Parabola de los talentos

Fotografía august Sander

En el artículo de hace unos años de Jose Antonio Marina ¿Podemos ser todos Mozart? se hacen varios tipos de afirmaciones sobre el viejo dilema de si el genio nace o se hace, unas muy razonables: “sería insensato afirmar que todo el mundo puede ser Einstein, pero también sería insensato negar que todo el mundo puede mejorar su habilidad” junto con otras más problemáticas: ”cuando un músico ha demostrado la calidad suficiente para ingresar en una buena academia, lo que distingue al virtuoso de un mediocre se debe al trabajo”, “la genialidad es la capacidad de esforzarse”, y otras afirmaciones difíciles de interpretar: “no podemos decir que una persona nace con una cantidad de inteligencia cuantificable. Es como si dijéramos que una semilla contiene ya el tamaño final del árbol”.

Se trata del eterno debate innato contra adquirido (nature vs. culture) en el que Marina se alinea con Anders Ericsson un autor que lleva veinte años defendiendo que la “práctica deliberada” es lo que hace al genio. Marina cita un estudio de Ericsson donde se divide a los alumnos de violín en tres grupos (destacados, buenos y mediocres) y se observa que los destacados habían practicado 10.000 horas, los buenos 8.000 y los mediocres 4.000. De hecho, los estudios de Ericsson son la inspiración de lo que Gladwell llamó la regla de las 10.000 horas, según la cual hacen falta 10.000 horas para ser un experto en una materia.

Fotografía August Sander

Marina y Ericsson pueden decir lo que quieran pero es que los datos no están con ellos. Como aparece en el enlace anterior, hay un metaanálisis de Macnamara y cols. del año 2014 que concluye lo siguiente: “La práctica deliberada explica el 26%  de la variación en el rendimiento en juegos, el 21% en música, el 18% en los deportes, el 4% en educación y menos del 1% en las profesiones.” Otro estudio anterior de Humbrick y cols. encuentra que la práctica explica aproximadamente un tercio de la variación de ejecución en la música y en ajedrez.

El resto de factores que explican la variación no se conoce pero Macnamara y cols, proponen la edad a la que se inicia la actividad, el talento individual, la memoria de trabajo (working memory) y la inteligencia, a la que Marina se refiere en esa frase oscura que he comentado antes en la que no sé si Marina pone en duda la heredabilidad de la inteligencia o es que soy un mal pensado.

Que haya una correlación entre talento y horas de trabajo no quiere decir que la relación sea causal, es decir, que las horas de práctica sean la causa del talento, es altamente probable que la flecha de causalidad vaya en la otra dirección y que la gente con talento en una disciplina esté más motivada para meter más horas (la confusión de causa con consecuencia creo que es el error humano más frecuente). Esta crítica ya se la han hecho a Ericsson autores como Sternberg que dice que dejamos de hacer algo cuando no lo hacemos bien y no nos sentimos recompensados por ello.

Para ilustrar con un ejemplo concreto esta posibilidad voy a traducir una parte de una entrada del blog de  Scott Alexander (psiquiatra) la Parábola de los Talentos, donde cuenta su propio caso y el de su hermano. Va a ser largo pero creo que no tiene desperdicio y que está contado con gran humor e inteligencia:

Fotografía August Sanders

“Cuando yo tenía 6 años y mi hermano 4, mi madre decidió que como Madre Judía Supereficaz estaba contractualmente obligada a hacer que aprendiéramos piano. Me enroló en un curso introductorio de piano de Yamaha y a mi hermano menor en una clase “donde monos niños pequeños golpean teclados”. Un poco después me di cuenta de que mi hermano estaba conmigo en la clase de piano. Y un poco más tarde percibí que mi hermano era ya el mejor estudiante de mi curso introductorio de piano, aunque acababa de empezar y era dos o tres años más joven que todos los que estábamos allí. Un poco después Yamaha USA le llevó a Japón para presumir delante de los jefes de la empresa. Bueno, una cosa llevó a la otra y si ahora tecleas el nombre de mi hermano en Google encuentras artículos como estos:

La evidencia de que Jeremy Alexander se encuentra entre los mejores pianistas de jazz de su generación se está convirtiendo en abrumadora: con 16 años, Alexander es el ganador del Nottingham International Jazz Piano Competition y segundo finalista del Montreux Jazz Festival Solo Piano Competition, dos veces finalista del American Pianist Association´s Cole Porte Fellowship, y dos veces veces segundo finalista de la Phillips Jazz Competition. Alexander, que ha sido recientemente nombrado profesor de piano de la Western Minichigan University´s School of Music hizo su debut con todas las localidades vendidas en el Carnegie Hall en 2012 interpretando los Etudes de Debussy en la primaria mitad del concierto e improvisaciones de jazz en la segunda.

