Vivir era eso…

Dejarnos llevar por esa energía misteriosa que no siempre tendremos. Que nos invita a fluir, a movernos, a salir a la calle, a desear el mundo. El sol de una mañana en que no hay que hacer nada; esa música que llega a la caída de la tarde mientras recordamos aquel olor del que emerge un rostro o todo un tiempo; mirar cómo aparece la luna roja en el horizonte todavía azul; sentir el cosquilleo de los proyectos más sencillos o quizá el fogonazo de una pasión amable, de un conocimiento que perseguir poco a poco; disfrutar de las dificultades cotidianas que nos recuerdan que estamos vivos y que se desvanecen con la acción o el azar. Detenernos sólo un momento, muy de vez en cuando, para mirarnos, para pensar lo frágil y fugitivo que es todo y también lo precioso.

Y seguir deslizándose contemplando lo que existe fuera, lo que nos llama, olvidando ese vértigo que también nos nutre y nos acompaña porque somos nosotros que sabemos que nos movemos, con la sensación de que lo hacemos cada vez más deprisa.

Si hubiéramos sabido que vivir era eso…

 

‘Cuarto de hotel’

V
¿Sólo en el tiempo soy? ¿Sólo soy tiempo?
¿Una imagen que huye de sí misma
y está más lejos mientras más se acerca?
¿Soy un llegar a ser que nunca llega?
Lo que fuí ayer -las nubes, la muchacha,
y el recodo de cualquier momento
la no invitada sombra de la muerte-
no fue, no llegó a ser, no será nunca:
ayer está pasando todavía
y nunca acaba y nunca llega.
“Después del tiempo”: pienso, “está
la muerte
y allí seré por fin, aunque no sea”.
Mas no hay después ni hay antes y la muerte
no nos espera al fin: está en nosotros
y va muriendo a sorbos con nosotros.

OCTAVIO PAZ. “Puerta condenada”

*Imagen de Ryan McGinley, un fotógrafo neoyorkino que expone hasta el 21 de junio en la Galerie Perrotin, de Hong Kong

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2 Comentarios

  • ¿Cómo puedes saber esto, si apenas tienes veinte años?
    (Yo, en tu lugar, seguro que me cabreaba: “sí, qué pasa, veinte, y qué”

  • (lo siento, he publicado antes de tiempo)
    Pero no es corriente reunir capacidad de observación, y de introspección, y saber hallar las palabras justas, que producen en el que las lee esta sensación de reconocimiento inmediato…
    quiero más
    🙂

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