Casa Prouvé en Nancy, Jean Prouvé, 1954

Jean Prouvé (París, 8 de abril de 1901 – Nancy, 23 de marzo de 1984) fue un constructor, industrial del metal, diseñador polifacético e ingeniero francés. Hijo del ebanista y diseñador del Art Nouveau, Victor Prouvé. En 1919 aprendió a trabajar el hierro fundido en los talleres de Émile Robert en Enghien. ​ Poco después instaló en Nancy lo que sería su primer taller que combinaba la artesanía con la invención. A partir de 1924 comenzó a trabajar para las herrerías y metalisterías del hotel Thiers en Nancy, así como para algunas grandes tiendas y almacenes de París. También realizó las piezas metálicas del casino de Saint Jean de la Luz.

En 1929, por invitación de Le Corbusier, entró a formar parte de la UAM (Union des Artistes Modernes), un destacado grupo de arquitectos, decoradores y diseñadores en su mayoría de origen francés que defendía la tecnificación de los viejos oficios y la impronta del industrialismo en las nuevas formalizaciones. Entre ellos se encontraba Mallet-Stevens con quien Prouvé había colaborado en 1927 y había experimentado soluciones de cerrajería en acero inoxidable en la Maison Reifenberg. En 1931 Prouvé y sus talleres ganan, junto a otras tres razones comerciales más, el concurso para amueblar la Ciudad Universitaria de Nancy. De 1935 es su intervención junto a los arquitectos Beaudouin y Lods en la Casa del Pueblo en Clichy, donde ya se proyectan figuraciones alternativas y muy radicales en la utilización de los materiales. De 1939 a 1947, desarrolla junto a Charlotte Perriand y Pierre Jeanneret las Casas Pórticos, destinadas a solucionar los problemas de la reconstrucción residencial de posguerra. Otras casas prefabricadas serían las Casas estándar (1949-1952) y las Casas Tropicales (1949).

En 1954 Jean Prouvé participó junto con Charlotte Perriand –colaboradora de Le Corbusier– en el encargo para amueblar la residencia universitaria Jean Zay, en Antony. Ambos obtienen el encargo y hoy en día sus realizaciones para la residencia son conocidos como piezas clásicas, con el nombre de muebles Antonys, los cuales incluyen: libreros, sillas, mesas, camas, burós, entre otros. Estos ejemplares figuran entre los muebles más valorados del siglo XX, (una edición de una silla Antony es valorada hoy día en 40.000 € y una silla Kangourou fue vendida a 152.449 € en marzo de 2001.

En 1955 creó junto con su amigo el arquitecto-escritor M. Bataille una pequeña sociedad, Los talleres Jean Prouvé, ligado a una empresa de trabajos en metal que le renovó los deseos de construir, rápidamente influenciados por la fiebre constructiva de edificios populares y estandarizados. Sin embargo, a pesar de todos los problemas derivados de su falta de titulación, logró realizar algunos proyectos importantes como el Pabellón del Centenario 1955, La Buvette Cachar en Evian 1956, así como varios prototipos como la casa de Abbé Pierre.

En 1957 pone a punto el sistema de fachadas ligeras, el cual fue el resultado de estudios previos y cuyo elemento principal es la aireación, la ventilación y la fácil aclimatación de estas fachadas, logrando resolver los problemas de aislamiento acústico y térmico. Entre las obras en las que aplicó este sistema se encuentra la Terminal de Orly-Sud, 1959 junto con Vicariot; sin embargo, no excluye otras variantes, como las realizadas para el Palacio de Gobierno de Grenoble, en colaboración con el arquitecto M. Novarina en 1966 y para la Facultad de Medicina de Róterdam, de forma conjunta con Choisy en 1967.

Su estatus de ingeniero-consultor es oficializado en 1966 cuando abre una pequeña oficina donde se elaboran los proyectos que van a demostrar la constante evolución de este gran constructor con visión de conjunto. Colabora con grandes arquitectos que llevan la marca de su intervención como el CNIT, Torre-Nobel en París-La Defensa, de J. de Mailly, 1967; la sede de la UNESCO en París, obra de Bernard Zehrfuss en 1969, y la sede del Partido Comunista en París, realizada por Oscar Niemeyer en 1970. A principio de los años 1960 Prouvé había concebido dos importantes sistemas de fabricación, el Techo reticular de superficie variable, que se adapta a todo tipo de reconstrucción y el Tabouret, sistema que pone en obra dos elementos: un poste y una viga, como elementos modulares de la construcción. Ambos pueden apreciarse en el Palacio de exposiciones de Grenoble, realizado con Claude Prouvé, en 1968, y la Universidad de Berlín, llevada a cabo junto con Georges Candilis en 1969.