De vez en cuando me pregunto si en algún interior de mi interior existe el potencial para estar “entre los mejores músicos de mi generación”. Intento recordar si mi hermano practicaba más duro que yo. Mis recuerdos son borrosos pero no creo que él practicara mucho más duro que yo hasta después de que su carrera de niño prodigio hubiera despegado. El ciclo parecía ser que cada vez que practicaba las cosas surgían fluidamente para él y producía bella música y todo el mundo se asombraba. Y esto tiene que haber hecho que se sintiera bien y que le incentivara a practicar más, lo que le hace incluso mejor, por lo que bella música surgía más fluidamente , las alabanzas eran más efusivas hasta que acabó escogiendo una carrera en la música y se convirtió en un prodigio. Por contra, cuando yo practicaba siempre sonaba como gatos heridos y yo recibía alabanzas muy cautas como: “buen trabajo, Scott, ha sonado como que el gato estaba menos herido de lo habitual”, lo cual me frustraba y yo quería practicar menos, lo que me hacía cada vez peor, hasta que lo dejé asqueado.

Fotografía August Sanders

Por el contrario, conozco gente que quería ser buena escribiendo y tomaron la grandísima resolución de escribir doscientas palabras al día todos los días pero al cabo de una semana lo encontraron muy aburrido y lo dejaron. Esta gente cree que soy asombroso y entonces se preguntan  por qué no lo son ellos. Yo he escrito entre unos cientos y unos miles de palabras al día durante los diez últimos años.

Pero, como he dicho antes, esto me ha costado exactamente cero fuerza de voluntad. Es más que no puedo parar de hacerlo aunque quisiera. Parte de ello es probablemente que cuando escribo, me siento bien acerca de haber expresado exactamente lo que quería decir. Mucha gente lo lee, comentan, me alaban, me siento bien y me anima a seguir escribiendo, y es exactamente el mismo círculo virtuoso que mi hermano obtenía de la práctica del piano.

Y pienso que sería demasiado fácil decir  algo como: “No hay ningún componente innato en absoluto. Tu hermano practicó piano duramente pero casi nunca escribe. Tú escribes todo el rato pero dejaste de practicar el piano. Por lo tanto, ¿qué esperas? Ambos obtuvisteis lo que merecíais”. Yo traté de practicar piano tan duro como él. Realmente lo intenté. Pero cada momento era una lucha. La podía mantener por un tiempo y entonces nos íbamos de vacaciones y no había un piano disponible y yo sentía un alivio de tener una excusa y mi hermano buscaba un piano donde poder practicar. Mientras tanto, estoy escribiendo esta entrada en descansos entre carreras por los pasillos del hospital respondiendo a emergencias psiquiátricas y probablemente habrá alguien muy sorprendido por ello, alguien que diga “¡pero si tienes una excusa para dejar tu práctica de escribir!”

Fotografía August Sander

No sé pero no me veo a mí mismo como trabajando duro en ninguna de las cosas en las que soy bueno, en el sentido de “ejercer una gran fuerza de voluntad para forzarme a mí mismo con gritos y patadas a hacerlo”. Es posible que haga un trabajo duro y que un observador externo me acuse de no mencionar lo duro que trabajo, pero no es un olvido consciente y yo me siento así por dentro.

