Dusty Hill: Murieron con las barbas puestas…

El rock es como la sal. Hay muchas más especias musicales, la mayoría más exóticas, perversas y aptas para satisfacer paladares cansados, pero donde esté la sal que se quiten todas las demás. Cuando uno se levanta por la mañana con hambre de vida, de energía y de alegría solar, no se pone dodecafonismo o K-pop, sino que va a lo básico, al café con tostadas del repertorio musical, y eso es lo que son y han sido siempre los ZZ Top. Ayer murió el bajista del grupo, Dusty Hill, que no podía tener un nombre más sureño (yo lo traduzco por “Colina polvorienta”, quizá equivocadamente). Hace unos años leí que a los ZZ Top les habían ofrecido nada menos que un millón de dólares por raparse las barbas, y que ellos habían declinado la oferta amablemente. Puede que fuera porque ya estaban mayores para mostrar sus verdaderas caras, o porque un millón de dólares no signifique mucho para ellos, pero también puede que fuera, ¡oh, amazing grace!, porque no es cierto que todo tenga un precio, y porque es mejor morir con las barbas puestas…

Estos hombres, de hecho, llevan ese babero de pelo desde antes de que yo naciera, y no soy ningún chavalín. Ahora que son dos en vez de tres, lo único que tienen que hacer es quitar una “z” de su nombre y seguir adelante. Si hasta los stones andan planeando una nueva gira significa que no hay límite de edad ni de vergüenza, y que es verdad eso que dijo Lemmy Kilmister, “if you think that you are too old to rock´n´roll, then you are”. Así, los “Z Top” podrían volver a la carretera con la cabeza bien alta, de nuevo en busca de algún culito (i´m just lookin’ for some tush, que es uno de los temas más cañeros de todos los tiempos), en vez de perpetrar uno de esos horrores con que nos quiere corromper la tecnología contemporánea, eso tan de película de terror de serie B que consiste sacar al escenario un holograma de Colina polvorienta y seguir haciendo negocio con su leyenda por los siglos de los siglos.

Puede que la galaxia sea un enorme disco de vinilo, y nosotros la aguja. Eso decía el protagonista de Blaze, una película de Ethan Hawke acerca de la vida de otro cantatriz sureño, y es una bonita frase cuya comprensión está vedada a los terraplanistas. Los sureños son un poco así, terraplanistas ellos, pero ese humus, esa vocación de “simple man” como cantaban los Lynyrd Skynyrd, ha tenido resultados artísticos formidables, desde William Faulkner hasta The Black Crowes. A veces no hay nada mejor que tener los pies bien clavados sobre la tierra y en el alma tan solo un par de emociones, pero clarísimas y profundas como el cielo sobre tu cabeza. Dusty Hill, Colina polvorienta, fue también esa especie de “simple man”: buscas su perfil en Wikipedia u otras fuentes y no encuentras prácticamente nada. Nació, se dejó barba, se compró unas gafas de sol, tocó rocanrol crudo y directo y murió de la pila de años. Es perfecto, no se puede pedir más. Por nuestra parte, nada mejor que añadir que eso de su canción:

You didn’t have to shake me like you did
But you did but you did
And I thank you.

Z
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Para seguir disfrutando de Óscar Sánchez Vadillo

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