El suéter azul

Pintura de Tamara de Lempicka.

¿Por qué la pérdida es la medida del amor?
Jeanette Winterson

 

El suéter azul era de mi abuela. Fue el suéter para ir a misa, las tardes de paseo, estar en casa y hacer el café a las 3:00 de la tarde. Es raro ahora que lo pienso, donde vivimos nunca hizo frío para tener un suéter así, pero ella lo usaba mucho hasta que murió. Después lo heredó mi mamá, que vive también en la misma ciudad donde vivía mi abuela. Con el tiempo vi cómo lo empezó a llevar a su estilo para salir a misa, a los paseos al campo, y no sé si alguna vez lo tuvo puesto en casa cuando hacía café a las 6:00 de la tarde, porque los horarios de las familias no son los mismos pero las costumbres sí.

 

Pintura de Tamara de Lempicka.

Cuando mamá vino a visitarme a una ciudad lejos del calor lloramos por todo, y cuando se fue dejó sin querer ese suéter azul que era de ella, que era de mi abuela, dejándome a mí vestida para el frío. ¿Ahora era mío? Estaba tejido con hilos gruesos, tenía dos bolsillos pequeños y ocho botones grandes al lado de cada ojal. Abajo era un poco arruchado y eso hacía que se encorvara como la espalda de mi abuela. De alguna manera mi mamá era su mamá cuando lo usaba y yo era mi mamá y mi abuela, el peso de dos mujeres encima de esta mujer.

La herencia no es sólo material, son varias cosas las que se pasan de una generación a otra dentro del aire, porque así viajan las palabras, así llegan las formas a nuestra mente y se instalan o se hunden hasta volverse parte de nosotros. Hay legados que no nos sirven –los miedos, las creencias, los abrigos- pero los seguimos llevando puestos porque no los vemos, sólo sentimos que algo se repite o duele sin poder nombrarlo, con la esperanza de despertar algún día y ser nosotros por fin. Pero eso lleva tiempo.

 

Pintura de Tamara de Lempicka.

Nunca usé el suéter para ir a misa, ni me lo puse estando en casa para hacer café de madrugada, pero lo saqué a pasear muchas veces en un acto quizás de enseñarle la ciudad a mis raíces, pidiendo a cambio protección del viento. Fue ese día, el último del invierno o el primero de la primavera, que nos fuimos al parque a mirar hacia arriba. El sol me dejó mutar la piel de hilos por la mía frágil, poco a poco desvistiéndome al aire libre, y dejé reposar el suéter azul en el pasto. La joroba de mi abuela estaba acostada a mi lado, junto a la de mi mamá, para que yo mejorara mi postura, esa fue la última vez que lo vi.

 

Pintura de Tamara de Lempicka.

Al irme del parque lo dejé olvidado sin querer y cuando volví corriendo una hora después, no había nada, el chico con el perro no sabía, las chicas haciendo yoga no sabían. La desilusión es un sentimiento con dos puntas muy finitas y lentas que molestan por las costillas, de ambos lados, hasta encontrarse en el medio de ti. Qué se le va a hacer. Quien lo encuentre pensará que es solo un suéter azul tejido, pero ojalá me imagine y se lo ponga sabiendo lo que significa.

Escrito por
Para seguir disfrutando de Paola Soto
Nada sino sentir
Hay que amasar el pan con rencor, con tristeza, con recuerdos,con el...
Leer más
Participa en la conversación

3 Comentarios

  1. says: Ramón González Correales

    Cuánto necesitamos de los talismanes, aunque no seamos conscientes de ello. Una piedra entre las manos, un pequeño muñeco de plástico, una cruz, una rebeca azul. Un sustento inexistente pero que opera en la medida en que creemos en él y que quizá incluso tenga efectos neurobiologicos: los misterios del efecto placebo. Lo que puede pincharse como un globo o manipularse como una sugestión que impida crecer pero que también puede sostenernos un momento, suficiente para permitirnos coger aire, resistir, tomar impulso, reconocer nuestras fuerzas e intentar vivir. La cultura, los ancestros y las manos que también nos sostienen aunque quizá no existan o solo lo hagan en nuestra imaginacIon o sobre todo en la literatura. Los otros, los nuestros que están o estuvieron ahí.

    Precioso relato.

    https://pacotraver.wordpress.com/2012/09/12/placebo-el-punto-de-vista-evolucionista/

  2. says: HUGO AGOSTIÑO ZARRATEA

    ES RELATO ES REFLEJO DE LA REALIDAD, Y AUNQUÉ NO SEAMOS “ENFERMISOS EN ELLO”, NO POR ELLO, O TENGAMOS DISIMULADOS NUESTROS PROPIOS TALISMANES…..

  3. says: María Ángeles Vilasau

    Hola Paola,

    precioso relato: Creo que el súeter lo llevaras siempre puesto, así que no te apenes.
    Me encanta tu universo poético , tus palabras esenciales y el efecto lorquiano que tienen en mí.

    Gracias!

Leave a comment
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *