Dos miradas sobre Bowie

david 1

 

Zelig Stardust

Óscar Sánchez Vadillo

Hace meses que se rumoreaba lo de un cáncer, y hasta le habían robado alguna foto vestido de paisano con el aspecto desmejorado de un señor mayor haciendo la compra desganadamente. Pero si has nacido con un ojo de cada color, adoptado mil personalidades, producido a Lou Reed, casado con una modelo espectacular y cantado a duo con Freddie (o Freddie contigo), creo que, haciendo una excepción, se te puede aplicar con perfecto derecho la doctrina oriental de la reencarnación.

El tipo que te espera al otro lado, ese de librea con un par de alas a la espalda que parece picar las entradas, tratará de pesar tu alma en una balanza astral y la encontrará fluida como mercurio, destellando en ella los colores invisibles para el ojo humano de la bola discotequera que se halla al fondo del local, un garito atestado de gente rara, ingrávida y vistosa. La metempsicosis, entonces, resultará fácil, a la manera del efecto de una droga irisada, y terminarás transformado en libélula terrestre con ciertos toques de araña de Marte.

Pero no ahora: ahora hay que tocarse antes unos temitas en el pub hortera del Ultramundo; David lo sopesa durante un segundo y escoge empezar por este:

 

El hombre que vino de Marte

Javier Ortega

Recuerdo que, tras dejarnos Lou Reed hace ya dos largos años, un amigo me preguntaba: “¿Y qué vamos a hacer cuando se muera Dylan?”. La pregunta, por supuesto, no tenía una fácil respuesta, o al menos no una en la que entonces quisiéramos ni por asomo pensar. Y, como si de una especie de anticipación se tratase, hoy nos enteramos de la muerte de David Bowie, que hizo en su día un homenaje a Bob Dylan en “Song for Bob Dylan”, incluida en el magnífico Hunky Dory. De Bowie, cuyos discos nos han hecho compañía en incontables tardes y noches desde la adolescencia, me gustaría recordar ahora dos cosas. La primera, este homenaje a la Velvet Underground, que suena más a Lou Reed que al propio Bowie (él, que según cuentan las malas lenguas, quiso cambiarle el sonido a Lou Reed en su Transformer, sin conseguirlo, como sí que hizo con Iggy Pop):

La segunda, es Ziggy Stardust and The Spiders from Mars, un documental de D. A. Pennebaker rodado en directo en el Hammersmith Odeon en 1973, con Bowie en todo su esplendor. De él recuerdo, entre otras maravillas, la escalofriante versión de “Time” y a la extraordinaria banda, con Mick Ronson a la guitarra, que mientras Bowie se retira al camerino para cambiarse de traje, lejos de hacer un suave interludio siguen tocando enfebrecidos, con Ronson tirado por los suelos, y que sin descanso ninguno siguen dando caña tras volver Bowie a escena. Ya no sé si quedan bandas como ésa…

Acabo de descubrir un documental de la BBC titulado David Bowie And The Story Of Ziggy Stardust, que voy a ver como homenaje a la encarnación más marciana del mayor camaleón de la historia del rock. Bowie ha muerto: larga vida al rock’n’roll.

 

Etiquetas de este artículo
,
Escrito por
More from hypérbole

Tercer aniversario hyperbólico

Nacimos hace tres años, en un 2012 bisiesto. Un 29 de febrero...
Leer más

2 Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *