Herramientas cognitivas (4)

Fotografía de Ernesto Bazán

Cuello de botella. Es un hecho matemático trivial que un algoritmo no puede funcionar más rápido que el más lento de sus componentes. Así, si tenemos un supercomputador hecho con diez componentes, nueve de los cuales son súper rápidos, siendo tan solo el décimo muy lento, el supercomputador será muy lento. Esta idea me parece que explica muy bien un montón de problemas de eficiencia de cualquier sistema: desde un sencillo microchip hasta el sistema sanitario o educativo de un país, pasando por el equipo de fútbol sala de mi pueblo. Hay multitud de cuellos de botella de diversas formas en muchas partes del funcionamiento de casi todo ¡Detecta y elimínalos ya!

Principio de Ana Karenina (una variante del cuello de botella). Usado por Jared Diamond en su superventas Armas, gérmenes y acero (a cuya lectura no me he animado porque la edición que yo manejo es un tocho con letra minúscula ¡Comprad buenas ediciones! ¡Gastad dinero miserables!), se refiere a que en muchos sistemas, el fallo de tan solo uno de sus elementos da al traste con su función completa. Por ejemplo, pensemos en una operación matemática: hay infinidad de formas de errar pero solo una solución correcta ¡Por eso son tan difíciles! Este principio es una buena herramienta para analizar cualquier cosa: ¿cuántos requisitos necesitamos para conseguir ser felices? ¿Y con que uno de ellos falle todo se va al traste?

Argumento hegeliano. Irónicamente ingeniado por Anthony Chemero, es «todo argumento basado en escasa o nula evidencia científica y orientado a probar a priori la inadecuación de un proyecto o incluso de un programa de investigación empírica al completo». Recordemos que Hegel, el filósofo del dinamismo y del movimiento del universo por excelencia, se negó a ver la teoría de la evolución biológica, precisamente, basándose en principios metafísicos a priori.

Fotografía Ernesto Bazán

Efecto Lindy. Ideado por el ingenioso Taleb, viene a decir que si queremos predecir la duración de un objeto en el tiempo, sencillamente, pensemos en el tiempo que ya ha durado. Taleb sostiene que los objetos más antiguos son los que tienen más probabilidad de seguir existiendo durante más tiempo en el futuro. Esta idea puede servirnos a la hora de elegir un libro o una película. Si un libro se sigue editando después de muchísimos años, o si se sigue hablando de una película a pesar de ser antigua, será porque son buenos. Obviamente, estaríamos renunciado a todo lo nuevo, es la estrategia más conservadora por excelencia, pero a cambio de asegurar la calidad.  Los clásicos se llaman clásicos por algo.

El Homer del futuro. En una escena del episodio 467 de los Simpsons, Homer se está comiendo un tarro de mayonesa mezclada con vodka. Entonces dice: «Esto es problema del Homer del futuro. ¡No me gustaría estar en su pellejo!». De hecho, si pensamos que la continuidad de consciencia es una ilusión, ya que nuestra consciencia va haciendo barridos de forma discreta cada pocos milisegundos, nuestro yo desaparece a cada momento ¡Morimos contínuamente! Entonces, lo que le pase a mi yo del futuro no debería importarme mucho ya que será una persona diferente a mi yo del presente. Yo no creo demasiado en esa idea porque, en cualquier caso, si mi continuidad es una ilusión, en tanto que ilusión es muy real para mí. Pasa como con el libre albedrío. Aunque no sea cierto que elijamos libremente no podemos vivir de otra forma ¿Cómo se pueden tomar decisiones sin creer que se están tomando decisiones? De la misma manera, creo que mi yo de hace diez minutos era yo aunque no lo fuera, y mi yo del presente se preocupa un poco (quizá menos de lo que debería) de mi yo del futuro. De todas maneras, cuando uno está demasiado agobiado por las infinitas obligaciones de la vida adulta, siempre es saludable posponer ciertas preocupaciones y dejárselas a nuestro Homer del futuro.

Lo indisponible. Concepto central en la filosofía de Harmut Rosa, se utiliza para hacer una crítica a los ideales de la modernidad, obstinados en el dominio y el control de todo. La tecno-ciencia intenta que todo esté disponible, que tengamos todo cuando nos apetezca de forma instantánea, pero eso hace que, precisamente, lo que no está disponible cobre cada vez más valor. Y es que la verdadera experiencia vital, lo que hace que todo merezca la pena o tenga sentido, no es algo que esté siempre disponible. Este concepto me recuerda siempre a la lluvia. No sé si por ser oriundo del secarral manchego o por vivir ahora en Granada, adoro que llueva. Me encanta ver llover, pero eso ocurre rara e imprevisiblemente, y eso le da mucho más valor ¿Qué pasaría si viviéramos en el mundo en el que tuviéramos todo en cualquier momento, sueño tecnológico donde los hubiere? Solución en el concepto de animal enfermo unos párrafos más abajo.

