Matar la ideología

Mi padre, hombre culto e inteligente pero sordo como una tapia, cuando encendía la televisión y veía (que no oía) hablar a Felipe González o a Zapatero, aspiraba aire con fuerza por su nariz, y lo expulsaba por la boca mascullando improperios de todo tipo. ¡Canalla! – decía. Y yo, muy jovencito aún, me preguntaba por qué mi padre insultaba a esos tipos sin escuchar, al menos, lo que estaban diciendo. Recuerdo que cuando Aznar ganó sus primeras elecciones, en mi casa se respiraba un ambiente de júbilo y alegría (mi padre ya no aspiraba aire con fuerza por su nariz, sino más tranquilamente por la boca) y yo, en mi mente infantil que no sabía nada de política, veía (y yo sí oía) con suma simpatía a ese señor con bigote que aparecía por televisión. Mi aprendizaje emocional asociaba a los señores de derechas con gente agradable y a los de izquierdas con canallas; y lo mismo me pasaba con el Atlético de Madrid: los futbolistas vestidos de blanco eran gente malvada.  Y así se crean los prejuicios, y así nace una ideología. Igual que hacía mi padre, cuando escuchaba a un político de derechas lo creía, y cuando así no era, buscaba una razón que justificara su mentira o, sencillamente, se la perdonaba. No ocurría así con el bando contrario: detrás de cada frase se ocultaba siempre un retorcido plan maquiavélico.

Luego fui al instituto y a la universidad y la cosa cambió. La gente de izquierdas molaba más. Las chicas eran sexualmente más liberales, los chicos llevaban ropa más chula y era mucho más guay leer (o fingir que se leía) a Althusser o a Deleuze que a Von Mises. La izquierda pegaba más con la rebeldía adolescente y como el asunto freudiano consistía en matar al padre, con más razón había que enfrentarse al pasado conservador. Pero ahora era más listo que antes y lo que hacía con mi inteligencia era construir razones a favor de mi nueva ideología. Mi recién creado sentido crítico era muy agudo para los desmanes y sinsentidos del liberalismo capitalista y de la moral conservadora. Además, uno comienza a leer solo lo que quiere leer, solo lo que va consigo mismo. Eliges a unos autores y rechazas a otros sin saber nada de ellos, eliges unos periódicos, unas televisiones, unas radios, unas webs, unos blogs (afortunadamente como en este país todo está politizado, no tienes ningún problema en encontrar los medios a tu gusto) que te dicen solo lo que quieres escuchar, que te dan la razón una y otra vez. Lo más grave es que así vas formando tu personalidad, tu identidad. La ideología política forma parte de ti como tus gustos musicales, tu comida favorita o, símil perfecto, tu equipo de fútbol. También vas formando parte de una tribu, de la comunidad de todos los que piensan como tú. Hay logotipos, insignias que identifican a los tuyos, incluso hábitos, costumbres, formas de ser. Te sientes parte de un grupo y eso es maravilloso. Son los tuyos, una extensión de tu familia, de tu clan. Hay aquí algo atávico, primitivo, totémico; hay algo que tiene que ver con los monos Rhesus peleándose por las hembras o por defender su territorio, algo inserto en lo profundo de nuestro cerebro reptiliano. Por eso, contra la ideología no valen las razones, no valen los argumentos: estaremos discutiendo con nuestra parte primate y todo el mundo sabe que contra un gorila solo cabe salir pitando.

