Amor y erotismo en “Deseo, peligro” de Ang Lee

El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y éste a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida. Octavio Paz

 

Yo había visto la película hacía unos años y me había fascinado. No solo por los aspectos cinematográficos,  que eran destacables, sino porque me parecía una magnífica historia de erotismo o más bien de erotanatismo. Por aquella época leí el artículo de Gustavo Martín Garzo[1] que cuestionaba la idea. Para él la historia era de amor y lo argumentaba con gran elocuencia poética, en un lenguaje que te cautivaba desde las emociones y al que era difícil resistirse. Así que decidí aclarar los términos. Volver a pensar lo que suele entenderse por erotismo y por amor en nuestra cultura, si es que eso está claro. Revisar alguna bibliografía clásica sobre el tema y luego analizar la película con los ojos limpios.

 

 

La hipótesis Martin Garzo

Para Martín Garzo la película narra sin duda una historia de amor pasión, al estilo clásico…

“(…)todo el cine de Ang Lee gira sobre ese cuerpo que pide transformarse a instancias del deseo. En sus primeras películas quiere escapar de la cárcel de la tradición, y en las últimas, pienso sobre todo en “Brokeback Mountain” y “Deseo, peligro”, lo hace siguiendo la oscura llamada del amor. El cine de Ang Lee habla de ese cuerpo que se transforma en otro siguiendo las leyes no escritas que rigen los encuentros de todos los amantes del mundo. “Yo he sido un niño, una muchacha, una zarza, un pájaro y un mudo pez que surge del mar”. Así resume Borges el misterio de ese cuerpo tocado por el deseo. Ang Lee sigue el rastro de ese cuerpo. Ése es el único tema de todo su cine, el descubrimiento del amor.”…

“(…)En realidad, Ang Lee no hace sino volver, a su manera, al mundo de “El Cantar de los cantares”. Y así vemos cómo, más allá de la violencia implícita en el deseo sexual, nos descubrimos de pronto en ese extraño jardín donde los amantes se confunden con las otras criaturas del mundo. Y son peces, corderos, ciervos, halcones, bandadas de palomas; y la alcoba en que se encuentran la cámara de un tesoro.”

 

 

“(…)Pero ¿es verdad que todos los amantes quieren morir? No es verdad. Puede que muchos terminen muriendo, pero no es eso lo que buscan. El amor es una afirmación del eros frente a las fuerzas disgregadoras de la muerte. Ésa es la enseñanza del Cantar: el amor nos devuelve al mundo del génesis, nos sitúa en el tiempo de la creación. La película de Ang Lee lejos de recordar el intenso y fúnebre mundo de El imperio de los sentidos de Oshima, recuerda a la casta y misteriosa Pickpocket de Robert Bresson, donde se habla de los caminos extraños que deben recorrer los que se aman para encontrarse. “Qué difícil ha sido llegar hasta ti”, le dice Hulk, el hombre masa, a la joven científica cuando finalmente recupera su figura humana. Ésa es la historia de Deseo, peligro, la historia de cómo alguien muerto encuentra inesperadamente en medio de la oscuridad un camino de conocimiento y vida. Las repetidas escenas sexuales, en las que Ang Lee se demora con el asombro lúcido del naturalista, hablan de las metamorfosis de los cuerpos en los instantes del deseo. Estamos en el mundo de “El Cantar de los Cantares”, aunque sin aquella dulce placidez. Los cuerpos son ríos, águilas que vuelan juntas, son rosales, espinos blancos, peces y felinos. Como en el romance del conde Niño, nada puede detener su deseo de enlazarse. Pocas películas han llegado más lejos en este afán de mostrar ese espacio ovidiano en que Deseo y Metamorfosis intercambian sin descanso sus nombres (en nuestro cine, sólo Pedro Almodóvar ha rodado escenas así).”

”(…) Pero el problema no es sólo lo que se guarda en esa alcoba ardiente, ni siquiera qué les pasa a los que la visitan, sino sobre todo si es posible el regreso. Si hay un camino entre su alcoba y la vida real. Tal es la pregunta de todos los amantes, qué hacer con lo que encuentran en el corazón mismo de su entrega. Decir que los frutos del amor son intangibles no es distinto a pensar que no hay forma de saber en qué consisten ni qué puede hacerse con ellos. En Deseo, peligro esos frutos están simbolizados por el anillo que la muchacha recibe de su amante. A ella le basta con tenerlo en sus manos para arrepentirse de su traición. Y le confiesa su culpa, aún sabiendo lo que eso significa. A esas alturas, no le importa morir. El diamante es el símbolo de lo que hallaron, pero también de lo que no se podrán quedar. Su nombre procede del griego adamas, que significa inconquistable.

“(…)Ese diamante pertenece a la cueva de Alí Babá, al mundo del Cantar y de los ladrones de Las mil y una noches, y habla de bellezas sin nombre, de cámaras sumergidas llenas de tesoros. Pero también de la imposibilidad de traer esos tesoros al mundo. Siempre es así. Todos los amantes encuentran algo único en sus camas al enlazarse y buscan la manera de llevarlo con ellos cuando se levantan. ¿Puede hacerse? En Deseo, peligro se nos dice que no, por eso el diamante quedará abandonado y la película concluye con la separación de los que se aman. El diamante no es el símbolo de lo que tienen, sino de lo que inevitablemente deben perder para regresar al mundo y recuperar la razón. Ése será su último y más doloroso descubrimiento, que el amor es lo que nunca podrán tener de la vida.”

