Xavier Pla: «Josep Pla era un hombre muy sentimental, con una visión del mundo muy sensualizada y hasta sexualizada»

Xavier Pla, Fotografia: Jordi Play

El filólogo gerundense Xavier Pla publicó hace unos meses Un corazón furtivo (Destino, 2024), una renovada biografía de Josep Pla que le ha valido, entre otros reconocimientos hasta el momento, el Premio Zenda de Ensayo 2023-2024. El escritor conversa con el filósofo David Lorenzo Cardiel, en exclusiva para Revista Hypérbole, sobre esta nueva obra, la figura del conocido intelectual y el valor de su legado

¿Cuáles han sido las motivaciones que le impulsaron a escribir este libro? ¿Cuál es la relación –personal, académica e intelectual– con el escritor catalán?

Desde el principio, la idea era escribir la vida de un hombre, con todas sus contradicciones y claroscuros y sin caer tampoco en la hagiografía, pero siendo consciente de que este hombre fue un gran escritor y periodista.  El reto era superar el obstáculo que representa el hecho de que este escritor es un autobiógrafo y memorialista que dedica buena parte de su obra a explicar su vida.  Yo no quería ni corregir ni enmendar nada al autor, no quería señalar la distancia entre lo que es y lo que dice que es, sino más bien mostrar a los lectores el misterio que supone el paso de la vida a la literatura. Por esto, mi propuesta es ir al corazón de las cosas de la vida de este escritor, apuntar al centro de la vida de una persona que afirma ser un hombre como todo el mundo pero que es un hombre que escribe.

¿Y cuál es su relación con Pla en este ensayo?

Mi relación con Josep Pla es la de un lector que encuentra en sus libros una forma de compañía. Asumo las frases de Joan Fuster y de Salvador Espriu, para quien leer a Pla significa una forma de desintoxicarse, una manera de tomar una especie de «penicilina mental». 

En el libro recorre la vida y obra de Pla desde sus primeros tiempos. ¿Cómo fue la infancia del autor? ¿En qué medida la influencia de este periodo de su vida influyó en su extensa obra posterior?

La mayor parte de la documentación que aparece en la biografía Un corazón furtivo es inédita. Desde este punto de vista, el del nuevo conocimiento biográfico de Pla, creo que hay aspectos primordiales hasta ahora muy desconocidos. Tuve la suerte de poder leer la correspondencia del autor con su hermano, hermanas, padre y madre. Esto es un tesoro para cualquier biógrafo. 

La familia Pla es una de las más ricas de su localidad. Es una familia unida. Mucho más de lo que podría parecer. Tradicional, mucho más tradicional de lo que aparenta, también; y moderna, mucho más moderna que la propia imagen que el escritor acaba ofreciendo en sus libros. Es una combinación bastante insólita para la época, para su clase social y para una comarca como el Ampurdán. Modernidad y tradición. Localismo catalanista y cosmopolita. Convencionalismo social con libertad personal. Vanguardia, pero también retaguardia. O al revés. El padre, la madre y los cuatro hijos están unidos desde la distancia, en permanente contacto; suelen prodigarse muestras de afecto y se apoyan cuando es necesario. Predomina en ellos una mentalidad de clan. Pero cada uno desde su independencia, que se respeta. En seguida destaca el hijo mayor:  Josep Pla. Todos le creen un genio y toda la familia empieza a pivotar entorno a su vida. Le siguen, le apoyan y le adoran hasta el final.

De hecho, y como es sabido, Pla comenzó a estudiar Medicina, luego cambió a Derecho, pero la vida universitaria no le llenaba, siempre persiguió algo más. ¿Qué era exactamente ese «algo más» que ansiaba? ¿Lo llegó a encontrar en vida, en el periodismo, en la literatura?

Scrisse. Visse. Amò. Desde que era joven, Josep Pla no deja de pensar en los tres verbos en italiano que Stendhal hizo inscribir en el epitafio de su lápida, en París: «Escribió. Vivió. Amó». Les da vueltas durante décadas. Reflexiona sobre ellos, los sopesa y los discute, y así hasta la vejez. Escribir, vivir y amar son los tres motores de su vida, quizá en este mismo orden. No hay duda de que Pla vive mucho, que vive apasionadamente muchas vidas, intensas, superpuestas, contradictorias. También escribe mucho, muchísimo, compulsivamente. Es una necesidad vital que lo persigue, que lo tortura y que, al mismo tiempo, le proporciona placer. Es hiperactivo. Publica casi ciento veinte títulos y cerca de siete mil artículos. Pero a Pla se le acumulan los interrogantes. Le perturban las angustias que ve reflejadas en algunas cartas de Gustave Flaubert, partidario de reservar toda la energía vital y sexual para escribir. A Pla también le da miedo que la vida le haga perder la literatura. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo salvarla? ¿Cómo salvarse? Es el gran reto de su existencia. ¿Cómo tener al mismo tiempo una vida y una obra? ¿Cómo lograr que avancen en paralelo? 

Yo veo a Pla como un personaje fáustico. Está dispuesto a pactar con el diablo a cambio de ser escritor. Siempre está a punto para vender su alma si obtiene a cambio la literatura y el reconocimiento del mundo. La figura de Fausto lo obsesiona. Pero Pla sabe que para obtener la gloria literaria (digámoslo así), deberá pagar un alto precio. Y ese precio, creo, es la felicidad.

Cuenta en el libro que Pla fue polémico con su trabajo desde el principio: en el periodismo, con sus crónicas incisivas; en la literatura, con su prolífica obra en géneros y contenidos, en crítica social y en su representación de la época. También en su militancia en la Lliga Regionalista, siendo diputado de la breve Mancomunidad de Cataluña. ¿Podría hablarme de El cuaderno gris, dietario que recoge sus tiempos de estudiante de Derecho? ¿Por qué un libro de contenido tan temprano en su biografía se ha convertido en una de sus obras más representativas?

Ya es sabido que Pla presenta El cuaderno gris como su dietario de los años 1918 y 1919. Pero la realidad es muy diferente. El libro se publica en 1966, cuando ya casi tiene setenta años. Lleva décadas pensando en él, trabajando a partir de un dietario real escrito en la época y que publiqué yo mismo en facsímil. Va insertando narraciones, extrayendo cosas que no le sirven, corrigiéndolo, literaturizándolo, casi soñándolo. 

Para mí, El cuaderno gris representa el último gesto de un escritor situándose ante el espejo. El Pla maduro observa al Pla más joven y convierte lo que podía haber sido solamente un simple diario personal o íntimo en una gran obra de reflexión literaria sobre leer y escribir.  

¿Qué ofrece al lector exactamente El cuaderno gris?

El cuaderno gris cuenta la historia del nacimiento de un escritor. Son sus personales Lehrjahre, unos verdaderos años de formación que constituyen una aportación insustituible a la configuración de la personalidad en un individuo contemporáneo. También es la historia de la formación de una identidad que se desdobla, que se construye escribiendo, dentro de la literatura. Porque está muy claro que no es una obra de juventud, sino una obra de madurez en la cual Pla da forma a una historia comparable a una novela de aprendizaje en la que el protagonista aprende a leer y escribir, aprende a ser un escritor. ¿Es el joven que habría querido ser? En todo caso, es la imagen que quiere dejar fijada del joven que quizá fue, una versión sublimada y literaturizada de su yo. El artículo indeterminado del subtítulo del libro, «un dietario», ya indica claramente al lector que este es uno de sus posibles retratos de juventud, una de las versiones de sí mismo que decide mostrar. Porque la literatura es, para Pla, una reconfiguración ética de su vida. 

La expresión la tomo del crítico francés Paul Ricoeur y aparece en el libro Soi-même comme un autre, publicado en 1990, aplicada a las Confesiones de San Agustín y a la obra de los grandes moralistas franceses de los siglos xvii y xviii. El protagonista de El cuaderno gris es Pla y no es Pla. Como resultado de esta larga gestación y de una elaboración compleja, Pla introduce en el dietario un movimiento de distanciamiento, de compromiso, que no procede exactamente ni de la imaginación ni de la fidelidad a la realidad referencial, y en el cual Pla se sitúa en escena como un personaje con unas constantes morales reconocibles por sus lectores.

Volviendo a la vida del autor, en su exilio a causa de un artículo crítico con el Ejército Pla mantuvo una incesante actividad catalanista en París, Reino Unido, la URSS… La Unión Soviética marcó el cariz de Pla. ¿En qué aspectos le impresionó, para bien y para mal, el proyecto comunista ruso? ¿Cómo afectó a su obra su conocimiento de la URSS?