En frente de un nosotros siempre hay unos otros. Y unos otros a los que hemos aprendido emocionalmente a odiar. Unos otros que siempre serán unos canallas digan lo que digan, siempre serán los culpables de todas nuestras desdichas. Entonces, yo, que iba de intelectual gafapasta (y eso que nunca he llevado gafas) iba atesorando en mi cabeza todos los tópicos posibles sobre mi enemigo: capitalismo malvado, multinacionales que controlan el mundo, empresarios explotadores, empresas de armamento que crean guerras periódicamente para dar salida a sus productos, Iglesia corrupta llena de pederastas e inquisidores… Solo una parte de la verdad específicamente escogida, además de terriblemente ingenua y simplificadora. La ideología se convierte en una creencia orteguiana, en una verdad vital, un prejuicio desde el que se parte, algo que damos por sentado, de lo que no cabe dudar, un dogma totémico inconsciente escondido bajo capas y capas de dóciles y obedientes razones y argumentos a su servicio. Probablemente, de lo más peligroso que puede hacerse es enseñar a odiar desde las entrañas, más haciéndolo durante generaciones; un odio que va pasando ininterrumpidamente de padres a hijos, un odio tradicional. Y así estamos, las dos famosas españas inmersas en un bipartidismo corrupto que se turna cíclicamente en el poder. Dos ideologías absurdas, paletas,  inconmensurables entre sí, incapaces de cualquier acuerdo racional, incapaces de gobernar con justicia. Mi padre, que a pesar de ser sordo y estar bastante ideologizado, poseía la sabiduría que da la edad, tenía por norma no dejarnos hablar  de política en la mesa a mis hermanos y a mí. Sabía que esas discusiones siempre eran acaloradas y terminaban como el Rosario de la Aurora. Un odio tan arraigado puede incluso con los lazos fraternos. Y eso explica esta costumbre tan propia de nuestro país de matarnos unos a otros con bastante facilidad.

¿Qué son sino las continuas apariciones de las chicas de FEMEN en nuestras pantallas? Un ejemplo perfecto de ideología en la sociedad del espectáculo. ¿Qué mejor que mezclar las emociones primarias de la ideología con las de la sexualidad? Además, en este caso, sin ni siquiera la mascarada de la argumentación racional. Las de FEMEN no tienen ningún sofisticado discurso feminista detrás de sus acciones. Si visitas su página web, apenas tienen unas cuantas líneas dedicadas a definir su ideario. Eso sí, tienen una tienda virtual para que compres sus camisetas (supongo que para quitártelas luego rápidamente). Son únicamente una pose, un fenómeno estético, una expresión emocional violenta, expresión sensual liberada de toda razón, síntoma perfecto de nuestro tiempo. Su estética guerrera no deja de recordarnos a las amazonas (con las que creo que se identificarán plenamente), y al hacerlo no dejan de  mostrarnos lo que son: bárbaras. Y la barbarie es, ante todo, sinrazón. Sería posible que, en el fondo, estuviesen en lo cierto en lo que critican pero, evidentemente, no tienen razones, y por eso hacen un flaco favor a la causa feminista que defienden, por otra parte tan necesaria.

¿Y qué hacemos? Los padres de la Modernidad buscaron un saber certero e infalible liberado de todo prejuicio, un punto cero absoluto a partir del que construir una nueva ciencia. El Novum Organum de Bacon llamaba ídola a esas ideas preconcebidas que nos impiden el recto pensar de la razón. Solo mediante un nuevo método que nos libere de esas ataduras (que a la postre será el científico) podremos conocer y actuar correctamente. Aún no estamos seguros si ese ambicioso proyecto es posible, si uno puede liberarse de todos sus prejuicios, pero lo que sí se puede es, al menos, ser conscientes de ellos. Es un gran paso, porque siendo consciente de que la “propuesta enemiga” te parece mal solo y únicamente porque la ha propuesto el enemigo, hace que la consideres de otra manera, que la evalúes más serenamente y que, incluso, utopía de las utopías, puedas dejar de lado tu odio visceral y ver que puede no ser tan mala, que puede hasta ser buena. Es difícil, lo sé. Luchar contra años de hábitos mentales es complicado, pero debe hacerse, porque lo que se consigue es mucho: libertad. Uno se desencasilla, se desposiciona. Ya no está obligado a defender algo porque se lo dicte su estómago. Perder la identidad libera, y ser un apátrida te permite enemistarte con todo el mundo, y eso es lo mejor, porque, aparte de tener más gente con la que discutir, tendrás más veces la razón que antes. Porque ahora ya no defenderás algo porque sea de izquierdas hacerlo, sino que defenderás algo, sencilla y llanamente, porque tienes razón.