 

 

Los conceptos

Erotismo

Aunque el erotismo parece estar de moda y la palabra erótico invade nuestra cultura en los últimos decenios, su significado puede no estar tan claro y tener significados equívocos. Todo el mundo parece entender lo que significa que una situación sea erótica o que una persona suscite erotismo pero no todas lo pueden explicar coherentemente.

La RAE define erotismo. (Del gr. ἔρως, ἔρωτος, amor, e -ismo) como “amor sensual”. La segunda acepción  sería elcarácter de lo que excita el amor sensual” y la tercera la “exaltación del amor físico en el arte”.

Sensual (Del lat. sensuālis). a su vez tiene 3 acepciones: 1. Perteneciente o relativo a las sensaciones de los sentidos; 2. Se dice de los gustos y deleites de los sentidos, de las cosas que los incitan o satisfacen y de las personas aficionadas a ellos. 3. Perteneciente o relativo al deseo sexual. El erotismo por tanto se liga al disfrute de los sentidos, al placer, a la sexualidad. A la vez parece que a un deseo sexual no necesariamente vinculado a la exclusividad afectiva.

En El Banquete, Platón[2], para explicar el misterio de la atracción universal que sienten los seres humanos, expone hasta seis teorías, aunque las más conocidas son dos.

Una la pone en boca de Aristófanes y es conocida como el mito del andrógino.  En un principio había tres sexos: el masculino, el femenino y el andrógino, compuesto por seres dobles: dos hombres unidos, dos mujeres unidas, un hombre y una mujer unidos. Estos últimos eran fuertes, inteligentes y amenazaban a los dioses, por lo que Zeus decidió dividirlos para someterlos. Desde entonces, las mitades separadas andan en busca de su mitad complementaria, de su “media naranja”, lo que explica todas las formas de atracción humanas.

 


 

Otra, en boca de Sócrates, que relata una conversación que tuvo con Diotima de Mantinea, una sabia sacerdotisa. Parte de lo que ya ha demostrado: como solo puede desearse lo que no se posee, para explicar el impulso del deseo recurre a Eros, que no es un dios ni un mortal, es un daimon, un espíritu, entre los dioses y los mortales, que ejerce la función de comunicarlos. Engendrado en el festín del nacimiento de Venus, es hijo de Poro (la abundancia) y de Penia (la pobreza) y eso explica su naturaleza de intermediario: comunica la luz con la sombra, el mundo sensible con las ideas.  Como hijo de Penia es pobre, seco, miserable,  inseparable compañero de la carencia. Como hijo de Poro está al acecho de lo bello y lo bueno, es valeroso, resuelto, diligente, temible cazador, poseedor de innumerables recursos, eterno aspirante a la sabiduría. No es mortal ni inmortal y en un mismo día tan pronto florece y vive como muere para revivir de nuevo. Nunca carece de recursos, ni nunca es rico y queda a medio camino entre la sabiduría y la ignorancia. Eros produce en las personas deseo hacia lo que no tienen y las hará felices: belleza, bondad, conocimiento, inmortalidad. Seguir la línea de ese deseo correctamente supone ir ascendiendo en una escala de conocimiento. Se comienza deseando la belleza de un cuerpo y engendrar en él bellos discursos, pero debe comprenderse que si lo que se persigue es la belleza de la forma hay que desear todos los cuerpos bellos; después hay que darse cuenta que la belleza de las almas es mayor que la de los cuerpos y hay que desear la belleza que hay en las normas de conducta y en las leyes, en las ciencias; por fin hay que desear la propia idea de belleza en sí, inmortal,  la  que da realmente valor a la vida de un hombre. La atracción sensual hacia los cuerpos y la procreación (una forma de acercarse a la inmortalidad)  se considera solo una fase en el ascenso hacia la belleza en sí, pero quizá el escalón donde se quedan la mayoría de los mortales que no pueden ser correctamente iniciados y tener acceso a la sabiduría. Un deseo que viene de fuera, que bien de un daimon y al que es difícil resistirse.

 

 

Camilo José Cela[3], que fue de los pocos escritores que escribió en España directamente sobre este tema, llama erotismo “al apetito sexual contemplado en sí mismo  o en función de los signos, zonas erógenas, situaciones y objetos capaz de fijar la atención o despertarlo de su sueño. El erotismo es la exaltación –y aún la sublimación- del instinto sexual, no siempre ni necesariamente ligada a la función tenida por sexual en el habitual uso de las ideas o palabras”.  Cela afirma que “llega a convertirse en el soporte –consciente, inconsciente y aún rechazado- de toda actividad”.

