La Psicología Evolucionista del Conflicto y las funciones de la Falsedad

Fotografía Erwin Olaf

“Cuando se declara la guerra, la verdad es la primera víctima.”

-Arthur Ponsonby

Estamos viviendo una época donde las falsedades y las mentiras se extienden a mayor velocidad que las verdades. Creemos que es una característica de los nuevos tiempos pero en este artículo vamos a ver que la relación entre la mentira y el conflicto es muy antigua. El hecho de que los conflictos entre grupos hayan sido muy frecuentes en la historia evolutiva de nuestros ancestros ha construido motivaciones psicológicas en la mente humana para diseminar información que movilice al grupo interno (endogrupo) contra el grupo externo (exogrupo), facilite la coordinación de la atención y de los esfuerzos dentro del grupo y señale el compromiso con el grupo de los miembros de ese grupo

Según los autores -entre los que se incluye uno de los fundadores de la Psicología Evolucionista, John Tooby-, la psicología humana está diseñada para seleccionar y diseminar información que sea eficaz para conseguir estos objetivos, no información que sea verdadera. Es decir, los humanos, en caso de conflictos con otros grupos, están psicológicamente preparados para priorizar la falsedad sobre la verdad.

La visión tradicional sobre las creencias es que sólo estamos motivados para formar creencias verdaderas, creencias que se correspondan con el mundo exterior. Esto es verdad en parte. Es cierto que es adaptativo y eficaz tener creencias correctas acerca de dónde hay agua o dónde hay animales para cazar o dónde hay peligros de todo tipo. Pero la generación, adopción y propagación de creencia evolucionaron para servir otras funciones y parte de estas funciones se pueden cumplir creando, adoptando o diseminando información falsa. Como vamos a ver, la verdad de una creencia no es relevante para cumplir con estas otras funciones. 

Uno de los problemas principales a los que se enfrentaron nuestros ancestros fueron los conflictos con otros grupos y la existencia de estos conflictos ha seleccionado, según los autores,  unos mecanismo psicológicos que están diseñados para propagar falsas creencias. La circulación de falsedades y mentiras puede haber servido para que unos grupos derroten a otros.

Fotografía Erwin Olaf

Conflicto en animales no humanos

Cuando dos animales de la misma especie tienen un conflicto (por comida, territorio, parejas, etc.), suelen seguir una serie de pasos para valorar si tienen probabilidades de victoria y para no meterse en una batalla que pueden perder y sufrir las graves consecuencias derivadas de ello. En la mayoría de los casos, el mejor predictor de la capacidad de lucha es el tamaño y la fuerza física. De manera que la selección natural ha construido mecanismos en la mente de los animales para evaluar el tamaño y la fuerza del competidor. Por ejemplo, en el caso de los ciervos, una posible pelea suele comenzar con unos berridos a distancia ya que hay una correlación entre el tamaño físico y el volumen de los berridos. Después pasan al “paseo en paralelo” en el que pueden valorar quién es más grande y más fuerte. La idea es no pelear con alguien más fuerte.

Pero lo que ocurre en estas peleas es que emitir señales que exageran nuestra fuerza y tamaño tiene beneficios adaptativos y precisamente esto es lo que ha hecho la selección natural: construir mecanismos para engañar y para instilar falsas representaciones en la mente de nuestros adversarios. Si el oponente piensa que somos más grandes de lo que somos, se retirará de una pelea que en realidad podría haber ganado. Un mecanismo muy conocido es el de la piloerección. A muchos animales se les eriza el pelo cuando pelean para emitir la señal de que son más grandes físicamente de lo que realmente son. 

El punto esencial con el que quedarnos es que los animales manipulan las representaciones mentales de sus adversarios cuando hay conflicto. También es importante darse cuenta de que esto ocurre porque previamente existen unos sistemas de comunicación en los que hay emisores y receptores de señales. Como la manipulación de estas comunicaciones puede ser beneficiosa o adaptativa, la selección natural la ha implementado.