Todas las posiciones políticas de Pla deben ser contextualizadas y analizadas en función del momento vital e histórico, y también de sus necesidades profesionales. Durante su larga vida pública, entre 1920 y 1980, Pla es siempre un catalanista, por familia, por formación, por amigos, por intereses y, sobre todo, por proyecto político. En su juventud, efectivamente, forma parte del nacionalismo catalán conservador, con tendencias separatistas. Luego se modera mucho. Su antirrepublicanismo es, incluso, previo a la República: era antirrepublicano antes, y lo será durante y después, para siempre. Pero tampoco es monárquico. Su catalanismo y su fervor democrático se empequeñecen durante la guerra civil hasta desaparecer. 

¿Y durante el franquismo?

Durante el franquismo, a grandes rasgos, será partidario de la colaboración, a veces irónica, a veces con un catalanismo disfrazado de regionalismo o de barcelonismo. Pla emerge en los años cincuenta con un catalanismo lingüístico y cultural, posibilista, pragmático y antiromántico que no le concilia con casi nadie, o solo con Josep Tarradellas: ni con los sectores catalanes más puristas o rupturistas ni tampoco con los sectores ideológicos moderados mayoritarios en la España del momento. 

Bien, pero y sobre su estancia en Moscú…

Su precoz estancia en el Moscú de 1925 es ambigua: su curiosidad periodística queda muy limitada por su escepticismo ideológico. En la posguerra, el anticomunismo se radicaliza. El viaje a Estados Unidos en 1954 le convence de sus posiciones liberal-conservadoras, siempre partidario de la democracia norteamericana y del atlantismo como eje de interpretación del mundo de la Guerra Fría. 

No obstante, la vida de Pla no fue solo literatura, periodismo y activismo intelectual. ¿Cómo fue su vida amorosa? ¿Qué mujeres estuvieron detrás de su inmensidad? ¿Cómo fue y quiénes destacaron entre su círculo de amistades?

En la célebre entrevista con Joaquín Soler-Serrano para el programa de Televisión Española titulado A fondo, emitido en enero de 1977, Josep Pla afirma no haberse enamorado nunca. En general, en las entrevistas, se muestra socarrón, antisentimental, muy sarcástico en cuanto oye la palabra «amor» e incluso llega a afirmar que el enamoramiento es como el sarampión: una enfermedad que debe pasarse en la adolescencia. La realidad que aparece en mi biografía es totalmente diferente. Pla es un hombre muy sentimental, con una sensibilidad siempre a flor de piel, y hasta con una visión del mundo muy sensualizada o hasta sexualizada. Por razones muy complejas, que no solo tienen que ver con la timidez o el pudor, siempre disimuló esta sentimentalidad.

En realidad, [Pla] es un hombre muy enamoradizo, con un carisma personal muy destacable, que enamora a muchas mujeres y a algunos hombres, y que tiene a lo largo de su vida relaciones estables con media docena de mujeres, y muchas otras más esporádicas. Pero el Pla autobiógrafo no dedica más que unas pocas líneas a hablar de alguna de estas relaciones femeninas. Una de las misiones que me autoimpuse al escribir la biografía de Josep Pla fue dar voz y dignidad a estas mujeres, ya que él no les dio ni voz ni dignidad. A través de las cartas que se conservan, los lectores y las lectoras tienen ahora la oportunidad de ver el punto de vista de estas personas que tanto amaron a Pla y a quienes él quiso también tanto.  Creo que esta dimensión del «corazón furtivo» de Pla ayuda a entender muchas cosas de su vida privada y también pública, y ofrece un autorretrato nuevo y fascinante de su trayectoria vital.

¿Cómo encajó una persona como Pla, pragmática y que deseaba la prosperidad frente a la ideología, tanto el desarrollo de la promesa republicana como la violencia durante la Guerra Civil? ¿Y cómo es posible que Pla pasase a los servicios de información, como espía, y posteriormente a la lucha activa, con el bando franquista? ¿Fue clave la influencia de su amante, Adi Enberg?

