Ocho razones por las que la violencia de pareja no es violencia de género

Fotografía de Bruce Davidson

La Teoría feminista de la violencia de pareja

La teoría feminista de la violencia de pareja plantea que se trata de un problema de género. En este artículo voy a criticar esta teoría y voy a intentar argumentar los hechos que la contradicen. Pero lo primero que hay que hacer es describir la teoría feminista de la violencia de pareja que porque quizás muchas personas no conocen con detalle lo que dice realmente esta teoría.

La teoría feminista mantiene que la violencia de pareja de los hombres contra las mujeres surge de valores patriarcales que motivan que los hombres busquen controlar la conducta de las mujeres, usando la violencia si fuera necesario. Desde esta perspectiva, el patriarcado es visto como causa directa de la violencia de pareja más que como un factor que interactúa con otras causas. Cuando se habla de la teoría feminista la primera referencia que se suele citar es el libro de 1979 de Dobash y Dobash Violence Against Wives. Rebecca Emerson Dobash y Russell P. Dobash, a los que podemos considerar los popes de esta teoría, dicen ahí: “Los hombres que asaltan a sus mujeres están en realidad cumpliendo con unas prescripciones culturales muy queridas en la sociedad occidental -agresividad, dominancia masculina y subordinación femenina- y usan la fuerza física como un medio de imponer esa dominancia”

Merece la pena señalar que el poder masculino no se sitúa en el poder físico o la agresión sino en las instituciones, las estructuras y la ideología del capitalismo. La violencia es producida socialmente y culturalmente legitimada (No queda claro entonces cómo puede hacerse responsable a un hombre individual de su violencia cuando la culpa la tiene el Patriarcado…). La violencia de pareja no es una expresión natural de impulsos biológicos o de características innatas masculinas, sino que es una conducta construida y aprendida y recompensada socialmente. El origen de la teoría tiene unas raíces neo-marxistas según las cuales se contempla a los hombres (el equivalente a los burgueses) como los opresores y detentadores del poder y a las mujeres (el proletariado) como las oprimidas, pero no entraré en más detalles. Baste decir que la solución última a esta violencia, por tanto, es un cambio social y cultural radical: desmontar las estructuras patriarcales.

Este paradigma implica varias suposiciones sobre esta violencia:

  • La violencia de pareja sólo la perpetran los hombres y cuando la perpetran las mujeres, si es que la perpetran, es siempre defensiva y reactiva.
  • La sociedad en su conjunto apoya las actitudes violentas de los hombres contra las mujeres
  • La violencia de pareja de los hombres contra las mujeres no tiene nada que ver con el resto de las violencias familiares, ni de otros delitos o crímenes, y por tanto debe ser estudiada al margen del resto de las agresiones y violencias humanas.
  • El foco está en las características sociales y culturales y no en características o patologías individuales como trastornos mentales, alcohol, pobreza, experiencias infantiles, estrés, ira, etc. Tampoco tiene nada que ver con disfuncionalidades, conflictos o problemas dentro de la pareja ni de la familia. Por ello, el “tratamiento” propuesto para esta violencia (pongo lo de tratamiento entre comillas porque por supuesto el enfoque no es terapéutico) es educativo y en su modelo de abordaje, el llamado modelo Duluth, las intervenciones son psicoeducativas  y se trabaja primordialmente con grupos de hombres. En estos grupos se educa a los hombres para que entiendan que su conducta agresiva está causada por sus creencias de género hacia las mujeres. No sorprende que no haya evidencia de que este modelo funcione.

En el resto del artículo me voy a referir a la teoría feminista como la que propone que la causa de la violencia de apreja es el Patriarcado/machismo.

Paso a desgranar una serie de razones que sustentan que la teoría feminista de la violencia de pareja no está apoyada por los datos.

Fotografía de Bruce Davidson

Una cosa muy rara no se puede explicar con una cosa muy frecuente.

Según la teoría feminista, como hemos visto, la diferencias de poder entre hombres y mujeres son estructurales y ubicuas. Es decir, todos somos machistas y todos vivimos bajo la influencia del Patriarcado. La pregunta entonces es evidente: ¿Por qué sólo una minoría de hombres maltrata a sus mujeres? Aún aceptando cifras como las de la OMS, que hablan de que un 30% de las mujeres son víctimas de violencia de pareja, resulta que 2/3 de los hombres no maltratarían a sus parejas. Esto supone un problema para una teoría determinista ambiental o social como es la teoría feminista de género. Tampoco puede explicar la teoría feminista la desistencia, el hecho de que las personas -y los hombres en concreto- puedan dejar de usar la violencia en la misma relación o en otra diferente (Walker y cols, 2013).
Cuando alguien señala que en la violencia de pareja intervienen otros factores  como los trastornos mentales o el alcohol, muchos partidarios de la teoría feminista responden que la mayoría de personas con un trastorno mental no maltratan a sus parejas ni la mayoría de los bebedores. Pero no se dan cuenta de que este mismo argumento se aplica a su teoría: la mayoría de los “machistas” no maltratan a sus parejas ¿Cómo se sustraen esos hombres a unas estructuras tan poderosas? ¿Cómo lo explican? Pues no pueden explicarlo. Los popes de la teoría feminista, Rebecca y Russell Dobash (2001), llegan a reconocer este problema:

“…es importante señalar que no todos los hombres usan la violencia para dominar a sus parejas mujeres, y hay una considerable variación en las tasas de maltrato a la mujer dentro del mismo país y entre países. Estas variaciones suponen un desafío no sólo para entender el “por qué”, “cuándo” y “cómo” algunos hombres usan la violencia contra su pareja mujer mientras otros no, sino que también desafían nuestro entendimiento de las variaciones que existen entre aquellos que están situados en un lugar diferente dentro de la misma sociedad así como en la multitud de diferentes sociedades en el mundo y, por supuesto, los diferentes momentos históricos en el tiempo. El desafío para ofrecer una explicación más completa incorporará necesariamente factores socio-culturales, individuales y situacionales más que centrarse de forma estrecha en un solo aspecto de este problema de amplia base”.

