Una breve historia del Movimiento de la Justicia Social

Si queremos entender nuestro mundo moral actual y muchas cosas que están ocurriendo, como que se despida a un trabajador por un tuit, que se ataque a una chica por usar una prenda de vestir de origen asiático, que los colectivos feministas no critiquen la discriminación y restricción de derechos que sufren las mujeres en otras culturas (o que respondan dentro de la misma cultura a las agresiones sexuales de forma diferente dependiendo de la identidad de los autores), que la izquierda y la derecha no puedan ni debatir, que a un empleado de Google le despidan por hacen una memo intentado explicar por qué hay menos mujeres en carreras STEM, que se impida a los académicos e intelectuales dar charlas en las universidades, que la ley trans esté enfrentando a una fracción del feminismo contra otra, que ser “ciego a la raza” (es decir, estar de acuerdo con las opiniones de Martin Luther King Jr., que decía que había que juzgar a las personas por su carácter y no por su raza ) es ahora racismo, que la libertad de expresión -un pilar fundamental de las sociedades democráticas- sea ahora una idea de derechas etc, etc., tenemos que saber algo sobre el movimiento o ideología llamado Teoría Crítica de la Justicia Social, Teoría de la Justicia Social o Justicia Social a secas, movimiento para el que también se usa coloquialmente los términos woke y wokismo. 

Woke -del verbo to wake: despertar- es un término de origen afroamericano. Se refiere a haber despertado y tomado conciencia de los problemas de racismo (inicialmente) y luego de sexismo e injusticia en la sociedad en general, cuyo uso generalizado es resultado del movimiento Black Lives Matter y su hashtag “#stay woke” en 2014. Aunque su utilización se puede trazar hasta los años 40 del siglo pasado, se admite que aparece con su uso moderno por primera vez en la canción “Master Teacher” del álbum New Amerykah Part One (4ª Guerra Mundial) (2008) de la cantante de soul Erykah Badu, donde repite en el estribillo “I stay woke”. Estar despierto (stay woke) quiere decir ser consciente de lo que ocurre en la comunidad, de la supremacía blanca, no creerse las explicaciones oficiales para la violencia policial, un estado de paranoia sana, de estar vigilante, acerca de los problemas de justicia política y racial y de la disposición a hacer algo al respecto. La propia Erykah Badu usa la expresión Stay Woke en un tuit de 2012. En 2017 se incluye en el Oxford English Dictionary con el significado de “alerta ante la discriminación racial y social y la injusticia”. Posteriormente se extendió tanto su uso que se diluyó su significado original, se convirtió en un meme, en objeto de bromas y se empezó a hacer un uso irónico de la expresión de modo que empezó a ser utilizada más de forma peyorativa por los críticos del movimiento de la Justicia Social y la derecha política para referirse de forma global a las políticas de identidad, a la Justicia Social, a la corrección política y en general a toda la ideología progresista de la izquierda. Todavía hay activistas afroamericanos que la usan pero en su mayoría han abandonado su uso.

Estamos asistiendo a un momento histórico en el desarrollo de las sociedades occidentales en el que el sistema operativo con el que funcionaba nuestra cultura, el Liberalismo, se está cambiando por otro sistema operativo, la Justicia Social y es una incógnita si la sociedad será capaz de funcionar con ese sistema operativo o colapsará. Este cambio de sistema operativo se ha iniciado en la anglosfera (EEUU, Canadá, Reino Unido y Australia) y todavía no ha afectado de pleno a los países de lengua hispana o de otros idiomas, pero todo indica que el impacto va a llegar dada su contagiosidad.

Este artículo es un pequeño resumen del libro Cynical Theories, de Helen Pluckrose y James Lindsay en el que voy a intentar sintetizar la evolución de este movimiento. Tenéis que entender que es la simplificación de una simplificación. Pretender resumir en un libro todas las ideas y teorías de cientos de autores, muchas de las cuales son contradictorias entre sí y han ido cambiando en las distintas épocas, y crear con ello un relato mínimamente coherente es una tarea muy compleja. Y luego intentar resumir ese libro en un artículo pues ni te cuento…Pero la tarea merece la pena así que vamos allá.

Durante la era moderna y en particular los dos últimos siglos, hemos vivido en la mayoría de países occidentales bajo una filosofía política conocida como “liberalismo”. Los principios esenciales del liberalismo son la democracia política, las limitaciones del poder del gobierno, el desarrollo de los derechos humanos universales, la igualdad legal para todos los ciudadanos adultos, la libertad de expresión, el respeto a los valores  de la diversidad de puntos de vista y del debate honesto, el respeto por la evidencia científica y la razón, la separación entre la Iglesia y el Estado y la libertad de religión. Esta posición filosófica es compatible con un amplio abanico de posturas políticas, económicas y sociales incluyendo tanto las de izquierda o progresistas como las de derechas o conservadoras. Ese liberalismo filosófico se opone a movimientos autoritarios de todo tipo, sean de la derecha o de la izquierda y sean seculares o teocráticos. Este liberalismo se puede entender como un terreno común, un marco de referencia para la resolución de conflictos en el que personas con diferentes puntos de vista económicos, sociales y políticos pueden racionalmente debatir las opciones de política pública. 