Es difícil, más cuando estamos programados genéticamente para ser etnocéntricos, para creer y defender a los que identificamos como los nuestros. Pero no creo que haya que negar esta parte de nuestra naturaleza biológica. Lo que hay que hacer es focalizar esa emoción hacia creencias más positivas que, por lo menos, no generen odio y confrontación. Habermas lo defendía muy claramente con su idea del patriotismo constitucional: enfoca tu sentimiento patriótico hacia la defensa de los derechos humanos, de la justicia, de la verdad… no hacia la idea de nación, partido o ideología; sustituye tu idea de país por la de humanidad. Pero es que la misma noción de madre patria no obedece exactamente a nuestra naturaleza etnocéntrica. Yo puedo querer defender naturalmente a mis amigos y familia, a mi casa, al barrio de la ciudad donde vivo. Esos son, biológicamente, los míos. Sin embargo, no se entiende que yo, que soy manchego, tenga que defender igualmente a un gallego o a un canario, y no a un portugués, simplemente porque el devenir histórico haya fijado las fronteras de ese modo y no de otro. La nación, con sus himnos y banderas, es una extensión artificial del instinto natural de comunidad. La finalidad de tal artificio fue, seguramente, tener carne de cañón dispuesta a matarse obedientemente a las órdenes del monarca de turno. La máxima “todo por la Patria” ejemplificaría perfectamente esta tesis: la Patria es una idea tan grande que merece la pena que sacrifiques tu vida por ella. Pero, ¿qué es la patria? Las ambiciones de unos mandatarios, poco más. Bertrand Russell decía que él nunca moriría por sus ideas ya que podrían estar equivocadas. Tácheme el lector de cobarde, pero yo tampoco lo haría porque, igual que Russell, no creo ser infalible. Lo mismo que pasa con la nación es aplicable a la ideología. Es otra extensión artificial: no hay nada de natural en corear unas siglas ni en pensar que la economía ha de ser controlada por el Estado o no.  Por eso no hay que luchar contra nuestros genes, sino realizar una buena higiene mental. Toca desaprender, limpiar el escritorio cognitivo y tirar muchísimos documentos a la papelera de reciclaje.

Las ideologías no han muerto como profetizaba Fukuyama. Gozan de muy buena salud, pero es nuestro deber, si queremos tener algún compromiso con un ideal de honestidad intelectual y vital, matarlas. Es algo tan básico y sencillo como ser honesto, como reivindicar algo tan obvio como pensar por uno mismo, como recuperar el viejo ideal socrático de buscar la verdad. Sapere aude, decía Kant: atrévete a pensar por ti mismo sin estar respaldado por unas siglas, por un líder o por una tradición. Atrévete a no posicionarte dogmáticamente, a no etiquetarte, a cambiar de idea si el otro tiene razón, a equivocarte a lo grande, a violentar tus creencias más arraigadas. Eso es el pensamiento, justo lo contrario a la ideología.

 