Para Pla, el año 1936 es el de la herida íntima, del desgarro moral, del derrumbamiento de todo un mundo. Durante la guerra vive en un estado de excitación personal y de extremismo ideológico. En un contexto de agitación social y de incertidumbre política, tanto en Cataluña como en España, Pla desemboca rápidamente en el autoritarismo. Como muchos otros escritores de la época, el contexto cada vez más polarizado lo lleva a abrazar los extremos en un ambiente de decadencia y de llamamientos apocalípticos. Mientras su análisis político se radicaliza hacia posicionamientos de derechas y aún más radicales, Pla recibe toda clase de críticas por parte de la prensa republicana más catalanista y progresista. De las críticas y las burlas pronto pasan a los insultos personales y a las amenazas veladas. De repente, atónito, Pla advierte que quizá su vida esté en peligro y el miedo lo paraliza. El miedo lo conduce al egoísmo. Las amenazas de muerte, que son reales, lo desconciertan. De ahí la huida a Francia y el periplo europeo de 1937 y 1938. 

¿Y cómo llegó a convertirse en un informador, en un espía?

En Marsella, Pla se afilia a un servicio de información y propaganda contra el bando republicano promovido por Francesc Cambó. Hablar de «espía» me parece un poco peliculero. En el archivo del ejército de Ávila consulté tota la documentación que se conserva. ¿Qué hace Pla? Exactamente, no lo sabemos. Si publica artículos en la prensa francesa contra la República o contra la Generalitat, no han aparecido. Trabaja en una oficina, lee la prensa, redacta notas para las agencias, reúne dosieres de prensa internacional, quizás contacta con periodistas franceses pro-franquistas. 

¿De qué vive? Básicamente de Adi Enberg, su pareja desde 1924. O, mejor dicho, del padre de Adi: es el influyente cónsul de Dinamarca en Barcelona. Con un pasaporte danés, han podido abandonar Cataluña. Las comunicaciones se hacen desde el consulado danés de Marsella o vía la embajada en Madrid por valija diplomática. El «suegro» (no llegaron a casarse) les envía dinero, les visita en coche desde Barcelona, les facilita la documentación necesaria para viajar a Italia y Suiza.  


Y de esta manera, entiendo, llega el inevitable «desgarro» de la Guerra Civil…

He intentado explicar la guerra civil vivida por Pla con el máximo detalle y objetividad. Pero como es lógico hay poca documentación. Descontextualizada, no siempre es fácil de descifrar, de comprender, de interpretar. Pla deja pocos rastros, es camaleónico y escurridizo como una anguila… Casi nunca escribirá sobre los tres años de guerra. Conociendo a Pla, puede que haga el doble juego, o quizá incluso más. ¿Hasta qué punto? Enseña sus cartas poco a poco. También sus caras. Pero lo vive todo con una gran insatisfacción personal. Está destrozado. Al parecer no lee mucho. Tampoco parece que escriba. Solo vive. Sobrevive para no sucumbir. Una vez más, para salvarse. 

Los años 40 y 50 fueron especialmente luminosos para el legado de Josep Pla: reportajes internacionales –el recién nacido Israel, Cuba, América del Sur, Estados Unidos, de nuevo la URSS–, también su respeto como periodista e intelectual a nivel nacional e internacional. ¿Cómo fue aquella «vida lenta» junto con Aurora, en su masía familiar, de aquel hombre que prefería viajar en cargueros y petroleros para escribir y pensar en soledad? 

Si sus primeras parejas fueron chicas extranjeras, cultas y sensibles, sexualmente liberadas, a partir de 1939 todo va a cambiar. Pla no puede salir del país y se ve obligado a ponerse, digamos, unas gafas de proximidad. Cuando prepara su libro Viaje en autobús, se desplaza por pueblos y pueblecitos, sin prisas, parándose en las fondas más populares o quedándose en las playas y las calas de la Costa Brava. En 1940 conoce, efectivamente, a Aurora, en un prostíbulo. Ella viene de una familia republicana, derrotada y con problemas económicos. Empiezan una relación apasionada que durará ocho años. 

Pero Aurora debe afrontar enseguida dos obstáculos muy serios. Por una parte, el alcoholismo de Pla, que va a más. Y, en segundo lugar, la vocación exclusiva de Pla por la literatura y el periodismo. Quiero decir que Aurora se siente sola y siente celos, pero no de otras mujeres, sino del tiempo que Pla le roba escribiendo. Al final, Autora emigra a Argentina en 1948 y en seguida le sucede Consuelo, una chica de raza gitana de Cadaqués que casi no sabe ni leer ni escribir. Así empieza lo que podemos llamar la «vida lenta». 

¿Qué sucedió después?

