Vangelis: Memories of Green…

Casualmente, llevo varios días poniéndome de fondo la BSO de Blade Runner, una de las mejores películas de la historia de Occidente, si no la mejor -es un decir… Mi amigo Fran me dice que el artefacto de Ridley Scott sufrió acerbas críticas en su estreno, pero que luego los filósofos la reivindicaron y salvaron. Pues me alegro sobremanera, no todo va a ser filósofos proponiendo la Revolución o la sacrosanta Línea de Fuga a sus ingenuos e imberbes discípulos. No creo que mis hijos vayan a escuchar la maravillosa música de los ochenta (ese intento de componer con el corazón muerto y una mente mecánica), o no toda pero eso que se pierden. Tengo la teoría de que el reguetón está financiado por la CIA, a fin de que los adolescentes latinos únicamente piensen en hacer twerking con voz de analfabetos y esas cosas, pero es sólo una teoría basada en el único precedente -realmente inmenso- del hecho de que el gobierno de EEUU pagó el auge del Expresionismo Abstracto norteamericano por motivos evidentes: si no entiendes nada, es que no hay nada que entender, el arte está vacío, enciende la televisión. En cambio, Vangelis, de origen griego, ofrecía significado. La melancolía del fin de la humanidad de Blade Runner es significado, y el reemplazo del hombre por un simbionte fracasado es sin duda significado. Ya sé que Vangelis concibió otras músicas geniales, pero ninguna más bellamente triste. Rick Deckard tiene la misión de eliminar a sus antecesores, y no hay nada más trágico que eso. Acabando con ellos,remata también lo que en ellos había de la vieja y cruel naturaleza, y eso le duele, así que Scott cambió el final por otro más duro aún, la Versión del Director, para que se duela también el Humanismo…

La naturaleza, en efecto, en efecto, es cruel, pero más cruel es la Voluntad del Hombre, o si no que se lo pregunten a los ucranianos. Vangelis, en los ochenta, poetizaba ya el fin de Lo Verde, sin haber leído, supongo, el Swamp Thing de Alan Moore (al que más bien gustaba Brian Eno…), y hoy nos suena a la verdad pura, muy muy lejos del reguetón alimentado por la CIA. Vale que sólo es una  película, que no es la vida real, pero es que, como dice el Comisario Castillo -Edward James Olmos-… «¿quién vive?….» 

Gracias, pues, Vangelis, fuera cual fuera tu verdadero nombre.

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