De manera que Dobash y Dobash reconocen con la boca pequeña que no pueden explicar con el machismo la violencia de pareja y que son necesarios otros factores a nivel individual y situacional, algo con lo cual la mayoría de los expertos están de acuerdo: que la explicación de la violencia de pareja es multifactorial. Normalmente los partidarios de la teoría feminista dicen esto mismo si se ven muy acorralados pero inmediatamente lo dejan de lado y vuelven a centrarse en un único factor, el Patriarcado/machismo.

Precisamente sobre esto trata el segundo punto que quería comentar pero antes es interesante mencionar en este apartado la paradoja nórdica con estudios como éste: “Nuestros resultados muestran que la mayor prevalencia de violencia de pareja física y sexual contra la mujer en Suecia que en España refleja diferencias reales y no es resultado de un sesgo de medida, apoyando la idea de la ‘Paradoja Nórdica’”. Es decir, la violencia de pareja es más frecuente en Suecia que en España a pesar de una mayor igualdad de género en Suecia. Este hallazgo es contrario a lo que predice la teoría feminista de la violencia de pareja.

Fotografía de Bruce Davidson

Las conductas humanas son complejas y no suelen tener una causa única

Si queremos explicar cualquier conducta humana, sea el terrorismo, el suicidio o el homicidio es muy difícil que podamos explicarlo con un único factor o causa. A nadie se le ocurriría explicar, por ejemplo, el llamado terrorismo islámico con la religión musulmana. Hay millones de musulmanes en todo el mundo que no son terroristas. Es probable que las creencias religiosas sean un factor que interviene en la violencia ejercida por los terroristas suicidas, pero es evidente que hay que tener en cuenta factores políticos, económicos, sociales y también psicológicos individuales.
Si queremos explicar el suicidio, tampoco podemos recurrir a un sólo factor. Un factor de riesgo claramente implicado son las enfermedades mentales pero basta señalar que sólo el 5% de las personas con depresión o el 10% de las personas con trastornos límite de la personalidad se suicidan para darnos cuenta de que tiene que haber más factores que la enfermedad mental. Es decir, la mayoría de las personas con enfermedad mental no se suicidan. Si hablamos de factores económicos ocurre lo mismo: la mayoría de las personas que se quedan en paro no se suicidan. Si hablamos de factores emocionales otro tanto: la mayoría de personas que sufren una ruptura sentimental o un divorcio no se suicidan…

¿Y tenemos que aceptar que la causa de la violencia de pareja es sólo el Patriarcado/machismo? Pues esto va en contra del funcionamiento de la mente humana que he explicado en los párrafos anteriores. Como traté en No todo es machismo, la mayoría de expertos se inclina actualmente por modelos ecológicos y multifactoriales para explicar la violencia en general y también la violencia de pareja. La propia OMS ofrece un listado de factores asociados a una mayor probabilidad de que los hombres cometan violencia contra sus parejas que incluye factores individuales, de la relación y también comunitarios o sociales.

La literatura especializada no habla de causas, habla generalmente de factores de riesgo, es decir, factores que correlacionan o se asocian a la violencia de pareja. Por ejemplo, Schumacher y cols.(2001) revisa estudios de violencia de pareja perpetrada sólo por hombres y encuentra factores de riesgo moderados a fuertes (r mayor o igual a 0,30) como bajo nivel socioeconómico, bajo nivel educativo, experiencia de maltrato en la infancia, ira/hostilidad, depresión y abuso de alcohol y otras drogas. Stith y cols.(2004) encuentran factores moderados a fuertes asociados a perpetración por hombres (r igual o mayor a 0,20) como historia de perpetración de abuso físico (r=0,24), insatisfacción matrimonial (r=0,30), abuso de alcohol(r=0,24), abuso de drogas (r=0,31), actitudes que aprueban la violencia (r=0,30), ideología tradicional con respecto a los roles de sexo (r=0,30), ira/hostilidad (r=0,26) y depresión (r=0,23). Se encontró un tamaño de efecto grande (r=0,41) para que la mujer sufriera victimización cuando ella era violenta contra su pareja (no analizan las razones de esta violencia), hallazgo encontrado en muchos otros estudios.

También existen estudios prospectivos en los que hay un seguimiento a largo plazo y en este caso se habla de factores predictores de la violencia de pareja porque identificamos en la infancia o adolescencia factores que luego se van a asociar a violencia de pareja en la edad adulta. Diversos estudios revisados por Costa y cols (2015) encuentran predictores como experiencias de maltrato infantil (individuos que sufrieron maltrato o negligencia antes de los 12 años tuvieron mayor probabilidad de perpetrar violencia física veinte años después), presenciar violencia parental, asociarse a amigos agresivos en la adolescencia, consumo de alcohol y drogas en la adolecencia, conducta antisocial temprana, en la infancia o adolescencia (según algunos estudios, este sería el factor de riesgo más importante, y mucho peor cuando, por emparejamiento selectivo, los dos miembros de la pareja tienen rasgos antisociales). 

En muchos de estos estudios prospectivos, como el Dunedin, se ha estudiado la violencia de pareja perpetrada tanto por hombres como por mujeres y se encuentran muy pocas diferencias en los factores predictores entre hombres y mujeres, tanto para perpetración como victimización. En esta misma revisión de Costa se puede ver que existe una alta correlación entre perpetración y victimización de violencia de pareja (p.ej, Ferguson y cols: r=0,81), es decir, que ambos miembros de la pareja son perpetradores y víctimas. 

