Mark Knopfler deja los escenarios

Sólo hay una prueba sentimental definitiva que te confirmará si esa persona o personita o tiparraco/a que te agrada es el amor de tu vida, y consiste en lo siguiente. Llévatelo a tu guarida (o garito favorito, con la complicidad del jefe que pone la música), y como quien no quiere la cosa, que tú mismo o alguien pinche el Tunnel of love de los Dire Straits, versión Alchemy, que no es precisamente música de la que hacen ahora. Si tu presa te dice que muy guay el temita, que qué bonito y tal, pero luego cuando llega el minuto nueve sigue hablando del trabajo, la pandemia y del Procés interminable, no te lo folles, bajo ningún concepto. En cambio, si al llegar a ese momento sagrado, esa suspensión del espacio/tiempo, esa paradita que hace la canción poco antes de estrujarte el corazón con los versos And girl, it looks so pretty to me / like it always did… tu amigo, amiga o animal de compañía cierra la boca para que ese suspiro, esa lágrima musical le invada el alma, entonces quédate con él, ella o ello hasta el fin de tus días, sea cojo, tuerto, tartamudo o coprófilo. El test se puede llevar a cabo también con Private investigations, cuando Knopfler canta And what have you got /At the end of the day? / What have you got/ To take away?, o en Telegraph road, todo el rato, once minutos de transporte místico y gloria bendita, pero pongamos por caso cuando el río de la armonía llega a este recodo prodigioso: Well I’d sooner forget, but I remember / those nights / Yeah, life was just a bet on a race between the lights… Los ejemplos podrían multiplicarse, sin salir del Alchemy, uno de los directos más completos y queridos de la historia de la música popular . Uno puede reverenciar Alchemy, Brothers in arms o Comunique, y después se puede, además, ser muy fiestero, porque habrá que irse con tu recién descubierta media nectarina(que suena menos ácido) a bailar o botar por ahí, habida cuentaque los Dire Straits no fueron fiesteros ni en el Twisting by the pool, aunque lo intentasen con denuedo alguna alguna otra vez –The bug, en el último, hace por, y mola mucho, pero no…-,sin embargo la sensibilidad tiene razones que ni la razón misma conoce, y para eso fueron sin duda los mejores.

Mark Knopfler, guitarrista, compositor y líder de aquella banda deja la música a sus 72 años, alegando que está mayor, que no es más que “un viejo con una guitarra”, y nada hay que reprocharle. Es cierto que ya dijo lo mismo, y escenificándolo de manera casi idéntica en 2019, pero cada año será peor, y según cuentan hay ciertos solos que ya no toca nunca, porque no le obedecen los dedos. Yo creo que él siempre ha sabido que después de Dire Straits, disueltos en 1995, sus pinitos en solitario y sus contribuciones en discos de otros como colaborador de lujo no iban a llegar demasiado lejos, y que no eran más que modos geniales y algo eruditos de matar el tiempo. O sea, que en realidad lleva retirado casi treinta años, aunque haya sacado un montón de álbumes. Le ha dado mucho por volver a las raíces del folk y del country norteamericanos, pese a ser escocés, algo que también le sucedió en su momento a los Stones. Yo me compré el disco único de esa formación que se inventó con juego de palabras incluido, The Notting Hillbillies, y como sólo me gustó una canción que ni siquiera era suya ya no volví a interesarme por sus cosas. Pero ese oído para la melodía, esa capacidad de conmover, esa manera irrepetible suya de tocar sin púa y sin saber media palabra de solfeo, eso sabe Dios que no se aprende. Hasta siempre, Mark…

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