*Las imágenes que ilustran este texto son del dibujante polaco Igor Morski

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21 Comentarios

  • Muy interesante. Hace tiempo que pienso que se han de valorar las ideas no por el lugar de donde procedan, sino por su valía. Si hiciéramos esto en el ámbito de la política y se pudiera llegar a consensos entre las diferentes fuerzas en vez de hacer una competición entre ellas, la que gana rechaza lo de los anteriores y hace todo lo contrario en su legislatura, quizá las cosas saldrían mejor, luego están, claro, los pescadores que se aprovechan del río revuelto. Como abogado de divorcios puedo decir rotundamente que cada parte tiene su cuota de razón y sólo cuando se reconoce recíprocamente la cuota del otro se puede llegar a un entendimiento eficaz. Sin embargo en nuestra sociedad hasta que no se produzca un saneamiento general emocional a nivel social de la guerra civil, con dos bandos contrapuestos in aeternum, esto es imposible, y aquí discrepo con el artículo pues la razón no es independiente de la emoción sino que precisamente depende absolutamente de ella, sólo desde fuera de la mente se puede trascender el odio y el rencor y ser neutral y objetivo. El método científico no es el camino, sino el intuitivo, la razón es emocional como bien se describe en el inicio del artículo y no puede evitarlo, la intuición es libre. Como decía Confucio: La naturaleza no es amable sino imparcial con todas las cosas. El camino es la meditación. Lamentablemente nos quedan muchos años de enfrentamiento social hasta que lleguemos a la cooperación de las buenas ideas, vengan de donde vengan..

  • Ricardo:

    No he excluido las emociones totalmente. Siguiendo a Habermas he sostenido que hay que volcar la carga emocional hacia la defensa de los derechos humanos o de las libertades fundamentales en vez de hacia la nación o la ideología de turno. Hay que emocionarse más cuando se apruebe una ley justa que cuando se cante el himno nacional.

    No obstante, sí que defiendo que para pensar con claridad hay que dejar un poquito de lado las emociones. Para solucionar un problema hay que evaluarlo serenamente, sin que el odio o el entusiasmo turben tu sano juicio. Y por ahí la ciencia tiene mucho que decir: razonar bien en base a pruebas. Si en política fuéramos un poco más científicos seguro que nos iría mejor.

  • Ricardo:

    No he excluido las emociones totalmente. Siguiendo a Habermas he sostenido que hay que volcar la carga emocional hacia la defensa de los derechos humanos o de las libertades fundamentales en vez de hacia la nación o la ideología de turno. Hay que emocionarse más cuando se apruebe una ley justa que cuando se cante el himno nacional.

    No obstante, sí que defiendo que para pensar con claridad hay que dejar un poquito de lado las emociones. Para solucionar un problema hay que evaluarlo serenamente, sin que el odio o el entusiasmo turben tu sano juicio. Y por ahí la ciencia tiene mucho que decir: razonar bien en base a pruebas. Si en política fuéramos un poco más científicos seguro que nos iría mejor.

  • Por mi parte, creo que no hay que olvidar, como nos señala este texto, que la ideología es un medio y nunca un fin. Hay quien añora la Atenas clásica precisamente porque la política era la vida entera del ciudadano libre, pero que no se pase por alto que eso sólo fue posible sobre un ingente fondo de esclavitud. Aristóteles, en cambio, entendía que había que hacer a menudo política para poder pasar cuanto antes de la política, a diferencia de su maestro Platón, para el cual, también, la política virtuosa era la finalidad suprema. El chico este, Pablo Iglesias, decía hace poco que la izquierda debe dejar de ser una religión para ser un instrumento. A ver si es verdad. Pensar la organización colectiva más justa no es más que eso, además hay que vivir, que es, en no pequeña parte, otra cosa.

  • Empezaba muy bien el artículo, pero cuando ha puesto ud. a Von Mises como representante de las ideas de la derecha ha caído en los prejuicios (o el desconocimiento, que para mí la misma cosa es) que pone en tela de juicio su texto.

  • JL:

    Von Mises es uno de los grandes defensores del liberalismo económico y quizá el más feroz crítico del intervencionismo propio de la izquierda. Ha sido, por lo tanto, utilizado constantemente para justificar políticas conservadoras. Leer a Von Mises no era lo propio de los intelectuales de izquierdas.

  • La ideología es necesaria. Por supuesto que sí, pero no una ideología basada en un fanatismo que no permita cuestionarse los propios valores ni los del grupo. Debemos diferenciar la ideología del fanatismo, recordemos que siempre se habla de que la izquierda es autocrítica con su ideología, que sus bases ideológicas evolucionan y están en constante cambio. Recordemos que el Manifiesto Comunista cambiaba el prólogo en cada nueva edición, “adaptándose” al momento. Y esto es una virtud, la ideología muta, no es estática, no existen unos ideales frente a los de cualquiera ni unos valores absolutos.

