Madonna è mobile…

La verdad empieza por un conflicto con la policía, y termina cuando los llamamos para que intervengan.

Emil Cioran.

 

Cuentan que cuando se quiso verter al castellano la novela de Guillaume Apollinaire Les Onze Mille Verges ou les Amours d´un Hospodar, que por su alto contenido erótico circuló clandestinamente por Francia los primeros años del s. XX, el traductor confundió verges (vergas) con vierges (vírgenes) -o quizá lo hizo aposta, puesto que el segundo título parecía más comercializable que el primero-, lo cual dio lugar a un cachondeo general que culminó con la publicación en 1931 de la novela cómico/reivindicativa de nuestro querido y nunca suficientemente bien ponderado Enrique Jardiel Poncela llamada Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes? Claro, es que son demasiadas, once mil, no sólo “para los tiempos que corren”, como dicen los amargados, sino para cualquier tiempo pasado, ahora que sabemos que hasta monjas de probada virtud e incuestionable piedad, como Santa Teresa de Jesús, que en el s. XVI se carteaba ardorosamente con un clérigo 30 años menor, o Hildegard von Bingen, que, mucho antes, en el s. XII, describió líricamente un orgasmo femenino, tuvieron o quisieron tener conocimiento directo del sublime pecado carnal. Madonna, la actual, como dicen, Reina del Pop, era consciente de ello ya al comienzo de su carrera, en los años ochenta, y por eso cantaba Like a virgin, como si ese “like” fuese lo máximo a lo que pudiéramos aspirar los vástagos de Occidente tras la formidable revolución sexual de los sesenta y setenta.

 

 

A mí me gusta Madonna, me gusta ella físicamente (aunque parece que es bajita y canta regular, pero eso es parte de su encanto efervescente) y me gustan muchas de sus canciones (que no serán suyas, porque es fama que contrata a todo tipo avispado que hace algo nuevo musicalmente en cualquier parte del mundo para usarlo y después tirarlo), pero me parece exagerada la apología de su figura que se está haciendo estos días con ocasión de su sesenta aniversario. Ese repaso tan autocomplaciente que vemos en los medios de su trayectoria, en la que supuestamente Madonna ha incurrido en tantos escándalos y ha puesto patas arriba nuestros prejuicios más calcáreos, no me parece creíble, es más: me parece nada más que un revival nostálgico para los hombres y mujeres que hoy cuentan con más de cuarenta años cumplidos. Desde luego, sería estupendo que mucha gente hubiera encontrado en Madonna el pretexto icónico para hacer lo que le diese la gana con su imagen y con su sexualidad, pero creo que eso no es lo que Madonna representa verdaderamente, que lo que ella ha sido es otra cosa y hay que buscarlo en otra parte, sin por ello poner en cuestión su formidable ascenso al estrellato de la música popular.

 

 

Es verdad que las performances de Madonna han sometido a una prueba de estrés al puritanismo norteamericano, pero también lo es, en mi opinión, que lo que ella simboliza más bien a escala planetaria es al capitalismo de la imagen (Vicente Verdú lo denominaba “capitalismo de ficción”, yo prefiero “de la imagen”) tal como lo practicamos hoy, y por tanto su papel ha sido menos apocalíptico que integrado, por decirlo en el lenguaje de Umberto Eco. Madonna nos ha vendido temas bailables, alguno melódico, pero sobre todo nos ha vendido erotismo en cantidades industriales, y se ha vendido ella misma como diana del deseo sexual en una estrategia de marketing sumamente exitosa en la que no queda muy claro si ella es el sujeto o el objeto de la erotización del imaginario social contemporáneo que sus videos, películas o fotografías producen. De esa ambigüedad ha vivido Madonna, en realidad.

 

 

Madonna quiere que pienses que le gusta copular, que copular es fantástico y liberador, pero no queda claro, ya digo, si la idea es que ella se te está ofreciendo como objeto sexual ideal para que desees copulártela, con lo cual cierto feminismo muy generalizado quizá tendría algo que decir, o es que ella es la que toma la iniciativa y quiere copularte a ti, con lo cual otro feminismo más minoritario podría estar de acuerdo, pero con reservas. En cualquier caso, Madonna consigue quedar bien con todo el mundo explorando y explotando ese terreno resbaladizo que desde luego no ha inaugurado ella, y todos le aplaudimos sus presuntas transgresiones. Con un poco más de tiempo de vida, Andy Warhol hubiese serigrafiado su cara en varios colores de gran tamaño y ya tendríamos a Madonna situada en el Olimpo Pop a la altura y codo con codo con Marilyn Monroe o Elizabeth Taylor (de hecho, Madonna se ha disfrazado mucho de Marilyn, como encarnando una segunda parte de la diva que, esta sí, no se va a cortar nada y te lo va a enseñar todo…) Ya digo que a mí me parece muy bien, que Madonna es una chica muy sexy y muy lista y empoderada y que se merece todo lo que tiene, pero no veo que exista transgresión alguna de ninguna clase, y tampoco veo que Madonna haya sido nada más que la primera Spice Girl, la madre de todas ellas (por cierto, sólo hay que echar un vistazo a las cantantes actuales que han seguido su estela -Lady Gaga, Cristina Aguilera, Miley Cyrus, Britney Spears- para entender de verdad qué ha significado Madonna en el mundo de la cultura), y no una embajadora musical privilegiada de mensaje emancipador alguno.

 

 

Eso, utilizar la música popular como ariete emancipador, ya lo hicieron muchos otros antes que ella, y con mayor riesgo de su carrera y hasta de su pellejo; Madonna se ha limitado a encontrar el terreno abonado y comercializarlo globalmente. Madonna, con sus cambios de imagen y de estilos musicales, sus variados y risueños cinismos de autoconfesada Material girl, y sus salidas de tono sexuales o relacionadas como poco tangencialmente con el sexo en galas y entregas de premios, será todo lo que ella quiera, y hace bien en recabar la gloria que su perseverancia y habilidad le puedan ameritar ahora que ya es mayor y consagrada, pero no es ni una autoridad moral, ni una filósofa de la cosa, ni una adalid de la libertad. Madonna está muy bien, como imagen, para los que nos gusta, lo erróneo, a mi juicio, es el discurso que se ha creado en torno a esa imagen. Madonna nunca ha sido dinamita cultural para el sistema, sino su confirmación en el plano musical.

 

 

Como en la cita de Cioran que he colocado en epígrafe, Madonna lo que ha hecho es provocar un poco a la industria musical y a las costumbres puritanas y homófobas del mundo occidental a fin de que se ajusten al nuevo modo de cosas en el cual el desarrollo libre de la imagen encaja de maravilla con el estilo del capitalismo actual, de manera que ya ningún tabú pueda impedir la obtención sin barreras de beneficio en cualquier área. Ella, su propio cuerpo y su actitud, visibilizan para el mundo entero y en pantalla grande esa eterna salud, esa voracidad y esa abolición de toda tristeza o decepción que el Capital extiende por el planeta sin oposición alguna. Que ahora Madonna se apunte a actos de filantropía, denuncie el acoso sobre las mujeres, diga que siempre ha sido feminista, o se erija en voz de quién sabe qué causas, me parece que es algo que llega demasiado tarde, o que ya era demasiado impreciso desde el principio. Si en sus orígenes como virgen Madonna ya hacía la parodia de sí misma, en sus postrimerías como justiciera es imposible tomarla mínimamente en serio. No obstante, deseemos una larga vida a la gran Madonna Ciccone…

 

 

*Texto acompañado con imágenes de Michael McDonell y otras procedentes del libro ‘Sex’ de la cantante.

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6 Comentarios

  • ¨Studio 54¨ fue uno de esos lugares donde muchos brillaron más allá de Orión o cerca de la Puerta de Tannhäuser. Pero esa es otra historia.

  • El concepto de Capitalismo de la imagen, en sustitución de Capitalismo de ficción propuesto por Verdú, me parece pertinente. Pero puede arrastrar el inconveniente de reducir el capitalismo, como formación histórica, económica y social a un mero visage. Pura futilidad de lo visible y lo invisible, y por ahí se nos pueda escapar tan vivo como en otras conceptualizaciones descriptivas. Hay otras como Capitalismo funeral o Capitalismo recreativo, igualmente resbaladizas.