Entre 1957 a 1970 Prouvé ocupa la plaza de profesor de artes aplicadas en el Conservatorio Nacional de Artes y Oficios de París. Siempre interesado por la pedagogía, lleva a cabo un método de enseñanza que ilustra su cercanía al concepto industrial de construcción, apoyándose sobre el análisis de los objetos técnicos, casi siempre a través de sus propias experiencias. El final de la carrera de Prouvé está marcado por la experimentación en nuevos materiales y nuevas formas (estaciones de servicios cilíndricas, como las realizadas para Total) o nuevos componentes (Paneles de la fachada de la universidad de Lyon-Bron).También es el momento del reconocimiento internacional y de sus logros técnicos por la Estructura del Palacio Omnisports de Paris-Bercy, (Andrault y Parat arquitectos, 1978), o La torre-radar de Ouessant que trasciende el principio del núcleo central en cemento en Maxéville, (Jacquin arquitecto, 1981). Presidió, en 1971, el jurado que otorgó el encargo del Centro Pompidou a Renzo Piano y Ricard Rogers. Circunstancia que algunos piensan que habría sido imposible de no mediar Prouvé en los debates consiguientes.

La casa propia que Prouvé levanta en Nancy, es una buena muestra de sus propias preocupaciones y de su mentalidad por seguir los procedimientos industriales en las definiciones formales y por todo ello contiene una elevada dosis de auto confesión del autor a través de su obra. Por más que Nils Peter, señale “su carácter de excepción, al ser un ejemplar único y sin variaciones”. Pero este supuesto no descarta otras declaraciones complementarias sobre construcción, habitabilidad, seriación industrial, aislamiento, soleamiento, eficiencia energética y espacios mínimos. Excepcionalidad matizada, al construirse ciertas partes de la Casa Prouvé con descartes de materiales que proceden, por razones económicas, de elementos sobrantes de otras actuaciones y con mano de obra de fin de semana, que condiciona lo inadecuado de algunas soluciones, a juicio del mismo Prouvé. Soluciones de barcos y de tranvías, trasvasadas a una vivienda que refleja todos esos conflictos e intereses, como si de un bricoleur imaginativo se tratara.

Una pieza lineal que salva el desnivel del terreno, con una disposición que subraya la continuidad de uno de los laterales en toda su dimensión: una pieza armario, estantería de 27 metros que esconde funciones portantes y estructurales. Pese a los reproches de Prouvé de “cierta chapuza” en la ejecución, la foto del Prouvé propietario, sentado de forma apacible en unos de sus propios muebles y dejando ver el jardín tras él, respira más orgullo que crítica. Su pasión descarada por la técnica le lleva a afirmar en 1964, en la exposición de Productos Industriales de Varsovia: “Los cohetes espaciales son maravillosos y el avión, el coche, nuestra bicicleta, nuestra motocicleta, los trenes…No quiero enumerar más; estos logros bastan para constatar que todo el rendimiento científico e industrial es realmente apasionante”. Una suerte de optimismo técnico en los años en los que se habla de la Revolución Científico-Técnica, y en los años en los que los problemas sociales se vinculan con la capacidad resolutiva de la técnica.  Alterando con ello, la vieja ecuación del Funcionalismo del Movimiento Moderno (La forma sigue a la función), por otro diferente de (La forma sigue a la técnica) más acorde con las tradiciones constructivas del Racionalismo francés. Como expresa la muestra de 2011 en Ivorypress, Jean Prouvé. 1901-1984: Industrial beauty. Junto a ello, el carácter de cierta invisibilidad como autor, en la medida en que –como dice Nils Peter en su trabajo Prouvé. 1901-1984. La dinámica de la creación– la falta de estudios y titulaciones que fueron truncados por la Primera Guerra Mundial, impidió el reconocimiento de Prouvé como arquitecto, por lo que “su obra arquitectónica se expresó a través de otros arquitectos”.

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