J. Lindsay, H. Pluckrose y P. Boghossian

Sin embargo, estamos en un momento histórico en el que este liberalismo y la modernidad que se encuentra en el corazón de la civilización occidental están amenazados. La naturaleza precisa de esta amenaza es complicada y procede de dos tipos de fuerzas, una revolucionaria y otra reaccionaria. Por un lado, están proliferando movimientos de extrema derecha que buscan dictadores y hombres fuertes que defiendan los valores occidentales. Por otro lado, en la extrema izquierda, los cruzados progresistas sociales se presentan como los únicos campeones del progreso moral sin los que la democracia estaría vacía.  La extrema izquierda no sólo promueve su causa por medio de objetivos revolucionarios que abiertamente rechazan el liberalismo como una forma de opresión, sino que lo hacen también con actitudes crecientemente autoritarias buscando establecer una ideología fundamentalista dogmática con respecto a cómo debe ser organizada la sociedad. Cada bando de esta batalla ve al otro como una amenaza existencial de manera que lleva al otro a una mayor locura y radicalización. Aunque el problema de la derecha es muy grave y digno de análisis, el libro que  voy a intentar resumir se ocupa del problema en la izquierda, una izquierda que se ha alejado de su lugar histórico dentro del liberalismo. La izquierda se ha aliado no con el modernismo sino con el posmodernismo, que rechaza la verdad objetiva, y Helen Pluckrose y James Lindsay llevan mucho tiempo leyendo, analizando y explicando a la ciudadanía esta nueva ideología de la izquierda.

En este libro, Pluckrose y Lindsay analizan la evolución del posmodernismo – en el que distinguen tres etapas- hasta llegar a una ideología que se encuentra entre las menos tolerantes y más totalitarias a las que se ha tenido que enfrentar el mundo. ¿De qué ideología o movimiento estamos hablando? Bueno, el tema de las definiciones siempre es complicado pero el eje fundamental de este movimiento es la justicia social por lo que el propio movimiento se suele referir a su ideología como Justicia Social y ha llegado a ser conocido como Movimiento de la Justicia Social o Teoría de la Justicia Social. También se le conoce como wokismo (wokeism) como decía, aunque éste es un término que cada vez usan más sus detractores. Esta ideología se expresa e influencia a la sociedad de diferentes maneras: Políticas de Identidad (identity politics), Corrección Política, Cultura de la Cancelación, Feminismo y Estudios de Género, Teoría Crítica de la Raza, Interseccionalidad, Teoría Queer, estudios sobre Obesidad (Fat studies) y Discapacidades, Teoría Post-colonial…Todas estas diferentes teorías están obsesionadas con el poder, el lenguaje, el conocimiento y la relación entre ellos; analizan las dinámicas de poder de cada interacción, se centran en detectar agravios y contempla todo como un juego de suma cero que gira alrededor de marcadores de identidad como la raza, el sexo, el género, la sexualidad y otros. 

En esencia, el posmodernismo rechazó todas las metanarrativas (amplias explicaciones del mundo y de la sociedad) previas, como el Cristianismo y el Marxismo. También rechazó la ciencia, la razón y los pilares posteriores a la Ilustración de las democracias occidentales. Las ideas posmodernas han dado lugar a lo que se suele llamar Teoría, a secas, que es la protagonista de este libro. Me voy a centrar en cómo ha evolucionado esta teoría a lo largo de sus tres etapas principales. Lo que plantean los autores (y no son los únicos en haber llegado a esa conclusión) es que no es ninguna exageración afirmar que, en su encarnación actual, la Justicia Social se ha convertido en una nueva religión, una tradición de fe que es hostil a la razón, a la falsación, al desacuerdo de cualquier tipo y que se cree en posesión de la verdad, la verdad según la Justicia Social. Pero de la Justicia Social como religión hablaremos en otro artículo, hoy vamos a ver su historia. Como digo, dejaré fuera diferentes teorías específicas dentro de esta Teoría general, como los estudios postcoloniales, la teoría queer, etc., que en el libro tienen sus propios capítulos, por razones de espacio. 

Sí voy a definir someramente la Interseccionalidad porque es un concepto central al que me referiré aunque sea de pasada. El origen del término se atribuye a la activista y académica Kimberlé Crenshaw y consiste en que a la hora de analizar la desigualdad y la organización de poder en una sociedad se entiende mejor como derivada no de un único eje (sea la raza, el sexo o la clase) sino como resultado de muchos ejes que trabajan de forma conjunta y se influyen mutuamente. Crenshaw pone el ejemplo de una persona en un cruce que puede ser atropellada por coches provenientes de cualquier dirección o de las dos al mismo tiempo. Una persona marginada puede ser incapaz de decir cuál de sus identidades está siendo discriminada en un momento concreto. Crenshaw plantea que legislación dirigida a prevenir la discriminación por razones de raza o de género es insuficiente para abordar este problema. Por ejemplo, una empresa podría estar contratando a mujeres blancas y a hombres negros pero aún así seguiría discriminando a las mujeres negras. Las mujeres negras experimenta formas únicas de discriminación que no experimentan ni las mujeres blancas ni los hombres negros.