    Otra cosa es confundir la ideología con los partidos políticos. Ideología no significa comulgar con un programa político ni decir amén a las decisiones y tomas de postura de un partido político. Sin embargo, esto tampoco significa que cuando se es miembro de una estructura política se griten a los 4 vientos las discrepancias: la autocrítica interna es necesaria, pero llegado a un consenso interno considero que deben darse respuestas unánimes.

    Por otro lado, me resulta peligroso el pensar que “defiendo una idea porque tengo razón”. En las ciencias sociales no existen verdades universales, sino puntos de vista todos justificables, que podemos compartir o no. Y estos puntos de vista sin duda van a estar ligados a las propias ideas y experiencias. Probablemente no defienda el feminismo, por ejemplo, de la misma forma si jamás ha cobrado menos por un trabajo siendo mujer que un hombre (la brecha salarial se situó en el 22,55%, según los últimos datos disponibles de la Encuesta de Estructura Salarial, referentes a 2010).

    Es imposible no verse influenciado por un entorno o unas experiencias, que ligadas a la ideología van a formar sus opiniones. Ser aséptico es imposible en el ámbito de las ciencias sociales.

  • Santiago, muy poco -por no decir nada- tiene que ver el libertarismo de Von Mises con las políticas conservadoras de la mayoría de partidos de derecha. El problema, como dije en mi anterior comentario, es que seguimos utilizando conceptos tan limitantes y anacrónicos como izquierda-derecha, y muchos no conciben otra cosa (empezando por la clase política).

    Pero vincular a pensadores como Von Mises con el conservadurismo y el continuismo es tan erroneo como falaz. El libertarismo si algo no es es conservador.

  • Miss Bonano:

    No digo que sea posible no estar influenciado por las circunstancias. Solo digo que hay que hacer cuatro cosas:

    1. Intentar ser conscientes de que esas circunstancias son las que configuran mi forma de pensar. Ser conscientes de que, muchas veces, defendemos algo solo basándonos en prejuicios.

    2. Tener argumentos, razones para defender lo que uno sostiene. Si pueden ser basadas en estudios científicos (que los hay, incluso en ciencias sociales). Está la sociología, por ejemplo, de Merton.

    3. Estar dispuesto a cambiar de opinión si el adversario tiene razones más convincentes que las mías. O, mejor aún, poner a prueba constantemente mis propias creencias: ser autocrítico.

  • JL:

    Yo no digo que lo que hace la derecha tenga algo que ver con lo que dice Von Mises. Solo digo que Von Mises es un autor que suele citarse mucho en los sectores conservadores. No he entrado para nada en cómo se interpreta su pensamiento, solo como se le utiliza cotidianamente. Nada más. Seguramente que, igualmente, poco tiene que ver lo que ha hecho la izquierda en España mientras estaba en el poder con el pensamiento de Marx.

  • Es incomparable, creo yo, Marx con Von Mises. Además, la “izquierda” en el poder española renunció a Marx casi desde el principio, en Suresnes. Esto aparte, me parece que sí se puede argumentar la vinculación, si no necesaria, sí habitual entre liberalismo y conservadurismo. Porque por mucho que se diga que se favorece al nuevo emprendedor, lo cierto que es que la visión liberal incardinada en sociedades viejas perpetua los privilegios de las familias poderosas economica-y por tanto política-mente, que bien emplean sus recursos en restringir las oportunidades de los extraños, deviniendo así un resultado conservador en beneficio de los mismos de siempre. También las costumbres, en este aspecto, deben permanecer invariables, manteniéndo un conveniente doble rasero. La historia moderna de Inglaterra es el ejemplo paradigmático de lo estricto de tal correlación. Desde luego que existe un liberalismo “noble” (sobre todo, John Stuart Mill), como yo lo llamo, y a veces hasta esa víbora de Esperanza Aguirre tiene algun destello de él, pero, la verdad, ya ni nos acordamos…

