Epilogo: una mirada al espejo

Un médico extrae la piedra de la locura a un paciente. El Bosco. 1475. Museo del Prado, Madrid
Reflexiones de un cirujano (y14)

El mundo que habitamos es demasiado complejo, demasiado rico, demasiado lleno de contradicciones para ser encerrado en cualquier sistema rígido”. — Isaiah Berlin

Lo que escribo

Mi mejor amigo me preguntó, hace tiempo, por qué pienso como pienso. La pregunta quedó flotando y, cuando me puse a cavilar, fui recuperando los ecos de cómo tomaba decisiones cuando ejercía como cirujano. Me di cuenta de que aquel viejo hierro del oficio me había dejado cierta huella, como una forma de mirar los problemas. 

Era, en el fondo, una forma de razonar que, de alguna manera, utilizaba en el día a día. ¿Podría concretarla en unos criterios prácticos? De esa pregunta nació el esquema CEFALICA con el que introduje estos artículos. Pero, mientras ponía por escrito esa idea, se hacían patentes sus limitaciones y otras vertientes humanas que no siempre he tenido en cuenta.

Creo que escribir estas páginas me ha ayudado a poner algo de orden en mi cabeza y, con suerte, puede que me lleve a equivocarme un poco menos.

“El médico” de Luke Filder

Lo que no veo

Hace ya muchos años, acompañado por un residente más joven y con la suficiencia de quien empieza a sentirse experto, diagnostiqué la supuesta parálisis intestinal de una paciente añosa operada de cadera. Me parecía lo más probable; todos los detalles encajaban. Sin embargo, la evolución clínica y las pruebas demostraron muy pronto que se trataba de una obstrucción por un tumor de colon que no habíamos sospechado. 

El caso me dejó una incomodidad confusa. No por el fallo diagnóstico en sí —eso puede pasar—, sino por lo fácil que me resultó convencerme de que tenía razón. Muchas veces no defendemos nuestras ideas, sino la imagen que tenemos de nosotros mismos. Cuando me pongo a escribir, sé que también caigo en esos puntos ciegos: creo que estoy razonando con objetividad y, sin darme cuenta, solo estoy intentando confirmar lo que ya pensaba. 

Al revisar el conjunto de estas REFLEXIONES, descubro un desfase que no puedo eludir: primero, entre lo que creo que pienso y cómo decido en la realidad; y luego, el salto final hacia lo que termino redactando. Con todo, sigo creyendo que mirar de frente mis incoherencias, con humor y paciencia, es una manera razonable de aprender de lo vivido.

Lo que me queda

No he pretendido elaborar un método ni redactar unas memorias nostálgicas. Son solo unos apuntes, pero que me han servido, sobre todo, para recordarme que se aprende más de las dudas y los tropiezos que de las certezas tajantes.

He tenido fallos por exceso de confianza, por cansancio o por no ver lo que tenía delante. Y, sobre todo, por olvidar a veces algo elemental: que no nos relacionamos con criaturas de pura lógica, sino con seres humanos empapados de afectos, miedos y orgullo. A quienes, a menudo sin saberlo, me enseñaron a dudar de mí mismo, les dedico íntimamente lo escrito. 

Quizá por eso, el recorrido más sensato para releer estos pensamientos sería empezar por el final, porque los demás siguen ahí. Aunque intentar adivinar cómo decido no me garantiza una vida sin fallos, confío en que al menos me ayude a causar menos daño en adelante.

Escribir para HYPERBOLE me ha obligado a revisar muchas de mis ideas. Si hoy volviera a empezar el primer artículo, seguramente seguiría otro camino y plantearía preguntas distintas; no porque reniegue de lo escrito, sino porque el propio trayecto al redactarlo también me ha cambiado.

No he descubierto nada nuevo, pero he aprendido a conocerme un poco mejor. Y eso, mirado con calma, es más de lo que esperaba cuando empecé. 

Visto en conjunto, ha merecido la pena.

En Mogro, julio de 2026

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1 Comment

  1. says: Jesus J de la Gándara Martín

    Antonio, muy bonito epílogo. Si consigues recogerlas todas juntas en un opúsculo, quedaría muy bien, breve pero muy enjundioso. Perfectamente publicable.

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