Michael Foucault

Primera Etapa. Posmodernismo original (años 1960-1970) 

En los años 60 del siglo pasado tuvo lugar un cambio fundamental en el pensamiento humano, un cambio asociado a autores como Michel Foucault, Jacques Derrida, Jean-François Lyotard y otros, el posmodernismo. Es difícil de definir pero representa una serie de ideas y formas de pensar que surgieron como respuesta a las condiciones históricas, a la desilusión por las Guerras Mundiales, por el Marxismo y por la Modernidad en su conjunto. Se caracteriza por un pesimismo acerca de todo el proyecto de la Ilustración y un escepticismo y rechazo de todas las metanarrativas previas (marxismo, cristianismo, liberalismo…) incluyendo un escepticismo acerca de la realidad objetiva, de la posibilidad de obtener conocimiento (se difumina la frontera entre lo objetivo y lo subjetivo, se impone el relativismo…), suspicacia hacia la razón, la percepción de que el lenguaje es el que construye el conocimiento y un interés por el papel que juega el poder en todo ello. Las primeras manifestaciones del posmodernismo fueron artísticas y aparecen hacia 1940 pero en los años 60 pasan a las humanidades y las ciencias sociales incluyendo el psicoanálisis, la lingüística, la filosofía, la historia y la sociología. 

Resumiendo todos estos temas, podemos decir que el posmodernismo implica dos principios fundamentales que sustentan cuatro temas principales. Los principios son:

El principio posmoderno del conocimiento: un escepticismo radical acerca de si el conocimiento objetivo y al verdad son posibles y un compromiso con el constructivismo cultural.

El principio político posmoderno: La creencia de que la sociedad está formada por sistemas de poder y jerarquías, que deciden lo que puede ser conocido y cómo.

Y los cuatro temas esenciales son:

1-La difuminación de los límites

2-El poder del lenguaje

3-El relativismo cultural

4-La pérdida del individuo y de la universalidad.

Vamos a ver cada elemento a continuación:

Jacques Derrida

El Principio Posmoderno del conocimiento

El posmodernismo se define por un escepticismo radical acerca de la accesibilidad de la verdad objetiva. En lugar de ver la verdad objetiva como algo que existe y que puede ser conocido por medio de la experimentación y la falsación -como creía la Ilustración, el modernismo y la ciencia- el posmodernismo plantea que estamos limitados en nuestra capacidad de conocer y que debemos expresar el conocimiento por medio del lenguaje, conceptos y categorías por lo que toda afirmación acerca de la verdad son construcciones cargadas de valor producidas por la cultura. Esto es lo que se llama constructivismo cultural o social. El método científico no se ve como un método de producir y legitimar conocimiento mejor que cualquier otro, sino como un acercamiento cultural entre muchos, tan corrupto y sesgado como cualquier otro.

Foucault estaba especialmente interesado en las relaciones  entre el lenguaje o, más en concreto, los discursos (las formas de hablar acerca de algo), la producción de conocimiento  y el poder. Para Foucault, una afirmación revela no sólo información sino también las reglas y condiciones de un discurso que son las que determinan la construcción de afirmaciones acerca de la verdad y el conocimiento. Los discursos dominantes son extremadamente poderosos porque determinan lo que puede ser considerado verdadero, y por tanto aplicable, en un determinado tiempo y lugar. Por tanto, el poder sociopolítico es en último término el que determina lo que es verdad y no la correspondencia con la realidad. Foucault estaba tan interesado en cómo el poder influencia lo que es considerado conocimiento que en 1981 acuñó el término “poder-saber” para reflejar el vínculo inextricable entre los discursos poderosos y lo que se conoce. Llamó al conjunto de ideas y valores dominantes un episteme porque modela cómo identificamos e interactuamos con el conocimiento. Foucault adoptó la posición de que no hay principios fundamentales para descubrir la verdad y que todo conocimiento es “local” para el conocedor; no negaba que la realidad existiera sino que dudaba de la capacidad humana de trascender nuestros sesgos culturales para llegar a ella.

Al escepticismo posmoderno se le suele llamar escepticismo radical y dice que todo el conocimiento es construido y que lo que es interesante es teorizar  acerca de por qué el conocimiento fue construido de esa manera. Este escepticismo es diferente del escepticismo científico que caracterizaba a la Ilustración, la duda razonable acerca de la capacidad de conocer y de cómo podemos estar seguros de la verdad de lo que investigamos. Para el posmodernismo, la ciencia es incapaz de distinguir lo que es verdad. El razonamiento científico es una metanarrativa y el posmodernismo es radicalmente escéptico de todas estas explicaciones. En el posmodernismo lo que se conoce se conoce sólo dentro del paradigma cultura que produce  ese conocimiento y es por tanto representativo de ese sistema de poder. Como consecuencia de ello, el posmodernismo contempla el conocimiento como provincial e intrínsecamente político. Lyotard también caracterizó al posmodernismo como escepticismo hacia las metanarrativas. 