Ramanujan trabajó muy duro en matemáticas. Pero no creo que lo viera como trabajo. Obtuvo una beca para una universidad local pero abandonó inmediatamente porque no podía conseguir estudiar ninguna otra cosa que no fuera matemáticas. Entonces consiguió ser aceptado en otra universidad y también abandonó porque le hacían estudiar cosas que no eran matemáticas y suspendió una clase de fisiología. Casi se muere de hambre porque no tenía dinero  ni beca. A mí esto no me suena a una persona que es realmente muy trabajadora; Si hubiera tenido la capacidad de estudiar otros temas lo habría hecho, aunque no fuera por otra razón que esto le habría permitido seguir en la universidad y estudiar matemáticas. Me parece que en cierto sentido Ramanujan era incapaz de poner un gran esfuerzo en temas que no fueran las matemáticas. 

Yo quería aprender matemáticas y fracasé pero me gradué con honores de la escuela de medicina. Ramanujan quería aprender fisiología pero fracasó pero se convirtió en uno de los grandes matemáticos de la historia. ¿quién de nosotros trabajó duro?(…)

Fotografía August Sanders

(…) Creo que hay algo aquí donde la solución de que yo sea malo en matemáticas y piano no es “suda sangre y empuja frente a la aversión de tu cerebro a estas materias hasta que lo consigas”. Cuando leo biografías de Ramanujan y otros famosos matemáticas no tengo la sensación de que ellos tuvieron que hacer eso con las matemáticas. Cuando hablo con mi hermano, no tengo la sensación de que él tuviera que hacer eso con el piano. Y si soy lo bastante bueno escribiendo como por estar cualificado de opinar sobre ser bueno o malo en las cosas, entonces no creo que yo mismo haya pasado por ese proceso.

Esto es parte de un trato conmigo mismo. Intento hacer lo mejor en las cosas pero si hay algo que odio, algo que se me hace cuesta arriba cada paso, entonces está bien admitir la mediocridad. No me fustigaré a mi mismo por no forzarme a patadas y gritando a practicar el piano. Y a cambio no me pondré muy engreído de practicar la escritura un montón. Es sólo una cuestión de suerte”.

Referencia:
Brooke Macnamara, D Hambrick y FL Oswald. Deliberate practice and performance in music, games, sport, education and professions: a meta-analysis

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3 Comentarios

  • Absolutamente de acuerdo. Yo autoapredí programación con mas de 30 años por hobby quedándome en la oficina, con el PC una vez que acababa mi trabajo, Terminé de Jefe de equipo de programación en una Consultoría.

    Tengo aptitudes para programar y analizar flujos de información, pero no lo habróa descubierto si no me ponen un PC en mis manos, Igual que ese chiquillo, que le pusieron un piano, ¿Qué hubiera pasado si su madre lo manda a aprender programación?. Quizá nunca hubiera decubierto la música y puede que no llegara a programador- Hay aptitudes y hay contexto, pero ademas ambas tiene que coincidir.

  • A saber de dónde saca Mr. MacNamara sus tan precisos porcentajes. ¿Los ha hallado gracias a una disposición innata hacia los porcentajes o debido a un gran esfuerzo en el estudio de porcentajes? ¿Ha conseguido por ello hacer una gran contribución a la humanidad o únicamente un hallazgo mediocre, provisorio? Eso que llamamos, muy románticamente, el “genio” -los antiguos no decían genio, sino “dios”: Alejandro Magno era un dios, hasta que se murió- no parece ser más que un cúmulo excepcional de circunstancias, al igual que las que se dieron en la Tierra para generar vida. Sería absurdo decir que nuestro planeta hizo un gran esfuerzo para destacar tan extraordinariamente del resto del sistema solar -ni los teóricos de Gaya llegarían tan lejos-, y no sé si ocupar la distancia que ocupa respecto del sol se puede denominar una cualidad innata suya. Lo que sí sé es que el debate que planteas no nos puede llevar a nada bueno. Si creemos en el innatismo, seremos eugenésicos, como Esparta o EEUU a inicios del s. XX, y si creemos en lo adquirido, seremos domesticadores de hombres, creeremos en eso de Nietzsche y Sloterdijk de que el ser humano es un animal de doma. Ambas opciones tienen en común, como es natural (ya que las dos tiene como fin mejorar a la especie sin consultar al individuo), que fueron queridas y practicadas a la vez por el Tercer Reich. Así que mi sincera opinión es que lo dejemos correr y que no vayamos por la vida tratando de explotar talentos ajenos para nuestros propios fines…