De todos modos, conviene destacar una cosa. Que un factor ocurra antes (por ejemplo, consumo de drogas en la adolescencia) y sea capaz de predecir una violencia de pareja que ocurrirá años después, no quiere decir que ese factor sea la “causa” o una de las “causas”. Podría haber detrás un factor que explicara tanto el consumo de drogas como la violencia personal posterior. Por ejemplo y sólo como hipótesis, ese factor podría ser una personalidad psicopática. Pero sí es importante identificar estos factores porque nos permiten intervenir de forma preventiva. Si tratamos ese consumo de drogas de forma temprana podemos disminuir las probabilidades de conducta agresiva posterior.

Fotografía de Bruce Davidson

Las mujeres también perpetran violencia de pareja.

Esto es algo que se sabe desde los años 70. Erin Pizzey, la fundadora del primer refugio para mujeres maltratadas del mundo, en 1971, siempre ha contado que de las 100 primeras mujeres que atendió 62 eran tanto o más violentas que los hombres que dejaron atrás. Ella misma fue maltratada por su madre (ambos padres eran violentos) y sabe que las mujeres también pueden ser violentas. Por decir esto fue amenazada de muerte y difamada.
Como he contado en otros sitios, a medida que se fue estudiando la violencia de pareja se observó que tanto la violencia entre novios como la violencia en el matrimonio es fundamentalmente bilateral. En concreto, en las relaciones de novios (dating violence) está ampliamente replicado que las mujeres agreden con igual o incluso mayor frecuencia que los hombres. Este es un estudio de 250 parejas que esperan su primer hijo en Australia y también perpetran más violencia las mujeres. 

Para los que no conozcan la literatura esto les puede parecer extraño pero los estudios son literalmente cientos. Esta bibliografía anotada describe 343 investigaciones (270 estudios empíricos y 73 revisiones) que demuestran que las mujeres son tan agresivas físicamente como los hombres (o más) en sus relaciones con esposos o parejas del otro sexo. La muestra total es de 440.850 personas. Y aquí cito un estudio muy reciente que una vez más lo confirma. Hay que señalar que los estudios también encuentran de forma consistente que las mujeres resultan heridas con mayor frecuencia. En este estudio en 6 ciudades europeas, hombres y mujeres presentaron una prevalencia equivalente de victimización y de perpetración, excepto para la coerción sexual, que fue perpetrada por hombres con mayor frecuencia (hallazgo que se encuentra también en otros estudios). El patrón de violencia predominante fue el de violencia bidireccional o recíproca (hallazgo que también se ha encontrado en muchos otros estudios, incluidas parejas LGBT). Dicen los autores en el abstract: “Los resultados apoyan la necesidad de considerar a hombres y mujeres tanto como víctimas potenciales como perpetradores al abordar la violencia de pareja.” Este es un estudio en parejas madrileñas que lo replica.

La respuesta de la teoría feminista a estos datos ha sido intentar explicar esta violencia femenina como debida a autodefensa. Esto sencillamente no se sostiene por diversas razones:

  • Se han hecho estudios sobre las razones o la motivación por la que las mujeres y hombres usan la violencia en las relaciones de pareja y, básicamente no hay diferencia en estos motivos. Las propias mujeres no incluyen la autodefensa entre las razones principales de su conducta agresiva, sino otras motivaciones como los celos, la ira, el querer que le hagan caso, impedir que el otro miembro de la pareja haga algo o conseguir que lo haga, etc. 
  • Muchos estudios de diferentes tipos de muestras encuentran que al menos en un cuarto de las relaciones violentas las mujeres son las únicas perpetradoras (ver referencias aquí).
  • Como veremos más adelante, la violencia en parejas de mujeres es tan frecuente como en parejas heterosexuales y aquí, evidentemente, no se puede argumentar que la violencia de la mujer es una respuesta a la del hombre.
  • Por último, hay estudios longitudinales, como el Dunedin citado antes, donde se ve que tanto la violencia de los hombres como la de las mujeres se puede predecir a partir de factores de riesgo presentes en la infancia y la adolescencia. Este es el tema de un libro clásico de Moffitt y cols, Sex Differences in antisocial behavior, del que hablé en esta entrada. Ver más referencias a los puntos anteriores aquí, Controversies in Partner Violence y aquí

La existencia de esta violencia de las mujeres hacia los hombres es un desafío a la teoría feminista al que no han podido responder y que, por lo tanto, tiende a ocultarse.

Fotografía de Bruce Davidson

No es cierto que la sociedad apruebe la violencia contra las mujeres

Estamos todos de acuerdo en que si una persona o un colectivo alberga actitudes sexistas por las que se considera a las mujeres inferiores o apoyan que está bien pegar a las mujeres en el curso de las relaciones esto es un factor de riesgo para la violencia de pareja (este metaanálisis confirma que es un factor de riesgo junto con otros muchos ). Lo que creo que no es cierto es que nuestra sociedad (y la mayoría de sociedades occidentales) sea una sociedad que fomenta o apoya que las mujeres son inferiores y que está bien usar la violencia contra ellas. No niego que puede haber personas o subgrupos en los que estas actitudes sean prevalentes, pero no es la postura de la sociedad en general.

Primero, hay encuestas de población sobre estas actitudes. Por ejemplo, en este estudio de Simon de 2001 el porcentaje de participantes que aprueban que un hombre pegue a una mujer, si ella no ha pegado primero es muy bajo (1-3%). Si ella ha pegado primero sube al 8-11,3%.  Lo que también se encuentra es que tanto hombres como mujeres toleran más que una mujer pegue a un hombre que un hombre pegue a una mujer. Si no hay provocación previa se acepta que una  mujer pegue a un hombre en el 3-6,5% y si el hombre la ha pegado primero la aceptación sube al 31-36%. En estudios de percepción social de la violencia de género en España el 92% considera inaceptable la violencia de género y sólo un 2% lo considera aceptable en algunas circunstancias, En cuanto al maltrato físico y sexual son rechazados prácticamente por el 98% de la población. Según esta encuesta, la inmensa mayoría de las personas en España considera totalmente inaceptable la violencia de género.

