Me duele la cara de ser tan guapo

Supongo que algún lector/a recordará aquella canción de Los Inhumanos que triunfó a finales de los 80 y que proclamaba  el canon de la belleza masculina:

Mi sonrisa profident
mi careto de John Wayne
mi prominente mentón y mi martillo filón,
es perfecto mi tupé cortado en el Corte Inglés,
al espejo me miré y me excité mogollón.

Me duele la cara de ser tan guapo………..

Pero sin duda el mensaje principal de la canción no son las características del tío atractivo (aunque también) sino la evidente complacencia de haberse conocido, de mirarse al espejo y tener uno mismo un subidón a costa de lo guapo que es, hasta que el punto de que le duele la cara. En otras palabras, el poder de la autoestima basada en el aspecto físico y sus efectos al ser contemplados y contemplarnos. 

L@s “segund@s espadas”

Y viene esto a cuento porque en la presente campaña electoral tenemos 5 candidatos varones que comparten juventud y buen físico, dos factores de enorme valor en la era de la imagen. Ciertamente no es la primera vez que en España tenemos un político guapo, porque en la mente de todos está el recuerdo de Adolfo Suárez o de Felipe González en sus años jóvenes. Pero nunca antes habíamos contemplado un escenario donde los candidatos, además de argumentos sólidos, deben dominar las técnicas del photo call y la alfombra roja. Y bien mirado, podría decirse que entre los cinco componen un muestrario de las distintas formas de entender el atractivo varonil que, si bien incompleto, no deja de resultar revelador. 

Es evidente que al que más le duele la cara de ser tan guapo es a Pedro Sánchez, aunque nunca sabremos si le dolía tanto antes de dedicarse a la política. Muchas veces me asalta la duda de si nuestro físico influye en nuestro discurso hasta el punto de configurarlo. Me explico: ¿hablaría Pedro con esa rotundidad si fuera bajito y regordete? ¿exhibiría esa seguridad casi insultante si no nos mirara desde las alturas y no compartiera mentón con los Kennedy, aunque haya nacido en Madrid?  Si nos fijamos, en su cara no hay una grieta de duda o incertidumbre y siempre se mantiene férreo, como un busto de mármol con sus correspondientes laureles. Un busto, he dicho, pero estoy segura de que no vacilaría en mostrar todos sus atributos para un réplica del David de Miguel Angel si ello acarreara votos. “ Para alto y guapo, yo”, pensaría, seguro de su superioridad anatómica con respecto a los otros. Y sin embargo, pese a tanto atractivo y tanta apostura como posee Sánchez, he oído a mucha gente decir que no resulta seductor, elemento clave para un político. La seducción es un arte misterioso cuya fórmula nadie ha logrado explicar pero es evidente que tiene como aliados la voz y la mirada. Una voz que no es solo timbre sino ritmo, acento, entonación y que debe actuar en estrecha complicidad con los ojos y la pluralidad de gestos, matices  y mensajes que estos pueden enviarnos. Sanchez tiene la voz que le corresponde, firme y rotunda, pero desconoce la sutileza, la persuasión, la capacidad de embrujar que algunas personas logran con solo mirarnos. Claro está que todo esto debe ser difícil para alguien que, como él, habla siempre desde el punto de vista del héroe o, dicho de forma cabal en estos tiempos sin épica ni lírica, desde el punto de vista del caballo ganador.

Esta imagen de recia masculinidad contrasta vivamente con la de Pablo Iglesias, sin duda encantado también de haberse conocido, como todos ellos, pero que ofrece un  aspecto más“femenino”: cuerpo lánguido, mangas de camisa y vaquero que marcan el vientre plano y la cintura baja sin huellas de la dureza del gimnasio. Y esa coleta, que le distingue inmediatamente del resto y a la que dedica más tiempo del que cabe suponer, con esos mechones sabiamente desordenados. A Pablo se le nota que ha sido profesor, no sólo en el tono didáctico de sus “sermones”, sino en su capacidad para lograr la cercanía y el coleguismo, como en esos abrazos inigualables que da a l@s que se ponen a tiro en los mítines y esos ojillos sonrientes del que te promete, sin solemnidad pero con persuasión, que con él y los suyos te va a ir bien. Hay un estudiado cruce de fragilidad y gallardía en esa figura desgarbada que parece que pasaba por allí y que, por casualidad ( ??) se ha acercado a pedirnos el voto. Y pienso que no es solo la labor del asesor/a de imagen: se nota que ha paseado mucho su cuerpo serrano por la tarima del aula, consciente de que su lenguaje corporal cuenta tanto (o más) que sus explicaciones para el alumnado. De todos modos Iglesias es con mucho el más versátil en su aspecto: de aquella actitud contestataria y un pelín canalla que tanto nos gustaba ha pasado al discurso y los ademanes de un cura ( rojo) que acaba de colgar los hábitos. ¿Qué sorpresa nos deparará si llega a presidente del gobierno?  