  • Por otra parte, el problema del pensamiento de Habermas es que parece válido únicamente para el que se encuentra en la posición de superioridad en el diálogo racional. Estar en la posición débil, y aún así sentarse a la mesa dejando a un lado “intereses” y “prejuicios”, que a menudo han nacido de agravios e injusticias históricas, se diría sólo propio del llorado Mandela. Incluso para hacer posible la ocasión misma del diálogo es el fuerte el que debe ser condescendiente, cosa que, como muestra Israel, suele ser raro o esconder alguna trampa.

  • El problema de un artículo planteado así es que se mezclan muchas cosas, que se dan saltos de lo personal a lo social, de lo psicológico a lo filosófico o a lo político, que se resume en muy poco espacio un asunto muy complejo sobre el que ha llovido mucho, a partir del que han sucedido muchas cosas reales, sobre el que se ha escrito mucho y que ha determinado (que determina) de una forma u otra la vida de todas las sociedades, de todos nosotros.

    El artículo parece defender el espíritu crítico, independiente, científico, libre de prejuicios, de los individuos frente a los problemas del mundo, frente al pensamiento inducido por sistemas de creencias cerrados, legitimados por grandes sistemas explicativos utópicos, dogmáticos e inmutables. Es decir frente a las ideologías con tentación totalitaria. Una reflexión, creo, muy similar de la que partió el pensamiento débil o postmoderno sobre el que, por cierto también ha llovido en estos años y ha producido algunas paradojas.

    Según este planteamiento sería preferible una sociedad libre o abierta donde los individuos puedan elegir su proyecto de vida, pensar libremente, de forma crítica sin grandes riesgos por hacerlo, a una sociedad totalitaria donde haya que obedecer, se adoctrine y primen los prejuicios o estereotipos. Podríamos añadir, también, donde hubiera un nivel de igualdad económica que permitiera unas buenas condiciones de vida para una gran mayoría de ciudadanos, que permitiera alcanzar ese nivel de expectativa en la pirámide de necesidades. Un gran ideal democrático, ilustrado, en el que parece que es difícil no estar de acuerdo.

    Sin embargo, hay en este país y en el mundo en general, mucha gente, muchos grupos muy organizados, muy activos, con muchos medios y con mucha poder detrás que considera que esa forma de pensar es una ideología maligna (una ideología más) que hay que erradicar a cualquier precio. Lo mismo que hay grupos financieros que consideran que el dinero es predominantemente para ellos y no dudan en conseguirlo incluso a costa de empobrecer ( y no sólo económicamente ) la vida de la mayoría utilizando las ventajas que les dan las sociedades abiertas y los cambios que se han producido en el proceso de globalización.

    De hecho, en la mayoría de los países del mundo se corren riesgos por opinar con libertad, o por ser mujer o por tener una sexualidad distinta o amar libremente o por ser ateo o por practicar una religión distinta de la oficial ( como, por cierto, ocurría en este país hace no tanto tiempo) o por cuestionar el poder político. Y sobre todo por ser pobres. De hecho haber conseguido en algunos países preferentemente occidentales (y muy concretamente en España) unas ciertas libertades individuales o una frágil mejora de la igualdad económica ha sido el resultado, al menos en parte, de muchas y peligrosas luchas contra los poderes establecidos que lo impedían en ese momento. Ha sido el resultado de mucho tiempo de conflictos sociales, de la confrontación de intereses contrapuestos que me temo que siempre van a existir en todas las sociedades aunque se rijan por sistemas que puedan llamarse democráticos más o menos imperfectos. De personas que defendieron algunas cosas y corrieron un riesgo por hacerlo. Cuando podrían no haberlo hecho.