Segundo, diversos autores, como Felson,  han defendido que lo que en realidad existe es una norma de protección de las mujeres, una especie de código de caballería que favorece la protección y que castiga  y condena la violencia de los hombres contra las mujeres. Hay evidencia que apoya que los hombres aprenden desde una edad temprana que es socialmente inaceptable pegar a las mujeres (Archer 2009, Felson 2000, Felson 2010)

Tercero, existen experimentos que tampoco son determinantes pero son ilustrativos, como videos en los que una pareja escenifica una pelea en la que uno de ellos agrede al otro para ver la reacción del público. Tanto hombres como mujeres protegen más a las mujeres y no sólo eso sino que la violencia de la mujer contra el hombre es contemplada de una forma divertida

Cuarto, se han realizado decenas de experimentos, mucho más serios que los de los videos comentados anteriormente, en los que a los participantes se les dice por ejemplo que son jurados en un juicio y se les ponen viñetas con escenas de violencia de pareja exactamente iguales pero en las que se  cambian los protagonistas. En unos casos es un hombre el que agrede a una mujer, en otros al revés y en otros estudios también hay escenas de violencia en parejas homosexuales. Los resultados son siempre los mismos: invariablemente las personas consideran como más negativa la violencia cometida por un hombre contra una mujer, la más grave, la más necesitada de intervención, la que más denunciarían, la que  merecería una condena legal más fuerte, y como el delito más grave en general. Ver por ejemplo este estudio, o éste o éste, o éste. Otro más reciente todavía aquí. Otros tres más.

Quinto, también hay estudios, como éste, que sugieren que “los hombres inhiben su agresión hacia sus parejas mujeres no porque son sus parejas sino porque son mujeres. Indica también que las mujeres aumentan su agresión hacia sus parejas no porque sean hombres sino porque son sus parejas”.

Por último, otro estudio en la misma línea. Tania Reynolds y cols. en varios estudios encuentran un sesgo de género en el campo moral: las mujeres son catalogadas más fácilmente como víctimas y los hombres como perpetradores, incluso  cuando las transgresiones son idénticas. Los participantes desearon castigos más fuertes para los perpetradores hombres que para las perpetradoras mujeres y también sintieron más afecto hacia las víctimas femeninas que hacia las víctimas masculinas.
Todos los resultados comentados en este apartado chocan frontalmente con la teoría feminista de la violencia de pareja que dice que la sociedad promueve y apoya la violencia contra la mujer.

Fotografía de Bruce Davidson

La frecuencia de violencia de pareja en parejas homosexuales es igual o mayor que en parejas heterosexuales

De esto he hablado en varias ocasiones. Voy a volver a argumentarlo apoyándome en un estudio reciente. Este artículo analiza todas las denuncias a la policía por violencia de pareja en Canadá entre 2007-2011(346.565): el 4% (redondeando) se dan en parejas del mismo sexo (3,48%), 1,97% en parejas hombre-hombre y 1,51% en parejas mujer-mujer. Este porcentaje se corresponde aproximadamente con el de la población en Canadá que se considera homosexual/bisexual pero hay que tener en cuenta que esta cifra de denuncias en parejas homosexuales es una subestimación ya que la policía de Canadá no sabe si es una pareja del mismo sexo (si no pregunta o la pareja no se identifica) y con frecuencia asume que es un incidente entre amigos/as o compañeros/as de piso.
No se sabe cuántas parejas homosexuales había en Canadá en esos años pero vamos a hacer -para los efectos de la argumentación que voy a desarrollar a continuación-  la estimación razonable de que fueran un 5%. Lo que estos datos nos dicen es que el porcentaje de violencia de pareja en parejas homosexuales (medido por las denuncias presentadas) es proporcional al número de parejas homosexuales. Es decir, que si las parejas homosexuales fueran el 95% de la población, una mayoría de las denuncias se darían en parejas homosexuales y las denuncias en parejas heterosexuales serían el 5%. Todo esto sin haber cambiado las estructuras patriarcales en absoluto. 

Voy a repetir este punto porque me parece esencial: si la mayoría de la población fuera homosexual, la mayor parte de la violencia de pareja ocurriría en parejas homosexuales. Si la orientación sexual de la población cambiara, la violencia de pareja no se daría, como ocurre ahora, de forma  primordial entre hombres y mujeres sino entre hombres y hombres y entre mujeres y mujeres. La conclusión más lógica que podemos sacar de este dato es que la violencia de pareja es violencia de pareja, la gente tiene problemas y conflictos con su pareja y algunas personas (con factores de riesgo como trastornos de personalidad, problemas mentales, consumo de alcohol y otras sustancias, determinadas experiencias infantiles, etc) recurrirán a la violencia para conseguir sus intereses. Si yo soy un varón heterosexual tendré problemas y conflictos con mi cónyuge mujer; si soy un hombre homosexual, tendré problemas y conflictos con mi cónyuge gai. Esta realidad es jaque mate para la teoría feminista, no es el género: la violencia ocurre en proporción similar en parejas formadas por personas de cualquier sexo, identidad y orientación sexual.

Fotografía de Bruce Davidson

Las Motivaciones de todas las violencias de pareja son esencialmente las mismas

Detallo, por ejemplo, este metaanálisis de 580 estudios que  compara 60 marcadores de riesgo de violencia de pareja (VP) en hombres y mujeres: sólo 3 de los 60 marcadores difieren de forma significativa entre hombres y mujeres. Estas 3 diferencias son:

  • Consumo de alcohol: los problemas de alcohol se relacionan más con la violencia masculina de lo que el consumo de alcohol se relaciona con la violencia femenina.
  • Presenciar violencia de pareja o sufrir maltrato en la infancia se asocia más a violencia masculina. Es decir, los hombres que crecen en hogares violentos fueron más violentos hacia sus parejas que las mujeres que crecen en hogares violentos.
  • El patrón de relación en parejas de “demanda/retirada” es un patrón perjudicial en el que un miembro de la pareja culpa y presiona y el otro se retira. El patrón en el que el hombre demanda y la mujer se retira se asocia más a perpetración de VP por los hombres que al revés.