Podría decirme el lector/a que para ojillos sonrientes deberíamos recordar a Pablo Casado, otro de los cinco magníficos que luchan por gobernar España. Y tiene razón el lector/a. Incluso cuando suelta su lengua viperina,  Casado mantiene su sonrisa, total o parcial, aunque más que una sonrisa parece una mueca que le hubiera quedado desde pequeño de forma fija e inamovible. Siempre risueño, a mi me recuerda al graciosillo que hay en todos los grupos y que sabemos que no tiene ninguna gracia, al listillo que siempre se sienta al lado del jefe y está muy atento para llevarle la cartera. Cara y tipito de caseta de la feria de Abril, que no duda en arrancarse por sevillanas porque tiene la grasia para ello.Y chulito como el que más, siempre dispuesto a vestirse de luces y hacer el paseíllo para brindarle un toro a Jose Mari ( Aznar) y al respetable.

Una impresión muy distinta es la que emana de Albert Rivera, antes de los debates calificado como “ el yerno ideal” por su aspecto de chico serio y pulcro que pone el lavavajillas. Para mí tiene cara de haber sido monaguillo y el primero de clase, y no me extrañaría que hubieran ofrecido a a su madre, cuando era bebé, que posara desnudito para anunciar polvos Talco o una loción de colonia infantil. Lo cierto es que lo de posar en pelota picada lo hizo más tarde, ya hecho un hombre de cuerpo hermoso y entero, aunque no desprovisto de ese aire de empollón que le caracteriza. Una se pregunta qué hubiera pasado si este candidato hubiera sido una mujer con un desnudo integral en su haber para publicitar una campaña previa. Pero hoy toca hablarsolo de varones. En los debates de estos días Rivera se ha desmelenado y, aunque algunos le han dado como ganador, a mi no me gustó su imagen impostada de mosca cojonera. Su voz meliflua y su vocalización atropellada contrastaban con su insistencia en hacer magia con la chistera y y la impertinencia. No le acompañaba la cara que,aunque le duele por guapo, eso no lo dudamos, aún no tiene ese barniz de cemento armado que exhibieron sin tregua Sánchez y Casado. 

Javier Ortega Smith, Santiago Abascal e Ivan Espinosa de los Monteros

Pero, aunque no haya estado en los debates, no quiero ni puedo olvidar al quinto jinete del 28-A que no es otro que Santiago Abascal ( y cierra España!!!). Con él llegó no solo el escándalo sino una ostensible carga de testosterona que ha atraído a multitud de machitos españoles, en la clandestinidad hasta su llegada. Ese rostro de perfil y mirada aguileña, que nos recuerda aquel “ impasible el ademán” del  Cara al Sol, el himno falangista,  y esa camisa sin corbata que parece esconder todo un hombre de “ pelo en pecho”, un español de bien, en sus propias palabras. ¿Se imagina el lector/a si este personaje hubiera acudido a los debates? La batalla por la imagen de “duro” hubiera sido impagable, aunque en mi opinión dentro de Vox hay a quien le duele la guapura más que a Abascal. Y me refiero, por supuesto, a Javier Ortega Smith, ese ejemplar de raza aria y pelo engominado que hubiera hecho las delicias de Leni Riefenstahl, la autora de las producciones propagandísticas de la Alemania nazi.

Cinco varones, cinco, que probablemente tengan problemas e inseguridades como todo hijo de vecino pero que, por exigencias del guión, no pueden mostrarlas. Se echa de menos en todos ellos algo de sentido del humor, ese don divino que añade un enorme atractivo a quien lo posee y que transforma positivamente cualquier debate, mensaje o reunión. Entre los cinco candidatos suman muchas sonrisas Profidén, aunque me temo que pocas risas y escasas carcajadas, esa fuente extraordinaria debienestar y complicidad. Pero que nadie piense que las líneas que preceden intentan influir en el voto de nadie el 28-A.: nada más lejos de la intención de quien esto escribe, que se ha centrado en la estética, y no en la ética, para comprobar la actualidad de la canción de los Inhumanos y constatar – de paso- que a todos los candidatos les duele cara simplemente por ser tan guapos. Al menos de momento, porque a alguno/os se le va a descomponer tras el recuento de votos el Domingo. 

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