    Por eso es importante pensar libremente pero, a la vez, con conocimiento histórico de lo que ha ocurrido, de los riesgos que también se corren al descontextualizar las ideas y al hacerlas equidistantes de una forma un poco ingenua. Después de un siglo XX como el que hemos tenido se puede ser todo menos ingenuos o mal informados. El artículo en algún párrafo puede llevar a una confusión probablemente no pretendida por el autor. Parece que son equivalentes las ideas de un padre franquista que apoyaba a una dictadura a las del hijo que defiende una vida más libre y un sistema democrático más abierto; las “dos españas” resulta que se resumen en el “actual bipartidismo corrupto y cateto” al mismo nivel que en los años treinta o que en los años de la dictadura; las chicas de FEMEN se consideran “una expresión emocional violenta, expresión sensual liberada de toda razón, síntoma perfecto de nuestro tiempo” al mismo nivel que los grupos sectarios que tuvieron a la mujer sin derechos tanto tiempo y que ahora pretenden volver a arrebatárselos (por cierto, en su momento se decía lo mismo de las sufragistas ). Y un poco así.

    Es verdad que los que defendemos el librepensamiento y sociedades más justas no debemos dejar nunca que ninguna ideología funcione como una religión y nos impregne la vida hasta los últimos resquicios sesgandolo todo. Eso le ha ocurrido a mucha gente sumamente inteligente que apoyó tiranos sangrientos como símbolos de la liberación humana y que ahora sabemos que se equivocaron. Pero también tenemos que ser conscientes de la sociedad que queremos y los motivos por los que preferimos una forma de organización a otra. Y de las dificultades y el compromiso que supone intentar conseguir eso en un momento histórico en concreto (por cierto, Russell estuvo en la cárcel y tuvo muchos problemas a lo largo de su vida por defender sus ideas).

    En ese sentido está claro que hay distintas formas de ver la realidad (se aducen muchos tipos de motivos para esto, hasta los neurobiológicos últimamente) y algunas con muchas más razones para ser defendidas que otras según los resultados que han producido. Es importante saber de que sistema de creencias se parte entre otras cosas para prevenir los sesgos que se pueden producir pero también para saber que frente a algunos están justificados todos los prejuicios, simplemente porque el mundo no comenzó ayer, existen los hechos históricos y hay ideas que propician sistemas que han producido y producen resultados terribles.

    Por eso en un momento de crisis económica me parece peligroso simplificar demasiado, deslegitimar el tiempo presente y el sistema en el que vivimos sin demasiados matices comparándolo con otros con el que no es comparable. No habría que olvidar lo que pasó en los años treinta en Europa y la ventaja que sacaron del miedo y de los discursos “anti políticos” los populismos y las ideologías totalitarias que ahora, por cierto, pueden renacer de otra manera aprovechando las nuevas posibilidades de control social. Tampoco las dinámicas de las sociedades ni de la dificultad de la propia acción política.

    Sobre la nostalgia de ideologías que lo explicaban todo en otros tiempos me parece pertinente este artículo de AMM

    http://elpais.com/diario/1993/12/08/cultura/755305205_850215.html

  • Buenísima entrada y mejor debate. Pero hay un problema con la ideología, que no puede dejar de tenerse: la cuestión es si la ideología es inclusiva -por ejemplo democrática: como decía Norberto Bobbio, hay más proximidad entre derecha e izquierda moderadas que entre sus respectivos extremos. Por otra parte, la pluralidad es inevitable hoy día. Desde luego, me gusta tu postura final de estar dispuesto a aprender y rectificar del otro: esto es todo un programa ideológico….
    Como ves, no salimos, no podemos salir de la ideología: la cuestión es esa especie de núcleo duro que, como bien dices, rechace los prejuicios.
    Por cierto, tras ver tu perfil, te falta echarle un vistazo a Chesterton, uno de los tipos más inteligentes y divertidos del siglo XX, con el que podrías establecer interesantísimos debates, y sentirte a gusto con él, como con todos los demás. Fue un polemista nato.
    http://chestertonblogdotcom.wordpress.com/

