“Smash” y el pasado

El tentacular –tiene múltiples brazos disponibles– trabajo de Jordi Serra i Fabra, 1962/1972 Historia de la música pop (De los Beatles a hoy) y tiene la clara limitación de su horizonte temporal y una cierta mirada normalizadora de todos los sucesos musicales de la historia del Pop español. Está escrito en 1973 y en el año anterior daba por concluida esa historia musical, como si las historias pudieran darse por concluidas con precisión de relojero o con horario ferroviario. Por lo que produce un corte significativo en ese relato de sucesos y de sucesiones temporales. Similar desplazamiento se produce con el trabajo de Fran G. Matute en su obra de 2022, Esta vez venimos a golpear. Vanguardismos, psicodelias y subversiones varias en la Sevilla contracultural (1965-1968), que acota y recorta los sucesos de ruptura cultural sevillana, a sólo tres años nada más, dejando fuera del punto de mira del observatorio, el central año de 1972. Justamente ese año de 1972, por demás, es el de la publicación del  número 11 de la revistas barcelonesa CAU (Construcción, Arquitectura y Urbanismo), como una aportación más a ese relato inconcluso, dedicado a otro fenómeno musical muy olvidado, como fuera la llamada Música progresiva. Que claramente aludía a la música alternativa, no alineada con los trasuntos comerciales y festivaleros del Pop, propio del Hit-parade o de los 40 Principales; ni con la severidad estática y estética de la música comprometida –que dará cuenta de la Canción de autor, Canción protesta o Canción comprometida–. Formulando la Música progresiva citada, una Tercera vía –como había ya ocurrido en el Cine coetáneo, con la propuesta desplegada por José Luís Dibildos de un tercer nivel de realización cinematográfica entre Buñuel y Pedro Lazaga– y  formulando también una alternativa –como ocurrió con la Poesía– a los precedentes poéticos del realismo social que daría paso al grupo de los Nueve novísimos. Todo ello, todo lo sucedido  en ruptura con precedentes propios y con modelos prestados del exterior, como los relatados por el citado Serra i Fabra. 

Donde podían descubrirse –en ese año de cierre de la historia de Serra i Fabra– como joyas en el basurero, al grupo barcelonés Máquina –en sus tres formaciones, que denominaban I, II y III–, Jaume Sisa, Música dispersa, Pau Riba, Pan y regaliz, Toti Soler, Tapiman y Smash. Todos ellos integrantes de cierta renovación musical, a caballo de las últimas influencias foráneas y de la ruptura de las presencias propias con síntomas de agotamiento.

Una sola representación del movimiento del Sur español bastaba para centrar el foco en el grupo sevillano Smash, de tan corta como influyente trayectoria. Para comprender la polaridad que marcaba la revista CAUentre Barcelona y Sevilla –dejando aparte a Madrid, fruto de la oficialidad centralista del momento– habría que poner en evidencia la proximidad a las fuentes europeas de información en el caso de Barcelona; y las ventanas abiertas al exterior de la música desplegada desde la bases americanas de Rota y Morón con el American forces radio-off, que permitieron anticipar algunos años la llegada de novedades musicales anglosajonas. 

De todo lo cual se ha escrito, aunque no tanto como se debiera y se merece el fenómeno, tras la muerte de Antonio Samuel Rodríguez el pasado 5 de enero. Ha sido Fermín Lobaton en El País quien ha fijado el punto de vista preciso: “Antonio Samuel Rodríguez, [conocido como Antoñito Smash] fallecido ayer lunes a los 73 años, fundó Smash junto a los también sevillanos Gualberto García (guitarra) y Julio Matito (bajo) [responsable de la música de campaña del PSOE], a los que se sumaría el sueco Henrik Liebgott, también guitarra, en lo que fue la formación más estable y con la que grabarían casi toda su producción discográfica: cuatro singles entre 1969 y 1970 y, ya en ese año, su primer LP, el recordado Glorieta de los Lotos. Un año después, publicarían el segundo, We Come to Smash This Time. La música del grupo era, en palabras de Luis Clemente (Historia del rock sevillano, 1996), “una rara mezcla de Rolling, country, música oriental, distorsión, blues progresivo, flamenco, Dylan… Ni siquiera se les planteaba hacer música original, porque ‘rechinar’ y dar el cante de aquella forma desde Andalucía era ya un hecho insólito”. Pero de lo que no cabe duda es de que con ella protagonizaron la primavera del underground sevillano y el sueño de la fusión”. 

Una primavera donde se pudieron percibir otros ingredientes como esa referida fusión del flamenco –de hondas raíces locales– con el más reciente Rock en cualquiera de sus variantes y formatos. Donde la figura de Manuel Molina –luego integrante del dúo de nuevo flamenco, Lole y Manuel– o la presencia tutelar de Ricardo Pachón y Gonzalo García Pelayo con sus producciones musicales destacadas –desde el sello Gong éste último, y desde la producción de La leyenda del tiempo con Camarón de la Isla el primero, ya más tardíamente en 1979. Y de todo ello, prosigue Lobatón en su relato: “Esto último [la fusión rock-flamenco] llegó un poco por azar, tras el encuentro del grupo con el guitarrista gitano Manuel Molina y la aparición del mecenas de la barcelonesa gauche divine Oriol Regás, que los apadrinó y les pagó una estancia en Playa de Aro en la persecución de la ansiada fusión. Los resultados no fueron los esperados y el sueño se rompió, pero quedaron unas grabaciones que poco a poco fueron viendo la luz en dos singles, en 1971. El primero de ellos contenía el tema que mayor popularidad les proporcionó, El garrotín. Pero, de forma extraña, toda la producción de Playa de Aro afloró reunida en el disco Vanguardia y pureza del flamenco (Chapa, 1978), en el que los temas de Smash ocuparían la cara A, junto a seis cantes de Agujetas de Jerez, acompañado a la guitarra por Manolo Sanlúcar en la B. Además de El garrotín, se encuentran el Taranto de Gualberto, los Tangos de Ketama, el Blues de la Alameda y la larga rumba Ni recuerdo ni olvido. En total, cinco creaciones que podrían haber constituido el primer mini LP de fusión flamenca de la historia, como siempre ha lamentado Ricardo Pachón, su real productor e inspirador”.

Imán, Antoñito y Pepe Saxo

Por demás, la vida de Smash fue relativamente breve, pero su sombra muy alargada. Hasta el punto de que, sin ellos, no se entendería todo lo que vino después en la escena y la producción discográfica del rock y el flamenco andaluz. En muchos de esos proyectos –Triana, Kiko Veneno, Pata Negra, entre muchos otros– participaba Antonio. Uno de los principales fue la grabación del disco del grupo Goma14 de abril, del sello Gong, del citado productor García Pelayo y con diseño de portada de Alberto Corazón. Una obra que el guitarrista Manuel Imán regrabó en 2022 con algunos de los músicos originales (Pepe el Saxo y Antonio Smash), junto a otros de la nueva hornada sevillana y andaluza, como un testamento y como una despedida.

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