Fotografía Erwin Olaf

Los conflictos entre grupos humanos y la selección de instintos coalicionales

En la evolución humana (aunque no sólo en la humana) hay un salto que lo cambia todo, el momento en que se descubre que la asociación de varios individuos permite vencer a individuos que son más fuertes. Hay especies en las que sus miembros van por el mundo de forma aislada y los individuos más débiles no se dan cuenta de que si se unieran podrían derrotar a los mas fuertes. En chimpancés  y otros primates ya ocurren alianzas entre dos o más machos para desplazar al macho alfa o entre grupos de hembras. Y en humanos esta colaboración entre individuos que no son familiares alcanza un desarrollo mayor. En algún momento, se descubre que en la competición con los demás formar coaliciones es un arma ganadora que dos vencen a uno, que tres pueden vencer a dos, etc. Los instintos coalicionales los hemos tratado aquí.

El resultado de este salto cualitativo es que si tú no tienes una coalición estás desnudo y a merced de cualquiera que la tenga. Pertenecer a una coalición se convirtió en algo tan imperativo como la comida o el aire que respiramos. Y esto cambió nuestra psicología. El instinto de pertenecer a una coalición tuvo una urgencia psicológica que lo colocó por encima de otras necesidades, como la de la verdad de nuestras creencias. El contenido de las creencias de un grupo es a menudo menos importante que el hecho de que todos los miembros del grupo tengan las mismas creencias ya que de esta manera las creencias producen un grupo unido y con unas obligaciones mutuas.

Además, los conflictos humanos casi nunca son individuales. Aunque empiecen como conflictos individuales, los observadores, los amigos, los familiares, etc., acaban implicados. Y en las sociedades modernas los conflictos entre grupos ocurren no sólo entre individuos sino que implican a amigos, vecinos, pueblos, etnias, grupos políticos y a naciones enteras. 

Fotografía Erwin Olaf

En los conflictos entre grupos es esencial la cohesión y una buena coordinación de las acciones y de los esfuerzos entre todos los miembros del grupo. A igualdad de condiciones, el grupo que resuelva mejor estos problemas de coordinación de la acción y de la cooperación será el grupo vencedor. Y esto da lugar a una característica esencial de los conflictos entre grupos humanos que no se da en otras acciones colectivas como pueda ser por ejemplo la caza. La acción colectiva de cazar supone superar un umbral de coordinación que es absoluto. Lo que hay que hacer para cazar un mamut o un ciervo es más o menos siempre lo mismo. Es verdad que el animal puede ser más o menos grande y las circunstancias del entorno pueden ser diferentes, pero el nivel de ejecución y eficacia al que debe llegar el grupo es conocido de antemano. En los conflictos con otros grupos humanos la diana es móvil, por así decirlo, el umbral de eficacia y de coordinación que debemos superar es relativo a la capacidad del grupo rival.

Esto supone que los conflictos entre humanos han sido una presión evolutiva más fuerte que otras acciones colectivas para desarrollar habilidades de coordinación y de valoración de las capacidades y recursos de nuestro propio grupo y de las capacidades, coordinación y fuerza de los grupos rivales. Según este razonamiento, lo mismo que los animales desarrollaron estrategias para hacer creer al adversario que son más grandes y fuertes de lo que realmente son, los grupos humanos han desarrollado también estrategias para señalar a los grupos rivales que son más numerosos, más fuertes y que están más unidos de lo que realmente están. Todo esto se observa en acciones como gritos de batalla, danzas de pueblos primitivos, desfiles militares en naciones más modernas y todo tipo de exhibiciones que puedan intimidar al rival.

En este contexto es donde podemos apreciar que las mentiras y falsedades pueden ser procesos esenciales en los conflictos porque pueden mejorar la coordinación del endogrupo y engañar al exogrupo. Los autores señalan en concreto tres funciones que pueden cumplir:

1- Compartir información falsa puede resolver problemas de coordinación

2- Manifestar o estar de acuerdo con creencias falsas puede señalar de una forma efectiva el compromiso de un individuo con la causa del grupo

3- Los lideres pueden demostrar su capacidad, su potencial de ayudar al grupo, su dominancia, compartiendo información falsa. 