Los autores dicen también:

“Nuestros resultados sugieren que hay más semejanzas entre hombres y mujeres que diferencias en los marcadores de riesgo para la perpetración de violencia de pareja”.

“Investigación previa que enmarca la perpetración de VP como un medio de dominio y control sugeriría que el poder y el control sería un factor de riesgo para la perpetración de violencia de los hombres. Nosotros no encontramos eso”.

“Investigación que ve la perpetración de VP de las mujeres como auto-defensa podría hacer sospechar que la victimización previa sería un marcador de riesgo más significativo para la perpetración femenina. Nosotros tampoco encontramos eso.”

“Esto sugiere que es importante ir más allá de la noción de que los hombres perpetran violencia como medio de control de la pareja y las mujeres como autodefensa. La perpetración de VP es compleja y puede asociarse a muchos marcadores de riesgo en hombres y mujeres”.

Podemos comentar otras referencias como la revisión de la literatura de Langhinrichsen-Rohling y McCullars, de 2012 donde las motivaciones para la violencia son similares en hombres  mujeres: venganza por un agravio previo de la pareja, estrés, celos, ira, atraer la atención de la pareja…Las motivaciones de autodefensa son referidas tanto por hombres como mujeres. La de O´Leary y cols 2007, Elmquist y cols, 2014, o este de Bates y cols. que también encuentra que las motivaciones son similares. Igual en jóvenes adolescentes.

Fotografía de Bruce Davidson

La Teoría feminista implicaría un funcionamiento absurdo de la mente humana.

Este es un factor que como psiquiatra me rechina mucho pero que a las personas que no sepan algo de psicopatología les puede resultar más difícil de apreciar. Lo voy a intentar explicar con un ejemplo. Es relativamente frecuente encontrar mujeres jóvenes con diagnóstico de Trastorno Borderline de personalidad que maltratan a su parejas, algunas con agresiones realmente graves. El Trastorno Borderline, entre otras cosas, se caracteriza por impulsividad, mal uso o abuso de drogas, inestabilidad emocional y en las relaciones y déficit de auto-control. Pues bien, si estas mujeres fueran hombres, según la teoría feminista, sus conductas violentas se deberían al patriarcado y no a su psicopatología. Por arte de magia, la psicopatología dejaría de actuar sobre el cerebro masculino. De la misma manera, si una paciente con esquizofrenia o con una depresión se comporta violentamente contra su marido, su madre o su hija, la explicación de esa conducta violenta sería su psicopatología. Si en vez de ser una mujer eso mismo lo hace un hombre, entonces la explicación de su conducta es el Patriarcado/machismo. Evidentemente esto es absurdo y contrario a todo lo que sabemos sobre el funcionamiento de la mente humana.

Vamos a darle una vuelta más. Imaginemos un hombre con un trastorno borderline de personalidad que sea bisexual y violento con parejas de ambos sexos. Se daría la prodigiosa situación de que cuando este hombre es violento con una mujer, su conducta no se debería a factores psicológicos o psicopatológicos individuales sino que actuaría en “nombre de los hombres”, de esa estructura patriarcal y no a título individual. Si hace lo mismo en una relación con un hombre entonces esa conducta sí se explicaría por su psicología o psicopatología personal. Asombroso.
La explicación más lógica para estos casos y para la conducta violenta en general sería una explicación multifactorial, como ya he repetido, pero enseguida vamos a ver el problema que -a nivel político- tiene para la teoría feminista admitir que el Patriarcado/machismo es sólo un factor más entre los muchos que actúan e interaccionan para contribuir a la violencia de pareja, factor que, en muchos casos, puede estar ausente o ser menos importante que otros.

Lo que intento transmitir en este punto es que eliminar de la explicación de cualquier conducta humana -en este caso la violencia de pareja- el nivel del individuo, el nivel de la psicología y la psicopatología individual, es un disparate desde el punto de vista lógico y psicológico.

Fotografía de Bruce Davidson

La Violencia de Pareja más frecuente no es de género

Cuando la violencia de pareja emergió como un problema grave en nuestra sociedad a mediados de los años 70, gracias a las activistas feministas, la violencia que observaron en los refugios que organizaron para atender a las mujeres víctimas de esta violencia era una violencia caracterizada por unos patrones de abuso físico y emocional muy graves. Sin embargo, como conté este artículo, un creciente cuerpo de investigación y de datos han demostrado que la violencia de pareja no es un fenómeno único sino que se pueden diferenciar varios tipos de violencia de pareja  con sus respectivas dinámicas, contextos y consecuencias. No está admitido por todos -investigadores como Deborah Capaldi defienden que se trata más de un continuo- pero entre algunos científicos sociales no se considera ya aceptable ni ética ni científicamente hablar de violencia de pareja sin especificar el tipo de violencia a la que uno se está refiriendo. Esto también tiene importantes consecuencias de cara al tratamiento, medidas legales, etc., comreferí en el citado artículo.

Una clasificación que ha ganado aceptación e influencia es la de Michael P. Johnson que vuelvo a resumir brevemente aquí y que puedes leer en su fuente original en este artículo. Johnson menciona en este artículo cinco tipos de violencia, aunque trata sólo cuatro tipos principales. Y de estos cuatro tipos, los que más atención han despertado -porque coinciden también con tipos descritos en otras clasificaciones- son las dos primeras. Los 5 tipos de violencia serían los siguientes:

1-Violencia Coercitiva de Control (Coercive Controlling Violence).

