I. Importancia y contexto

Retrato de un cirujano. SS Yudin
Reflexiones de un cirujano

“La realidad es un manojo de problemas. Cuando las prioridades están claras las decisiones se hacen fáciles” — Mario Benedetti

Apremiante o relevante

Durante años, quizá por inercia profesional, he corrido detrás de lo urgente como si ahí estuviera siempre lo esencial. Sigo con la costumbre de resolver lo inmediato con el pretexto de que “me ocupa neuronas”, y eso me da una falsa sensación de control.

Y me ha ocurrido lo contrario, dejar pasar detalles, gestos o datos que parecían menores y acabaron siendo decisivos.

Discernir qué merece mi atención —y qué no— sigue siendo una de las tareas más determinantes dentro del esquema CEFALICA. 

Dónde mirar

Valorar la importancia es iluminar lo que interesa y dejar en la penumbra lo que distrae. No puedo pretender abarcar todo, ni todo merece el mismo grado de cuidado. Ordenar lo que aparece delante de mí ya es empezar a resolver, incluso si opto por no hacer: el mismosilencio puede significar respeto en el duelo o evasión en una conversación incómoda.

Isaiah Berlin recordaba que la relevancia no es una regla fija, sino un juicio que depende enteramente del contexto. Ante un dilema vital, distintas culturas priorizan de forma opuesta: unos salvan a los jóvenes, otros a los mayores.

Lo que es esencial para mí depende del momento, de lo que está en juego y de lo que estoy dispuesto a defender.

Transfusión de sangre Jules Adler

Ahorro de energía

Cuando priorizo bien dirijo mi mirada y ahorro energía. Si no elijo bien pierdo el norte y termino el día con la sensación de no haber hecho nada relevante.

Peter Druker lo resumía con agudeza: “No hay nada tan inútil como hacer eficientemente algo que no debería haberse hecho en absoluto”.

Además, entre propuestas atractivas que no cambian nada se suelen esconder pequeños detalles que podrían inclinar un resultado.

No juzgar la importancia real de mis necesidades y no priorizar es, en sí, una toma de postura: estoy dejando que las circunstancias o los demás decidan por mí.

Miopía o ceguera

Lo significativo puede estar delante de mí… y aun así no lo veo. A veces porque no lo aprecio, otras porque no lo reconozco.

Un ingeniero de Kodak inventó la cámara digital en 1975. Su “¿quién va a querer hacer fotos que no se ven en el papel?” los llevó a la bancarrota. Muchas veces vivimos la inercia del presente para no salir de la nuestra zona de confort.

El experimento del “gorila invisible” —que apareció un partido de baloncesto y muchas personas no vieron— muestra algo parecido: cuando nos concentramos en una tarea concreta podemos pasar por alto elementos decisivos.

También podemos inclinarnos por dejar de mirar, por cansancio o desinterés. Durante décadas no parecía faltar capacidad para volver a la luna, pero dejó de ser una prioridad.

Perspectiva distorsionada

Cada día escucho que “un reciente estudio médico dice…”. Puede ser interesante, pero entre millones de trabajos publicados no siempre se destaca lo que realmente aporta. Un titular llamativo sobre un estudio preliminar puede eclipsar años de investigación sólida.

Los memes de Dawkins ilustran cómo las ideas se propagan en redes y medios por su atractivo, no por su solidez o su veracidad.

En un mundo saturado de información lo importante se amortigua con el ruido y, en el día a día, me cuesta abstraerme de lo que más grita.

Discernir y priorizar

Cuando leí en los primeros trabajos que una taquicardia inexplicada podía ser la única señal de alarma en la cirugía de la obesidad no descubrí nada nuevo, pero entendí su verdadero peso. Sin dolor claro, sin fiebre, si esperaba más signos y no actuaba a tiempo estaba jugando con la supervivencia de un paciente de alto riesgo.

Haber vivido de cerca los inicios de la cirugía bariátrica en nuestro medio, entre recelos y dificultades, reforzó esa lección: en estos enfermos, por su menor expresividad clínica y sus condiciones fisiopatológicas, detalles anodinos pueden ser determinantes.

Y si hay un lugar donde se vive la Importancia como palabra clave, es el servicio de urgencias. En ese escenario todo es perentorio, pero no todo puede ser lo primero. La priorización de pacientes y medios es la hoja de ruta y los protocolos evitan que la rapidez se convierta en desorden.

Cero supuestos

Un paciente fue programado para cirugía de la glándula suprarrenal derecha tras un estudio previo que situaba la lesión en ese lado. Todo estaba listo: equipo, campo quirúrgico, posición del paciente.

Cuando el enfermo ya estaba anestesiado se revisó el TAC con los residentes sin esperar encontrar nada nuevo.

Y, sin embargo, algo no encajaba. La lesión no estaba donde todos daban por hecho. Estaba en el lado contrario.

Hubo que cambiar la posición del paciente y replantear la intervención.

Nada había fallado en el conocimiento. Lo que había fallado era la atención. Y, con ella, la capacidad de reconocer qué era realmente decisivo en ese momento.

El listado de verificación se había cumplido: las imágenes estaban disponibles. Pero estar disponible no es lo mismo que haber mirado de verdad.

El valor del checklist no está en marcar casillas, sino en obligar a detenerse y compartir la información antes de actuar.

Y, aun así, no es infalible. Si se convierte en rutina, pierde su fuerza. 

Porque lo trascendente no siempre se omite por desconocimiento, sino porque se da por supuesto.

Consideraciones y matices

Decidir qué es lo importante me cuesta. Los criterios no siempre están claros ni son objetivos. Además, priorizar implica renunciar, y no siempre conozco el valor de lo que dejo fuera.

Cuando tengo dudas, me ayuda preguntarme qué error sería más difícil de reparar: no busco la opción perfecta, sino la menos irreversible (Weber). También es útil detenerme, formular bien la cuestión y, a veces, escuchar a otros antes de elegir.

En un mundo cambiante incluso lo que parecía indiscutible va perdiendo firmeza; eso me obliga a revisar mis prioridades a menudo.

Por otro lado, hay dimensiones —como la confianza o la belleza— que no se dejan medir y, sin embargo, pueden ser decisivas.

Al final, valorar la relevancia de algo no es aplicar una regla, sino ejercer un juicio.

En pocas palabras

Lo esencial no siempre es visible, pero detenerme a valorar —en cada momento y lugar— dónde centrar mi interés me ayuda a distinguir lo que puede cambiar un desenlace.

Priorizar es separar lo principal de lo secundario y orientar mi criterio con intención.

Si bien ceder en lo trivial puede ser humanidad, pienso que ceder en lo sustancial siempre tiene un coste.

En CEFALICA, la Importancia es la alarma que me recuerda que no todo merece el mismo esfuerzo.

Y cuando consigo distinguir qué es realmente lo esencial, llega el paso inevitable: mirar de frente lo que mi toma de postura va a desencadenar.

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