Distancia de rescate, un relato sobre el cuidado

Samantha Schweblin

Distancia de rescate”, libro escrito por Samantha Schweblin, fue publicado por Penguin Random House en 2014. Este texto, que se presentó ante los lectores como la primera novela de la autora, responde más bien al género nouvelle y es definido por ella como “un cuento demasiado largo”. Dicha definición cobra un matiz particular a la hora de pensar en la estructura: a diferencia de una novela convencional, en donde existen momentos de tensión y descanso, Distancia de rescate sostiene una constante tensión, que va en crescendo, igual que en la estructura de un cuento. Aquí la resignificación de los momentos de descanso, en los que aparentemente no sucede nada, es donde justamente sucederá lo más importante.

Esta historia ocurre en la pampa, en un pequeño pueblo del campo argentino, un pueblo sin nombre que podría ser cualquier pueblo, un sitio aparentemente ideal para descansar en vacaciones. Sin embargo, en medio de toda esta pasividad, nos sentimos extrañamente alertas. Desde que iniciamos la lectura, hay algo que no anda bien: de allí parte el conflicto, de la búsqueda por entender qué fue lo que pasó. El diálogo entre Amanda y David oscilará entre el pasado y el presente, en un ir y venir constante, como si desandaran un viaje, rastreando el momento exacto del quiebre. La urgencia está dada por el estado de salud de Amanda, quien parece estar a punto del colapso, y las preguntas insistentes de David, que aumentarán lo vertiginoso del ritmo. En ese orden de ideas, dicha búsqueda no será tan fácil: por momentos, los desencuentros entre Amanda y David serán la clave de la incomunicación que sostendrá la tensión narrativa. Este diálogo, que remite a un ejercicio de rastreo consciente en los recuerdos, será el hilo conductor que atravesará todo el texto y nos permitirá conocer el resto de las historias que se irán tejiendo y le darán sentido al presente narrativo.

La primera historia que se nos presenta es la de Amanda, que llega al campo junto a su hija Nina para disfrutar de unas vacaciones; allí conocen a Carla, la madre de David, quien se acerca y les da la bienvenida. Durante una de esas tardes de sol, Carla decide contarle a Amanda lo que sucedió el día de la trasmigración, el día en que la mujer de la casa verde salvó a su hijo David de morir intoxicado: “La trasmigración se había llevado parte de la intoxicación y, dividida ahora en dos cuerpos, perdería la batalla. —¿Qué significa eso? —Que David podría sobrevivir. El cuerpo de David y también David en su nuevo cuerpo.” (Schweblin, 2014, p. 18). Esta especie de enajenación de David genera un desconocimiento en la madre: “Carla dijo: —Era mío. Ahora ya no. La miré sin entender. —Ya no me pertenece. —Carla, un hijo es para toda la vida. —No, querida.” (Schweblin, 2014, p. 8). Esta incapacidad de reconocer a su propio hijo no solo afecta a Carla, sino que también nos genera conflicto; es difícil entender cómo una madre puede rechazar a su propio hijo, pero al mismo tiempo comprendemos el terror ante lo desconocido que encarna este nuevo ser, un nuevo ser que irá desplegando su complejidad ante nosotros desde las diferentes dimensiones que representa en la historia: un David que juega y tiene comportamientos de niño; un David que sabe más que Amanda y que nosotros como lectores, que guía los recuerdos con sus preguntas; un David conectado con la naturaleza, con un profundo conocimiento de la vida y la muerte; y un David que parece no ser del todo David al final de la historia.

En medio de esta conversación entre Amanda y Carla, se desarrolla el concepto que da nombre a la novela: “Me pregunto si podría ocurrirme lo mismo que a Carla. Yo siempre pienso en el peor de los casos. Ahora mismo estoy calculando cuánto tardaría en salir corriendo del coche y llegar hasta Nina si ella corriera de pronto hasta la pileta y se tirara. Lo llamo «distancia de rescate», así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola, aunque siempre arriesgo más de lo que debería.” (Schweblin, 2014, p. 12). Comprendemos entonces que la distancia de rescate entre una madre y su hijo es una especie de hilo invisible que los une y que se tensa cada vez que el peligro aumenta. Entonces, al igual que el campo, estas madres podrían ser cualquier madre: habrá momentos en los que, aunque estén muy cerca de sus hijos e intenten hacer lo mejor por ellos, el peligro seguirá estando, poniendo en evidencia el margen de error, que les generará ansiedad y que será extremadamente angustiante: “Lo de ir por delante de lo que podría ocurrir, lo de la distancia de rescate. Es porque tarde o temprano sucederá algo terrible. Mi abuela se lo hizo saber a mi madre, toda su infancia, mi madre me lo hizo saber a mí, toda mi infancia, a mí me toca ocuparme de Nina.” (Schweblin, 2014, p. 50).

