Fernando Zóbel: un centenario

Ha coincidido el centenario –casi inadvertido, por demás como muestra de tantos abandonos– del nacimiento de Fernando Zóbel de Ayala y Montojo (Manila 1924-Roma 1984) con la exposición en la Fundación March de Madrid relativa al Museo de Arte Abstracto de Cuenca. Donde junto al refinado pintor de la abstracción lírica, se une el promotor cultural impagable y al mecenas inusual, capaz de dar forma y poner en marcha lo que sería el primer museo español de Arte Abstracto en la década de los sesenta. Que mereciera en su día, el elogio de Alfred Barr –fundador del MoMA de Nueva York en 1929– como el “el pequeño museo más bello del mundo”. Fundación la conquense, liderada por Zóbel –junto a los conquenses adoptivos y naturales, Gerardo Rueda y Gustavo Torner, como promotores primeros, pero acompañados de otro nutrido grupo de artistas visibles en la foto de inauguración – y culminada en 1966, tras un proceso largo que puede consultarse en el libro de José Luis Muñoz Las casas colgadas de Cuenca. Libro editado por el mismo Museo de Arte Abstracto de Cuenca, en 1979 con impresión de Gráficas del Sur, una vez que fuera adquirido por la Fundación March en 1980 fruto de la donación realizada por Zóbel.

Grupo El Paso en la inauguración del Museo de Arte Abstracto de Cuenca (1966)

En 1974 y editado por la galería Juana Mordó, aparece –con artes gráficas de nuevo, de la Sevillana Gráficas del Sur, con Joaquín Sáenz mediante– otro libro, denominado Cuaderno de apuntes. Cuyo título completo se denomina Sobre la pintura y otras cosas. Colección de citas recogidas por Fernando Zóbel, que refleja la enorme curiosidad y el enorme espíritu de observación lectora de Zóbel. Y que puede ser leído como un manual de Pintura escrita. De 1978 es el texto Diálogos con la pintura, fruto de las conversaciones sostenidas con el también pintor Pancho Ortuño. Repite en ese año entrega, con el trabajo de José Miguel Ullán, Acuarelas. En 1980 y tras el episodio del accidente vascular sufrido en Manila, Zóbel, entra en una etapa diferente y colmada: reflexiva y depresiva en lo personal y colmada de actos de reconocimiento hacia fuera. Y así, el Museo de Cuenca es nominado como Museo del Año, por el Consejo de Europa. Lo que suponía todo un reconocimiento. En 1981, ilustra la portada de Revista de Occidente en el número 9 – que será retomada en el número 42 de 1984 “en homenaje a su memoria”. En 1983 se celebra la primera exposición retrospectiva en Sevilla en el Centro de la Caja de Ahorros San Fernando. Recibe la medalla de oro de las Bellas Artes y es nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando –aunque no llegue a leer el discurso de ingreso, sorprendido en Roma por la muerte–.

Fecha la de 1979, del libro citado de José Luís Muñoz, que refleja ya, las dos ampliaciones experimentadas por el primitivo edificio de las Casas Colgadas: la primera en 1969 y la segunda en 1978. De ello da cuenta, por otra parte, el trabajo de María Marco, Un milagro convertido en museo (El Cultural, 26 abril-2 de mayo). Uno de los pocos homenajes que los medios generalistas han dedicado al pintor.

Coincidiendo todo ello, con la exposición de Madrid, en la Fundación March de Palma de Mallorca, se exponía otro homenaje al artista español, denominado Zóbel: memoria de un instante. Formada la muestra por un corto visual –realizada por Sonia Prior, producido por La Máquina de luz y mostrada anteriormente en El futuro del pasado– y por varios cuadernos de apuntes del legado del artista. Cuadernos de notas, grupos de apuntes y bocetos que sirven para aclarar tanto el trayecto de su pintura como el de sus pensamientos sobre la misma. Cuadernos personales que ya habían sido expuestos, por primera vez, en la exposición de 1991 en el Convento de las Carmelitas de Cuenca, como parte de un recorrido y como hallazgo de fuentes interpretativas sobre su propia obra. La Memoria de un instante retoma, por demás, la fugacidad del gesto pictórico y cimentaba la mirada de Zóbel, que ya había sido analizada en la anterior muestra del Museo del Prado de 2022 El futuro del pasado que entre 2024 y 2025 viajará al Ayala Museum de Manila y a la National Gallery de Singapur.

“Zóbel veía y miraba dibujando”, de ahí la importancia de esos blocs de notas y de esos grupos de apuntes diversos. Muestra la del Prado, que permitía “explorar la obra del pintor a través de dos itinerarios que son fundamentales para valorar su original contribución a la pintura abstracta contemporánea: el primero, entre la modernidad y el legado de la tradición, reúne los estudios del pintor realizados en museos a lo largo de todo el mundo. En segundo lugar, la exposición sigue la obra de Zóbel a través de un segundo itinerario internacional y geográfico. Mostrando cómo el dibujo fue la herramienta que le acercó a una forma original y alternativa de modernidad que Zóbel descubrió en Asia, en la tradición vernácula de las Islas Filipinas o en la pintura china y japonesa”.

Junto a todo ello, conviene recordar, además, la edición en 2020, del libro publicado en 1967 Cuenca. Sketchbook of a spanish Hill Town, en Cambridge. Edición bilingüe que da cuenta de la pasión sentida y reflejada por Cuenca a través de notas, croquis y apuntes que explican, en parte, el proceso de su pintura, desde los dibujos iniciales a las telas y óleos finales. Y ello a pesar de lo declarada por Zóbel a José Miguel Ullán, con motivo de la muestra de la galería Theo, Seria blanca en 1978: “El acto de pintar no es el tema de mi pintura”. Incluso esa fugacidad del instante que aletea y vibra en Memoria de un instante, se dejaba ver al contestar sobre los procesos de captura y de visión. “La rapidez de mis paisajes…por supuesto. Rapidez de paisaje visto por la ventanilla de un coche a noventa por hora”. Rapidez del paisaje, fugacidad de la mirada y de la vida misma. Por eso el cierre con la nota de Eliot, recogida en la página 49 del Cuaderno de apuntes. “En un mundo de fugitivos escoger la dirección contraria puede parecer una evasión”.

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