Francesco Alberoni[4] especula sobre las diferencias entre erotismo masculino y femenino en nuestra sociedad. Para él, el erotismo femenino es más continuo, más ligado al afecto y  a la necesidad de ser deseada, de gustar, de manera continuada, duradera. Es un erotismo más sensual, más táctil con fantasías ligadas a la literatura rosa. El erotismo masculino sería más discontinuo, más ligado a lo puramente sexual y a la posibilidad de variación, de tal forma que teme el compromiso y su mayor fantasía es una mujer bella que no “le dé problemas”, que no reproche, que esté siempre disponible pero que no pida nada a cambio. La fantasía que representa Marilyn Monroe. Este erotismo sería más visual y más ligado a las representaciones de la pornografía.  Esta diferencia crearía una tensión que no acaba de resolverse en nuestra cultura y que es motivo de desencuentros continuos.

David M. Buss[5] y otros psicólogos evolutivos plantean que las diferencias en el deseo  entre los sexos tiene importantes raíces evolutivas porque las estrategias de relación serían soluciones adaptativas a los problemas de emparejamiento y  algunas son más frecuentes que otras porque han supuesto soluciones exitosas a lo largo de la evolución humana. Así, en la mayoría de las sociedades las mujeres suelen ser más selectivas sexualmente y generalmente rechazan encuentros anónimos y prefieren cierto grado de compromiso. Esto podría deberse a que realizan mayor inversión por acto sexual (pueden quedarse embarazadas y tendrían que cuidar al hijo durante un largo periodo) lo que las llevaría a intentar elegir parejas que les aportaran recursos a largo plazo para una mejor situación de crianza, algo determinante a lo largo de miles de años. Por el contrario los varones realizan una mínima inversión por acto sexual y prefieren la variación sexual para trasmitir sus genes con mayor eficacia, por eso buscarían sobre todo mujeres con belleza, con signos de salud y fertilidad. Desde esta perspectiva los celos serían una estrategia exitosa para conservar una pareja, en determinados contextos culturales, ya que la infidelidad comprometería los recursos para las mujeres y la paternidad para los varones que tendrían que dedicar tiempo, energía y esfuerzo para criar hijos que no serían suyos. [6] Sin embargo otras estrategias estarían abiertas en el ser humano y dependerían fundamentalmente de los contextos sociales. Por ejemplo, las mujeres pueden buscar a veces el sexo ocasional y también les afecta el aumento del deseo sexual con la variación. En estos casos también parecen ser importantes los recursos de la pareja y cobra mayor importancia el aspecto físico del varón.

 

 

Amor y Occidente 

En todas las épocas, probablemente ha habido un sentimiento amoroso pero luego cada una construye una ideología del amor. El amor pasión es la construcción ideológica del amor en occidente que pervive, transmutándose, a través de la historia desde aproximadamente el siglo XII. Entonces en la llamada occitania (la actual Provenza) nació una forma de amar (el “amor cortés”) en el contexto de una sociedad feudal con un determinado código de vasallaje. El ritual del amor cortes era una ficción poética, una regla de conducta y una idealización de la realidad social que contenía algunos elementos de trasgresión. Para los adeptos al amor cortés, el matrimonio (entonces basado en la conveniencia familiar) se convertía en un yugo injusto que  esclavizaba a la mujer, mientras que los ritos de la cortesía amorosa la elevaban de súbdita a señora, lo que suponía un cambio cultural importante aunque no fue acompañado de cambios en los derechos sociales y políticos.

Parece que esa forma de amar se extendió gracias a los trovadores  y se convirtió en un ideal de vida a causa de su influencia en las leyendas del ciclo artúrico. Denis de Rougemont[7] utilizó la leyenda de origen celta de Tristan e Isolda, recogida en muchas obras medievales, para analizar los rasgos del amor pasión  que él consideraba un mito para ocultar las conexiones entre la pasión y la muerte. “Necesitamos de un mito para expresar el hecho oscuro e inconfesable de que la pasión está vinculada con la muerte y que supone la destrucción para quienes abandonan a ella todas sus fuerzas. Queremos salvar esa pasión y amamos esa desgracia y, por otra parte, nuestras morales oficiales y nuestra razón las condenan.” En esa leyenda se incluyen elementos mágicos y trágicos que quizá se apartan del ideal de cortesía pero que sirven al autor para exponer su tesis de que esa forma de amar no puede constituir la base del matrimonio cristiano porque es en sí misma adúltera (el amor pasión se extinguiría cuando desaparecen los obstáculos y los amantes se tienen) y porque en último término late una pulsión autodestructiva de muerte o pérdida irremediable. Justo lo que ocurre en todas las “historias de amor y muerte” que tanto nos gustan (como “Deseo peligro”).  Por eso, para él, “el amor feliz no tiene historia” y cree que esto es el eco de ideas cátaras, hipótesis cuestionada por otros autores[8]. En cualquier caso, los elementos de la pasión  habrían ido transfigurándose en distintos géneros literarios (lo que incluye el cine y la televisión) para propagar su mensaje de radicalidad, de alimentación por los obstáculos, de involuntariedad, de dulce desdicha, de deseo más fuerte que la propia muerte.

