Jesse Owens, 80 años después de aquel día en Berlín

 

Trato de averiguar la hora, ver si fue por la mañana o por la tarde. No he conseguido encontrarlo en internet. Supongo, por fin,  que fue por la tarde, quizá a media tarde de aquel día 3 de Agosto de 1936,  en el Estadio Olímpico de Berlín. He visto dos documentales magníficos sobre los juegos olímpicos de aquel año, sobre el antes y el después, sobre como comenzaba a crecer el huevo de la serpiente y quería pasar todavía desapercibido, sobre el juego de la propaganda cuando aún muchas cosas estaban por decidirse en todo el mundo antes de la gran tormenta.

Pero ahora, antes de la carrera el tiempo se detiene. Es el gran momento. El momento del héroe que puede desmentirlo todo solo con un gesto. Tras él está el aliento de todos los negros oprimidos pero también la esperanza de todos los hombres de cualquier color que pretenden ser libres, que están dispuestos a luchar en cada playa contra el principal argumento de la opresión: la superioridad racial que debe manifestarse en todo, también la velocidad que puede alcanzar, corriendo, un ser humano. Él lo sabe, lo ha sufrido en sus carnes, tiene conciencia política.

 

 

Contemplo varias veces la carrera. La busco en el documental de Leni Riefenstahl y la encuentro entre los 41,13 y los 42. 22 minutos. Compruebo que los cortes que he visto antes corresponden a ese documental, que contiene a la vez la maestría técnica, el talento artístico  y la abyección más absoluta. El genio artístico al servicio del mal. Lo que ocurrió a menudo aquellos años en muchos terrenos. La gran incógnita sobre lo que puede proteger o posibilitar la cultura en los individuos y en las sociedades. Lo que ya se aprendió sobre la condición humana.

Jesse Owens no había cumplido los 23 años todavía, aunque parecía mayor, como sucede al ver a la gente de aquella época.  Observo sus gestos antes de la salida: su parpadeo, su ceño fruncido, el ondular de su garganta mientras traga saliva, su miedo y su determinación. Sabe que se lo juega todo y hay más de cien mil ojos observándolo, ahora en silencio. El juez, con una bata blanca, disparando la pistola, la carrera ya lanzada, la zancada, la ventaja tan rápida y tan rotunda, su compañero negro acercándose al final, subrayando el desmentido que Goebbels quería convertir en un hecho. Las caras del público y su emoción espontánea a pesar de que estaban programados para aplaudir otra cosa. 10.3 segundos. La espantada de Hitler.

 

Jesse Owens con el saltador alemán Luz Long,

 

Luego pasaron muchas cosas. El milagro de una amistad espontánea entre los que debían ser enemigos con Luz Long, al día siguiente en el salto de altura, como si algo se hubiera iluminado en algún sitio tras la gesta. Las cuatro medallas de oro, las traiciones al volver a casa. La guerra y la posguerra, los millones de muertos, el holocausto, los refugiados, el dolor inimaginable y todo con lo que hubo que contemporizar, eso que narra Toni Judt en “Posguerra” un libro doloroso e imprescindible para comprender lo que ahora pasa en Europa, las dimensiones de los riesgos y las simplificaciones interesadas que cada vez es más frecuente escuchar.

Ochenta años de aquel día, en un mundo ya moderno, con radios, televisores, coches, comercios, ropa, ciudades  como las nuestras hoy día. Lo que podía ocurrir y ocurrió. Lo que pasó después. El héroe que estaba allí y que quizá inspiró a muchos que resistieron. Diez segundos para reflexionar sobre la fragilidad de la libertad y sus amenazas siempre presentes.

Jesse Owens aquel día ….

 

Ver en hypérbole: Jesse Owens siempre en territorio hostil 

Etiquetas de este artículo
More from Ramón González Correales

Esa alegría inmotivada que a veces nos invade por sorpresa

La joie de vivre, esa alegría inmotivada que a veces nos invade...
Leer más

3 Comentarios

  • Cuando yo era niño pusieron una serie sobre su vida. La última secuencia del último capítulo era genial. Después de una vida perruna, ya viejo, Owens pasea por la calle y un adolescente le roba la cartera y sale corriendo. Él arranca a correr tras el chaval y se inicia una persecución por unos pasadizos tortuosos entre edificios. Finalmente le caza y el ladrón se queda acojonado, ¿quién es este carrozón que le ha seguido el ritmo toda la carrera para al fin cogerle?…
    Owens le permite huir y recupera su cartera satisfecho.

  • No he visto ‘El triunfo de la voluntad’, que es la cima artística (y abyecta) de Riefenstahl, pero ‘Olimpiada’ marcó la pauta para toda retransmisión deportiva posterior. Son 3 horas y media de una belleza innegable

  • Cabe destacar que si bien Alemania jugaba en casa y eso siempre ayuda de alguna manera, el medallero dice cosas no tan bonitas sobre dónde estaba cada país en el deporte en ese momento.
    Alemania arrolló, y siempre que veo un reportaje de Jessie Owens me pregunto si es por gesta solamente, propaganda de vencedor ó por interés político.
    Tan malo es alejarse de la realidad por lo políticamente incorrecto como por lo correcto porque ambas cosas son engaños.
    Me parece que lo correcto sería hablar del resultado de las olimpiadas, porque quedarse con Hitler retirándose en esa prueba cuando el medallero sirvió para subir el ego a la Alemania nazi es cuando menos un autoengaño
    https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Medallero_de_los_Juegos_Ol%C3%ADmpicos_de_Berl%C3%ADn_1936

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *