La vida tendría que ser sincera, hiriente y pasional como Larry

No sé bien qué deberíamos tomar. Quizá un whisky con mucho hielo. También desconozco si deberíamos encender o no un cigarro. La verdad es que siento que cualquier añadido para la película de la que vamos a hablar es totalmente innecesario. Eso sí, agarren una buena manta pues, seguramente, la vayan a necesitar. El frío que dejan las despedidas, ya saben.

Camino de un lado hacia el otro. La culpa me reconcome, la ansiedad me está arañando los sesos, el deseo muerde al deseo. Me siento delante del escritorio. Parece diferente, extraño. Los papeles me resultan desconocidos. No quiero ser la desconocida de nadie más. Enciendo la pequeña lámpara que está encima de la mesa, respiro y me doy cuenta de lo enfadada que estoy. ¿Con quién? Probablemente con el mundo. Me levanto, frunzo el ceño y tiro de un golpe los papeles al suelo. Es una putada, voy a tener que recogerlos y volver a ordenarlos. La ira es mala amiga del orden.
No, no me ha pasado a mí pero podría haberle ocurrido a cualquiera de los protagonistas de nuestro film. ¿Han sentido alguna vez el dolor? El dolor de una ruptura, ese que hace que arañes las paredes, ¿lo han experimentado? ¿Han amado tanto que desearían no haber amado nunca? ¿Conocen la incertidumbre del qué pasará? ¿Han tenido que callar alguna vez verdades que necesitaban ser descubiertas? ¿Han palpado con las entrañas la canallada de no amar más a alguien que muere por sus huesos? Quizá sí, quizá alguna de estas cosas, quizá ninguna. De momento. Nuestros protagonistas sí.

 

 

Vamos a obviar la mala (como siempre) traducción del título al español. Hoy preferimos quedarnos con el título original. Hoy nuestra película se llamará Closer tanto aquí en España como en Pekín. ¿Han estado en Pekín? Yo no. Vamos a quedarnos con la dulce Natalie Portman, con el conejito siempre indefenso de Jude Law, con el sincero de Clive Owen y con la indecisa Julia Roberts. Vayámonos a Londres, subamos a algún taxi antiguo y…perdámonos. Simplemente perdamos el control sobre nuestros sentimientos, pasos y decisiones durante unas horas. No les voy a mentir, no voy a ser objetiva. No voy a intentarlo ni siquiera. Tienes que ser objetiva, blablablabla. Sí, la vida es muy injusta y todos queremos llorar.

Aparece la preciosa Natalie Portman caminando por las calles de Londres. Mirada decidida, mira a un hombre. Está dolida pero nadie lo sabe. Y como ella es de Nueva York, todavía está acostumbrándose a que en Londres se vaya al revés. Va a cruzar, mira hacia el lado equivocado (probablemente ni haya mirado) y un coche casi la atropella. Se hace una ligera herida y aparece un desconocido. El desconocido lleva gafas y tiene ojitos tristes. No tengo duda de que en todas las críticas que hayan leído se haya destacado el papel de Natalie. No me extraña porque está soberbia, deslumbrante, sensual, única. Nuestro desconocido es Jude Law, él también es un papel clave tanto como Natalie y como los otros dos protagonistas. Son piezas clave pues son los únicos personajes del film. Si tengo que destacar un papel masculino sin duda alguna me quedo con Clive Owen, el cual aparece más adelante. Sus escenas son de las mejores. Son crudas, soeces, reales y sinceras. Sus escenas son como la vida, sin adornos, sin intenciones escondidas. Sus escenas son cavernícolas. El rol de Julia Roberts en el film, por el contrario, me parece el de una mujer consentida, caprichosa e indecisa. No me gusta. Anna me cae mal. No hay nada peor en este mundo que no saber qué se quiere o qué se espera de la vida y de las personas. Es un bucle con salida poco visible.

Cuatro personajes se embaucan en una aventura en la que en sí no sucede nada emocionante. Pero tampoco se espera. Quiero decir, si uno quiere acción se pone alguna película de Nicolas Cage, no le da al play a una cinta como ésta. Es un film bastante lineal pero crudo pese a estar muy (bien) hecho. Ya saben, la vida es así. De repente aparece una persona estupenda en tu vida y con la misma se va. Con la misma conoce a una mejor mujer y una se queda sola. Como estaba al principio. Porque nadie nos garantiza que las cosas, los momentos, las experiencias, vayan a ser eternas. Tampoco los recuerdos son eternos. Uno piensa que sí, que todos nuestros dolorosos o deslumbrantes recuerdos persistirán para siempre en la memoria. El tiempo nos demuestra que nos equivocamos a menudo. Este es un film único que sale a la luz rodeado de películas pastelosas con final feliz en donde chico conoce a chica en un momento en el que a chica se le caen los libros al suelo. Y uno está harto de ver esas cosas, imagino que porque se siente insultado. ¿Son un insulto a la inteligencia ese tipo de películas? Puede. Pero, aparece Closer y todo queda en calma. Lo sé, no es la mejor cinta de todos los tiempos, no es un Fellini ni un Billy Wilder. ¿Y a quién le importa? Es un soplo de aire nuevo. Son diálogos sinceros, son escenas sórdidas, sarcásticas. Es una película desnuda en la que lo que prima es el buen diálogo y la buena interpretación de éste. Cada escena es un guiño a la anterior. Todas están unidas por pequeños detalles. Desde las primeras imágenes en donde Natalie Portman le dice a Jude que jamás deja a nadie si aún le sigue amando hasta cuando Julia Roberts discute con Owen. Todas están conectadas, como sus personajes.

Hay películas a las que les guardas un especial cariño. Hay películas que te sujetan las piernas para que no te marches nunca. Hay películas que se meten dentro de ti y se forjan un hogar. Te hacen sentir parte de las escenas. Piensas que podrías haber sido Alice (aunque menos preciosa) y podrías haber vivido una relación tormentosa con Dan. Puede que en algún momento de tu vida te hayas encontrado como Julia Roberts: perdida. Lo más especial de Closer es su franqueza y su dolor. Un dolor insensato. El dolor de Closer es muy puñetero. ¿Mi escena favorita? Cuando Anna discute con Larry y le grita que puede pegarle, que ya lo han hecho más veces. Ahí es cuando te das cuenta de las putas conexiones de la película. Mike Nichols ha conseguido trazar una historia viva.

Vean el film, empápense con las emociones de los personajes, no pierdan hilo de los diálogos. No hay acción, no hay escenas de cama explícitas pese a que se hable de sexo, no hay nada. Pero, ¿quién dice que la nada no sea el todo?

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