Por supuesto, el escepticismo acerca de nuestra posibilidad de conocer es muy sensato y los filósofos lo llevan tratando desde el inicio de los tiempos. Y por supuesto que el escepticismo científico que consiste en hacer hipótesis y ponerlas a prueba a ver si se sostienen es muy imperfecto; se suele decir que la ciencia se autocorrige pero muchas veces lo hace tarde, mal y nunca…tienen mucha razón los posmodernistas en todo ello. Pero otra cosa es tirar el niño con el agua sucia, como dicen los anglosajones: los aviones vuelan y la ciencia con la que vuelan es la misma en todas partes, no existe una ciencia belga o una ciencia budista y los aviones no vuelan de una manera en Bélgica y de otra en la India; y supongo que cuando tienen una infección grave, también los posmodernistas toman antibióticos, que parecen funcionar en todas las culturas.

El principio político posmoderno

La negación de un conocimiento objetivo va unida en el posmodernismo a la preocupación por el poder. Poder y conocimiento están estrechamente unidos y Foucault hablaba de poder-conocimiento. Lyotard también describe una interpelación estricta entre el lenguaje de la ciencia y el de la política y la ética.  Para el posmodernismo el poder decide no sólo lo que es correcto sino también lo que es moralmente bueno, el poder implica dominación y opresión. Los poderosos han organizado la sociedad de una forma que les beneficia y perpetúa su poder. Hacen esto legitimando ciertas formas de hablar acerca de las cosas como verdaderas, que se difunden por la sociedad creando reglas sociales que se ven como de sentido común y se perpetúan a todos los niveles. Pero en el posmodernismo el poder no se ejerce de una forma directa y visible desde arriba, como por ejemplo en el marco de referencia marxista, sino que permea  todos los niveles de la sociedad y es aplicado por todos por medio de las interacciones rutinarias, expectativas, condicionamientos sociales y discursos construidos que expresan una determinada visión del mundo. Es importante señalar que es el sistema social y su dinámica de poder inherente lo que es la causa de la opresión y no necesariamente agentes individuales con voluntad propia. Una sociedad puede ser opresiva sin que ningún individuo perteneciente a ella sostenga un punto de vista opresivo.

Los posmodernistas no ven necesariamente el sistema de opresión como resultado de una conspiración patriarcal, supremacista blanca o heteronormativa conscientemente coordinada. Más bien, lo ven como el resultado inevitable de sistemas que se autoperpetúan y privilegian a unos grupos sobre otros, o sea, como una conspiración inconsciente o no coordinada inherente a los sistemas de poder. Fuerzas poderosas ordenan la sociedad en categorías y jerarquías que sirven a sus propios intereses. La ciencia también ha sido organizada para servir a los intereses de los poderosos. 

De nuevo, el posmodernismo tiene mucha razón en estos planteamientos que no son tampoco nuevos. La revolución francesa, la revolución rusa, la batalla contra la hegemonía de la Iglesia católica y tantos otros ejemplos de lucha contra sistemas opresivos de poder y jerarquías así lo atestiguan. Y es innegable que se ha ido produciendo un progreso por medio del liberalismo filosófico y político del que hablamos al principio, aunque evidentemente, imperfecto y mejorable. 

Este escepticismo generalizado acerca de la verdad y el conocimiento y la postura de considerar que ambos son culturalmente construidos conduce a la preocupación por cuatro temas fundamentales.

La Difuminación de los límites

El posmodernismo desconfía de todos los límites y categorías que los pensadores anteriores han considerado como verdad: los límites entre objetivo y subjetivo, entre ciencias y artes, entre verdad y creencia, lo natural y lo artificial, el hombre y otros animales, salud y enfermedad…Prácticamente toda categoría social ha sido “problematizada” por los posmodernistas para negarles una validez objetiva e interrumpir los sistemas de poder que podrían existir detrás de ellas.

El Poder del lenguaje

Bajo el posmodernismo, muchas ideas que habían sido consideradas como objetivamente verdaderas se ven como meras construcciones del lenguaje. Foucault se refiere a ellas como “discursos” que construyen conocimiento. Lyotard habla de “juegos del lenguaje” que legitiman conocimientos. El lenguaje tiene un enorme poder para controlar la sociedad y se ve como inherentemente peligroso. Esta obsesión por el lenguaje es un elemento central en el posmodernismo, especialmente en Derrida que introduce el concepto de “deconstrucción”. Derrida rechaza la idea de que las palabras se refieren a cosas en el mundo real  e insiste en que las palabras se refieren solo a otras palabras y a las maneras en que difieren entre sí formando cadenas de significantes que pueden ir en todas las direcciones sin un ancla, lo que sería el significado de su frase: “no hay nada (ningún significado) fuera del texto”. Para Derrida, el significado es siempre relacional y existe solo en relación al discurso en el que se encuentra inscrito. Esto significa que el lenguaje no puede representar la realidad o comunicarla a los demás. 

Entendido así, el lenguaje opera jerárquicamente por medio de binarios. Por ejemplo, “hombre” se define por oposición a “mujer” y se considera superior. Tampoco, para Derrida, el sentido que le da el hablante no tiene mayor autoridad que el que le da el oyente, es decir, la intención del que habla no se tiene en cuenta, no hay espacio para que mi ofensa se deba a un malentendido por mi parte de lo que dice el hablante, las intenciones del autor son irrelevantes. La consecuencia de todo esto es que se considera que los discursos crean y mantienen la opresión y que deben ser cuidadosamente monitorizados y deconstruidos.