 

 

Según Octavio Paz [9] los elementos constitutivos de lo que debe entenderse por amor en nuestra cultura son los siguientes:

Exclusividad

El enamorado quiere únicamente a una persona y le pide a ella que lo quiera con el mismo afecto exclusivo. El verdadero amor consistiría en trasformar el apetito de posesión en entrega, por eso exigiría reciprocidad. Para él no existen medias tintas: no puede amarse a dos personas al mismo tiempo. Eso solo podría ocurrir en un momento de transito de un amor a otro donde la elección ineludible se convertiría en la prueba del amor, resolviendo, a veces con crueldad, el conflicto. En el fondo late un misterio: ¿porqué amamos precisamente a esa persona y no a otra?.

Obstáculo y trasgresión

Desde la dama de los trovadores, el amor ha estado ligado al obstáculo y de alguna manera se ha nutrido de él. En el pasado era sobre todo de orden social. La sociedad feudal era jerárquica y la pasión amorosa violaba un doble código: la dama era casada y su enamorado, el trovador, era a menudo de rango inferior.  Con el paso del tiempo, este tipo de obstáculo sigue existiendo, ya que el estatus social sigue siendo una de las mayores barreras que tienen que superar algunos enamorados. También la raza, la religión u otras ideologías políticas cerradas. Y la homosexualidad, todavía tabú en muchas sociedades.

Dominio y sumisión

El arquetipo del amor cortés  fue la relación señorial, los vínculos que unían al vasallo con el señor. La relación amorosa se funda en una ficción, el código de cortesía. El enamorado escoge voluntariamente a su señora y al hacerlo escoge también su servidumbre.  La dama de alta alcurnia olvida voluntariamente su rango y cede su soberanía. Los enamorados buscan reconocimiento en el otro, se sitúan en una relación de dependencia (¿voluntaria?) en cuanto eligen el objeto de su amor que, de inmediato, se convierte en un sujeto que puede desearlos o rechazarlos.

Fatalidad y libertad

El amor sería una atracción involuntaria hacia una persona y la voluntaria aceptación de esa atracción. Algo esencialmente paradójico y misterioso. Por eso, para justificar la naturaleza de esa atracción a lo largo de la historia se ha echado mano de distintos argumentos. Desde el principio, brebajes y hechizos mágicos, el “filtro amoroso” que tomaron Tristan e Isolda. En el Renacimiento y la Edad Barroca, el símbolo fue el imán que representaba dos legados de la antiguedad: la teoría de los cuatro humores y la astrología.  Afinidad y repulsión de temperamentos, la influencia de los astros. Los Románticos y los modernos apelan a explicaciones psicológicas y fisiológicas para justificar una atracción fatal que estaría en el centro de la droga del amor, a la que los enamorados parecen no poder sustraerse.

Cuerpo y alma

El amor exigiría la noción de persona que Octavio Paz liga a la de alma encarnada en un cuerpo. Para él hay una continuidad entre alma, persona y amor. Lo que lleva a otra paradoja en este caso trágica: se amaría simultáneamente un cuerpo mortal sujeto al tiempo y a sus accidentes y un alma presuntamente inmortal. Un nuevo obstáculo que siempre hace cabalgar al amor en la tragedia de la pérdida.

La película

Deseo peligro; Director: Ang Lee; China, 2007. Intérpretes: Tony Leung, Wei Tang, Joan Chen, Lee-Hom Wang. Guión: James Schamus (historia de Eileen Chang). Duración: 157 minutos.

 

 

Sanghai 1938. La ciudad  está ocupada por los japoneses y en la universidad bulle el nacionalismo resistente. Wong Chia es una universitaria joven que se ha quedado sola porque su padre huyó a Inglaterra. Un día conoce a Kuang Yu Min el líder de un grupo de teatro que trata de fomentar el patriotismo resistente y que la invita a unirse a ellos.  Representan una obra que tiene gran éxito y el grupo se plantea dar un salto cualitativo en la lucha: asesinar a un colaboracionista con los japoneses, el señor Yee.  Para ello tienen que acercarse a él y lo hacen utilizando un contacto del grupo y simulando ser una familia de buen nivel económico en el que Wong Chia será la señora Mak que tendrá la misión de ganarse la confianza de Yee, haciéndose amiga de su esposa. Wong Chia tiene que transformarse interior y exteriormente para hacer su papel, incluso es iniciada sexualmente por uno de los del grupo,  ya que carece de experiencia. Así consigue seducir a Yee a la vez que penetra en una relación perturbadora. Yee es el enemigo pero a la vez se siente íntimamente atraída por él, presa de un deseo que la va transformando  poco a poco y que le crea un mundo de sensualidad de una intensidad que desconocía. Pero un incidente frustra los planes y el grupo tiene que disgregarse. La guerra avanza…

