Almas que sufren

Anthony Hopkins como Hannibal Lecter

Kent Kiehl, actualmente profesor de Psicología en la Universidad de Nuevo Méjico, es un hombre que ha dedicado su carrera a mirar dentro del cerebro de los psicópatas. En su libro The Psychopath Whisperer nos cuenta su trayectoria profesional y el resultado de sus investigaciones después de años pasados en las cárceles de alta seguridad entrevistándolos y escaneando sus cerebros. Voy a resumir en esta entrada algunas de las cosas que podemos aprender sobre los psicópatas, según la experiencia de Kiehl.

“Almas que sufren” es la traducción literal de psicópata, una palabra que acuñó el psiquiatra alemán J.L.A. Koch (1841-1908), psychopastiche, en 1888. Quizás la primera descripción de rasgos psicopáticos se encuentra en la Biblia, en el libro del Deuteronomio (700 a.C.), pero es un discípulo de Aristóteles, Teofrasto, unos 300 años después, el primer erudito en escribir sobre los psicópatas. Al psicópata típico lo llamaba el “hombre sin escrúpulos”. Existen psicópatas en sociedades preindustriales lo que sugiere que no son fruto de las sociedades avanzadas y que su existencia es tan antigua como la de la especie humana. Los Yoruba de Nigeria los llaman araba-kan que quiere decir: “una persona que va a los suyo sin ninguna consideración por los demás, que no es cooperadora, llena de malicia y obstinación”. La prevalencia es de 1 psicópata cada 150 personas y la mayoría son hombres, 9 de cada 10. Por lo tanto, hay unos 29 millones de psicópatas en el mundo.

Entre los rasgos clínicos, si tuviéramos que escoger sólo una característica que los defina, lo más significativo sería probablemente su incapacidad para hacer vínculos, el desapego emocional. Los psicópatas son solitarios, no mantienen relaciones con sus familias, no tienen amigos, no saben nada de sus hijos – muchas veces ni cuántos tienen ni como se llaman- y no saben lo que es el amor. Cuando Kiehl preguntó a uno de ellos si había estado enamorado le contó cómo una vez  había estado con tres prostitutas durante una semana… Son muy promiscuos y suelen equiparar amor con sexo. Habitualmente no aguantan en ningún trabajo y llevan una existencia nómada viajando de un lugar para otro. Jonathan Haidt dice que en el hombre hay dos naturalezas, lo que el llama el modo chimpancé (egoísta, individualista…) y el modo abeja (grupal cooperador). Es como si en el psicópata no existiera el modo abeja, todo el sistema de conexiones que nos unen a los demás. No tienen empatía y no tienen tampoco las inhibiciones que son necesarias para vivir en sociedad.

Otra característica llamativa de los psicópatas es que no se preocupan prácticamente por nada, no saben lo que es rumiar, darle vueltas a las cosas y no saben lo que es la ansiedad. No se deprimen nunca. Por ejemplo, entrar en la cárcel para la mayoría de la gente es una experiencia traumática y suele deprimirlos. A los psicópatas esto no les afecta. Kiehl dice que no ha visto nunca un psicópata con Trastorno Obsesivo Compulsivo y que no cree que haya existido nunca. Para él, el psicópata y el obsesivo son dos polos de la misma dimensión, dos extremos totalmente opuestos. Si le preguntas a un psicópata si se ha preocupado alguna vez de dejar la estufa de casa encendida te mirará como un marciano sin entender de qué le hablas. De estas dos primeras descripciones que acabo de hacer sobre la personalidad de los psicópatas se deduce lo mucho que podemos aprender de ellos. Aprendiendo sobre el cerebro de los psicópatas podemos aprender sobre todos los mecanismos que nos hace sociales, y también sobre la relación que puede haber entre ese cerebro social y enfermedades como la Depresión y el Trastorno Obsesivo. Históricamente se ha destacado su ausencia de moralidad y los autores clásicos se referían a ellos como enfermos morales (moral insanity).

Una cosa que ha chocado siempre a los psiquiatras es que los psicópatas, siendo inteligentes, no puedan usar esa inteligencia para controlar sus conductas. La lógica dice que los psicópatas deberían aprender de lo mal que les va en la vida (divorcios, cárcel, bancarrota, conflictos con todo el mundo…) y no repetir sus malas decisiones. Pero la realidad es que los psicópatas rara vez cambian su patrón de conducta.

Kiehl comenzó sus investigaciones con su tesis doctoral realizando electroencefalogramas (E.E.G) a los psicópatas en una cárcel de máxima seguridad en Canadá y entrevistándoles durante varias horas para puntuarles en la escala Psychopathy Checklist-Revised, diseñada por Robert Hare, el padre del estudio moderno de los psicópatas. Kiehl descubrió una alteración en el potencial P3 que podéis ver en la Fig. 1 , el mismo patrón que se observa cuando hay lesiones en el lóbulo temporal (Fig.2). Posteriormente, Kiehl pasó a emplear la Resonancia Magnética Funcional (RMf) y publicó el primer estudio de RMf en psicópatas donde apreciaba una menor actividad en la amigdala y en la corteza cingulada anterior y posterior.