Relativismo cultural

Dado que en la teoría posmodernista la verdad y el conocimiento se cree que son construidos por  los discursos dominantes y los juegos de lenguaje que operan en una sociedad, y dado que no podemos salirnos de nuestro sistema de categorías  y no tenemos un punto de vista objetivo para examinarlos, no podemos decir que ningún conjunto de normas culturales es mejor que ningún otro. Para los postmodernistas, es imposible hacer una crítica  de los valores y de la ética de una cultura desde otra cultura, dado que cada cultura opera bajo diferentes conocimientos y habla sólo desde sus propios sesgos. Toda crítica de este tipo es errónea o incluso una infracción moral porque presupone que la propia cultura es objetivamente superior.  Además, dentro de una determinada cultura, los discursos que uno puede usar dependen de la posición que tenga uno en el sistema por lo que las críticas se aceptan o no según el estatus del que la haga. En particular, la crítica desde una posición considerada de poder es desechada  porque se asume que o bien ignora las realidades de la opresión, por definición, o bien es un intento cínico de servir a los intereses de la persona que critica. La creencia posmodernista de que los individuos son vehículos de los discursos de poder, dependiendo de su posición en el sistema de poder, hace que la crítica sea imposible excepto para aquellos que se teoriza que son marginalizados u oprimidos.

La Pérdida de lo individual y lo universal

Para la teoría posmodernista la noción del individuo autónomo es básicamente un mito. El individuo, como todo lo demás, es  un producto de los discursos poderosos y del conocimiento culturalmente construido. De la misma manera, el concepto de algo universal -sea por ejemplo un universal biológico acerca de la naturaleza humana; o una ética universal, como igualdad de derechos, libertades y oportunidades para todos los individuos independientemente de su clase, raza, género o sexualidad- es, en el mejor de los casos, ingenuo. En el peor de los casos sería otro ejercicio de poder-conocimiento, un intento de aplicar discursos dominantes a todo el mundo. El punto de vista posmoderno rechaza la unidad más pequeña de la sociedad (el individuo) así como la más grande (la humanidad) y se centra por contra en grupos pequeños, locales, como productores de conocimiento, valores y discursos. El posmodernismo se centra en grupos de personas que se entiende que están posicionados de la misma manera según la raza, el sexo o la clase, por ejemplo- y que se supone que tienen las mismas experiencias y percepciones debido a su posicionamiento. 

Segunda Etapa. Posmodermismo aplicado (años 1980-1990)

Hemos visto una primera etapa en la que el posmodernismo se desilusiona con las metanarrativas previas, las pone en cuestión con su escepticismo radical y llega a una postura bastante pesimista según la cual no nos es posible conocer y no hay una verdad objetiva. Este periodo de deconstrucción llega hasta los años 80 y ahí se agota. A partir de ese momento toman el relevo nuevos teóricos que tienen el objetivo de aplicar el modernismo a la reconstrucción de un mundo mejor. La postura escéptica posmodernista según la cual lo que tú dices vale lo mismo que lo digo que yo no sirve para la acción y el activismo político. En esta época, la Teoría muta en un puñado de teorías que desgraciadamente no voy a abordar por problemas de espacio: La Teoría Queer, la Teoría Post-colonial, la Teoría Crítica de la Raza y la Interseccionalidad, el Feminismo y los estudios de Género, Los Estudios sobre Discapacidades y Obesidad (Disability and Fat Studies) y otros. Todas estas disciplinas que se vienen a llamar Academicismo de Justicia Social, Teoría de la Justicia Social parten del concepto de justicia social que proviene de los movimientos por los derechos civiles y otros movimientos progresistas  y liberales. Es una época en la que la discriminación sexual y racial en el trabajo y a todos los niveles se ha ilegalizado y donde se ha ido consiguiente una igualdad de derechos y oportunidades  a todos los niveles.

Estos teóricos que quieren cambiar el mundo toman muchas cosas del posmodernismo a nivel descriptivo, pero su escepticismo radical no les sirve ya que necesitan una verdad a la que agarrarse, como le ocurría a Descartes. Así que consideran que el hecho de que algunas identidades son privilegiadas sobre otras es real y que esta injusticia es objetivamente verdadera. Parodiando a Descartes, podríamos decir algo como “experimento opresión, luego existo y también existen la dominancia y la opresión”. Estos teóricos -que critican a los autores posmodernistas por su privilegio de ser blancos, hombres y occidentales- fusionan el posmodernismo con la Teoría Crítica, una ideología y activismo de izquierdas que proviene de los años 20 del siglo pasado, de la Escuela de Frankfurt. Y ocurre algo muy importante: que se produce una mutación moral, es decir, que pasamos del ES, al DEBE SER, es decir, de algo descriptivo a algo normativo. De una filosofía pasamos a una ideología al añadirle un componente  de mandato moral, y aquí empezamos ya a acercarnos a algo más parecido a una iglesia que a una teoría científica. 