Sanghai 1941. Wong Chia vive pobremente después de volver de Hong Kong, donde se refugió durante un tiempo huyendo de la guerra. Vive como una autómata en una vida sin sentido. Pero Kuang Yu Min aparece de nuevo y la invita a seguir en la lucha. Ahora el señor Yee es el jefe del servicio secreto, una pieza clave del gobierno impuesto por los japoneses y ella puede volver a establecer contacto,  acercarse lo suficiente para que puedan eliminarlo. Vuelve al papel de la señora Mak y toma de nuevo contacto con Yee. La relación se reanuda y gana en intensidad. Yee, a pesar de su aparente dureza, es también un hombre solo y herido que había abandonado toda esperanza de recuperar algo de vida. Se aíslan del mundo, ensimismados y construyen una felicidad amenazada pero esplendente. Los obstáculos, el peligro que supone para los dos su relación, nutren el deseo y, al final, el amor,  representado en un anillo que Yee le encarga, surge entre los dos. Pero el plan para asesinarle prosigue y se fija justo el día en que acudirán al joyero para recogerlo. Ella tiene que hacer una llamada última de confirmación. La hace. El plan se pone en marcha, pero, al final, ella decide avisarlo del peligro que corre, a pesar de que sabe que eso representa su muerte…

 

 

Amor y erotismo en la película: algunas secuencias significativas

 

Primer amor  (24,15-26,01 minutos de metraje)

“En la mujer la relación con el líder llega fácilmente a ser erótica”. F. Alberoni.

 

Wong Chia es muy joven y está sola. Tiene una amiga a través de la que conoce a Kuang Yu Min el líder de un grupo de teatro que quiere ser algo más: el líder de un grupo político. El muchacho es atractivo y desde el primer momento ella parece quedar fascinada por él. Ella se convierte en protagonista de la obra y la primera representación es un éxito. Están exultantes y salen a celebrarlo. Beben alcohol y cantan canciones patrióticas. Al final suben a un autobús donde, tras dar su primera calada a un cigarrillo, ella disfruta de la felicidad acariciando el fresco de la noche a través de la ventanilla. Él se acerca y le da las gracias. ¿Por qué?, le responde ella. Él baja la mirada, sonríe unos segundos, y vuelve de nuevo a las filas de atrás, donde su compañera los mira con envidia.

Para Albironi, el erotismo femenino tiene también una  raíz colectiva. A las mujeres les atraen los líderes, los astros, los hombres con fama o poder y esa relación llega con facilidad a ser erótica. Alrededor del líder, en todos los movimientos colectivos antiguos y modernos ha habido siempre una corte de mujeres sexualmente disponibles, que compiten entre ellas por su favor. El erotismo masculino se siente atraído sobre todo por la belleza del cuerpo; el femenino sobre todo por el estatus social, por esa parte de la masculinidad relacionada con la riqueza, la capacidad de sobresalir sobre los demás, de ser deseado por las otras mujeres. En el hombre habría mayor separación entre sexualidad y poder, en la mujer hay más continuidad. La proximidad física, el contacto sensual constituye un medio para estar dentro de la sociedad, en el centro del grupo. Esto coincide con las hipótesis evolutiva de Buss. Las mujeres buscan hombres con recursos y tienden a ser más selectivas sexualmente, porque invierten mucho en cada embarazo y precisan apoyo y compromiso a largo plazo.

El equivalente femenino del poder masculino es la gran belleza. Las mujeres extremadamente bellas intimidan a la mayoría de los hombres que, muy a menudo, ni siquiera intentan seducirlas.  Albironi dice que estas mujeres suelen emparejarse con líderes carismáticos, astros del espectáculo, deportistas de élite, millonarios y gangsters. Parece inexorable que a la gran belleza le atraiga el poder y que éste tienda a monopolizarla. Porque ya se sabe desde los griegos: quien pretende a la más bella debe estar siempre dispuesto a defenderla con las armas.

La vinculación a Kuang Yu Min persiste a lo largo de todo el tiempo en el que trascurre la película. Pero él no termina nunca de dar el primer paso, de lo que parece estar arrepentido y cuando lo hace es demasiado tarde.

 

 

Seducción  (45,42-50,34 minutos de metraje)

“… me da miedo la oscuridad” (Tu eres la luz)

 

Con la excusa de ir al probarse un vestido de su mujer salen juntos. Él le regala un vestido azul y luego van a un restaurante con pocos clientes y una suave música de piano. Ella juega a distanciarse de su marido. Está de viaje en Singapur, solo le interesan los negocios, no le gusta que juegue al mah-jong [10] (juego de mesa de origen chino parecido, de fichas,  donde hay apuestas) pesar de que las mujeres solo tienen eso y las compras, le ha mandado a sus amigos para vigilarla y su llamada ha sido una liberación. Más adelante le dice: tener un hombre está bien a condición de que no esté en casa. Wong Chia transformándose por momentos en su papel de la señora Mak le insinúa:

-Prefiero hacer las cosas por mi cuenta. Lo que me gusta a mí no le interesa a mi marido.

– y ¿qué te gusta?

– El cine. Mi marido no quiere ir conmigo, así que me voy yo sola. Con sus amigos solo habla de negocios y a nadie le gustan las películas.

– Yo tampoco voy al cine

– Tú estás muy ocupado. El cine es para gente con tiempo libre.

– No es eso. No me gusta la oscuridad.

En ese momento ella lo mira de una forma que parece no fingida, como estremecida por la autorevelación. El monstruo, al que tiene que matar, resulta ser alguien vulnerable o más bien que muestra esa vulnerabilidad precisamente a ella.

