Los bienes y los males

Lecturas para leer en voz alta en aquellos tiempos de la epidemia

Pocos datos ciertos existen sobre la vida de Esopo, y ya en la época clásica el personaje real se vio rodeado por elementos legendarios, quedando definitivamente cubierto por el velo de la ficción y de la fantasía cuanto pudo tener de verdadero. Ello no ha de llevar forzosamente a refutar su existencia, ya que un historiador de tanto crédito como Herodoto lo describe como un esclavo de un ciudadano de Samos que había vivido en la centuria anterior.

Según una tradición muy extendida, Esopo nació en Frigia, aunque hay quien lo hace originario de Tracia, de Samos, de Egipto o de Sardes; en una disputa de nascencia parecida a la sostenida siglos después por Miguel de Cervantes y otras ciudades y localidades. Sobre él circuló una gran cantidad de anécdotas e incluso de descripciones sobre su físico desmembrado (no sé si el pintado por Velázquez encaja en ese concepto arbitrario) que se hallan recogidas en la Vida de Esopo, publicada en el siglo XIV al frente de una recopilación de sus fábulas preparada por el monje benedictino Máximo Planudes.

Esopo. Diego Velazquez, 1639

Así, se cuenta que Esopo fue esclavo de un tal Xanto o Janto de Samos, que le dio la libertad. Debido a su gran reputación por su talento para el apólogo, Creso lo llamó a su corte, lo colmó de favores y lo envió después a Delfos para consultar el oráculo y para ofrecer sacrificios en su nombre y distribuir recompensas entre los habitantes de aquella ciudad. Irritado por los fraudes y la codicia de aquel pueblo de sacerdotes, orantes y bacantes, Esopo les dirigió sus sarcasmos y parodias, limitándose a ofrecer a los dioses los sacrificios mandados por Creso, devolviendo a este príncipe las riquezas destinadas a los habitantes de Delfos. Éstos, para vengarse, escondieron entre el equipaje de Esopo una copa de oro consagrada a Apolo, le acusaron de robo sacrílego y le precipitaron desde lo alto de la roca Hiampa. Posteriormente se arrepintieron, y ofrecieron satisfacciones y una indemnización a los descendientes de Esopo que se presentaran para exigirla. El que acudió fue un rico comerciante de Samos, descendiente de aquel a quien Esopo había pertenecido cuando había sido esclavo. De todo este relato parece histórico que Esopo fue un esclavo y que viajó mucho con su amo, el filósofo Janto; también se concede bastante credibilidad al episodio de su muerte.

Grabado de Francisco Toledo

Los bienes y los males. (Fábulas completas. Ediciones ibéricas, 1966. Traducción Juan y José Bergua)

Prevaliéndose de la flaqueza de Los Bienes, los Males los expulsaron de la Tierra, y aquellos subieron a los Cielos. Una vez allí preguntaron a Zeus cual debía ser su conducta con los hombres. Les respondió el dios que no se presentaran a los mortales todos juntos, sino uno tras otro.

Esta es la causa que los Males que viven entre los hombres, los asedien sin descanso, mientras que los Bienes, como descienden de lo alto, sólo se les acercan de tarde en tarde.

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1 Comment

  • Es legendaria la fealdad facial de Esopo, solo comparable con la de Sócrates, y sinónimo de especial sagacidad o sabiduría en la sociedad que más ha amado la belleza física….

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