Vamos a ver cada uno de los puntos por separado

Fotografía Erwin Olaf

Las Falsedades como herramientas para la Coordinación

En su libro The Deadly Ethnic Riot, Horowitz hace una revisión de un gran número de estudios acerca de lo que ocurre durante y después de las matanzas étnicas a lo largo del tiempo y en todos los lugares del mundo. Una de las herramientas que se observa es la circulación de rumores: las informaciones no verificadas -y no verificables- juegan un papel central en las masacres étnicas. Y prevalecen sobre las verdades porque los rumores ayudan a coordinar y organizar y a motivar para la acción que ya está en curso o que se va a poner en marcha en breve.

Los contenidos de los rumores suelen ser que el enemigo desvaloriza a nuestro grupo, que el enemigo es muy poderoso y que el enemigo está a punto de atacar. Suelen circular rumores de terroríficas atrocidades cometidas por los miembros del exogrupo contra los miembros del endogrupo: matar niños, envenenar pozos de agua, violar mujeres, etc. Según Horowitz, cuanto más terroríficos son los rumores, más horribles son las masacres subsiguientes. Los rumores comunican un sentido de urgencia: “hay que hacer algo y hay que hacerlo ya”.

Otro elemento de estos rumores o falsedades es que suelen gravitar hacia información que no se puede confirmar (conspirativa) y que exagera la realidad. Hay sucesos que están ocurriendo en secreto (lo vemos ahora con las teorías con protagonistas como Bill Gates, Soros, etc.) en lugares ocultos, con intenciones ocultas y, por eso mismo, imposibles de confirmar. Como es inverificable se puede presentar a modo de apuesta: “No sé si es verdad pero…”, generándose la duda. Hay muchos estudios sobre el razonamiento motivado, el sesgo de confirmación y el “sesgo de mi lado” que señalan que, cuando una información coincide con nuestras creencias o nuestros intereses, desconectamos nuestra mente crítica y nuestros criterios de objetividad y la asumimos como cierta. 

En resumen, hay razones para creer que en el contexto de un conflicto entre grupos, la mente humana prioriza la información falsa sobre la verdadera.  Esta priorización no ocurre porque la mente humana esté valorando la veracidad de la información y eligiendo entre lo verdadero y lo falso. La prioridad es el potencial de movilización y la veracidad no es una dimensión relevante. En este contexto, la información falsa y extrema es con frecuencia más útil.

Fotografía Erwin Olaf

Las Mentiras como señal de Lealtad

“Cualquiera puede creer en la verdad. Creer en algo absurdo es una prueba infalible de lealtad”

-Mencius Molbug

La coordinación requiere un conocimiento común y una coordinación mental del grupo. Uno tiene que emitir las señales que revelan que “está en la pomada”, que sabe lo que se está cociendo, que compartes lo que los otros saben y la misma visión común. En este sentido, emitir información que yo puedo encontrar fuera de la coalición es una mala señal porque no indica que yo estoy con la coalición y formo parte de ella. Pero si emito las señales que circulan en el grupo (por muy extremas y falsas que sean) entonces sí estoy señalando a mis compañeros que estoy con ellos. Este mecanismo  de “exclusividad” explica que se puedan llegar a creer las cosas más peregrinas y locas.

Las mejores creencias para señalar el compromiso con el grupo son las creencias que el otro grupo condenaría. Por ello, un componente de esta psicología de las coaliciones es la motivación para adoptar precisamente las creencias contrarias a las del grupo rival. En ciencia políticas se ha demostrado repetidamente que cuando a los individuos se les informa que una creencia o posición es sostenida por el partido rival, ellos la condena y adoptan la contraria. Por contra, si les informan que algo lo ha dicho o lo mantiene un líder de su grupo, entonces lo aprueban y lo comparten aunque en realidad sea una creencia del grupo contrario. 

Los psicólogos están encontrando también que este mecanismo psicológico se acentúa cuando los individuos se sienten amenazados y tienen miedo. Las creencias se radicalizan y entran en una espiral descontrolada llegando a extremos trágicos, como hemos visto en algunas sectas o grupos religiosos, por ejemplo. Como la función de las creencias es señalar la pertenencia y compromiso al grupo, cuanto más necesidad de señalar el compromiso, más extremas y más costosas (en el sentido de entrar en conflicto con la realidad) se volverán las creencias y sólo los más devotos serán capaces de adoptar dichas creencias.