Vuelvo a decir que estoy simplificando mucho y que todo este campo está lleno de contradicciones y complejidades. Por ejemplo, algunos académicos que trabajan de acuerdo con los principios posmodernistas (el del conocimiento y el político) menosprecian el posmodernismo. Otro caso puede ser el feminismo donde conviven corrientes muy diferentes y los estudios de género no parten del posmodernismo sino de una teoría crítica más bien marxista según la que el patriarcado occidental es una extensión del capitalismo en el que las mujeres son marginalizadas y explotadas. Foucault niega este tipo de poder de arriba hacia abajo y lo contempla más como una matriz impregnada de poder que abarca toda la sociedad, producida por los discursos. El caso es que los teóricos que establecieron la Teoría Queer siguen a Foucault y hoy vemos diferentes corrientes conviviendo en el feminismo, unas más influenciadas por el posmodernismo (el feminismo interseccional y queer) que otras (feminismo materialista). 

El resultado de toda esta evolución es un Posmodernismo aplicado, como lo llaman Pluckrose y Lindsay, que mantiene los dos principios y los cuatro temas esenciales del posmodernismo que ya hemos visto. La diferencia fundamental se da en el principio del conocimiento donde ocurre un cambio muy importante: la identidad y la opresión basada en la identidad son reales y objetivas. Las identidades son construcciones sociales pero son reales, tienen sentido y tienen consecuencias por lo que son objetivamente reales. La concepción de que la sociedad está compuesta de sistemas de poder y privilegio que construyen conocimiento se asume como objetivamente verdadera e intrínsecamente ligada a la construcción social de la identidad. La otra diferencia, como ya he comentado, es el paso de lo descriptivo (ES) a los prescriptivo (DEBE SER), el componente moral. En cuanto a los cuatro temas posmodernos (el borramiento de límites, el poder del lenguaje, el relativismo cultural y la pérdida del individuo y lo universal) se mantienen sin variaciones. El individuo en el posmodernismo aplicado viene a ser algo así como la suma total de las identidades de grupo a las que la persona en cuestión pertenece simultáneamente.

En esta fase, el posmodernismo se fragmenta en Teoría Post-Colonial, Teoría Queer, Teoría Crítica de la Raza, Feminismo Interseccional, Estudios de Discapacidades y Estudios de Obesidad (Dissability and Fat Studies), pero no vamos a abordar cada uno de ellos. 

Tercera Etapa. Posmodernismo Reificado (desde 2010 hasta la actualidad)

Reificado quiere decir aquí “convertido en algo real”. A partir de 2010, el academicismo que gira en torno a la Justicia Social y todas sus disciplinas converge  bajo la etiqueta más general de Justicia Social y Pluckrose y Lindsay lo llaman Academicismo de la Justicia Social (Social Justice Scholarship) que sería la tercera fase de todo este proyecto posmodernista. En esta fase, los académicos y activistas dan por hecha la reificación, la concreción de conceptos que habían comenzado de una manera abstracta y tentativa y admiten como verdaderos los dos principios posmodernistas: el del conocimiento y el principio político posmodernista. Como ya hemos comentado, estos principios afirman que el conocimiento objetivo es imposible, que el conocimiento es una construcción del poder y que la sociedad está compuesta de sistemas de poder y privilegio que es necesario deconstruir. Hacia 2010 todas estas ideas posmodernas se concretan en un academicismo interseccional de la Justicia Social que acepta que todo esto es verdad y describe cómo es realmente el conocimiento, el poder y las relaciones sociales humanas, es decir, que son afirmaciones verdaderas acerca de la realidad. Todo esto se convierte en una Metanarrativa, en la Verdad según la Justicia Social. 

En el academicismo de la Justicia Social leemos continuamente que el Patriarcado, la supremacía blanca, el imperialismo, la cisnormatividad, la heteronormatividad, el “Capacitismo” (Ableism) -un término que creo que no tiene todavía una traducción al español y que se refiere a la discriminación de personas con discapacidad-, y la grasafobia (fatphobia), estructuran la sociedad y lo infectan todo. Esta realidad se ve como profundamente problemática y por tanto es necesario identificarla, condenarla y desmontarla. Encontramos en todos estos textos de la Justicia Social que todas las personas blancas son racistas, que todos los hombres son sexistas, que el racismo y el sexismo son sistemas que existen y oprimen aunque no exista ninguna persona con creencias o intenciones racistas o sexistas, que el  sexo no es biológico y existe en un espectro, que el lenguaje es literalmente violencia, que querer remediar la discapacidad y la obesidad es odio y que todo necesita ser descolonizado. Un concepto que está ausente de toda esta teoría es el de clase económica (a veces aparece combinado dentro de la interseccionalidad), concepto que era clave en el marxismo y por ello no sorprende que mucha gente trabajadora se sienta alienada de este nuevo tipo de izquierda. También es irónico que este movimiento que dice “problematizar” todo tipo de privilegios está liderado por activistas de las universidades más caras de EEUU, de las clases más privilegiadas y de mayor estatus dentro de la sociedad.