Fotografía Ernesto Bazán

Sub aespecie aeternitatis. Bello latinismo popularizado por Spinoza, significa «Desde la perspectiva de la eternidad». Viene a referirse a cuando sostenemos una tesis que consideramos universalmente verdadera (eterna), sin tener en cuenta cualquier elemento contextual o temporal. Es un buen mecanismo de alarma: ¿Lo que estoy diciendo tiene una validez universal o es fruto de mi tiempo/circunstancias/biografía? Seguramente, estaremos más en lo segundo que en lo primero.

La apuesta de PascalReza así: si no sabemos si Dios existe o no, es mejor vivir como si Dios existiera ya que, si es así, gozaremos de la vida eterna en el paraíso, mientras que si vivimos como si no, y al final nos equivocamos, arderemos en el infierno. Buena intuición pero mal argumento. La objeción más fuerte viene desde la perspectiva ética: vivir como si Dios existiera consiste en plegarse a los mandatos que éste nos exige: ser bueno con el prójimo.  Pero, verdaderamente, no es ser bueno hacer el bien solo porque crees que con ello ganarás la vida eterna, sino que ser bueno es hacer el bien a sabiendas que no te va a ocasionar beneficio alguno (Kant dixit). Por tanto, seguir la apuesta de Pascal te llevaría derechito al infierno.

El animal enfermo (das kranke Tier) para Nietzsche. Cuando era joven, en mis últimos años de instituto y durante la carrera, Nietzsche fue un absoluto héroe intelectual para mí. Ahora, no sé si afortunada o desgraciadamente, me encuentro muy lejos, pero eso no quita que todavía conserve, o que se me hayan quedado grabadas tan adentro que ya no se olvidan, influencias suyas. Un concepto que me gustó mucho en aquellos tiempos es su definición del ser humano como animal enfermo. Nietzsche habla de que nos definimos en tanto que animales disfuncionales, defectuosos, incompletos, absurdos. Una tortuga tiene toda su existencia definida, plena de funcionalidad y sentido: una tortuga solo tiene que hacer lo que su naturaleza le dicta, una tortuga es tortuga durante toda su existencia. Sin embargo, el hombre tiene que hacer algo, tiene que elegir darse un tipo de vida concreta, su naturaleza es indeterminada, incompleta, siempre inacabada. Por eso tiene que crear una segunda naturaleza. Para intentar paliar esa carencia de animalidad, se pasa toda su vida luchando contra esta falta de sentido. Y lo más interesante es que esta lucha es interminable, totalmente irresoluble. Estoy seguro que si cumpliera todas mis metas y sueños, me inventaría rápidamente otros, aparte de un buen número de torturas y tormentos variados para mí mismo. En política es igual: estoy completamente seguro que si tuviésemos un sistema político maravilloso, lleno de políticos honorables que se desvelaran por el bien común, todavía existiría muchísima gente quejándose, encontrando mil y un faltas a los ejemplares gobernantes, conspirando continuamente contra ellos. Y es que así somos: siempre quejándonos, nunca conformes, siempre buscando algo no se sabe dónde, siempre sedientos de no se sabe qué bebida. Somos animales enfermos.

Fotografía Ernesto Bazán

Deepety. Término usado por el recientemente fallecido Daniel Dennett (aunque, según parece acuñado por la hija de Joseph Weizenbaum, Miriam Weizenbaum), es un forma de parodiar la falsa profundidad con la que se nos presentan ciertos textos literarios o filosóficos. Una deepety es (os traduzco literalmente del texto de Dennett en Bombas de intuición y otras herramientas de pensamiento): » …una proposición que parece importante y verdadera (y profunda), pero que logra este efecto siendo ambigua. Según una lectura es manifiestamente falsa, pero sería estremecedor si fuera cierta; según la otra lectura, es cierta pero trivial. El oyente desprevenido capta el destello de verdad de la segunda lectura y la devastadora importancia de la primera y piensa: ¡Guau! Eso es muy profundo». Aplicando esta fórmula, te quitas de una tajada un 90% de las chorradas y majaderías que pueblan toda la historia de la literatura y la filosofía occidentales. Es una navaja de Ockham contra el flipamiento en el que parece vivir mucha gente del mundillo intelectualoide. Dennett pone el ejemplo de la frase «El amor es solo una palabra», pero puede aplicarse a tantas y tantas sentencias célebres… ¡Y a sistemas filosóficos completos!

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3 Comentarios

  1. Sí, obviamente esa inquietud e inconformismo tiene su parte buena en la creatividad, en el arrojo del explorador o la tenacidad del navegante en tierras ignotas, pero me gusta dejar claro ese aspecto negativo, esa extraña lucha contra una nada inexistente, ese infantil mito de Sísifo.

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