A esta violencia Johnson la llamó primero Terrorismo Patriarcal pero luego la denominó Terrorismo Intimo al reconocer que no todo el control coercitivo se basa en estructuras y actitudes patriarcales y que no es una violencia perpetrada exclusivamente por hombres. Pero en un congreso en 2007 algunos participantes plantearon su reticencia a utilizar el término “terrorismo” en los tribunales y por eso Johnson acabó adoptando Violencia Coercitiva de Control. 

Este tipo de violencia es el que la mayoría de la gente tiene en la cabeza cuando piensa en la violencia de pareja: una violencia unidireccional que es usada para mantener el poder y controlar a la pareja. Las conductas incluyen humillación, maltrato psicológico, violencia física, amenazas, vigilancia y control, control económico, etc. Aunque primero planteó que esta violencia era exclusiva de los hombres sobre las mujeres, Johnson reconoce que no hay que ignorar la Violencia Coercitiva de Control perpetrada por las mujeres y también ha sido identificada este tipo de violencia en parejas del mismo sexo, empezando por el trabajo seminal de Renzetti de 1992 en lesbianas. 

2- Violencia de Pareja Situacional (Situational Couple Violence).

Este tipo de violencia de pareja, que es el más frecuente en la población general y por eso la llamó primero Violencia de Pareja Común, identifica un tipo de violencia de pareja que no se basa en dinámicas de control y de poder y que es perpetrada por hombres y mujeres. Se trata de una violencia con diferentes causas y consecuencias que la Violencia Coercitiva ya que se debería a situaciones conflictivas o discusiones entre los miembros de la pareja que escalan y llegan a violencia física. Aunque puede tener graves consecuencias, normalmente se trata de una violencia menor (empujar, agarrar, insultos, gritos…) sin un patrón crónico de control. En estudios representativos de la población general se observa que hombres y mujeres inician esta violencia con una frecuencia similar. Es también la violencia más frecuente en novios (dating violence), un subgrupo (el de los jóvenes) en el que la violencia de pareja es más frecuente que en adultos y en el que la mayoría de estudios encuentran que las mujeres la utilizan con más frecuencia que los hombres.

3- Resistencia Violenta (Violent Resistance)

Este tipo de violencia de pareja sería la otra cara de la moneda de la Violencia Coercitiva. Es decir, es la que usarían las víctimas de la Violencia Coercitiva contra sus abusadores. También puede ser perpetrada por ambos sexos pero Johnson habla más de la violencia de las mujeres contra abusadores varones.

4- Violencia Instigada por la Separación (Separation-Instigated Violence)

Este tipo de violencia, que puede ser perpetrada tanto por hombres como por mujeres, se caracteriza por actos de violencia inesperados y no característicos del miembro de la pareja que los perpetra porque no existe una historia de violencia de pareja previa. Se produce en separaciones o divorcios que resultan traumáticos para la persona. La decisión de la pareja de dejar la relación da lugar a rabia, humillación, sentimientos de abandono, etc. Si la persona tiene un perfil de personalidad de tipo borderline/disfórico estas emociones pueden escalar a violencia.

5- Violencia de Control Mutua (Mutual Violent Control)

Johnson menciona esta violencia en la introducción del artículo que comentamos pero la deja de lado y no la aborda porque se sabe muy poco sobre ella, su frecuencia y sus características.

Con respecto a la frecuencia de estas violencias, los datos son fluctuantes porque dependen del tipo de muestras, de que sean muestras clínicas (refugios, sistema judicial) o de muestras de población general (y éstos que sean encuestas generales o de delincuencia). En estudios de delincuencia en población general , él mismo da la cifra de que el 89% de la violencia es situacional y un 11% coercitiva (Johnson 2006). En otro estudio con Leone (Johnson y Leone 2005) encuentra que un 65% es violencia situacional y un 35% coercitiva. Este estudio canadiense (Laroche 2006) encuentra unas cifras diferentes cuando se trata de una pareja actual o de una relación con una pareja anterior. En el caso de una pareja actual se encuentra 81% de situacional y 19% de coercitiva en hombres y 74% de situacional y 26% de coercitiva en mujeres. En el caso de las anteriores parejas en hombres es un 33% de situacional y 67% de coercitiva en hombres y 21% de situacional y 79% de coercitiva en mujeres. Este otro estudio más reciente, también canadiense (Lysova y cols, 2019) encuentra un 65% de violencia situacional y 35% de coercitiva. Además, los hombres y mujeres son víctimas de violencia coercitiva de forma similar: 35% en hombres y 34% en mujeres. Bates y cols.(2013) encuentran un 10% de terrorismo íntimo (7% de los hombres y 11% de las mujeres).

A donde quiero llegar es a que, -dejando a un lado que diversos estudios demuestran que hombres y mujeres perpetran y sufren grados similares de conductas de control y de violencia de tipo de terrorismo íntimo (Graham-Kevan y Archer, 2009) (Hines y Douglas, 2009) (Hines y Douglas 2010a , 2010b) (Denis Laroche, 2005) (Jasinski y cols, 2014)-  nos encontraríamos con que la violencia de pareja más frecuente en la población se explicaría mejor por inadecuadas capacidades para las relaciones, como la capacidad de resolver conflictos sin recurrir a la violencia, inadecuado manejo de la ira y la frustración, etc. Y en la violencia más grave y menos frecuente intervendrían otros factores como rasgos antisociales y borderline de personalidad, consumo de alcohol y drogas, depresión y suicidalidad, marginación social, psicopatología de diversos grados, actitudes que aprueben la violencia, etc.

Fotografía de Bruce Davidson

¿Estoy haciendo negacionismo de la violencia de género?