En los años cincuenta está como desconcertado, no encuentra su ritmo vital. Está consternado. Atormentado. Por no decir devastado. El tono general de esos años es de tristeza, de insatisfacción y de desánimo. El autorretrato moral se va dibujando a partir del insomnio persistente, del alcoholismo, al que cede con facilidad y fatalidad, y de una cierta desgana por la escritura. La soledad de Pla no es física, ya que su extrema sociabilidad le permite resolver satisfactoriamente el dilema entre la agradable vida solitaria y la necesidad de encontrarse con otras personas, hacer tertulia, salir a cenar y a tomar algo. Pero, como escritor, parece vivir en una grave soledad moral, asaltado por las dudas acerca del valor de su obra y por la incertidumbre sobre su futuro literario, aparentemente falto de interlocutores y necesitado como nunca de reconocimiento en el contexto de una cultura catalana que, reprimida y restringida como estaba, poco podía ofrecerle.

¿Fue Pla un apólogo de la introspección frente a la extrema socialización? ¿Qué diferencias observa en la profunda investigación que recoge en este libro entre el Pla de juventud y el Pla de los últimos tiempos?

Creo que la obra de Pla es, ante todo, una reflexión sobre la identidad personal y colectiva, una vasta indagación sobre el paso del tiempo y la memoria, y un vigoroso retrato de Cataluña, España y Europa en del siglo XX. 

Mi tesis es que en la vida de Pla hay un vacío. Que su vida es realmente desordenada, inestable, fragmentaria y contradictoria. Por esto, la literatura le da orden, equilibrio y estabilidad, pero sobre todo le da una identidad sólida en la que se reconoce y que sobre todo los otros reconocen. Pla solo es feliz escribiendo. La timidez extrema, más una insatisfacción profunda, están en la base del deseo de Pla de superación personal y de dedicación a la escritura. Por eso en Pla hay tensión, desequilibrio y más destrucción de lo que parece. No se gusta. Pero nadie es más crítico con él que él mismo. Eso lo salva. 

Pla se sitúa siempre delante del espejo y pasa tanto tiempo mirándose que al final parece darle miedo llegar a conocerse u osar descubrirse realmente. Es implacable, durísimo, sobre todo en sus autorretratos.  El deseo de ser «otro» y la constatación de la necesaria escisión del yo provocada por la literatura se convierten en las dos grandes líneas de toda su literatura, sin necesidad de acordarse de la famosa aseveración de Rimbaud. Desde su juventud hasta su vejez, la escritura es presentada por Pla como la costosa toma de conciencia del inevitable proceso de distanciamiento entre el individuo que escribe y esa «persona extraña» que toma cuerpo mediante la escritura. Por esto, en realidad, creo que Pla solo es «él» siendo el «otro». 

Hoy reconocemos la importancia de Pla como influencia para la Cataluña y la España actuales como la importancia de su obra literaria. ¿Cuáles de sus obras, y por qué razones, recomendaría a los lectores, sean o no lectores y conocedores de la obra del autor?

Por desgracia, no todos los libros de Pla están traducidos al castellano, lo que provoca una recepción irregular y quizás dislocada de su obra. Resumiendo mucho diría que a todos aquellos que les interese el acto de leer y escribir recomendaría El cuaderno gris y los libros de notas, reflexiones y aforismos

A quien le interese saber qué fue la Cataluña del siglo XX y la historia de la cultura catalana, los sesenta retratos biográficos de «homenots» (que a menudo se han traducido como «Grandes Tipos»), es decir desde los grandes artistas como Gaudí, Dalí o Maillol, los mejores poetas (Carner, Riba, Espriu), hasta los intelectuales como Vicens Vives, Fuster o Estelrich, o los lingüistas (Pompeu Fabra, Joan Coromines, Francesc de B. Moll), entre otros.

Creo que para los múltiples lectores actuales de la no ficción o del periodismo narrativizado hay tres libros de Pla que pueden resultarles muy atractivos: la precoz biografíaVida de Manolo contada por él mismo (1928), el famoso dietarioMadrid, el advenimiento de la República (1933) y El viaje en autobús (1942). 

Pero Pla es interminable. El libro del viaje a Estados Unidos, Week-end de verano en New-York(1954) es muy divertido y recomendable. En fin, a todos aquellos a quien les interese el estado de ánimo colectivo durante la Europa de entreguerras, destacaría las crónicas deLa inflación alemana(1923-24) y las narraciones de La vida amarga, situadas en París, Berlín, Londres e Italia.   

Josep Pla en “A fondo” entrevistado por Joaquin Soler Serrano

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