Nihilismo, sarcasmo y orgasmo

Si tuviese que hacer un trío, de los de decir “Por fin habéis llegado”, sería con Quentin Tarantino y Roman Polanski. O David Lynch y Polanski. O Natalie Portman y David Lynch. Lo que tengo muy claro es que si tuviese que hacer un ménage à trois, desde luego no lo haría con Jean-Pierre Léaud. No voy a hablar de sexo, que podría y me gustaría, pero no es la ocasión. Es momento de que abran una cerveza o se pongan una copita de JB y enciendan un cigarro. Si fuman, claro. Si no fuman sería tontería tener que ir a comprar una cajetilla de tabaco sólo para encender un cigarrillo y tenerlo en la mano mientras se consume. Aunque segura estoy de que algunos lo hacen.

¿Tienen ya el cigarro y la copa? Quizás para sentirnos más cómodos, podríamos poner algo de Pink Floyd. Imagino que está todo listo: el cigarro, la copa y la música. Siéntense y quítense los zapatos, esto va para largo. Aunque no tanto como “La maman et la putain”, que es el film por el que hoy tenemos una cita. Sí, ustedes y yo.

¿Han oído hablar alguna vez de Jean Eustache? Ese hombre que antes de suicidarse clavó un cartel en la puerta tan audaz como tétrico que decía: ” Llame fuerte, como para despertar a un muerto”. Ese que amaba a las mujeres tanto como amaba París y que vivía cerquita de Henry Miller. Menudos dos. Mientras Truffaut se había vendido un poco al dinero y aún un veterano Godard seguía firme a sus creencias, a mediados de los años sesenta surge otra segunda ola francesita con Jean Eustache a la cabeza. De la Nouvelle Vague salieron absolutas bellezas y este cineasta lo tenía difícil pero con sólo una película logró hacerse con la crítica y con el festival de Cannes.

Nos remontamos a 1973 y tengo el placer de presentaros a Alexandre, Veronique y Marie o lo que es lo mismo a Jean-Pierre Léaud, Françoise Lebrun y a Bernadette Lafont. Estos tres personajes se embarcan en una aventura en medio de un halo de pesimismo social tras el fracaso de Mayo del 68.

Por aventura quiero decir ménage à trois completo y por pesimismo social me refiero a esa generación que luchaba por la libertad pero que se quedó un tanto perdida y desilusionada tras aquel famoso Mayo. Sólo hicieron falta tres personajes, una cámara y un lúcido director que era capaz de convertir ficción en realidad, para hacer un film cargado de sensualidad, dolor y diálogos tan brillantes como la vida misma. Porque sí, a algunos la vida nos resulta tan dolorosa como brillante.

“La maman et la putain” (La mamá y la puta) narra, entre parques, habitaciones y bares parisinos, la historia de Alexandre. Logra, con unos cuidadosos diálogos, empatizar hasta la saciedad con los protagonistas. Y sino, explíquenme porqué Jean-Pierre Léaud se me hace insoportable hasta decir basta. Se hace insoportable porque es un canalla, un cabrón y un llorón que carece de cualquier tipo de sentimiento. Le llora a la ex novia que ya no le quiere, es un canalla con Marie y un cabrón con Veronique. Pero al mismo tiempo le comprendes, que es lo jodido de la historia. Le comprendes porque cuando uno está dolido tras una ruptura, la mayoría de las veces pierde el orgullo, la ropa interior y la puta cabeza; le molestan las ideas. Jodidas rupturas y obsesiones. Alexandre está dolido pero no duda en tirarse a todo coño que se le pasa, lo cual es comprensible. Cada uno lo supera como mejor puede. A Alexandre le gustan las mujeres que le puedan mantener y le consientan todo tipo de caprichos; un burguesito nihilista desencantado con el panorama que se quedó en Francia tras aquel Mayo del 68. Pero es que Jean-Pierre Léaud lo hace tan bien que terminas odiando tanto a Alexandre como al propio actor. El ratón que se muerde la cola. Mi error fue verle primero en este film antes que en “La Chinoise” o en los “400 golpes” porque terminé odiándole de por vida y ya me daba igual el papel que hiciese. Pero a lo mejor ustedes terminan amándole por la sensatez y coherencia de sus palabras y no sólo querrán hacer un trío con él, sino también querrán vivir eternamente entre sus sábanas escuchando a Mozart. Lo que no tengo tan claro es si Marie les dejaría, visto lo visto.

Uno de los momentos cumbre del film llega de la mano de Lebrun cuando interrumpe a Marie y a Alexandre en su habitación y les dice: “A lo mejor os molesto. A lo mejor estábais follando”. No me pregunten porqué, pero esa frase, cargada de crudeza y sarcasmo, me parece sencillamente preciosa. Veronique representa esa liberación del sexo, esa dependencia hacia éste y la importancia que cobran las relaciones sexuales en la rutina. Veronique es real, sincera, cruda y dolorosamente débil.

Serán los diálogos, la historia o los personajes y la improvisación de estos mismos. Será que con este film, según los entendidos, se cierra una bella etapa del cine francés. Será que soy capaz de odiar y de amar en misma intensidad y compás o será que las historias trágicas y crudas me atrapan y me consumen. Será que el número tres siempre me ha gustado o será simplemente que Jean Eustache supo trazar con esmero la historia que mantenía en la vida real con Françoise Lebrun. Vaya una a saber cuánto de mágico tiene “La maman et la putain”.

No le hagan caso a Alexandre. Piensen, disfruten y amen. Quizás para entender esto tengan que ver la película. Corran. Ya no sé por cuántos cigarros vamos.

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