Así que lo que empieza como escepticismo y pesimismo acerca de la posibilidad de conocer acaba en una verdad absoluta que no se puede discutir, que no tolera disidentes y los cancela y que no admite debate ni discusión. El conocimiento no se puede obtener por medio de datos o de la razón pero ahora se dice que se puede obtener escuchando la “experiencia vivida” de los miembros de los grupos marginalizados, o más exactamente, la interpretación que algunas personas hacen de esas experiencias vividas después de haber sido tamizadas por la Teoría. El problema de esta visión subjetiva es qué ocurre cuando las experiencias subjetivas de las personas entran en conflicto. Si diferentes miembros de grupos marginalizados -o si miembros de diferentes grupos marginalizados- dan interpretaciones incompatibles de sus experiencias vividas, ¿cómo se puede resolver esta contradicción? A veces se intenta dar una respuesta relativista radical, que dos afirmaciones contradictorias pueden ser verdad al mismo tiempo, pero lo que más hace la justicia Social en la práctica es favorecer las interpretaciones de algunos grupos marginalizados (los que se consideran que están en un lugar más elevado de la jerarquía de victimismo) y considerarlas las auténticas y se descartan las demás interpretaciones como internalizaciones de las ideologías dominantes. Es decir, cuando se produce un conflicto entre identidades, para saber cuál es la verdad se analiza cuál es la identidad más oprimida o victimizada, y lo que diga esa identidad se considera la verdad. De esta manera se resuelve la contradicción lógica entre el relativismo radical y el dogmatismo absoluto pero el precio que se paga es que la Teoría de la Justicia Social se convierte en algo completamente indefendible e infalsable: sea cual sea la evidencia acerca de la realidad (física, biológica, social o filosófica) que se presente, la Teoría siempre puede descartarla. Es por esto que no es ninguna exageración afirmar que la Teoría de la Justicia Social ha creado una nueva religión, una fe que es hostil a la razón, la falsación, la falta de confirmación o el desacuerdo de cualquier tipo, pero de ello hablaremos otro día.

El resultado de toda esta evolución que hemos visto es que el posmodernismo en la forma de la Justicia Social ha dejado las universidades y ha empezado una fase de expansión y proselitismo en la que está llegando a todas las esferas de la sociedad: las redes sociales, las empresas y corporaciones, las instituciones, el arte, el cine, la medicina, la psicología, la ciencia y las revistas científicas y, por supuesto, la política. 

Escrito por
Para seguir disfrutando de Pablo Malo Ocejo

Ocho razones por las que la violencia de pareja no es violencia de género

La Teoría feminista de la violencia de pareja La teoría feminista de...
Leer más

3 Comentarios

  • Ni Foucault no Derrida se llamaron a sí mismos jamás “posmodernos”, aún más: ni siquiera entraron en esa.polemica jamás, que en tiempos de Foucault ni siquiera existía. Lyotard es otro asunto, a Lyotard le encargaron su librito desde Canadá, él antes no tenía tampoco nada que ver con estas grescas ni las conocia siquiera. Pero incluso Lyotard no puso en cuestión en absoluto la metanarrativa liberal, que yo recuerde, sencillamente porque ésta no existe. Justamente al contrario, el liberalismo no precisa discurso de legitimación alguno porque, al contrario de lo que dices, es la ideología del relativismo hecho praxis política. Foucault o Derrida eran idiotas, estoy contigo, todos esos movimientos recientes que críticas lo son en gran medida también, pero relativistas no. Relativista es Locke, que afirma que debe existir un parlamento precisamente porque toda opinión es incapaz de colocarse en un nivel epistémico superior al de un gusto privado. Y así hasta hoy. Por eso hay parlamentos en las democracias -cansa explicar siempre estás mismas cosas-, para que las opiniones relativas entre en público conflicto. La única metanarrativa histórica que podría respaldar el liberalismo es la hipótesis del contrato social originario, que todos, pero todos los liberales desde Hobbes hasta Rawls son conscientes de que es una ficción regulativa.

    En cambio, y cómo sabes, no hay rastro de relativismo alguno entre la progenie de la French Theory. O piensas como ellos o eres un fascista intolerante, asunto concluido. De modo que yo estoy contigo, mayormente, pero con los conceptos bien puestos en su sitio, y no como dicen esos tipos que resumes que, si no recuerdo mal, son los mismos que trataron de emular el experimento Sokal. La cuestión de la postmodernidad, en cualquier caso, no tiene la menor relación con estos embrollos que se hacen tales ignorantes desde EEUU. Y otra cosa es cierta: en la España actual la izquierda es completamente ilustrada y defensora a ultranza de la Ilustración, en todos y cada uno de sus teóricos sin excepción. Pongo como ejemplo fácil a Carlos Fernández Liria, que no hace más que repetir eso mismo un millón de veces allí donde va.

    Quizá, como comienzo, estaría bien leer el libro de Perry Anderson, Los orígenes de la postmodernidad, en Anagrama, y no a esos, a mi juicio, impresentables que han oído campanas pero no saben donde (sin tilde). Gracias por tu extenso y minucioso texto.

  • Aprovecho la ocasión para cascar un texto donde traté de parodiar todo el rollo constructivista de género, pero que luego me dió como cosa enviar a nadie para publicar. Creo que lo que se satiriza es del todo merecido, pero no quisiera ofender a personas honradas y sinceras. Va para Ramón, que el hombre la verdad es que me lo aguanta todo…

    -Presentación: trasfondo falontológico del libro “El priapismo del unicornio”, editorial Mierda Seca.