Figura 1

Science no se atrevió a publicar este estudio porque eran pocos pacientes y porque la repercusión social de decir que los psicóaptas tenían un cerebro diferente sería enorme, así que lo tuvo que publicar en Biological Psychiatry, pero esto no hizo más que aumentar la obsesión de Kiehl por escanear cada vez más psicópatas. A partir de ahí, Kiehl nos cuenta su exitosa carrera que le ha llevado a la Universidad de Nuevo Méjico porque allí le ofrecieron una máquina de RMf portátil, instalada en un trailer. Trasladar a los reclusos desde las cárceles a los hospitales para realizar la RMf era una maniobra que suponía una infraestructura logística muy complicada por las medidas de seguridad y el papeleo necesario. Por eso, el sueño de Kiehl siempre fue disponer de una RMf portátil para acercarse él a las cárceles y realizar las exploraciones. Cuando en Nuevo Méjico le ofrecieron esa oportunidad no dudó en cogerla.

Armado con esta tecnología Kiehl ha desarrollado el que llama Modelo de Disfunción Paralímbica de la Psicopatía. Casos como el de Phineas Gage y el de otros sujetos con lesiones cerebrales habían permitido conocer que lesiones en la región paralímbica (amígdala, hipocampo, corteza cingulada anterior y posterior, ínsula, polo temporal y corteza órbito-frontal) daban lugar a una psicopatía adquirida o pseudopsicopatía. Las lesiones en el córtex orbitofrontal no son tan raras porque golpes en la región anterior del cráneo, en la frente (frecuentes en boxeo, rugby, etc.) pueden lesionarla al encontrarse justo detrás. Gage, por ejemplo, no tenía todos los rasgos de la psicopatía pero sí algunos.

Figura 2

Siguiendo estas pistas, Kiehl se centró en esta región paralímbica y ha conseguido confirmar su hipótesis: los psicópatas sufren una reducción de materia gris en el córtex orbitofrontal, amígdala, hipocampo, ínsula, polo temporal y en la corteza cinglada anterior y posterior. Pero estos datos recogidos en una muestra muy amplia indican correlación, no causalidad. Por ello, Kiehl ha estudiado también a adolescentes psicópatas (teenagers) y ha encontrado la misma atrofia, lo cual sugiere que la anomalía es previa y que la atrofia es la causa de la conducta y no la conducta la causa de la atrofia. Actualmente, Kiehl está estudiando el cerebro de las mujeres psicópatas.

Lo que se echa en falta en el libro es una discusión en profundidad de las implicaciones legales y sociales que estos descubrimientos tienen. Kiehl los apunta y da a entender que considera que los psicópatas son enfermos y no son responsables de su conducta, como considera el sistema legal, pero no entra en profundidad en el asunto. En cuanto al tratamiento quiere transmitir un punto de optimismo y nos habla de un proyecto, el Mendota Juvenile Treatment Center, que ha conseguido muy buenos resultados, y sostenidos en del tiempo, cuando se trabaja con psicópatas jóvenes. Según las evaluaciones que se han realizado, el programa reduce en un 50% el riesgo de que los psicópatas cometan nuevos delitos. 

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Para seguir disfrutando de Pablo Malo Ocejo
No somos tan credulos como se piensa
Voy a comentar un par de artículos que coinciden en plantear algo...
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1 Comentarios

  1. says: Ramón González Correales

    Una cuestión muy interesante esta de los psicópatas que causan a la vez miedo y fascinación y cuyos rasgos, desde el punto de vista evolutivo, quizá sigan persistiendo porque son útiles en ciertas circunstancias para el grupo: en las situaciones de riesgo donde se precisa gente que no tenga miedo en situaciones límite o en profesiones donde haya que tener dureza y frialdad para tomar decisiones sin tener en cuenta las emociones.

    Hace años descubrí un libro (“La sabiduría de los psicópatas” de Kevin Dutton) a través de un artículo en “Neurociencia Neurocultura” de Paco Traver (https://pacotraver.wordpress.com/2016/09/26/el-espectro-psicopatico/) donde se describen muy bien las dimensiones del espectro psicopático y sobre todo el que suelen situarse en un espectro que en el límite puede dar asesinos implacables pero en otros puntos del continuun gente bien adaptada en profesiones donde sus rasgos tienen evidentes ventajas. El libro además se lee con expectación con un comienzo como éste:

    “Mi padre era un psicópata. Parece un poco raro decir esto ahora, mirando las cosas en retrospectiva. Pero lo era. Sin duda. Era encantador, intrépido, despiadado (pero nunca violento). Y en lo que respecta a la conciencia, estaba tan bien provisto como la nevera portátil del carnicero de Milwaukee. No mató nunca a nadie, pero te dejaba muerto con su cháchara.

    Es estupendo que los genes no lo sean todo, ¿verdad?

    Mi padre también tenía una habilidad sobrenatural para conseguir exactamente lo que quería. ”

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