“Si me das a elegir entre tú y mis ideas, aunque yo sin ellas soy un hombre perdido, ay amor, me quedo contigo.”
Enrique Salazar, vocalista y miembro de “Los Chunguitos“
Cuando comencé a estudiar en la escuela de arquitectura de Donosti, a finales de los 80 del siglo pasado, la escuela respiraba una corriente pedagógica fiel a un estilo arquitectónico definido e inspirado en La Tendenza, o Neorealismo Italiano.
Esa era la línea editorial de la escuela, al menos durante unos años; seguirla o no era una decisión que, por supuesto, pertenecía a cada uno de nosotros, los estudiantes.
Adherirse a cualquier estilo, tendencia o creencia tiene ventajas, inmediatamente adquieres varias herramientas que son muy útiles; un marco compositivo, un contexto intelectual y, sin manifestarse de una forma inadecuada, una aceptación en el juicio de terceros afines ante tus planteamientos.
Te pones un traje que ha diseñado otro, con el que te sientes cómodo, te gusta y gustas a los que quieres gustar.
Al principio, en la fase de aprendizaje y descubrimiento del traje, el propio tiempo destinado a adquirir conocimiento te impide explorar otras formas de interpretar la realidad.
Más adelante, una vez consumida la experiencia, la curiosidad comienza a llamar a la puerta y los dogmas se empiezan a desdibujar.
Y es ahí donde comienzan a aparecer tus ideas y donde el traje empieza a apretar.

Hace un par de años un amigo muy querido al que admiro me dijo:
—Al final todo se reduce a ser de derechas o de izquierdas.
¿Tú de qué eres, de derechas o de izquierdas?
—No lo sé —le respondí.
—Todo se reduce a eso —me dijo—, no hay más.
Entendí lo que me estaba trasladando entre líneas, me hablaba de compromiso y posicionamiento, en su opinión ambas eran absolutamente necesarias.
Sentí la misma sensación que he tenido tantas veces en mi vida cuando he tenido que elegir en binario.
Rechazo.
No quiero defender ideas de terceros en bloque, no quiero un traje.
Elijo que mi camisa no vaya con mis pantalones, ni con mis zapatos ni con mis calcetines, y elijo cambiar de opinión sobre cada uno de ellos cada día.
Puede interpretarse como falta de compromiso y escapismo, cobardía, lo entiendo perfectamente y lo asumo, sin embargo, el compromiso es conmigo mismo, con mi duda y con mis ideas.

Elijo expresar mi profunda tristeza y mostrar mi dolor por Israel tras la masacre perpetrada por Hamás en el festival de música de Re’im y hacer exactamente lo mismo por Palestina tras la masacre perpetrada por Israel en la franja de Gaza.
Al contrario de mi querido amigo, no estoy de acuerdo en que es necesario posicionarse, neorealismo o modernismo, derechas o izquierdas, no hay más.
En realidad creo que posicionarse en bloque produce lo contrario, nos quita amplitud. No hay menos.
Los dogmas nos enfrentan, eliminan opciones, matices y posiciones intermedias, y nos hacen, por lo tanto, más ciegos, menos inteligentes.
Elijo cambiar de chaqueta las veces que haga falta para no ahogarme en mi propio traje.
En definitiva, “si me das a elegir entre tú y mis ideas…”, me quedo con mis ideas para compartirlas contigo y seguir dudando.