No.  Estoy analizando los datos y los argumentos acerca de qué teoría explica mejor la violencia de pareja con el objetivo de aplicar una mejor prevención y tratamiento. Y critico los argumentos de una postura filosófica, psicológica y científica que considero que no está apoyada por los datos y que va contra todo lo que sabemos sobre la psicología humana. Yo no niego ninguna violencia, niego la explicación feminista de la violencia de pareja, considero que no explica los datos. Pero, según nuestros representantes políticos, es muy posible que, efectivamente, esté haciendo “negacionismo” de la violencia de género, sea eso lo que sea. Según la proposición no de ley  presentada por el grupo parlamentario socialista y que ha aprobado el pleno del Congreso de los Diputados, hay gente que “niega la existencia de una violencia específica que se produce contra las mujeres por el mero hecho de serlo”…y que  “este discurso oculta que esta violencia estructural contra las mujeres tiene su origen en la desigualdad y que el machismo apuntala esta violencia.”

Yo me estoy limitando a la violencia de pareja, no entro en otras violencias, y apoyándome en la literatura especializada, creo que los datos no apoyan lo que dice esa proposición no de Ley. Por ejemplo, si leemos este estudio donde se analizan todos los homicidios de pareja cometidos en Suecia entre 1990 y 1999 (164 casos), vemos lo siguiente:


– 36% de los autores sufrían psicosis y 21% otros diagnósticos graves (demencia, retraso mental, TEPT…)

-38%: Trastornos de personalidad, psicopatía el 4%. -44% de los perpetradores y 37% de las víctimas, están bajo la influencia del alcohol en el momento del crimen

-24% se suicidaron tras el homicidio

-61% de los autores tenían antecedentes penales de algún tipo -Los autores dicen: “si los que cometieron suicidio se consideran mentalmente trastornados, el 80% de los perpetradores se pueden considerar mentalmente trastornados”…

En fin, parece que hay más cosas que machismo. Pero lo paradójico es que hay muchos datos de que quienes son realmente los negacionistas en el tema de la violencia de pareja son los partidarios de la teoría feminista. Voy a comentar un poco en este sentido un artículo de Murray Straus de 2010: “Treinta años de negar la evidencia de la simetría de género en la violencia de pareja: implicaciones para la prevención y el tratamiento”, en el que Straus acusa de negacionistas a los teóricos feministas por negar las cosas que yo estoy desarrollando aquí. El artículo resume toda la investigación que muestra que la violencia de pareja es con mucha frecuencia mutua y que la autodefensa explica una parte muy pequeña de la violencia de pareja y lo hace en proporción similar en hombres y mujeres. Este artículo de Straus tiene cuatro partes. En la primera resume los más de 200 estudios disponibles entonces en los que se observa una simetría en perpetración de la violencia así como en los factores de riesgo y en los motivos de la violencia marital y de novios. En la segunda parte trata de la simetría en motivos y con respecto a la autodefensa, referencia seis estudios en los que el porcentaje  que se encuentra debido a autodefensa es bajo y se encuentra como motivo tanto en hombres como en mujeres. Pero las motivaciones que más se aducen son la coerción, la ira, castigar la conducta de la pareja por comportarse mal. Por ejemplo, Pearson encuentra que el 90% de las mujeres que agredieron a su pareja lo hicieron porque estaban furiosas, celosas o frustradas y no porque trataran de defenderse a sí mismas, motivos paralelos a los de los hombres.

En la tercera parte, Straus analiza los métodos y las razones de esta negación de los autores feministas de la evidencia presentada. Los métodos, según él, han sido muy variados:

-esconder la evidencia

-evitar obtener evidencia de agresión por mujeres, como hacen estudios en los que sólo se pregunta a los hombres por sus agresiones hacia las mujeres y no se les pregunta a ellas

-seleccionar sólo una parte de la investigación, con determinadas muestras, que apoya sus presupuestos.

-escribir en los artículos unas conclusiones que son contrarias a los datos que hay en el propio artículo (pone algún ejemplo)

-bloquear la publicación de los artículos y autores que presentan evidencia que contradice la teoría feminista.

-No otorgar fondos para estudiar ninguna otra violencia que no sea la de los hombres hacia las mujeres.

-acosar, amenaza y penalizar a los investigadores que han presentado esa evidencia. Es lo que le pasó a Erin Pizzey, de la que hablamos al principio, y al propio Straus o a Susan Steinmetz.

En cuanto a las razones por las que se produce esta negación de todos los datos que contradicen la teoría feminista, Straus da algunas:

1- Estos datos se ven como una amenaza para el feminismo en general. La violencia de pareja es la “joya de la corona” del feminismo. Si se desmonta el Patriarcado/machismo como causa esencial de la violencia de pareja, el feminismo se quedaría sin la pieza más importante de su estrategia de propaganda, el ejemplo más dramático donde se observan los daños del patriarcado sobre las mujeres y que ilustra la necesidad de demoler las estructuras patriarcales. Si el Patriarcado es sólo un factor más, la urgencia de ese objetivo de acabar con él y, por tanto, de la ideología que lo sostiene se hundiría. Se trataría solamente de un objetivo más, a la altura de muchas otros que requerirían una atención y esfuerzos similares. 

2- El miedo a perder recursos, fondos y apoyos para una serie de servicios y organizaciones, no sólo para los que ayudan directamente a mujeres víctimas de violencia, sino para muchos otros servicios que giran alrededor de ellos. 

3- Otro factor tendría que ver con un tema que hemos tocado repetidamente: el de las creencias socialmente adaptativas, creemos algo no porque sea la verdad sino porque es la ideología de mi grupo. Tener ciertas creencias se convierte en una señal de identidad y de pertenencia política. Una vez que la explicación feminista de la violencia de pareja se politizó, se convirtió en seña de identidad para la izquierda política. Y, como hemos visto en diversas entradas, la gente rechaza la evidencia que contradice sus valores.

Resumiendo, Murray Strauss dice que los teóricos feministas niegan la evidencia desde hace treinta años (que hoy ya son cuarenta), y el Congreso de los diputados dice que los negacionistas son los que no aceptan la teoría feminista. ¿Cómo salimos de esta situación? Bueno, pues está claro: “La cuestión –zanjó Humpty Dumpty– es saber quién es el que manda…, eso es todo.” Está claro quién tiene la sartén del B.O.E. por el mango, así que punto final.