En este sentido, ese margen de error es el que podría dar lugar a la falla: en Proyecto de psicología, Freud dice que parte del cuidado de la madre incluye el fallo de éste y que de su fracaso depende, en parte, el éxito en la constitución del sujeto. Entendemos entonces que la madre, cualquier madre, debe fallar para ayudar a la constitución de su hijo y, si esto no ocurre, no le permitirá al niño desear e impedirá su existencia como sujeto. En el relato, Amanda, arrepentida de haber confiado y desesperada ante la amenaza, intenta huir del pueblo. El miedo heredado la invade: “Mi madre estaba segura de que, tarde o temprano, sucedería, y ahora yo podía verlo con toda claridad, podía sentirlo avanzar hacia nosotras como una fatalidad tangible, irreversible. Ya casi no hay distancia de rescate, el hilo está tan corto que apenas puedo moverme en el cuarto, apenas puedo alejarme de Nina para llegar hasta el placar y agarrar las últimas cosas.” (Schweblin, 2014, p. 31). Pero, aunque intente huir, aunque intente poner a salvo, falla de todas maneras al decidir encontrarse con Carla por última vez, al acostarse en el pasto durante esa despedida. Ahora la ropa de Nina está mojada, la ropa de Amanda está mojada, las manos de Nina huelen feo, el punto de no retorno acaba de suceder y Amanda no lo sabe: “Nina te mira. Sí. Ella sabe que esto no está bien. Pero es rocío. Creo que es rocío. No es rocío. ¿Qué es, David?” (Schweblin, 2014, p. 36-37). “No puedo hacer nada, David. ¿Así la pierdo? El hilo está tan tenso que lo siento desde el estómago. ¿Qué está pasando?” (Schweblin, 2014, p. 36). La desesperación de la madre ante el fallo y lo desconocido es irreparable, la tensión narrativa aumenta y todo se derrumba: “Siento que se ajusta la distancia de rescate y eso es porque Nina desconfía. Pero no podés hacer nada. No puedo, no.” (Schweblin, 2014, p. 47). Nos acercamos al presente narrativo, el de Amanda y David en la salita de urgencias, el punto de inicio de la novela, y allí es cuando Amanda comienza a cuestionarse: “Va a cortarse. No, eso no puede ser. Eso no puede pasar con el hilo, porque yo soy la madre de Nina y Nina es mi hija. (…) ¿Es porque hice algo mal? ¿Fui una mala madre? ¿Es algo que yo provoqué?” (Schweblin, 2014, p. 65). El cuestionamiento y la culpa son ineludibles: ambas son madres que han fallado en el cuidado de sus hijos, aún querido protegerlos y hacer lo mejor para ellos. En ese orden de ideas, es inevitable y necesario que las madres fallen en los cuidados, independientemente del esfuerzo que hagan para darle a sus hijos el cuidado que consideren necesario, ya que la significación que le atribuya a la demanda nunca será exacta.

En este texto las madres fallan, necesariamente fallan, pero hay una reivindicación de esa falla cuando vemos la escena final donde David se sube al auto, se pone el cinturón de seguridad y abraza al topo de peluche que era de Nina: ese otro ser que puede ser entendido como otro lugar al que se llega con el errar, que nos enfrenta con lo inesperado e inevitable y que dará lugar a la constitución del sujeto. Esta es una novela sobre el cuidado (el cuidado heredado entre madres e hijos, el cuidado y el respeto a la naturaleza, el cuidado entre mujeres), pero también es una novela sobre el errar, entendiendo la errancia como la llegada a otro lugar, uno inesperado, y no como error.

Referencias

Freud, S. (2008) Proyecto de psicología para neurólogos, en Obras completas, Vol. I. Amorrotu.
Schweblin, S. (2014). Distancia de rescate. Penguin Random House Grupo Editorial S.A.

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