  • Cualquier cosa puede verse desde muchas perspectivas y también tomarse de manera más o menos tremendista. También en el debate eterno naturaleza cultura, probablemente superado porque ya sabemos que ambas cosas están muy imbricadas, tienen relaciones muy complejas y son difíciles de medir, ocurre lo mismo. Creo que es evidente, porque lo hemos visto siempre ante nuestros ojos, que hay gente que nace más dotada de algunas cualidades tanto físicas como intelectuales. Una cosa es la noción abstracta de igualdad, dignidad humana y derecho de ciudadanía y otra no aceptar que nacemos con diferencias, a veces abismales, dependiendo de para que cosas, para ser boxeador de los pesos pesados, violinista, filósofo o poeta. Eso no supone más que un hecho que luego se puede concretar o no porque precisa más cosas, entre ellas un contexto en el que se pueda descubrir esa capacidad y un cierto equilibrio psicológico que permita tomar adecuadas decisiones vitales (relacionales) además de suerte. Yo creo que una posición interesante de contemplar el asunto es algo que ahora promueve mucho la Terapia de Aceptación y Compromiso. No hay que confundir valor con meta. Se trata de descubrir lo valores que nos mueven y de perseguirlos disfrutando del proceso, sin obsesionarnos por la meta. Eso es lo que lleva a un estado de flujo muy parecido a una sensación de felicidad que siempre será un “producto secundario”, algo que no puede perseguirse directamente porque en ese caso siempre se escapa. Así puede suceder que quien se mantenga en sus valores progrese mucho más de lo que esperaba y, sobre todo, disfrute de la actividad que prefiere y alguien muy dotado se bloquee y sea profundamente infeliz pensando que ha fracasado en la vida aunque haya conseguido el premio Nobel, porque se habrá dado entonces cuenta que la satisfacción de conseguir algo puede ser muy efímera y defraudadora. Así no está mal estudiar estas cuestiones, el problema es como quieran interpretarse o utilizarse.

    Ha sido curioso que con este artículo, que publiqué un poco por causalidad, haya descubierto el blog “slate star codex” y al que lo escribe Scott Alexander Siskind un psiquiatra que se ha convertido en una voz muy influyente en el mundo tecnológico de Silicon Valley y también entre gente que defiende el cuestionamiento de ideas en base al racionalismo y la evidencia científica. En junio un artículo en el New York Times lo sacó del anonimato que prefería y le hizo quitar el blog ante el acoso que sufrió por gente que no estaba de acuerdo con esos planteamientos y que incluyó amenazas de muerte. El 13 de Febrero de este año Cade Metz volvió a publicar este artículo en el NYT https://www.nytimes.com/2021/02/13/technology/slate-star-codex-rationalists.html
    a lo que Scott Alexander respondió ésto en lo que quedaba de su antiguo blog https://slatestarcodex.com/2020/06/22/nyt-is-threatening-my-safety-by-revealing-my-real-name-so-i-am-deleting-the-blog/. Por fin New Yorker también entró en el debate con un largo artículo https://www.newyorker.com/culture/annals-of-inquiry/slate-star-codex-and-silicon-valleys-war-against-the-media y un colega de Scott salió a defenderlo con sólidos argumentos en su blog que además está lleno de sesudos comentarios (https://www.scottaaronson.com/blog/?p=5310). A todo esto Scott Alexander está en una nueva plataforma donde rescata entradas de su blog antiguo que dan idea de la profundidad con que trataba los temas (https://astralcodexten.substack.com/about).

    Un paseo que me ha resultado fascinante a la vez que algo perturbador. Esperemos que esto no llegue a este país de forma tan virulenta y se puedan debatir ideas de forma tranquila y a la vez apasionada, diferenciando ese debate de la relación entre personas que siempre debe ser una cosa distinta a no ser que se vivan de forma fanática o religiosa. Las ideas son para debatirlas y en principio el respeto personal hacia el otro debe estar asegurado. Como en un buen bar que puede acoger a gentes muy distintas que goza de alguna manera de que esas diferencias pongan a prueba sus certezas y donde pueden surgir nuevos núcleos de interés y nuevas amistades. Eso que pretende ser Hypérbole desde el principio.

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