páginas del libro.

 

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Qué distintos son en su fecundidad memes tan sugestivos como Don Quijote, La Celestina, Lazarillo de Tormes, Don Juan… que además de su valor literario intrínseco influyen incesantemente en tantos pensadores y creadores. Estos memes, salvo que suceda un cataclismo, tienen asegurada su supervivencia durante muchas generaciones de lectores. E incluso en caso de cambios drásticos en el medio cultural, estos supermemes pueden desarrollar más fácilmente mutaciones mejor adaptadas al nuevo entorno.

Me viene ahora a la memoria una anécdota del instituto donde me gano la vida como jornalero de la tiza. Unos padres mostraron su disconformidad con que en el nivel de Bachillerato se eligiera como lectura trimestral la segunda parte de El Quijote. “¡No pretenderán ustedes que los estudiantes se lo lean!”, porfiaban, como si se pudiese hacer algo diferente con un libro. Parece generalizarse en nuestros días la resistencia de ciertos individuos a la lectura de libros clásicos. Pero — como dijo el mismo don Quijote ­— donde una puerta se cierra, otra se abre. El supermeme del hidalgo manchego sigue cabalgando no ya en mutaciones cinematográficas sino en forma de disco de rock, una adaptación más adecuada para penetrar a las mentes jóvenes en el contexto cultural contemporáneo.

 

 

 

Los tópicos literarios como memes

 

Memes particularmente exitosos son los llamados tópicos literarios. Un tópico es una idea estereotipada que se transmite de una generación a la siguiente en el fondo de un texto literario, presentando distintas formas exteriores para adaptarse mejor al medio cultural imperante. Veamos este meme del poeta Ausonio (310-395), compuesto originalmente en latín.

 

 

Lo que traducido del latín viene a significar algo así como “Muchacha, aprovecha ahora que eres joven para disfrutar el goce físico”. Los no iniciados se sorprenderán de que tras un aspecto tan elegante se disimule una proposición tan obscena. Pues bien, este disfraz tan burdo proporciona una insólita fecundidad a este tópico. Este mismo meme, de extraordinaria longevidad, se autorreplica mil años después bajo la forma de un soneto firmado por Garcilaso de la Vega (1498-1536)

 

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No pasa demasiado tiempo hasta que el meme encuentra un nuevo huésped en la persona de Luis de Góngora (1561-1627), caso notorio, pues su fecundación produce dos nuevas réplicas.

 

 

La virulencia de estos supermemes, que sobreviven a los siglos alojados en las páginas de los manuales escolares, es imparable. Por ahora, este meme sigue plenamente activo, habiéndose hallado incluso entre autores contemporáneos como Luis Alberto de Cuenca (1950) a quien pertenece la siguiente reelaboración.

 

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Queda demostrada la fecundidad y longevidad de los tópicos literarios. ¿Y qué decir en cuanto a su fidelidad? El avispado lector ya habrá notado que a pesar de las diferencias del texto todos los memes mencionados presentan una extraordinaria similaridad en cuanto a su fondo. Valdría decir, pues, que los tópicos sacrifican parte de la fidelidad formal en beneficio de una mayor fecundidad, lo que acaba revierte finalmente en una mayor longevidad que podría alargarse indefinidamente mediante sucesivas mutaciones.

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