El síndrome de Dunning-Kruger

2 diciembre 2012 21:14

La relación entre estupidez y vanidad se ha descrito como el efecto Dunning-Kruger, según el cual las personas con escaso nivel intelectual y cultural tienden sistemáticamente a pensar que saben más de lo que saben y a considerarse más inteligentes de lo que son. El fenómeno fue rigurosamente estudiado por Justin Krugger y David Dunning, psicólogos de la Universidad de Cornell en Nueva York, y publicado en 1999 en “The Journal of Personality and Social Psychology”.

Se basa en los siguientes principios:

1º. Los individuos incompetentes tienden a sobreestimar sus propias habilidades.

2º. Los individuos incompetentes son incapaces de reconocer las verdaderas habilidades en los demás.

Antes de que estos estudiosos lo evidenciasen científicamente, Charles Darwin ya había sentenciado que “La ignorancia engendra más confianza que el conocimiento”,  y los que tenemos la manía de reflexionar, que es lo mismo que mirarse al espejo, ya sospechábamos que la mayoría tendemos a valorarnos a nosotros mismos por encima de la media, cosa que, lógicamente, es estadísticamente imposible.

El avance de Krugger y Dunning fue simplemente demostrarlo en un experimento consistente en medir las habilidades intelectuales y sociales de una serie de estudiantes y pedirles una auto-evaluación posterior. Los resultados fueron sorprendentes y reveladores: Los más brillantes estimaban que estaban por debajo de la media; los mediocres se consideraban por encima de la media, y los menos dotados y más inútiles estaban convencidos de estar entre los mejores. Estas observaciones, además de curiosas me parecen preocupantes, pues según ellas los más incompetentes no sólo tienden a llegar a conclusiones erróneas y tomar decisiones desafortunadas, sino que su incompetencia les impide darse cuenta de ello.

Pues bien, en la actualidad estos parámetros vienen al pelo para catalogar e interpretar muchas de las decisiones y desaciertos de tantos pretendidos “expertos” en economía y política, que nos han llevado a donde estamos. No estoy aludiendo a ningún personaje concreto, ni a ninguna opción política, sino simplemente me atrevo a proponer el modelo para diagnosticar a tantos líderes, peritos, charlatanes, sacamantecas y desatinados que pululan por doquier y padecen este “Síndrome de Dunning-Kruger”, y de paso recomendarles que, como diría un catalán, se lo hagan mirar ya que ellos solos, por si mismos, son incapaces de reconocer que lo padecen. Y el resto mejor no dárnoslas de sabios en nada, no sea que también estemos afectados.

 

10 Comentarios

  • ..y no crees también que el que mas sabe mas duda acerca de sus conocimientos ??

    • jesus de la gandara

      por su puesto… esa es una máxima de “mínimos” que es obligado tener en cuenta.

  • Ana OV

    Pues a mí lo que me parece preocupante no es que exista gente así, sino que además haya quien los siga.

    • jesus de la gandara

      ya sabes lo que decía Ortega, el torero, “hay gente pa to”

  • Estimado amigo y paisano Jesús, me ha parecido muy interesante, acertado y sensato tu artículo sobre este síndrome que tiene visos de “pandemia” frenopática muy frecuente en nuestros días en que dominan más los “listillos”, que tienen bibliofobia (“el despotismo iletrado”, como digo en un poema) que los “listos”, que han estudiado, leído mucho y tienen bibliofilia…
    He comprobado esto tanto en la gente de la calle como en las aulas con mis alumnos. Creo que es un síndrome muy frecuente en este mundo de consumo, de nuevas tecnologías, de tantos tristes trastos (tele, consola, etc.)

    • jesus de la gandara

      Gracias. Aunque me queda la preocupación de que cuando lo escribía, y cuando lo leéis, es como si automáticamente nos excluyésemos a nosostros mismos de padecerlo, y, ojo, nadie esta libre de ello, todos lo padacemos, al menos un poco

  • Alfonso Ramírez de arellano

    El artículo sobre la vanidad y la estupidez me ha traído hasta hipérbole y me ha encantado. Tengo una pequeña aportación que hacer sobre el tema en mi “manual de supervivencia del empleado público o cómo sobrevivir al político de turno” (Almuzara). Si cambiamos político por jefe todo cuadra.
    Jesús, dando un paseo por tu página he encontrado muchas afinidades. Dime, si te parece bien, cómo puedo mandar algunos textos o enlaces por si resultan de interés. Enhorabuena por el trabajo y felicidad para este nuevo año.
    No tengo página propia pero utilizo Bottup, letralia y el Huffington Post.
    Un abrazo
    Alfonso

    • j gandara

      Alfonso, disculpa el retraso, vacaciones… Pero gracias, gracias, gracias.
      Segundo, dirígete a Ramón o Conchi, y si te pareec envíame algo a mi email y yo se lo comentoa ellos y te ayudarán, son los artifices prácticos de este atrevimiento magnífico que es hyperbole. Y bienvenido…

  • Por razón tengo tantos jefes. Cada vez que vendo una aplicación, hay unos cuantos personajes de mandos medio, que a pesar que les enseño, los capacito, les digo como, les doy ejemplos, les paso artículos para que lean, igual me dicen como tengo que hacer las cosas, me enseñan, me critican, a veces me odian. Yo me hago el leso. Aprenden, usan la aplicación, cambia su vida, pero igual, no se dan cuenta de lo hecho y creen que sin ellos no habría solución.

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