    Bueno, es un placer, gracias por esta oportunidad que sin duda merezco. Antes que nada, quería aclarar que a mi me parece que hay dos modos de enfrentar la confección de ese artefacto de combate falontológico que es un libro, o eso que conocemos, claro, heteroparejiadamente, como “libro”. Primero está, por supuesto, el de toda la vida, el libro-códice, una mixtificación que apuntala el sistema binario trans/normativo capitalista reinante y que es el propio de lo que desde el viejo s. XX se conoce como el intelectual orgánico -permitidme no citar nombres, todos los conocéis ya, son esos señores que escriben exactamente lo que se espera de ellos y que cobran a fin de mes su buena bolsa de treinta monedas (risas). Y, después, está el modelo que yo vengo a proponer aquí, ante vosotros, que es el de la escritura como un modo de llamar y hasta derribar las puertas cerradas, prohibidas del sistema, esas que nos clausura el heteroparejiado y cuyas llaves custodian celosamente los intelectuales orgánicos, como ese fascista de Paul B. Preciado, pero no quiero dar nombres… (abucheos) La escritura, pues, en tanto ariete, erección, Priapo erguido, enhiesto surtidor de sol y sombra, que es la penetración falontológica correspondiente a una nueva generación de escritores caracterizada por la no-unidad, la no-consigna, la no-identidad/mordaza y el no-dinero en absoluto en la cuenta corriente. Más allá, apenas hay que decirlo, de toda clasificación, de todo academicismo vacío, tautológico, y, por descontado, de todo absurdo pudor y falsa vergüenza. Yo, a estos, a nosotros/vosotros, a esa dispersión silenciada y chepuda, a los del borde, a los que padecen halitosis rizomática, me vais a permitir que los denomine intelectuales orgásmicos. Ser un intelectual orgásmico auténtico -cuidado que corren muchos impostores fachas por ahí- es poner en cuestión y finalmente triturar el entramado heroparejiado que reglamenta el deseo de los cuerpos vivos en orden a la descarga orgónica en la forma no-opcional de una fusión entre dos o más miembros binarios. Me/nos parece política y íntimamente (si hubiere alguna distinción en ello más que meramente analítica) inaceptable, y lo que pretendemos con nuestro activismo textual es desmontar esa represión intolerable, pero siempre desde el intersticio (que es un intersticio, naturalmente, ontológico, falontológico para ser más exactos) que nos proporciona nuestra vocación de unicornios, es decir, vocación, llamado, de ser los terceros, la tercera parte en discordia, aquellos que en una fusión de cuerpos se apartan a un lado para hacerse un tremendo y pringoso pajote -enhiesto surtidor de sol y semen…
    Un unicornio, como ya sabéis, es la forma de referirse a un constructo-mujer que condesciende a ser partícipe de una relación fusional parejiada a cambio de afecto génerico sin deudas ni compromiso, pero nosotros contestamos firmemente, a nosotros esto nos parece una instrumentalización, una violencia ejercida ilegítimamente sobre los cuerpos vivos implicados en el acontecimiento sin-bólico. El unicornio pajillero, en cambio, rehusa tener contacto con la fusión heteroparejiada, y convierte el acto de observar y ser observado mientras se la casca y babea sin someter ni sojuzgar a nadie en una auténtica reivindicación política. Mi novela, si es que en efecto la categoría heteroparejiada “novela” se puede aplicar a este Priapo soberano, a este ariete textual, versa justamente sobre todo eso. Jonás, un ser de número de cabezas indefinido y fluido, lucha por encontrarse a sí mismo en una sociedad/cárcel en la que el constructo-gayola está políticamente excluido y se recluye en espacios de marginalidad sexoafectiva. Jonás, mi personaje, si es que en efecto la categoría heteroparejiada “personaje”, etc., etc., buscará su lugar en el afuera de la microretícula del entorno-cárcel por ver si halla cuerpos vivos con los que establecer una fusión desligada de violencia semiótica o epidérmica, es decir, con los que co-participar onanísticamente. Para ello me he basado en las experiencias reales que tuvieron lugar en la comuna anticomunal Junta-2 hace unos años y de las que fui testigo entusiasta y masturbator maillior, y que terminaron con la irrupción totalitaria de la guardia civil ¿Qué en qué estoy trabajando ahora? Bueno, en estos momentos, ando profundizando en la teoría/práctica falontológica mediante una nueva arma textual orgásmica, que se va a titular (si es que en efecto la categoría heteroparejiada “título”, etc., etc.) El cis-cadáver de la (de)similitud. Os puedo asegurar, eso sí, que se van a cagar por la pata abajo todos los intelectuales orgánicos como esa fascista de Cristina Morales… Pero antes de todo eso, anuncio que tengo la intención de coserme la pija de un cerdo en la frente, para visibilizar priapicamente la unicornidad y contribuir a acabar con el heteroparejiado. ¡Gracias! (ovación y aplausos)

    https://youtu.be/yftOy8kz7aEa

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.