Fotografía Erwin Olaf

Las Falsedades como señal de Dominancia

Hacer declaraciones que contengan falsedades pueden no sólo señalar tu motivación para ayudar al grupo en un conflicto. También pueden señalar tus capacidades para llevar al grupo a la victoria. La psicología humana en tiempos de conflicto está diseñada para promocionar a líderes que tienen las características personales que les permiten solucionar los problemas eficazmente.

Una de estas características es la Dominancia (Ver diferencia Dominancia y Prestigio), la capacidad para inducir el cumplimiento de una acción por medio de la intimidación y la coerción. La investigación señala que la gente tiene una preferencia por líderes dominantes en tiempos de guerra y conflictos (lo que probablemente refleja la motivación para escalar la agresión contra el exogrupo). Y es importante en el contexto de esta entrada que mantener creencias extremas, o incluso falsas, puede por sí mismo señalar dominancia. 

La dominancia se manifiesta esencialmente desafiando a los demás. Como venimos diciendo, una función de las creencias es servir como insignias o señales de pertenencia al grupo por lo que una manera de desafiar a los demás es simplemente negar sus creencias. Cuanto más contradiga una afirmación las creencias del otro grupo, mejor servirá como señal de dominancia. Hay que ser fuerte para atreverse a desafiar al enemigo y las falsedades pueden, por tanto, ser una señal de que el que las manifiesta reúne las cualidades para guiar al grupo. Investigadores como Hahl  se han encontrado con la paradoja de que los políticos que mienten de manera más obvia son los que parecen más auténticos, porque se atreven a desafiar las normas.

Fotografía Erwin Olaf

Conclusiones

No hay duda de que tener un sistema perceptivo fiable que estime la “verdad” o realidad de las cosas es adaptativo: es eficaz estimar bien la distancia o velocidad de una bola o una presa, si queremos cogerla. Además, los humanos somos animales sociales y nuestros intereses pueden entrar en conflicto con los de nuestros semejantes y es beneficioso disponer de mecanismos psicológicos que eviten que seamos engañados.  No hay duda de esto.

Pero, a la vez, las situaciones de conflictos entre grupos con las que han tenido que convivir nuestros ancestros a lo largo de nuestra evolución como especie han dado lugar a mecanismos psicológicos que ponen la pertenencia a una coalición por encima de la verdad. Estos mecanismos hacen que crear, mantener y diseminar información falsa pueda ser más beneficioso que sostener creencias más acordes con la realidad. Esto no sería un fallo de la mente humana sino una característica de su diseño. Favorecer la rápida acción colectiva  ha sido clave en la supervivencia de nuestros ancestros y en ello las falsedades juegan un rol facilitador.

Hemos tratado tres formas en las que las falsedades pueden servir a una función adaptativa: favorecer la coordinación, señalar que estamos comprometidos con el grupo y señalar dominancia. En definitiva, es importante entender que no todas las creencias cumplen la función de representar el mundo fielmente. Algunas creencias están gobernadas por mecanismos psicológicos que tienen exclusivamente una función social. Cuando un contexto como los conflictos intensifican esta función social, las falsa creencias y las mentiras abundan. No es una casualidad que la primera víctima en las guerras sea la verdad. Ha sido siempre así desde tiempo inmemorial y lo es ahora en estos tiempos de conflicto y polarización. Pero la causa no es la propaganda de los políticos o los demagogos sino que, más bien, lo que posibilita que esto ocurra y que estos políticos y estos demagogos tengan éxito es la estructura de nuestra psicología humana en tiempos de conflicto entre grupos, de la que ellos se sirven.

Referencia:

Michael Bang Petersen, Mathias Osmundsen y John Tooby. The Evolutionary Psychology of Conflict and the Functions of Falsehood. 

Capítulo del libro The Politics of Truth in Polarized America. Concepts, causes and correctives, editado por David C Barker y Elisabeth Suhay. Oxford University Press.

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