Yee le pregunta por su marido y ella se escabulle diciendo que la próxima vez lo puede traer para que hable con él. Porque los hombres conversan mucho entre ellos pero con las mujeres solo hablan de superficialidades. Para mí una conversación relajada como ésta es muy difícil de tener, replica él, contándole que las personas con las que trata son altos cargos que solo hablan de asuntos de estado pero por muchas palabras que salgan de su boca solo ve una cosa en sus ojos: miedo. 

–          Pero tú pareces distinta. Tú no tienes miedo, ¿verdad?

–          ¿Y tú?

–          Eres lista, le dice sonriendo, aunque ganas poco al mah-jong

–          Sí siempre pierdo menos contigo.

Y se miran mientras él le ofrece un cigarrillo y fuego. Y se siguen mirando en silencio.

En principio ella solo está haciendo teatro para acercarse a un enemigo y él solo pretende una conquista más. Pero lo hacen desde su historia vital, desde “una conversación relajada e interesante” y la relación que establecen les hace crear un vínculo, un cruce inesperado. Ella se siente abandonada y él se ha hecho un personaje implacable para huir de heridas que le dan miedo. El uno para el otro representan, en ese momento, una esperanza, una luz, una vuelta a la vida intensa y significativa de que parecían haber abdicado para siempre. Una vida sin miedo, sin pérdida, sin muerte. Justo cuando ese deseo se intensifica porque ambos intuyen que se están jugando la vida.

 

 

Iniciación sexual (54,13-58,54 minutos de metraje)

El amor y “lo otro”

 

Ella vuelve al piso donde están sus compañeros. Les cuenta que ha intentado llevarlo al cine pero que es precavido y no quiere. “Cuando me llame querrá algo más serio. Le engancharé, seré su amante”, les dice con decisión.  Todos la miran y callan. Los hombres salen a la terraza y la siguen mirando a hurtadillas. “Sabes lo que hay que hacer… con un hombre”. Le dice la compañera, la única que se ha quedado con ella. “Así que ya lo habéis hablado”. Los hombres fuman a lo lejos y la siguen mirando preocupados. De pronto ella comprende: “¿con cual?, pregunta. “Con el único que tiene experiencia”. “Con putas”, responde ella, defraudada porque no es Kuang Yu Min, el líder al que ama, el jefe, el que podría  haberla iniciado en el sexo y ya pierde su oportunidad para siempre, como le recordará en otro momento de la película, tiempo después.  Sin embargo ella acepta y se presta a una iniciación desagradable porque sobre todo está desvinculada de emoción. Algo característico de la sexualidad femenina  que suele está más vinculada al afecto, a cierta vinculación emocional. Sin embargo a medida que avanza descubre una sensualidad desconocida, quizá un camino que la acerca a alguna forma de intensidad que le interesa, quizá a Yee, que ya se abre paso a través de ella y la va transformando.

En occidente, desde la revolución industrial,  el amor ha sido, en general, un valor y el sexo un antivalor[11].  La mujer ha sido especialmente adoctrinada en el amor romántico y la decencia, a la vez que se la intentaba desexualizar. El que sabía de sexo era el hombre que generalmente se iniciaba con prostitutas y se beneficiaba de una doble moral que toleraba su deseo más activo y más desvinculado del afecto. Wong Chia esperaba que fuera Kuang Yu Min el que le enseñara “lo que tenía que aprender”. Esperaba una continuidad de su afecto con la sensualidad. Al no producirse queda desolada pero quizá eso la hace iniciar una transgresión. Iniciarse dolorosamente en el sexo escindido de la afectividad, comenzar a disfrutar de unas sensaciones que ignoraba y que le dan acceso a otro mundo iluminado por el deseo…y el peligro.

 

 

La primera vez con él  (1h. 26 mn. 15 seg. – 1 h. 30 mn. 30 sg. de metraje)

 

Esencialmente el erotismo es el campo de la violencia, el campo de la violación. George Bataille

El coche la lleva al piso donde él espera en silencio. Fuma. Ella se acerca. Le quita el cigarrillo y lo tira. Él la coge por la cintura y ella se resiste. “Te haces la difícil”, le dice. “¿Te gusta así?” responde ella que se aleja de nuevo. Comienza a quitarse las medias despacio y él no aguanta más. Se acerca y le quita la ropa con violencia, la ata con el cinturón y se precipita una escena muy cercana a una violación como si de pronto hubiera emergido la bestia. Al final ella queda en la cama con una expresión ambigua y él se va sin decir nada.

La relación entre placer sexual y violencia es algo misterioso y perturbador. También el hecho de que hay personas que disfrutan sexualmente del dominio y otras de la sumisión. Alrededor de esto se ha creado toda una subcultura que actualmente está emergiendo[12]. En esta primera escena parece que hay un claro componente sadomasoquista, que permanece latente, aunque se va atemperando a lo largo de sus relaciones. En ella parece haber una ambivalencia: por un lado le resulta doloroso, por otro le atrae. En una escena posterior se  lo contará al jefe y  a Kuang, que parecía muy perturbado al escucharlo:

“Interpreta bien su papel. No solo penetra en mí sino que se va abriendo paso hasta mi corazón como una serpiente y penetra hasta el fondo y yo lo acepto como una esclava. Interpreto mi papel al pie de la letra para poder llegar también a su corazón. Siempre me hace daño hasta que sangro y grito. Solo entonces queda satisfecho, solo entonces se siente vivo en la oscuridad, solo entonces sabe que todo es real. Y gusto por eso y por eso puedo torturarle hasta que no puede aguantar más y yo sigo hasta que los dos caemos exhaustos y cuando al fin se corre dentro de mí pienso que en ese momento vais a entrar vosotros para pegarle un tiro en la nuca y que su sangre y sus sesos me cubren entera…”.