Conclusiones

La conclusión esencial de este artículo es que el Patriarcado/Machismo no es ni necesario ni suficiente para explicar la violencia de pareja (Dixon y Graham-Kevan 2011). No es necesario porque la violencia de pareja puede ocurrir sin presencia de este factor de riesgo y no es suficiente porque la presencia de este factor de riesgo no se asocia de forma automática a la presencia de violencia de pareja. Los datos existentes sí apoyan que actitudes que aprueban la violencia contra la pareja son un factor de riesgo más entre otros mucho factores que contribuyen a la ocurrencia de violencia de pareja.

Una segunda conclusión sería que la violencia de pareja es de pareja, no de género, ya que ocurre con características similares en todo tipo de parejas, en parejas formadas por personas de cualquier sexo , identidad u orientación sexual.

La tercera y más grave conclusión es que mientras no aceptemos una teoría congruente con los datos científicos, no vamos a poder realizar una  buena prevención y un buen tratamiento de la violencia de pareja. 

Referencias

Hay muchísimas referencias en el texto para los lectores que quieran profundizar en los diversos temas. Para los interesados en una revisión más general de la mayoría de los aspectos tratados en este artículo os recomendaría empezar por los siguientes:

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7 Comentarios

  • Encuentro poco democrática tu conclusión (los argumentos previos son demasiados para apostillar uno a uno, sería tan agotador como estéril). Humpty Dumpty de refería al significado de las palabras, porque en lo que respecta a las decisiones políticas, la cuestión está en quién ha sido más votado en las últimas elecciones. No sé si considerar revelador o simplemente curioso este acto fallido (dado que, como tú mismo reconoces, compartes con tu posible audiencia creencias tribales que nada tienen que ver con la verdad). Pero ciertamente es así: no blande el BOE quien detenta el poder, como ocurría en España hace medio siglo, sino que tiene acceso al BOE el que ha obtenido un mayor sufragio. Tampoco Trump termina de captar este punto.

  • Pero como soy la mosca cojonera de esta pobre página, voy a intentar sintetizar mis objeciones en una. Decir que un fenómeno tiene una etiología multifactorial (o sea, todos en este mundo), no quita, sino que alienta, a aplicarse sobre aquellos factores que sí podrían estar bajo nuestro control. Es como si mi hijo me dijera que suspender o no suspender es multifactorial, de tal manera que el hecho de que él haya estudiado o no es como una gota en el océano. No, claro. Efectivamente, todo lo que comentas, como las psicopatologías individuales, no están en nuestras manos, pero el machismo milenario sí, por primera vez en la historia y tan sólo en la faz occidental del planeta. Fíjate, por ejemplo, lo que cantaba Bruce (que sin duda es un gran chico, y con las mejores intenciones), hace no demasiado tiempo, entre la tercera y la cuarta ola del feminismo:

    https://youtu.be/OVAKDUT2qlg

    • Los datos contradicen la idea feminista de que la violencia de pareja tenga como factor ultra importante el machismo y/u odio hacia las mujeres. Claramente evidencian que hay otros factores que se presentan con mucha mayor frecuencia y que cada caso de violencia de pareja debe investigarse de manera independiente de acuerdo a las características de la víctima y el agresor, el entorno biopsicosocial, la salud mental de los implicados, el historial de comportamiento y trato recibido durante la infancia, entre otras cosas. En el ejemplo que das de suspender o no habría que investigarlo también para determinar cuáles son las principales causas y de allí poder declarar si aquel factor es una “gota en el océano” o algo más importante en base a las evidencias que te ofrecen los datos.

  • A diferencia de Oscar S. (el único comentarista a este momento), yo encuentro todo tu trabajo fascinantemente objetivo, cuerdo y sobre todo sustentado. Las 3 conclusiones breves a las que llegas, me parecen atinadas y muy congruentes, especialmente la tercera que apunta a no subirse al tren izquierdista plagado de frases de “gusto quinceañero y comprador compulsivo” como bien dice en una de sus letras Alejandro Filio. Considero firmemente que para por lo menos, los profesionales de la salud mental, así como para todos los que navegan en las humanidades, se deba como bien mencionas, no aceptar ideologías que sin fundamento y con mucha pasión, pretenden y lamentablemente han logrado permear el discurso político, social y educativo. Te felicito enormemente por tu trabajo que seguramente será un referente para mi persona y trabajo, el citarlo a manera de respaldo profesional y académico. En hora buena Pablo!

  • Pienso que este artículo es brillante. No tengo nada que objetar. Lamento que estos pensamientos sean censurados hoy en día. Lo individual debe ser contemplado, no se puede generalizar.

  • ¡Menudo valor escribir este artículo! Además tan fundamentado y referenciado.
    Yo añadiría otro factor que para mí es tan omnipresente y poderoso como silencioso y oculto. Estoy absolutamente convencido que la ideología neofeminista que considera al hombre su enemigo y no se quita la palabra machismo de la boca está fundamentada $$ desde unos poderes fácticos que tienen un conocimiento de ingeniería social más sofisticado y acertado que los mismos sociólogos. Dividir hombres y mujeres, hacerlos enemigos, es un paso más en la división de la sociedad para el control y dominio de los individios fácil. Para ello se crean clases y se las enfrenta, y desde luego la apuesta por dividir a hombres y mujeres es audaz y el éxito portentoso. Además, este propósito viene más de las fuerzas neoliberales que controlan la economía que de las fuerzas políticas de izquierdas, lo que sorprende es las pocas luces de las formaciones políticas de izquierda al tragarse este sapo y hacerlos suyos… salvo que no sea lo que parece, que es lo que a mí me parece.
    Yo he leído sobre este tema bastante a Daniel Jiménez que tiene un libro que creo que es francamente bueno tratando este tema.

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