El porvenir de la humanidad recibe “un balón de hidrógeno”

«Lo que le sugiero a usted es que esto podría ser un renacimiento. Podemos estar en la cúspide de un futuro que podría proporcionar un gran salto adelante para la humanidad»                                                                                         

Entrevista a Jeremy Rifkin          

A mi juicio, el pensador más importante de lo que va de siglo XXI no es un filósofo, ni un gurú del MIT, ni un teórico a sueldo de una gran tecnológica de Silicon Valley, ni siquiera un detractor melenudo y jipioso que haya escrito diez libros contra la Utopía Digital. Se trata, más bien, de un señor que en realidad pertenece más al siglo pasado y que tiene ahora la edad de mi padre, pero que ejerce para nosotros la función del visionario bien informado. Jeremy Rifkin, en efecto, lo ha sido todo en las más altas instancias de la materia gris norteamericana, sociólogo, economista, conferenciante, asesor político y activista, pero ante todo ha sido el hombre que se ha ocupado de reflexionar en los verdaderos problemas que acechan al futuro inmediato de la humanidad, en vez perder el tiempo con performances de dudosa calidad, transhumanismos de mala ciencia-ficción o psicoanálisis de pacotilla acerca de las películas de David Lynch. Rifkin publicó, en 2002, el libro tal vez más importante de nuestro tiempo, La economía del hidrógeno, y años más tarde, en 2011, lo completó con La Tercera Revolución Industrial, donde profetiza que es precisamente el uso masivo del Hidrógeno Verde como fuente de energía global lo que va transformar enteramente y de modo definitivo el modo de vivir en la Tierra tanto para seres humanos como para el resto de los seres vivientes. El Hidrógeno Verde, como se sabe (o no se sabe, porque por el momento se habla poco de ello en los medios generalistas[1]), sería una fuente de electricidad limpia, barata y fácil de almacenar que desbancaría de una vez para siempre a los combustibles fósiles, y cuya mayor dificultad, el transporte, está ya siendo superada mediante el recurso al amoniaco verde –tal y como viene excelentemente explicado aquí abajo en un video que parece locutado por el mismísimo Troy McClure: 

Cierto es que en la última y decepcionante cumbre del Clima de Glasgow se habló poco de esto entre los propósitos finales de la reunión, sencillamente porque los lobbies de los combustibles fósiles siguen siendo todopoderosos, pero Rifkin cree, todavía hoy, que hasta las propias empresas gasísticas o petroleras están ya preparando la transición a las energías renovables que coordina y hace posible precisamente la tecnología del Hidrogeno Verde. Rifkin, sin embargo, va más lejos. Él entiende que la disponibilidad de una energía que tan sólo necesita de la electrolisis para ser viable (proceso que puede perfectamente ser generado con energía fotovoltaica, geotérmica, eólica o de biomasa), y que deja como residuo sólo vapor de agua pondrá por primera vez en manos de la humanidad la independencia energética casi absoluta, y por tanto la verdadera democratización del planeta. Ya no existirá el Tercer Mundo cuando un coche impulsado por Hidrógeno Verde produzca mucha más energía de la que necesita para moverse y el excedente pueda ser distribuido por Internet (el Internet de la Energía, lo denomina Rifkin). Y ya no existirá la pobreza energética –un tercio de la población mundial no tiene acceso actualmente a la electricidad, según informaban en Documentos TV; hoy debe ser mucho más grave- ni el drama de los refugiados cuando cualquiera pueda ponerse de acuerdo con sus vecinos para forzar a las redes eléctricas privadas a aceptar el papel de servir de distribuidoras de la electricidad producida localmente.

Rifkin estableció, en su libro de 2011, que las cinco condiciones de una hipotética -para él en ciernes- Tercera Revolución Industrial eran, primero, y como es obvio, la transición hacia la energía renovable; en segundo lugar la transformación de los bloques de edificios de los barrios en microcentrales eléctricas que recojan y aprovechen esas mismas energías renovables; en tercer lugar el despliegue de la citada Tecnología del Hidrógeno a lo largo y ancho de la red de infraestructuras, para acumular energías como las renovables, que son de flujo intermitente; en cuarto lugar, y como ya se ha apuntado, el uso de Internet para transformar la red eléctrica de cada continente en una interred de energía compartida, que funcione exactamente igual que la red de redes; y en quinto y último lugar, la transición de la actual flota de transportes hacia vehículos de motor eléctrico con alimentación de red, que fue uno de los pocos objetivos firmes que salieron de Glasgow hace unos meses. Técnicamente, no es ningún sueño, se puede hacer, y muchas compañías y gobiernos están invirtiendo millones en ello (la UE aprobó un proyecto en este sentido en julio del año pasado), otra cosa es que lo sea políticamente. Al igual que en España se sacaron de la manga un “impuesto al sol” para que la gente siguiera abonada al suministro contaminante de la grandes multinacionales de siempre, resulta del todo previsible que en los próximos años vayamos a conocer un nuevo negacionismo, el “negacionismo energético”, que se valga de todos los medios que pueda comprar para decirnos que la descarbonización completa es imposible y que necesitaremos eternamente de sus amables pero remunerados servicios para mantener el nivel de vida a que estamos acostumbrados en el Primer Mundo. Frente a ello, Rifkin alega que “en el siglo XXI, el centro del control sobre la producción y la distribución energéticas va a desplazarse desde los gigantes empresariales centralizados de la energía basada en los combustibles fósiles hacia millones de pequeños productores que generarán sus propias energías renovables en sus viviendas y locales, y que comercializarán los excedentes a través de redes infoenergéticas de dominio común”, y no es que sea demasiado bonito para ser verdad, es que es demasiado bonito como para que no presionemos los próximos años con todas nuestras fuerzas a las instituciones y grandes corporaciones del globo para que termine por ser verdad