 

Los obstáculos (1h. 34 mn. 23 seg.-1h.36mn 16 seg. de metraje)

Para la mujer, la ausencia del amado siempre es una tortura…Desde el momento que pone sus ojos en alguna otra cosa que no sea ella la decepciona, todo lo que él ve lo aleja de ella… su tiranía es insaciable. Simone de Beauvoir

 

Ella está haciendo el equipaje para irse a Hong Kong y él entra en la habitación.

 -¿Y si te dijera que te odio?

-Te creería, responde él, abrazándola.

-Te odio

-Ya te he dicho que te creo. Y hace mucho tiempo que no creo en nada. Quiero oírlo otra vez…te creo

– Debes estar muy solo

-Pero sigo vivo. La besa

-Hace días que no sé nada de ti. Te odio a cada minuto que pasa

-Ahora que he vuelto ¿me sigues odiando?

-No

-¿Sigues queriendo ir a Hong Kong?

-Quiero irme…

Y sigue besándola

 Los obstáculos que nutren el amor, una de las características del amor pasión. Las diferencias del erotismo según Alberoni: preferencia de lo femenino por lo continuo y de lo  masculino por lo discontinuo. La mujer no soporta la separación porque está educada en la pasividad, dice Beauvoir, busca una fusión con el hombre para poder salir de su imperfección. Cuando se va, cuando la deja, se siente perdida. Porque, sin él, ella (cree que) no es nada. Esto, según Beauvoir, desaparecería cuando la mujer conquiste su autonomía y su actividad. Cuando tenga vida propia. ¿Lo ha hecho?.

 

Sexo/vida (1h 36 mn. 18 seg-1h 39 mn. 20 seg. de metraje)

Cuerpos enlazados en éxtasis, fragmentados, entre la ferocidad y la ternura.

 

Dice Octavio Paz:

El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo. Apenas abrazamos esa forma, dejamos de percibirla como presencia y la asimos como una materia concreta, palpable, que cabe en nuestros brazos y que no obstante es ilimitada. Al abrazar la presencia, dejamos de verla y ella misma deja de ser presencia…El cuerpo de mi pareja deja de ser una forma y se convierte en una sustancia informe e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro. Nos perdemos como personas y nos recobramos como sensaciones. … El abrazo carnal es el apogeo del cuerpo y la pérdida del cuerpo. También es la experiencia de la pérdida de la identidad: dispersión de las formas en mil sensaciones y visiones , caída en la sustancia oceánica, evaporación de la esencia. No hay forma ni presencia: hay una ola que nos mece, la cabalgata por las llanuras de la noche.

 

Canción de amor (1h. 56 mn. 35 seg.-2h. 09 mn.29 sg. de metraje)

Yee la cita en una casa de Geishas. Lo encuentra triste. Los americanos han entrado en la guerra y sabe que todo está perdido. “Aullan como lobos pero solo tienen miedo”, dice de los mandos japoneses que se divierten en las estancias de alrededor. ¿Quieres que cante?, sé hacerlo mejor que ellas. Y canta. Él parece ensimismado. Cuando termina lo coge de la mano y él comienza a llorar.

La bestia parece transformada y la violencia se transforma en ternura. La canción, que recuerda a una canción de cuna,  supone un nuevo nivel de comunicación entre ellos. Parecen haber establecido esa relación personal de la que habla Octavio Paz y se sienten ajenos al mundo, iluminados por la atracción que sienten y las emociones que eso les despierta.

 

 

El anillo (2h. 12 mn 22 seg.- 2h. 15 mn. 17 seg.de metraje)

El diamante no es el símbolo de lo que tienen, sino de lo que inevitablemente deben perder para regresar al mundo y recuperar la razón.  Gustavo Martin Garzo

 

Él quiere regalarle un anillo de diamantes como un símbolo de su relación, del vínculo que han construido. Ella va a un joyero y lo elige. Comunica al grupo que el día que vayan a recogerlo será un buen momento para cometer el atentado.  Llegado el momento avanzan juntos a la joyería. Todo está preparado. Suben y se reúnen con el joyero. El anillo es muy valioso. “El diamante no me interesa solo quiero verlo en tu mano”. Él está confiado y con un semblante plácido, de enamorado.  Ella se pone el anillo, lo mira y duda. Al fin susurra: “Vete”. Tiene que repetirlo varias veces hasta que él comprende y sale corriendo…

La escena es de gran dramatismo. Ella tiene un conflicto de lealtades, una ambivalencia profunda que la hace dudar. Pero la visión del anillo y su actitud hacen que la balanza se incline por la vinculación que surgido con él. Puede llamarse amor aunque para eso quizá le falte intimidad sincera, cosa que no ha sido posible por motivos obvios.  Pero desde la casa de las geishas ha descubierto en él ternura y no es capaz de dejar que lo maten. Ha nacido algo nuevo y decide darle una oportunidad aunque probablemente solo esté generando la aparición de un nuevo obstáculo, en este caso definitivo.

