Familia, amigos, animales

“Un modo complicado de sentirnos seguros, la familia”. Así reza un poema de José Luis Piquero. Todos hemos querido alguna vez huir de nuestra familia, y pese a todo algunos luego fundamos una familia, y la mayoría de las veces lo hacemos sin que nadie nos ponga una pistola en la sien, por voluntad propia. Pero tener tu propia familia no te separa de tu antigua familia, y además suele ir acompañada de la aparición de otra familia más: tu familia política, una familia que llega de repente y con contundencia. Son primos, sobrinos, nietos, abuelos, personas que casi no has tenido tiempo de conocer, un buen número de seres humanos con sus enfermedades, sus trabajos, sus divorcios, sus problemas, sus chistes malos, sus manías y sí, algo bueno tienen, desde luego, y muchas veces la relación acaba siendo estupenda, o empieza siendo estupenda, pero uno no puede dejar de pensar, ciertas veces, en la necesidad del hombre de rodearse de otros hombres, en todo ese lio del ser humano como ser social, ¿algo determinado por la naturaleza o impuesto por la propia sociedad? Y todo eso mientas los niños gritan y corren y la comida y la bebida baja por el estomago y el humo de los cigarros se eleva hacia las alturas de los techos de escayola. Y luego, terminada la comida familiar, corriendo al cumpleaños del compañero de clase, o del hijo de tu mejor amigo, ese que casi te podía llamar “tío” si tú aplicaras los viejos códigos de tus padres, a seguir comiendo y hablando y relacionándote con más y más gente. Y los niños que siguen corriendo y chillando y pidiéndote chuches y ayuda con los cordones de las zapatillas. Y así otro fin de semana, o otras navidades, o otras fiestas de cualquier pueblo de este país. Y un buen día uno ve un viejo álbum de fotos y se sorprende. Está vacío. Vacío de gente. Vacío de las personas que llenan tu mundo actual. Y recuerda lo que era la soledad antes y reflexiona sobre lo que será la soledad ahora. Porque las familias se rompen, se pelean, se divorcian y se separan como continentes a la deriva. Y en eso, en eso a lo tonto se nos pasa la vida. ¿Es ese el gran secreto de la existencia? Puede que no o puede que sí, pero desde que el mundo es mundo hay familia, hay amigos, y por si no fuera bastante con eso, aún queremos mascotas, perros, gatos, conejos, tortugas, pájaros y aves exóticas, serpientes, casi cualquier animal que se nos ocurra. Y no, desde luego que no, definitivamente no nos gusta sentirnos solos.

 *Las imágenes que acompañan el texto son también de Alfonso Vila.

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