“No es la respuesta lo que ilumina, sino la pregunta.” — Eugène Ionesco
Después de recorrer uno a uno los criterios de CEFALICA, necesitaba comprobar qué quedaba de ellos cuando las ideas tenían que enfrentarse a la vida real.
En la práctica, me ayuda recordar el acrónimo como un puñado de preguntas; que me hago casi sin darme cuenta. Son avisos discretos para fijar la mirada antes de decidir.
No siempre necesito todas; a veces basta una sola para aclarar el asunto, pero cuando la situación se complica, puede venirme bien recurrir al repertorio completo.

1. Análisis de la realidad: Antes de intervenir, expongo el campo para ver a qué me enfrento.
Claridad: ¿De verdad he entendido la cuestión? Me obligo a definir el problema sin ruidos ni desvíos antes de dar el primer paso.
Evidencias: ¿En qué pruebas o informaciones me apoyo? Así distingo lo que está comprobado de lo que solo son impresiones o suposiciones.
Falsabilidad: ¿Se podría demostrar que me equivoco? Si no quiero quedarme en una creencia cómoda, debo analizar por dónde puede fallar mi idea.

2. El papel del personaje: Tan importante como el asunto es el estado del instrumental: mi propio juicio.
Autoexamen: ¿Estoy buscando la verdad o defendiendo mi postura? Me cuestiono si no me empujan prejuicios, intereses o emociones mal digeridas.
Lógica: ¿Mis conclusiones derivan realmente de lo que sé? Reviso que no haya saltos injustificados, trampas mentales ni atajos engañosos.

3. Toma de decisión y pronóstico: Aquí es donde la reflexión se convierte en acción y responsabilidad.
Importancia: ¿Merece esto mi energía, aquí y ahora? Invierto mi esfuerzo solo si mi actuación puede cambiar el desenlace.
Consecuencias: ¿A quién afecta lo que decido? Evalúo el impacto a corto y largo plazo asumiendo sus resultados, incluso los no deseados.

4. Cierre y revisión: Ninguna decisión queda del todo cerrada si no acepto la posibilidad de corregir.
Aprendizaje: ¿Cambiaría de opinión si aparecen hechos mejores? Exploro otras opciones y mantengo la libertad para rectificar.
Sobre el papel parece mucho, pero con el tiempo algunas preguntas salen casi solas. Ningún esquema evitará que siga equivocándome, pero al menos me ayuda a hacerlo con algo más de consciencia.
De todas formas, si me detengo aquí la imagen estaría incompleta ya que una cosa es el mapa y otra el territorio de la vida. En la realidad, el juicio se completa con ingredientes que el acrónimo no puede contener por sí solo, como la emoción, la intuición y la relación con los otros.
En adelante, por tanto, intentaré abordar la ruta al completo porque la razón orienta, pero “el camino se hace al andar”.