Roll over Chuck Berry

Chuck Berry

 

Pura casualidad: justamente el sábado pasado estaba en la cocina de una casa más o menos rural que nos habían prestado en Segovia a unos amigos y a mí discutiendo sobre la longevidad de algunas de las estrellas del primer rock´n´roll. Yo decía que Chuck Berry, Little Richard y Jerry Lee Lewis seguían vivos, aunque pareciera increíble, porque lo había leído por ahí y me interesaba el tema, pero ellos lo dudaban. Mira por donde tenían parte de razón: resulta que el más importante de los tres para mi gusto, Chuck Berry había muerto justo una hora antes de tener lugar esa conversación, pero aún no se había dado la noticia. No enteramos a la hora de las brujas, y a la mañana siguiente pusimos alguna canción suya en su honor. Con móvil y sin altavoces era mejor que nada…

Es sorprendente que con sólo los 90 años vividos de Chuck Berry podamos tocar casi casi con los dedos los orígenes de la música electrificada. Así de reciente es nuestro mundo, cuando creemos que llevamos metidos en él toda la vida. Berry no era ni nativo digital, ni siquiera nativo analógico, él había nacido todavía dentro de ese periodo milenario en el que todas las cosas, seres y enseres, del planeta eran nada más que como eran, o sea, “de corral” como cantaba Javier Krahe. Berry fue, si acaso, nativo, pues, de un entorno de auténtico corral como no podemos más que imaginarlo ya, sobre todo porque era negro y oriundo de un país con solera esclavista -y de un esclavismo específicamente racial- como lo es EEUU (más tarde, en 1964, la dueña de un hotel pudo matar a tiros a Sam Cooke básicamente por ser negro y llegar a horas sospechosas, y salir impune de ello). Precisamente porque Chuck Berry era negro, en un inicio tendió a olvidarse su nombre en el imaginario del rock´n´roll primitivo, o a hacerlo pasar por anecdótico (también eran negros Fats Domino, Ike Turner, Larry Williams, Bo Diddley o el mencionado Little Richard), pero después, y con la inestimable colaboración de Keith Richards, ha recibido tantos y tan sonados -nunca mejor dicho- homenajes en vida que esa laguna histórica puede darse por subsanada.

 

 

¿Y qué decían, de qué iban, esos primeros temas, eso blues acelerados, arañados, de la aurora pobre del rock´n´roll? Pues algo en apariencia muy inocente pero de consecuencias culturalmente bestiales, si se me permite decirlo así. Algo como “Beethoven, tú eres grande, pero deja paso, aparta, por favor, a un lado con todo lo que representas, que aquí venimos ahora no a venerar artísticamente a Dios o al Hombre o al Amor o a la Cultura, o a lo que tú quieras, sino a poner modestamente en marcha las fuerzas de la naturaleza que puedan hallarse en nuestros pies y las energías craneanas que tenemos en nuestras cabezas la gente normal, humilde, para sencillamente divertirnos y bailar…” Es un mensaje, un gesto, de la leche. Aún vivimos en él. Y fue Chuck Berry, un tipo pendenciero y algo golfo, quien lo transmitió por primera vez, tras una introito de guitarra legendaria; doy la letra entera traducida de ese clásico inaugural:

 

Roll over Beethoven

Voy a escribir una carta,
y enviársela al DJ de mi pueblo.
Es un humilde disco,
que quiero que haga sonar.
Date la vuelta, Beethoven,
que lo voy a escuchar otra vez.

Sabes que la temperatura sube en mí.
A la máquina de discos se le ha fundido un fusible.
Mi corazón late al son del ritmo
y mi alma continúa cantando el blues.
Date la vuelta, Beethoven
y cuéntale a Tschaikowsky ésta nueva noticia.

Tengo una neumonía rockera.
Necesito un disparo de Rhythm & Blues.
Me ha salido artritis,
sentado haciendo lecturas de ritmos musicales.
Date la vuelta, Beethoven,
que están rockanroleando en 4×4.

Bueno, si te sientes así,
ve a buscar a tu pareja, agárrala fuerte y baila.
Dar vueltas y moveos,
por arriba y por abajo y otra vez.
Date la vuelta, Beethoven,
trata de entender éste Rhythm & Blues.

Temprano por la mañana, te avisaré.
No pises mis zapatos de gamuza azul.
Hey, Diddle, Diddle, estoy tocando mi violín.
No tengo nada que perder.
Date la vuelta, Beethoven
y cuéntale a Tschaikowsky ésta nueva noticia.

Sabes que ella se mueve
y se retuerce como un gusano.
Baila como una peonza.
Tiene un compañero de baile
que es como un huracán.
Deberías verlos dar vueltas y bailar.
Tan seguro como que tiene 10 centavos,
que esto no va a parar.

Date la vuelta Beethoven.
Date la vuelta Beethoven.
Date la vuelta Beethoven.
Date la vuelta Beethoven.
Date la vuelta, Beethoven,
trata de entender éste Rhythm & Blues.

 

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2 Comentarios

  • No es una casa “más o menos rural’. Es una casa de pueblo. De hecho antes de que llegáseis estuve limpiando unas cagarrutas de ratón…

  • Más o menos porque allí había un chaval que llevaba un artilugio eléctrico de esos de caminar sin moverse, y los demás paseantes eran tan de agro como yo…

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