  • Mas sobre feminismos
    El autor de este artículo no ha leído la entrevista del Huffigton post que se le hacía a la presidenta de FEMEN- España; en ella, su presidenta, Lara Alcázar dice “si protestásemos con pancartas sencillas, nuestras demandas no habrían sido tomadas en cuenta”. Lejos de presentarse como un reclamo erótico, consideran su cuerpo “un arma política, capaz de incomodar a quienes tienen el poder”.
    Las chicas de este grupo tienen una ideología feminista, su fundación se ha hecho para, según ellas mismas dicen en su página de Face-Book :” propugnar un mundo donde hombres y mujeres tengan una voz equitativa y representativa, con una verdadera igualdad de género en todos los ámbitos de la sociedad. Denuncian firmemente la violencia contra la mujer, el machismo y cualquier situación que vulnere la dignidad de las mujeres. Son especialmente críticas con el cristianismo e islam. Se oponen a la legalización de la prostitución y a la industria del sexo. Abogan por el aborto libre y muestran su apoyo y admiración hacia las madres solteras.”
    Es una posición de feminismo radical, con la que se puede estar de acuerdo o no pero esta es la posición y yo la comparto en su mayor parte.
    Otra cosa son los métodos que se utilizan para protestar. El feminismo radical, al igual que otros movimientos sociales, ha protestado de muchas formas desde su inicio. La Sra Pankhurst y otras sufragistas fueron encarceladas por pedir el voto de una forma “no convencional: hicieron huelgas de hambre, atacaron y rompieron el cuadro de Velázquez La Venus de Espejo, y con ello llamaron la atención y sensibilizaron a mucha gente a favor de su causa.
    Quizás ahora nos escandalicemos de unas formas de violencia que utilizan ciertos movimientos y no de las que utiliza el poder económico o político para someter a la gente.
    La utilización del cuerpo como protesta llama a los medios de comunicación y genera, otra vez, un debate sobre el libre uso del cuerpo de las propias mujeres fuera de la norma; incluso para protestar.
    Me llama la atención el escándalo y la descalificación por reivindicar como propio el cuerpo de la mujer mostrándolo. ¿Por qué no nos escandalizamos cuando se utiliza el desnudo femenino o el cuerpo de la mujer como vehículo de publicidad o de mercado?
    Al poder le incomoda el cuerpo femenino libre, la ruptura de la norma, de la moral sexual normatizada. Por eso ellas protestan de esa forma.

    • No solo los grupos feministas utilizan el cuerpo como arma política. También grupos ecologistas, contra la caza , contra la utilización de las pieles, gays y lesbianas, y otros..

  • “Al hecho de que las demandas sociales estén desarticuladas se añade la circunstancia de que tales reivindicaciones son plurales, lógicamente, y en ocasiones incompatibles o contradictorias: unos quieren más impuestos y otros menos, unos software libre y otros protección de la intimidad y la propiedad, a unos les preocupa que haya menos libertades y a otros que haya demasiados emigrantes… Sin una valoración política es difícil saber cuándo se trata del bloqueo de reformas necesarias o de una protesta frente al abuso de los representantes. La protesta contra ciertas infraestructuras puede estar motivada por razones ecológicas, pero también por otras menos confesables como el célebre Not In My Back Yard (no en mi patio trasero) o por sentimientos xenófobos si lo que se va a construir es una mezquita. En cualquier caso, a quienes tienden a celebrar la espontaneidad social conviene recordarles que la sociedad no es el reino de las buenas intenciones. La legitimidad de la sociedad para criticar a sus representantes no quiere decir que quienes critican o protestan tengan necesariamente razón. El estatus de indignado, crítico o víctima no le convierte a uno en políticamente infalible.”

    http://elpais.com/elpais/2014/02/19/opinion/1392837582_448839.html

    Interesante artículo de Daniel Innerarity que tiene que ver con este debate.

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