Serrat: el final después de tantos años

Lo que suponen las canciones en las biografías, el momento en que se escuchan, las identificaciones, lo que pueden impulsar o consolar, la conexión de sueños posibles, la posibilidad de algún tipo de triunfo. Quizá Serrat ha representado cosas diferentes y significativas para gente de distintas generaciones. Para mi y creo que para mucha gente de mi edad era ese hermano mayor de buen talante que toca la guitarra, que gusta a la chicas, que tiene muchos amigos, que quiere y logra  triunfar en lo suyo consiguiendo salir del barrio humilde y vivir una vida más libre e interesante aunque nunca renuncie a sus orígenes.

Estaba politizado por extracción social y por la historia de su familia pero también cantaba canciones intimistas que, muchas veces, son las que necesita un adolescente para sentirse un poco menos atormentado y también lo que le propició ser bastante transversal desde el principio. Creo que le caía bien incluso a esas “señoras” a cuyas hijas pretendía seducir y enseñar otro mundo que parecía muy valioso y, desde luego, hedónico. Además sus canciones eran fáciles de tocar con una guitarra y cualquier grupo de adolescentes podía reproducir y tararear “Barquito de papel”,Tu nombre me sabe a yerba” o “Lucia”. Muchas más, que se iban filtrando por las radios uniéndose a otras voces de la época muy alejadas aparentemente de él o creando un ámbito vagamente erótico en los guateques de los domingos.

Ya había ocurrido lo del “La, la,la” y su año de exilio en México y se daba por supuesto que era un tipo de izquierdas pero, aparentemente, sin demasiadas estridencias,  desde luego mucho menos que la de otros cantautores de la época. Enseguida, sobre todo desde el 82, les llegó a algunos de ellos su momento  y se convirtieron en la banda sonora de la España soñada por el socialismo en los carteles de Jose Ramón. En ese sentido es verdad que sus canciones formaron parte de ella (para algunas personas, evidentemente) de forma importante: porque eran buenas, porque caía bien a gente muy distinta y porque el aire le sopló a favor siempre desde entonces (lo que supuso bolos infinitos por toda España durante décadas y publicidad recurrente en los diarios más importantes del país). Como a Víctor Manuel y Ana Belen, a Miguel Ríos, a Aute o a Sabina, con las diferencias de todo tipo que hay entre todos ellos.

Ahora le ha llegado la hora de retirarse en un momento muy polarizado (cuando algunos de sus compañeros se están reposicionado publicamente  respecto a su religión izquierdista o afirmándose en ella) y supongo que habrá tenido que hacer muchos equilibrios para no defraudar a nadie, con lo que, es muy posible que haya defraudado, al final, a muchos. Fue uno de los de la “ceja”, se dejó querer por los cubanos que nunca dudaron de Castro y Sánchez fue a su último concierto con Ana Colau y supongo que con muchos próceres relacionados con el procés. Imagino que allí también estarían charnegos crepusculares con el corazón roto, obreros de Pueblo Nuevo que siguieron siendo obreros y muchas mujeres u hombres de toda condición que soñaron amores posibles o imposibles  con sus canciones y querían agradecerle esos gratos momentos. Así que, probablemente, tuvo que afinar mucho el repertorio y hacerdelicados equilibrios en el escenario, cosa que ha comentado Arcadi Espada, que también estuvo allí por sus propios motivos, con cierta ironía y un poco de tristeza.

También es verdad que el inconveniente de triunfar, sobre todo en estos tiempos, es que la libertad personal se compromete mucho y hay que buscar la aprobación de gente muy distinta y muchas veces muy agresiva (sobre todo de los que se supone que son los tuyos los tuyos) y ya no apetece correr riesgos a pesar de que se tenga un pasado más o menos combativo. Porque quizá la edad no perdona y, también, porque se ha perdido un poco la costumbre después de tantos años en el candelero del vino y las rosas.

Por suerte lo mejor de la música, de la buena música, es que tiene un valor intrínseco que opera al margen de las presuntas creencias del que la crea y establece estados emocionales inmediatos, siempre un poco mágicos o irracionales, proclives a disolver las diferencias y a potenciar las intersecciones entre las personas que siempre (salvo en los fanáticos) son mucho mayores de lo que pudiera parecer.

Y creo que muchas canciones de Serrat producen justamente eso: crean puentes, perfilan la nostalgia o la esperanza, construyen barquitos de papel para escaparse a sitios amables donde el ruido de los felones y de las cosas malas queda muy lejos. Esos puentes que creo que supo construir y que fueron muy benignos para este país en un momento determinado. Aunque, pasado el tiempo, también haya que oirlas a pequeños sorbos porque, a menudo, nos cansamos de las cosas que nos gustaron mucho cuando eramos muy jóvenes o ya las miramos con otros ojos y tienen que pasar los años y aparecer por sorpresa, justo cuando menos lo esperamos, como esas canciónes de la radio que de pronto reverberan en el aire y hacen emerger recuerdos que nos hacen felices de algún modo.

Juan Manuel Serrat ese chico de Pueblo Nuevo que tuvo el talento, la fuerza, la sensibilidad y, además, la suerte, de poder triunfar cantando canciones que tanto han gustado a tanta gente, durante tanto tiempo.

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