Edith Piaf: cincuenta años


Que el mundo no es un sitio seguro es algo que mucha gente descubre muy pronto, nada más nacer, quizá naciendo literalmente en la calle, creciendo sin padres, entre mugre, miseria, violencia y desamor. Es casi un milagro que sobrevivan, que consigan crecer. Es mucho más que un milagro que gracias a un talento especial y a la fortuna consigan salir del fango, alcanzar la fama y todo lo que ella procura en forma de halagos, dinero o posibilidades.

A Edith Piaf le gustaba identificarse con esa historia de mujer hecha a sí misma, capaz de transmutar heridas muy profundas en pura intensidad artística y vital, en la autenticidad más exquisita que se trasparentaba en un timbre de voz, en unos gestos apasionados, en las letras casi siempre tristes de unas canciones que, sin embargo, procuraban una extraña alegría.

Cuentan que se bebía la vida muy deprisa; que cantaba en las calles del París invadido por los nazis mientras ayudaba a la Resistencia; que tuvo amores con Montand, con Brando, con Aznavour, con Moustaki, con muchos más, pero que siempre sufrió por la pérdida de Marcel Cerdán; que se drogaba con alcohol y morfina para olvidar que el precipicio seguía ahí y le miraba los ojos todas las noches; que triunfó en todo el mundo antes de morir a los 48 años y ser enterrada en el cementerio de Père-Lachaise de París, sin exequias religiosas por haber vivido en “pecado público”.

Desde entonces, hace hoy cincuenta años, ha pertenecido a la vida de la gente, sin desaparecer en ninguna generación, sobre todo conocida por una canción (La vie en rose) que representa la esencia de la alegría del amor que comienza y que siempre puede transformar la vida. El amor huidizo, caprichoso, la fuerza del deseo, como la esperanza perpetua de aquella niña que sobrevivió a tantas cosas pero que se consumió en los fuegos de una intensidad, luminosa y oscura a la vez, que nos sigue deslumbrando en sus canciones.

 

A quoi ça sert, l’amour ?
On raconte toujours
Des histoires insensées
A quoi ça sert d’aimer ?

L’amour ne s’explique pas !
C’est une chose comme ça !
Qui vient on ne sait d’où
Et vous prend tout à coup.

Moi, j’ai entendu dire
Que l’amour fait souffrir,
Que l’amour fait pleurer,
A quoi ça sert d’aimer ?

L’amour, ça sert à quoi ?
A nous donner d’la joie
Avec des larmes aux yeux…
C’est triste et merveilleux !

Pourtant on dit souvent
Que l’amour est décevant
Qu’il y a un sur deux
Qui n’est jamais heureux…

Même quand on l’a perdu
L’amour qu’on a connu
Vous laisse un gout du miel –
L’amour c’est éternel !

Tout ça c’est très joli,
Mais quand tout est fini
Il ne vous reste rien
Qu’un immense chagrin…

Tout ce qui maintenant
Te semble déchirant
Demain, sera pour toi
Un souvenir de joie !

En somme, si j’ai compris,
Sans amour dans la vie,
Sans ses joies, ses chagrins,
On a vécu pour rien ?

Mais oui! Regarde-moi !
A chaque fois j’y crois !
Et j’y croirait toujours…
Ça sert à ça l’amour !

Mais toi, tu es le dernier !
Mais toi’ tu es le premier !
Avant toi y avait rien
Avec toi je suis bien !

C’est toi que je voulais !
C’est toi qu’il me fallait !
Toi que j’aimerais toujours…
Ça sert à ça l’amour !

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1 Comentario

  • Hay pocas vidas tan intensas, despiadadas e imprevisibles como la suya. Y menos vidas aún en las que confluyan todos estos adjetivos. Claro que tampoco hay muchas personas que llegadas a ese punto decidan vivir. Y Edith lo hizo a fondo. Al menos durante 48 años…

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