Cinco lecturas sobre Grecia

Varufakis

Los momentos históricos son así. Parece que no pasa nada, es verano, mucha gente está de vacaciones creyendo que cuando vuelvan todo seguirá igual y que sólo tendrán que volver, como siempre, a la oficina. Los periódicos o los noticiarios siguen, como siempre, llenos de noticias que no informan de nada, que parecen pura propaganda para hinchadas ya convencidas de antemano, a las que sólo les queda mirar como unos y otros se tiran los trastos a la cabeza, jaleándolos o muriéndose de vergüenza.

Sin embargo la historia demuestra que, a veces, un suceso aparentemente banal desencadena un aluvión de acontecimientos reflejos que pueden cambiar el aire de una época y terminar en un cataclismo. Por eso no me gusta la crisis de la UE con Grecia  (aunque esto sea un contrasentido, porque Grecia pertenece y siempre pertenecerá a Europa), ni lo que ocurrió el 27 de Junio de 2015 en esa reunión en la que por un lado parecía que operaban reglas automáticas y por otro no existían normas decididas democráticamente, escritas y asumidas, sobre como comportarse si todo iba mal.

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He tratado de leer información fiable y entendible para mí, durante todo este tiempo y me ha sido muy difícil. La mayoría de lo que se encuentran son argumentos moralistas y casi infantiles del tipo “vivieron por encima de sus posibilidades y tienen que pagar” o “la troika representa el gobierno de los mercaderes, los intereses del poder financiero sobre políticos que no representan el verdadero sentir de los ciudadanos que son las víctimas”. De ahí a impugnar la construcción europea y un cierto modelo de democracia sólo hay un paso que distintos grupos ya están ensayando como intentar.

Esta semana va a ser crucial y quizá conviene revisar algunos de los argumentos, algunos detalles de la negociación en la que quizá falta una visión más global, más ambiciosa, con más perspectiva histórica. Está claro que hay deudas que no pueden pagarse y que intentarlo estrictamente puede suponer una calamidad, no sólo para los que las padecen sino para los propios acreedores. Esto no deberían olvidarlo los países europeos que asfixiaron a Alemania en el Tratado de Versalles, ni tampoco los alemanes que se beneficiaron del Plan Marshall y a los que condonaron la mitad de su deuda en 1954 en el Tratado de Londres. Como no habría que olvidar el peligro de los nacionalismos y el de los estereotipos de los que se alimentan.

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Reconozco que me gusta que Varufakis escriba y tenga un blog donde ponga sus opiniones y sus intervenciones. No es algo muy común entre los ministros. Su intervención del 27 de Junio de 2015 resulta emocionante de leer por todo lo que se jugaba, trata de demostrar autenticidad y de defender argumentos racionales con un punto de pasión, desde una perspectiva de la crisis que ha divulgado en libros como “El minotauro global” y también desde una idea de Europa que tiene que ver con la esperanza de prosperidad de los países miembros. No es sólo la austeridad, sino la austeridad durante cuanto tiempo y ¿para qué? Al final, todo es una cuestión de esperanza, que tiene que ver esencialmente con los resultados y el sentido de lo que se hace. Algo que necesitan las personas que habitan los países y que quieren simplemente prosperar y vivir sin pensar que el cielo puede caer sobre sus cabezas, por ejemplo en una cosa tan simple como que no salga dinero de los cajeros automáticos (cosa que ahora leo que ocurrirá mañana).

La opinión de Joseph E. Stiglitz y Jürgen Habermas. La intervención de Yanis Varufakis del 27 de Junio y la oficial de la Comisión Europea, además de algunos datos concretos de la negociación aportados por Alberto Sicilia en su blog “Principia Marsupia“. Cinco textos quizá insuficientes para orientarse del todo pero a partir de los cuales se puede seguir buscando.

Estuve hace años quince días en Grecia, acompañado de profesores de griego que querían verlo todo y que sabían mucho de los antiguos mitos y de las viejas batallas. Era realmente un placer recorrer el país escuchando aquellas historias mientras visitábamos lugares de nombre legendario que, a veces, apenas eran ya poco más que un paisaje algo desolado o pueblos pequeños más bien pobres. El antiguo esplendor parecía quedar muy lejos, aunque los griegos estaban llenos de vida y de simpatía. Su historia tan difícil quizá se enfrenta ahora a un nuevo reto que deberíamos propiciar que superaran. La Unión Europea no pueden comportarse como las tropas de Jerjes que amenazan de nuevo las Termopilas. Estamos en el mismo barco, nuestra cultura no sería nada sin los griegos.

 Economist and Nobel laureate Joseph Stiglitz Economist during interview with Reuters

“Los líderes de la Unión Europea siguen embarcados en un juego en la cuerda floja con el Gobierno griego. Grecia ha cumplido con mucho más de la mitad de las exigencias de sus acreedores. Sin embargo, Alemania y otros tenedores de deuda griega cotinúan exigiendo que este país firme un programa de política económica que ha demostrado ser un fracaso, y que pocos economistas alguna vez pensaron que podría, llegaría o debería ser implementado.

La oscilación en la posición fiscal de Grecia, que va desde un gran déficit primario a un superávit fue un hecho casi sin precedentes, pero la exigencia que pide que el país alcance un superávit primario del 4,5% del PIB fue desmedida. Lamentablemente, en ese primer momento en el que la “troika” –la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional– incluyó esta exigencia irresponsable en el programa financiero internacional para Grecia, las autoridades del país no tuvieron más remedio que adherirse.

La insensatez de continuar promoviendo este programa es particularmente aguda hoy en día, tomando en cuenta la disminución del 25% de su PIB que Grecia ha sufrido desde el inicio de la crisis. La troika calculó erróneamente los efectos macroeconómicos del programa que impuso. Según los pronósticos publicados, creían que, mediante la reducción de los salarios y la aceptación de otras medidas de austeridad, las exportaciones griegas aumentarían y la economía podría volver rápidamente al crecimiento. Creían, también, que la primera reestructuración de la deuda llevaría a la sostenibilidad crediticia.”

 

 Habermas

“La última sentencia del Tribunal de Justicia Europeo [que permite al Banco Central Europeo (BCE) comprar deuda soberana para combatir la crisis del euro] arroja una luz hiriente sobre la fallida construcción de una unión monetaria sin unión política. Todos los ciudadanos tuvieron que agradecer en el verano de 2012 a Mario Draghi, presidente del BCE, que con una sola frase [“haré lo necesario para sostener el euro”] salvara su moneda de las desastrosas consecuencias de un colapso que parecía inminente. Sacó las castañas del fuego al Eurogrupo al anunciar que, de ser necesario, compraría deuda pública en cantidad ilimitada. Draghi tuvo que dar un paso al frente porque los jefes de Gobierno eran incapaces de actuar en el interés común de Europa; todos estaban hipnotizados, presos de sus respectivos intereses nacionales. En aquel momento, los mercados financieros reaccionaron —relajando la tensión— frente a una única frase, a la frase con la que el jefe del BCE simuló una soberanía fiscal que no poseía en absoluto. Porque, ahora como antes, son los bancos centrales de los Estados miembros los que en última instancia avalan los créditos. El Tribunal Europeo no ha podido refrendar esta competencia en contra del texto literal de los tratados europeos; pero las consecuencias de su sentencia llevan implícito que el BCE, con escasas limitaciones, puede cumplir el papel de prestamista de última instancia.

JUNGER HABERMAS “El gobierno de los banqueros”  (seguir leyendo)

 

 

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