Cabo Sunión

 

Solo el héroe, en el instante preciso, se atreve a ir allí. Ignora su capacidad y el perfil concreto de sus cualidades, conoce el sabor rojo del miedo, es opaco todavía a la vista de los que le rodean o quizá demasiado pequeño. Sin embargo llegado el momento inicia el viaje.

Sabe de viejas profecías que hablan de peligros sin fin, de dragones y monstruos de un solo ojo que devoran doncellas y niños en cuevas oscuras. Sabe de guerreros invencibles que fueron derrotados, de todos los relatos que denotan las cualidades de los elegidos que fracasaron en otros tiempos. Hay viejos que le susurran al oído consejos que nunca les sirvieron de nada y mujeres que le invitan entre lágrimas a no abandonar todavía el lecho. Sabe que ignora los cielos de Pitágoras y la geometría sutil de la ataraxia. No teme a los dioses que no existen pero sabe de la fragilidad de su cuerpo y de lo que cambia el mundo al día siguiente, tras las palabras que lo iluminaban como astros, en la noche.

Mira su rostro en los espejos y no está seguro de conocer al que lo observa como si también otros desconocidos movieran sus dedos o los deseos que lo poseen o lo abandonan, evanescentes como los sueños. No es el mejor, ni el más fuerte, ni el que tiene el cabello más largo, ni el que agarra las riendas de todos los caballos. Solo es un hombre que se atreve a iniciar un viaje en el momento justo y confía en hacer lo necesario que todavía no puede imaginar.

Un paso tras otro alejándose de las historias tristes, de las canciones de los muertos que no vivieron nunca, de las advertencias de los que no sabían nada, de las vidas felices que se extinguieron en la banalidad de las tardes sin brillo. Paso a paso, acompañado de la certeza de que hará lo preciso para seguir caminando adonde él ha elegido aunque no sepa todavía el lugar preciso. Aprenderá lenguas, no dormirá alguna noche, adivinará el gesto de los desconocidos, se dejará llevar de la curiosidad y la prudencia, trabajará más allá del crepúsculo. No se mirará las heridas que lo harán más fuerte ni juzgará un fracaso la duda ante un cruce de caminos.

Sabe que el horizonte es cambiante en los paisajes rugosos y que siempre está oscuro antes de que amanezca. Llegado el momento se ha puesto a caminar y los demás ignoran que admirarán un día su aventura, que pasarán la vida buscando el secreto de su valor: solo caminar confiando en sus fuerzas sin miedo a perder lo que siempre estará perdido.

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