La última vuelta de campana de «SINIESTRO TOTAL»

También me dijo un arriero/    

Que no hay que llegar primero/     

Pero hay que saber llegar… 

El Rey, José Alfredo Jiménez

A fines de los ochenta -lo vieron estos ojos que se han de comer los gusanos-, los Siniestro Total saltaban al escenario con la entradilla de Miami Vice, que era buenísima, pero que no les pegaba en nada. Ellos lo sabían, el público lo sabíamos, pero justo por eso entendíamos el chiste. A continuación, Julián cogía el micrófono y decía “¡Veneno en la piel!”, para hacer burla de los éxitos coetáneos de Radio Futura, que tampoco eran mancos, y con ello terminaba de incrustrarnos el chiste anterior hasta el fondo del sistema parasimpático; empezaba la juega. Como por entonces los Siniestro ya se habían pasado al rock, pero la gente les recordaba por el punk[1] (más vale ser punki que maricón de playa: estas cosas ya no se pueden cantar, así que se cantan otras inconmensurablemente peores…), todavía menudeaban los pogos salvajes, gracias a los cuales uno volvía a casa feliz pero con un tobillo dislocado y empapado en sudor ajeno y para colmo masculino… Lo he estado pensando a propósito del anuncio del 40 aniversario y de la última gira de la banda –ellos nunca han pisado la Audiencia Nacional, siendo como fueron mil veces más feroces, sarcásticos e ingeniosos (o bestias: Matar jipis en la Cíes, Trabajar para el enemigo, Cuanta puta y yo qué viejo, etc.) que los raperos cutres que la visitan los últimos años-, y la verdad es que no recuerdo ninguna canción de Siniestro que sea mala, pasable o como de relleno. Seguro que las hay, pero no me vienen a la cabeza. Las que sí me vienen a la cabeza lo hacen con la letra completa y hasta el tono de voz exacto, treinta años después. Pero no por nostalgia, Siniestro Total, antes llamados Mari Cruz Soriano y los que afinan su piano –ojo a la entrada de Wikipedia mejor narrada que vais a encontrar, seguramente urdida por los propios interesados: )-, son el grupo menos presuntuoso de la historia del orbe occidental, y al lado suyo hasta La polla records se toman a sí mismos demasiado en serio. Ese insólito cómputo de temas apabullantemente cañeros y casi perfectos en su género, portadores de una variedad temática y retórica verbal mayor que la de sus contemporáneos Mecano, hace de este grupo de vigueses procedentes de allí donde el cielo es siempre gris un fenómeno comparable a The Rolling Stones. La diferencia no está en la fama, o en la solera, la diferencia está en que Siniestro Total es constitucionalmente incapaz de apreciar su asombrosa capacidad compositiva en lo que vale, sin importarles presentarse como unos tipos gamberros que parodian cosas o hacen conciertos divertidos… (Es decir, el juego de la entradilla de Miami Vice hasta el final, pero eso es lo que nos gusta de ellos). 

Siniestro ha soltado en sus letras las barbaridades más negras acerca del mundo en general y de nosotros sus miasmillas en particular, pero sin perder jamás la alegría. Juro que yo me saqué Física y Química y repitiendo COU estudiándome los respectivos libros en casa mientras que coreaba a voz en grito que eres mi chica bumerán y que sólo vine a comprar pan y me vendisteis el Corán. Conservo los dos primeros discos, el de Bob Hope con el vaso de leche y el de los Hermanos Dalton, que tienen como miles de canciones cortas, originalísimas y completamente desvergonzadas, y pediré por favor en mi testamento que los incineren conmigo y con mi colección de cassettes, de las Shangri-las y de las Ronettes. Luego están las versiones, que no son mejores que sus originales, pero que nos carpetovetonizaban Highway to Hell, Sweet Home Alabama y hasta el Vamos muy bien, de Obús, tres de las mejores piezas sonoras de todos los tiempos, y que me perdone Johann Sebastian Mastropiero.  

Mi amigo Javier decía que hay una frase de Siniestro Total para cada ocasión de la vida, y es verdad. Es como un refranero punk o como un centón de sabiduría cachonda. Pero para eso hay que haberlas mamado, y no saben los adolescentes actuales lo que se pierden, esos pobre chicos que raramente salen de ese infame reguetón entre claramente machista pero envuelto en sentimentalismo moña donde se insiste en que tú eres la única pala mi en la cama y luego nos lo hicimos en la cocina mi amol. Pues para eso, Ponte en mi lugar, de los ínclitos, mucho más perversa, mucho mejor musicada y mucho más humilde a la vez:  

Has perdido eso, mi tonta niñita
Has perdido eso, mi dulce gatita
Has perdido eso, mi tonta chiquita
Has perdido eso, mi mala zorrita 


Arreglaríamos nuestra cita
con una cama bien blandita
has perdido eso
di que no 


Pondríamos música más bien suavecita
apagaríamos la bombillita
te cogería entre mis bracitos
y el jueguecito comenzaría
nenita ponte en mi lugar
mi miembrecito no da más
eres solo una máquina sexual 


Nenita ponte en mi lugar
mi pirolito no da más
eres solo una máquina sexual 

Cuarenta años después del accidente del Renault 12 familiar, no conviene olvidar a este tipo de gente salida de la nada que de verdad ha hecho historia de la democracia en España –o, en caso contrario, menos mal que nos queda Portugal…  El rocanrol nunca morirá, pero si resulta que por una casualidad mercadotécnica va y se muere, que lo haga como todos los ahorcados, que, como se sabe, etc… 


[1] «El punk se hace cuarentón (1977-2017), I: Orígenes…» nadie escribió la continuación.  

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5 Comentarios

  1. says: Pablo S. F.

    XL lo tenemos interiorizado algunos como nuestra talla de ropa, pero si pensamos como los coetáneos de Obélix sale una cifra redonda para celebrar y poner punto final, como es el caso de los Siniestro.
    Y en el caso de D. Enrique Villareal es el momento de reaparecer y aunque de manera efímera levantar otra Barricada.
    Larga vida al Rock y a J. S. Mastropiero
    Y por supuesto, gracias Óscar por el artículo!

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