Y esto, afirma Rifkin, no es comunismo, ni capitalismo, es “capitalismo distribuido”, eso que ya intuían los hermanos Chesterton cuando escribían que lo malo del capitalismo de su tiempo es que los capitalistas son unos cuantos, en vez de serlo todos un poco y a nuestra medida[2]… Energía “glocal”, descentralizada, repartida en red y no contaminante implica no únicamente un cambio en los medios de producción y consumo de la humanidad en su conjunto, sino un vuelco absoluto en las relaciones de producción y consumo entre los hombres concretos. De manera análoga a como si yo decidiese comunicarme tan solo en esperanto eso cambiaría de arriba abajo el marco de mis amistades, mi trabajo y mis vínculos con las estructuras sociales que me rodean, como la banca o el comercio, la introducción de la Economía del Hidrógeno precisará de un tablero de juego político y de un mundo totalmente nuevo y distinto en el que operar. A la visión de futuro necesaria para dar paso a ese nuevo mundo la denominan hoy en muchos foros internacionales el Green New Deal, y sin duda es algo por lo que merece la pena luchar si queremos, primero de todo, frenar en 1,5 grados el calentamiento global, pero no sólo eso. Recuerdo que en Wachtmen, uno de los mejores cómics de todos los tiempos, Jon Osterman, el personaje conocido como “Doctor Manhattan” dice que si ha de llevar un símbolo “será uno que yo respete”, y entonces se graba un átomo de hidrógeno en al frente. El hidrógeno es el elemento más ligero y más sencillo de la Tabla Periódica, y también es el más abundante en la Tierra. “Sólo un dios puede salvarnos”, insinuó oscuramente Martín Heidegger en su última entrevista, publicada póstumamente… tal vez ese dios no requiera culto, ni ceremonias, ni iglesia organizada, sino que consista en un protón, un electrón y unos cuantos kilotones de esperanza y buena voluntad…  

MANIFIESTO DE LA LIGA DISTRIBUTISTA 

(Fundada en conjunción con la revista G.K.’s Weekly para la restauración de la libertad mediante la distribución de la propiedad)
Presidente: Sr. G.K. Chesterton.
Secretario: G.C. Heseltine.
Oficinas: 2, Little Essex Street, Londres, W.C.2.
Teléfono: City 1978. 

LA LIGA ofrece la única alternativa práctica a los males gemelos que son el Capitalismo y el Socialismo. Se opone a los dos por igual; ambos terminan en la concentración de la propiedad y el poder en unos cuantos y la esclavización de la mayoría. 

LA LIGA se pronuncia 

-Por la libertad del individuo y la familia y contra la interferencia de negociantes, monopolios y el Estado. 


-LA LIBERTAD PERSONAL será restaurada principalmente a través de una mejor Distribución de la Propiedad (v.g., la propiedad de la tierra, de casas, talleres, parques, medios de producción, etc.) 


-LA MEJOR DISTRIBUCION DE LA PROPIEDAD se logrará mediante la protección y el favorecimiento de la propiedad de empresas individuales en el campo, comercios y fábricas. 

LA LIGA pues, lucha por: 

Los pequeños comercios y comerciantes contra las tiendas múltiples y monopolios. Producción y cooperación individual en las empresas industriales. (Cada trabajador debe tener parte en las decisiones y el control de las empresas en las cuales trabaja.) El pequeño propietario y el trabajador agrícola contra los que monopolizan grandes propiedades inadecuadamente grandes. 

Y LA MÁXIMA, en lugar de la mínima, iniciativa por parte de los ciudadanos. 

(Fuente: Revista Archipiélago, 65, p.108) 


[1]La última vez que me tope con ello fue en este estupendo y amplio artículo del pasado abril: https://elpais.com/economia/2021-05-23/hidrogeno-verde-el-combustible-eterno-que-alumbra-una-nueva-era.html  

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Distributismo 

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