«Basura»de Sylvia Aguilar Zéleny

En abril de 2022, Tránsito Editorial publicó la novela Basura de la escritora mexicana Sylvia Aguilar Zéleny. El texto publicado, inicialmente en 2018, por la editorial mexicana Nitro Press encontró una nueva casa en Europa. Una casa que dialoga con otras voces de la literatura contemporánea escrita por mujeres.

Basura no es una historia, son tres: la de Reyna, una mujer trans, administradora del prostíbulo; la de Alicia, una joven que ha sido abandonada dos veces y que sobrevive a la merced de un basurero; y la de Griselda, una médico de El Paso, que atraviesa una situación familiar límite. Al mejor estilo de las novelas mexicanas, pero con un magistral uso del lenguaje y la estructura, las voces de estas tres mujeres y sus historias se entretejen con hilos bastante gruesos y tensos.

Justamente es el manejo de esas voces uno de los aspectos más destacables de la novela de Aguilar Zéleny, ya que apuesta por tres registros distintos en relación al origen y el contexto de sus personajes. Desde la primera línea es fácil determinar quién habla, porque cada personaje es dueño de su lenguaje y su perspectiva. Aguilar Zéleny le ha dicho a sus personajes, lo que Reyna le recuerda a las prostitutas de Juárez: “Esta es tu esquina… Tienes que marcar tu territorio, tu esquina es tu territorio y si no la defiendes nos sirves para esto, punto”. (Pág 29)

De otra parte la conexión con la novela está en los temas, que en Basura son inagotables: maternidad, abandono, frontera, enfermedad, discriminación, pobreza, corrupción, hambre, a fin de cuentas un libro sobre la desigualdad y la violencia de personas que transitan todo el tiempo por un círculo que parece estrecharse cada vez más hasta ahogarles.

De este ahogo es víctima Alicía, que protagoniza uno de los capítulos más dolorosos de la novela y quién recuerda sus primeros años junto a una mujer, que aunque ocupa el lugar de madre impulsando el hábito de la lectura y siendo la proveedora de la alimentación, terminará por traicionar el vínculo varias veces: “Entonces, cuando más hambre y más miedo tenía, regresó. Pero no regresó sola”. (Pág 40). Este anhelo de la madre, esta conciencia del abandono está presente en esa voz que se cuestiona a sí misma a lo largo de los años: “Pinche vieja, hasta siento que la extraño (…) a veces todavía creo que la oigo cantar cuando en la noche no se escucha nada” (Pág 16).

En contraste está Griselda, quien frecuenta ese mismo basurero donde vive Alicía, pero lo hace como objeto de estudio, muy por arriba de la realidad y aunque intenta mimetizarse no le es posible. A pesar de ello su interés en lo común, la lleva también a reflexionar y cuestionar ese vínculo incondicional con su tía, su figura materna que decae por la enfermedad: “(…) pedía una caja para llevar. Pero si solo quedaban restos, la tía tomaba el salero y los llenaba de sal: Para que nadie más se coma lo que ya pagamos, decía”. (Pág 155)

La habilidad narrativa de Aguilar Zéleny se despliega aún más cuando el lector es capaz de conectarse con las historias a través del humor ¿Cómo conservar esa chispa de humor en entornos tan hostiles? ¿se puede a pesar de la tragedia? Se preguntarán los novelistas más jóvenes. Los personajes de Aguilar Zéleny demuestran que sí se puede al ser lo suficientemente genuinos como para encontrar un pequeño respiro ante la aplastante realidad. Gracias a la naturalidad de sus voces y registros, podremos transitar de la risa al llanto con solo cambiar de página. “No, mija, por telenovelas aquí no paramos somos más intensas que cualquier capítulo de ese programa de la Silvia Pinal, ¿te acuerdas de él? Qué te vas a acordar si tienes cara de haber nacido hace como tres días” (Pág 50)

Estamos ante un libro en el que sus personajes nos cuestionan directamente, a su manera nos piden reflexión ante la carencia y la violencia, pero sobre todo un libro que nos ubica en el mundo, en el privilegiado mundo de tomar un libro en las manos y leerlo por horas.

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