La muerte (2h. 14mn. 30mn.- 2h. 21 mn. 21 seg.)

“Que no se entere nadie…”

 

 Le dice Yee a su ayudante cuando le acaba de informar de que todos los integrantes del grupo están detenidos. Justo antes de la detención ella podría haberse tomado una capsula de cianuro que llevaba escondida en la ropa. Pero no lo hizo, quizá porque tenía esperanza en que él la amara y le devolviera el favor salvándole la vida. Pero Yee es implacable. “Llevadlos a la cantera sur y que no se entere nadie…”. Antes de irse, su ayudante le enseña el anillo: “¿Qué hacemos con esto?”. “Eso no es mío”, responde Yee con irritación y la mirada perdida.

 Denis de Rougemon dice que una auténtica historia de amor pasión casi siempre termina con la muerte, el obstáculo supremo. Él quizá podría haberla salvado, pero se hubiera complicado la vida y decide seguir vivo, aunque presiente que esa decisión lo devuelve a otra forma de muerte de la que quizá no podrá salir de nuevo.  Ella podría haberse tomado la cápsula de cianuro que escondía en la ropa, de hecho la sostiene en la mano, pero no la toma. Quizá tiene la esperanza de que él la salve. Muere al lado de Kuang, que la mira un momento con desolación, como lamentando su falta de iniciativa. Ella parece resignada, como si esperara en el fondo que todo se derrumbará. ¿Por qué se metió en todo esto?

Fin (2h.22 mn. 51 seg.-2h. 24 mn. 57 sg de metraje)

“El recuerdo del sol desde la oscuridad”

 

Yee vuelve a su casa. Se acerca a la habitación que ella frecuentaba como invitada, ahora vacía. La habitación está en penumbra y solo la cama está iluminada. Yee se sienta en la cama, abstraído. Por fin se levanta y se ve como su sombra se aleja, como si abandonara la luz para siempre y regresara a la oscuridad que tanto miedo le daba.

 

 

Conclusiones

Tomando como base la película, se puede reflexionar sobre algunas de las conceptualizaciones que se han hecho respecto al deseo erótico y al amor, y como este estímulo mueve a las personas. La distinción entre erotismo y amor romántico no es fácil, sobre todo, porque, al final, la realidad emocional es más compleja que las clasificaciones que de ella pueden hacerse. La cultura occidental desde el siglo XVIII, cuando se produjo la revolución del sentimiento, legitima el matrimonio en el amor, lo basa en sentimientos de atracción y  apego que son a menudo problemáticos o equívocos. Por otro lado, la atracción erótica sigue un camino paralelo en cada persona y cada sexo.

Tanto el amor pasión como el erotismo se alimentan de elementos comunes: obstáculos, transgresión, violencia, lucha, etc. que tiene que ver con la representación cultural en la que se convierte el instinto sexual en los seres humanos.  Al final, Deseo Peligro me parece sobre todo una historia de erotismo o de erotanatismo, como también se ha denominado está forma de vivir el erotismo en nuestra cultura. Creo que para ser una historia de amor le falta un elemento de intimidad y sinceridad, de amor personal, que hace desear lo mejor para el otro y que no existe, como tal, en la película. Los aspectos sadomasoquistas y el propio final, creo que apoyan esta hipótesis. Si fuera una historia de amor, quizá él también hubiera elegido la muerte por estar con ella y hubieran muerto los dos como en Romeo y Julieta. Y eso no parece contemplarlo. Yee en un momento de la película parece apaciguado por la ternura. Pero solo es un momento. Luego vuelve a ser el personaje siniestro que era.

Es interesante también la historia paralela con Kuang. Ahí, ella también ejerce un papel pasivo, casi sumiso, y espera que él tome iniciativas que no realiza. Otro amor frustrado por falta de determinación. Otra traición. El amor como una droga, sobre todo de las mujeres.  Y como una importante vulnerabilidad en muchos momentos de la historia.

 

 


[1]Martin Garzo, Gustavo. El diamante de Ang Lee. El Pais, 03/02/2008

http://www.almendron.com/tribuna/el-diamante-de-ang-lee/

[2] Platón. El banquete.  Traducción de Luis Gil. Ediciones Orbis S.A. 1983

[3] Cela, Camilo José. Enciclopedia del erotismo. Grupo libro 88. 1994

[4] Alberoni, Francesco. El erotismo. Gedisa, 2006

[5] Buss, David M.La evolución del deseo. Alianza editorial, 1996

[6] En http://homepage.psy.utexas.edu/Homepage/Group/BussLAB/publications.htm pueden encontrarse estudios originales sobre este tema.

[7] Rougemon, Denis. Amor y Occidente. Kairós editorial,1978

[8] Octavio Paz cuestiona esta idea que antes había admitido en La llama doble.

[9] Paz, Octavio. La llama doble. Seix Barral, 1993

 

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