  • El otro día vi un anuncio de televisión tan bonista como objetivamente estúpido. Una marca de caramelos, que pregonaba abrazos y amor entre los desconocidos. ¿Qué demonios tiene que ver una cosa perfectamente inútil, que se chupa durante un rato, con la fraternidad universal? Sin embargo, funciona. Esa imagen suspendida en el aire, fraternidad universal, de la que no existen referente alguno, podría ser asociada con réditos a cualquier producto. Tú intenta darle un caramelo y un abrazo a alguien en la parada del autobús y llama a la policía. El capitalismo ahora -no en fases anteriores, que Verdú calificaba de capitalismo productivo y capitalismo del consumo- consiste en eso: lo que se vende es un puro simulacro, sin relación alguna con el presunto bien que le sirve de pretexto. Es como en Verona, donde los turistas visitan masivamente el balcón de Romeo y Julieta (rizando el rizo de la imagen, ni siquiera los Romeo y Julieta de Shakespeare, sino de Leo di Caprio y compañía…) Todo ese asunto de los fakes, y de la posverdad, a los que Trump sabe sacar tanto partido, van por ahí. Igualmente, me temo que Madonna ahora lo que está haciendo es proponernos su último marketing, el que corresponde a su edad y categoría, y este puede durarle ya el resto de su vida. Madonna vieja como la nueva Gandhi del espectáculo, y fabricando una retrospectiva de su trayectoria como un camino de libertad y lucha. Sólo digo que no se lo compremos tan fácilmente…

    Por otra parte, me temo que ya somos algo mayores para nuestro propio “Estudio 54”, cachis la mar…

  • Madonna es solo una cantante americana, cuyo objetivo principal, imagino, fue hacerse famosa, rica y divertirse en el intento (creó que se percibe muy bien en “Buscando a Susan desesperadamente”). Para ello a lo largo de su carrera, aparte de su talento musical, utilizó determinadas estrategias comerciales que en los 80/90 estuvieron ligadas a jugar con el erotismo de forma explícita aprovechando que los cambios sociales permisivos ya permitían mostrar de forma masiva algunas transgresiones respecto al modelo convencional que había prevalecido hasta entonces.

    Sobre todo mostró la fantasía de ser una mujer libre y bella con un deseo activo y capacidad de gozar con fantasías tabuizadas durante mucho tiempo en nuestra cultura. Juegos en la era de la postmodernidad con ese concepto del cuerpo como “máquina deseante” que por entonces creo que teorizaban Deleuze o Guatari y que dio lugar a diversas comeduras de coco sobre si exilaba otra vez el sexo “a territorios bajo control del discurso” y pajas mentales por el estilo.

    Parece claro que esas fantasías vendieron y crearon a su vez fantasías en los que la escuchaban, no solo sexuales. Incluso quizá hubo gente que pensó que era una auténtica revolucionaria que quería destruir de verdad el sistema capitalista y todo eso.

    Pero Madonna es una cantante que solo puede prosperar en un sistema como éste, basado en las múltiples reverberaciones del deseo que conspiran para crear expectativas de consumo dentro de un libre mercado y una sociedad abierta. Un sistema que ha demostrado ser bastante dúctil y capaz de adaptar sus márgenes, integrando incluso a los que parecen combatirlo. Donde chicas como Madonna o tipos como Mick Jagger se mueven como pez en el agua y pueden prosperar. Donde de hecho han tenido el talento y la suerte de hacerlo simulando además estar un poco al margen.

    Por otro lado creo que a estas alturas se puede disfrutar de alguien como Madonna solo porque gusta su música o su estética sin buscar justificaciones ideológicas de ningún tipo. Librarse de ellas, en cualquier tiempo, será siempre la transgresión más liberadora.

  • Desde luego, es imposible encontrar ni una brizna de anti-sistema en el producto Madonna: ella siempre ha navegado a favor de corriente. Otra cosa es que algo pueda ser disfrutado “desideologizandolo”… Hasta los dibujos animados para niños son decodificadores de principio a fin.

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