El síndrome de Kummerspeck (Kummerspeck-Syndrom)

Pintura de Fernando Botero

Días de trauma y duelo

Días de duelos y quebrantos, de repostería devota y garbanceo piadoso, que, como han coincidido con cuaresma, en caso de exceso será pecado venial contra el ayuno y la abstinencia.

Días de miedo y llanto, de picoteo nervioso y cocinismo contra el tedio. De suplantación de ritos religiosos por liturgias gentiles. De procesiones desde el sofá a la despensa y de la tele al frigorífico. Días de chucherías y bostezos a la hora del vermut.

Días de ansiedades y tristezas, de insomnio y desazón. Los expertos dicen que la ansiedad y el desasosiego adelgazan. ¿Acaso los obesos podrán adelgazar unos kilitos? Que el insomnio y la tristeza engordan. ¿Acaso los flacos podrán lucir carrillos?

Pintura de Fernando Botero

La tristeza, el insomnio, la anorexia y el adelgazamiento son síntomas de depresión: Dr., pues yo estoy todo el día en una lágrima, duermo fatal y no como nada… pero lo que es adelgazar… es que usted no me cree, pero yo no como nada y no paro de engordar.

Una máxima de la dietética práctica, tanto de la que cada uno se ingenia para sí mismo, como la del último best seller de la alcachofa hiperproteica es: No como, luego engordo. Infalible

La ciencia, que nunca miente, asegura que la pena y la grasa son cuñadas íntimas. Abanderadas del beicon y el speck, hermanastras de los michelines y los flab, camaradas de las lorzas y los frunces: Si tú mucha ciencia, pero no me entiendes, no ves qué frunces tengo… me voy a poner a dieta.

El síndrome de Kummerspeck

Diagnóstico y tratamiento

El alemán, que es un idioma serio, inclinado a la fenomenología y resistente a lo light, aunque no ajeno al lirismo, lo ha clavado en una palabra sustantiva y bien trabada: Kummerspeck.

Viene de Kummer (pena, culpa, grief, sorrow, chagrín, Trauer… aflicción), más‎ speck (tocino, tocineta, beicon, grasa, manteca, sebo…). Por resumir: los michelines de la tristeza, ese peso en lorzas que ganas cuando estás afligida y sientes ansias, y visitas con nocturnidad la nevera y atracas con alevosía la caja de galletas.

La expresión alemana Kummerspeck significa literalmente la pena del tocino, pero el tocino no tiene pena ni gloria, ni, como es sabido, el pan engorda, engorda quien se lo come. Pero, como a todo lo que viene de idiomas extranjeros conviene darlo una vuelta, diremos mejor el beicon de la tristeza, por respetar las academias.

Pintura de Fernando Botero

Se refiere al peso que se gana cuando se come impulsivamente, por picoteo o atracón, debido a razones emocionales o temperamentales. Cuando la depre te la quitas con dulces, golosinas, bombones, bollos, dónuts, rosquillas… o pan mismo, con o sin chocolate.

A otros les da por aliviar el aburrimiento con queso y aceitunas, chorizo y salchichón… o pan con aceite, que si es pan tumaca mejor.

Y qué me dice de la leche condensada… que la hay baja en calorías, e incluso sin azúcar, para las ansiedades diabéticas. Por no hablar de la nutella y la nocilla, o sus variantes rusas o americanas, más sabrosas, o las hispanas, más sanas por no llevar aceite de palma, pero, eso sí, todas muy adictivas.

Qué desgracia, tener que recurrir a esas drogas tan amargas para aliviar ansias y tristezas, culpas y penas.

Pintura de Fernando Botero

Qué fracaso, tener que luchar contra tu propio espejo – de puro sincero, malvado – encerrada entre las cuatro paredes del cloistering, sin gimnasio para machacarte a spinning, ni patio para gritar de rabia.

Qué desconsuelo, pecar carnalmente con bombones y pagar las penitencias con galletas, que no es por no ayunar, es que son de tipo light, e integrales, para alivio de barriga.

Claro que siempre podrás alegar que padeces un trastorno que te ha diagnosticado el psiquiatra: el Síndrome de kummerspeck (o Kummerspechk-Syndrom en alemán, que parece más serio). Pero que, por muy alemán que sea, de momento no tiene pastilla ni terapia que lo cure.
Como no sea que el mundo se vuelva del revés, y pase el miedo y afloje la aprensión, y la pena ascienda liviana hasta las nubes y se vaya con ellas.
Un nuevo mundo en el que la penitencia la sufra el tocino malo – no el ibérico – arrumbado en un rincón de la alacena y no almacenado en nuestras barrigas.

Un mundo más sano y alegre, en el que no necesitemos pecar de picoteo para aliviarnos las penas.

Un mundo sin kummerspeck, más bajo en calorías y más alto en calidez.

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1 Comment

  • AUTOCRÍTICA
    Aunque el kummerspeck se cruzó por primera vez conmigo en 2013, cuando en mi libro “El síndrome del espejo” (Ed. Debate), analice el concepto evolutivo de metabolismo ahorrador, más característico de las hembras como forma de almacenar recursos energéticos en el propio cuerpo, en épocas de hambruna o crianza, ha sido la lectura del apasionante “Loba Negra” de J. Gómez-Jurado el que me lo ha reactivado.
    Ver también: EvoS Journal: The Journal of the Studies Consortium, 2019, Vol 8(1), pp. 80-86.

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